miércoles, 29 de diciembre de 2010

MISTERIO



Amo el misterio,
vivo el misterio.
Amo lo que no veo,
amo lo que no comprendo.

Lo que está lejos,
lo que está difuso,
Lo que sospecho
pero no alcanzo.

Resuenan cuerdas,
como de arpas,
su sonido es lejano
y hermoso.

Miro una brizna
de hierba fresca.
Miro una estrella
blanca y lejana.

Olas que mueven
el mar en calma.
Vientos que agitan
las espumas.

Graznan gaviotas
sobre mi cabeza.
Algo pretenden
decirme.

Miro el sol
ciega mis ojos.
Miro las sombras,
y son del sol.

Misterio…
Misterio…

sábado, 25 de diciembre de 2010

UN REGALO DE NAVIDAD

Hoy he recibido un hermoso regalo de Navidad, y quiero compartirlo con todos vosotros...


martes, 21 de diciembre de 2010

PATRIMONIO MATERIAL E INMATERIAL


Todos hemos recibido con satisfacción la declaración de la Unesco por la que se sumaba el flamenco al patrimonio inmaterial de la humanidad. Bajo mi punto de vista lo merecía de sobra. Y esta declaración me dio que pensar sobre los patrimonios materiales e inmateriales.

He visto que, entre muchos otros, son patrimonio material de la humanidad la Acrópolis de Atenas y la catedral de Notre Dame, en París. Me parece fantástico que asumamos estas construcciones como patrimonio de todos los seres humanos, porque así estarán protegidas de las posibles amenazas de desaparición esos lugares y construcciones que encierran un gran legado de la historia y la civilización humana.

Las que no he encontrado en el listado del patrimonio inmaterial de la humanidad han sido la filosofía, la religión y la mitología griega, sin las cuales difícilmente el Partenón y otros templos y construcciones hubieran sido construidos, ni tampoco los Templarios ni la alquimia medieval, raíces, aunque a veces discutidas, de las excelsas construcciones góticas.

Hay muchos otros casos en los que se declaran patrimonios materiales a proteger pero no se declaran así aquellos elementos culturales y civilizatorios que les dieron origen, sin los cuales los primeros no existirían.

Como amante de la humanidad y beneficiario de su rica herencia creo que sería justo proteger los orígenes del patrimonio, en muchos casos igualmente en peligro de desaparición. Como filósofo y amante del arte creo necesario que se declare patrimonio inmaterial y dignas de protección a herencias como las siguientes, hoy en peligro de desaparición:

- La filosofía, la religión y la mitología griega
- La enseñanzas de Confucio
- El valor civilizatorio de los Templarios
- La alquimia medieval
- La religión cristiana
- La civilización romana, sus filósofos y artistas
- El Renacimiento europeo
- La religión y mitología del Egipto faraónico
- La civilización persa
- Las civilizaciones azteca, maya e inca
- La religión y mitología hindú
- La religión musulmana
- La religión judaica
- Y otras muchas que yo podría y usted también, lector, podría añadir.

Cualquiera de ellas me parece de mayor importancia y trascendencia, sin menoscabarlas, que el arte del encaje de aguja de Alençon o La Patum de Verga, por poner solo dos casos.



viernes, 17 de diciembre de 2010

OPINIÓN


Hablando sobre no me acuerdo que asunto, alguien me espetó en cierto momento de la conversación unas palabras que me dieron que pensar:

- Bueno, tengo derecho a opinar ¿no?
- No, no lo tienes, le respondí yo.

Creo que no esperaba tan respuesta, porque su cara se tornó espejo de estupefacción. Negar el derecho a la opinión ¿cómo podría ser?

Ciertamente, le expliqué, yo no tengo derecho a opinar, por ejemplo, sobre la mejor manera de intervenir quirúrgicamente un tumor de páncreas. Mi opinión, con toda seguridad, no tendría ningún valor, simplemente porque desconozco todo lo que concierne a tan delicado asunto. Y de seguro que preferiría que me operara de tal enfermedad, o de cualquier otra, un cirujano experto antes que alguien guiado por una simple opinión sobre el tema.

Algo que resulta tan obvio, tan de sentido común, permanece totalmente oscuro en la actualidad. La opinión ha reemplazado al conocimiento. Y, como la opinión es gratis y el derecho a disponer de ella se ha universalizado y se ha hecho creer a la gente común que vale tanto como el saber, a nadie se le ocurre que, antes de dar una opinión es preciso disponer de una cierta profundidad de conocimientos sobre aquello de lo que se opina.

Hoy mismo he leído en un diario lo siguiente:

Ocho de cada diez españoles creen que Marruecos no respeta los derechos humanos, el mismo porcentaje que en el caso de Cuba y algo superior que en el de China y Venezuela.

Lo que no indica el “barómetro” sobre política exterior que realizó la encuesta es cuantos de los encuestados saben exactamente en qué lugar del mundo se encuentran esos países, cuantos han vivido cierta temporada en ellos, si conocen de alguna manera las circunstancias políticas, económicas, sociales o culturales de cada uno de ellos, y cosas de este tenor. Evidentemente no interesa saber si las opiniones vertidas tienen algún fundamento sólido o no. Son opiniones, y ya está. No es necesario conocer nada de lo citado. La opinión de cualquiera vale tanto como la del que conoce con cierta profundidad esos países.

Yo diría que, más que conocer la “opinión” generalizada de la gente sobre asuntos complejos, lo que mide ese barómetro, o cualquier otro, es el alcance y penetración de las ideas vertidas por los grandes medios de comunicación. Actualmente, los medios son los “formadores” de opinión. Con su inmenso poder pueden, fácilmente, hacer que grandes masas de gente “piense” que tienen capacidad para enjuiciar cualquier cosa, por compleja que nos parezca y que den su opinión sobre ella.

Así, se hacen encuestas absolutamente disparatadas, y se les asigna un gran valor. Evidentemente lo tienen, pues es la manera en que los manipuladores de cerebros comprueban si su trabajo ha sido efectivo. Y les son necesarias, porque mediante ellas obtienen información del resultado de sus campañas, valoran su efectividad, corrigen desviaciones, deciden nuevos proyectos, y llevan cada vez con más eficacia su labor de hacer creer a la gente lo que a ellos les interesa que “piensen”.

Y he puesto entre comillas “piensen”, ya que el mayor logro de nuestra actual sociedad y de sus dirigentes ha sido el que ha convencido a todos de que piensan realmente lo que ellos, a través de su propaganda machacona, han metido a la fuerza en sus cerebros.

Pero pensar, pensar… es otra cosa.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

CONCIERTO DE NAVIDAD III

Concierto de Navidad ofrecido por el Coro Polifónico Euterpe, de Cádiz, en Santa Olalla del Cala, Huelva, el día 8 de diciembre con motivo de la festividad de la Inmaculada.
(tercera y última parte)


CONCIERTO DE NAVIDAD II

Concierto de Navidad ofrecido por el Coro Polifónico Euterpe, de Cádiz, en Santa Olalla del Cala, Huelva, el día 8 de diciembre con motivo de la festividad de la Inmaculada.
(segunda parte)


lunes, 13 de diciembre de 2010

AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR






A veces, una lectura un poco profunda y reflexiva de algún asunto nos aporta una comprensión de asuntos que hoy nos interesan. Es el caso de los evangelios que han llegado hasta hoy, donde se describen episodios de la vida de Jesús de Nazaret.

El título que he puesto a esta reflexión fue una respuesta de Jesús a preguntas insidiosas de los fariseos. Y fueron, principalmente los fariseos, los que llevaron a Jesús a su humillación pública y a su muerte. A pesar de que el poder político era ostentado mayoritariamente por saduceos y que Judea estaba bajo el paraguas civilizatorio y militar de Roma, los fariseos gozaban del respeto de las clases populares y su prestigio era grande.

Fue Roma, en la persona del Procurador Pilatos, quien sentenció la muerte de Jesús, como instancia última de la justicia, pero ello fue así por la presión que ejercieron sobre la sentencia tanto saduceos como fariseos los que, respectivamente, ostentaban el poder político y el favor popular.

Los fariseos gobernaban, no tanto el Sanedrín, donde estaban en minoría, sino, lo que era más importante, la forma de vida religiosa de la mayoría de los judíos. Y la concepción religiosa judía, desde entonces hasta ahora, contenía grandes dosis de normas de vida y de convivencia, estableciendo lo que podríamos entender como una especie de derecho de gentes exterior que se superponía al derecho romano, siendo casi siempre de mayor importancia y fuerza que él. El origen de la normativa de vida radicaba en la ley mosaica, a la que se habían añadido algunas normas tomadas de la tradición, para dulcificar algunas de dureza especial.

De aquí proviene el sentido de los muchos dilemas sin salida que los fariseos continuamente proponían en público a Jesús, con el fin de conseguir argumentos con los que poder deslegitimar sus enseñanzas. Recordemos el episodio de la mujer adúltera:

Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante delito de adulterio. En la Ley nos ordena Moisés apedrear a éstas; tú, ¿qué dices?

Era una trampa. Es cierto que la ley mosaica establecía sin ambigüedades ni excusas dicha condena a muerte, pero también lo es que en aquél tiempo esta ley se había suavizado por considerarla excesivamente cruel e injusta. De esta manera, cualquier de las dos opciones se convertiría en un argumento de denuncia pública. Si autorizaba la ley de Moisés se le acusaría de cruel e inhumano, y en caso contrario, de fomentar el incumpliendo de los mandatos del creador del judaísmo. Todos sabéis como Jesús resolvió lo que parecía irresoluble, dando además una excelente enseñanza sobre la hipocresía humana.

En otra ocasión se le planteó lo siguiente:

Maestro, sabemos que eres sincero y que con verdad enseñas el camino de Dios, sin darte cuidado de nadie, y que no tienes acepción de personas. Dinos, pues, tu parecer: ¿Es lícito pagar tributo al César o no?

Si aceptaba que sí, negaba también la justicia de la ley de pagar diezmos al Templo, dando en cambio el dinero a Roma.

Si decía que no, sería fácil acusarlo ante el Procurador por fomentar la rebeldía al imperio.
Sabéis seguramente también la respuesta, excelente respuesta y excelente enseñanza, en la que, al mostrar un denario y preguntar de quién era la efigie que se reproducía en él, planteaba claramente la distinción, entonces inexistente entre los judíos, entre poder terrenal y poder espiritual. Todos sabemos que esta diferencia fue ignorada igualmente por muchos dirigentes posteriores a la religión que fundó, quienes pretendieron aunar poder terrenal y espiritual, en una suerte de reedición del imperio que contribuyeron a derribar.

Es curioso, y creo que olvidado, que estas situaciones que se vivieron en Judea hace dos milenios podrían aplicarse fácilmente a otras de la mayor actualidad. El establecimiento de normas de vida ancestrales extremadamente rígidas, cuando no absurdas, propias de la Edad Media, la confusión entre poder terrenal y vida espiritual, la creencia en un pueblo elegido enfrentado a los gentiles o infieles, las promesas de un premio o castigo eterno por nuestros “pecados” y cosas de este tenor, mantienen nuestra civilización, hija aún, aunque enferma, de Roma, en peligro de desaparición.

Nos vendría bien un buen Maestro que nos recordara las enseñanzas sublimes del amor, de la hermandad de los hombres, de la justicia real y humana y… de tantas otras cosas.



ETERNO PAVAROTTI

Un pedazo de Cielo hecho canto, eso era Pavarotti…

CONCIERTO DE NAVIDAD

Concierto de Navidad ofrecido por el Coro Polifónico Euterpe, de Cádiz, en Santa Olalla del Cala, Huelva, el día 8 de diciembre con motivo de la festividad de la Inmaculada.

domingo, 5 de diciembre de 2010

LO RELATIVO Y LO ABSOLUTO

Todo lo que os quiero enseñar es que cuando llueve las calles están mojadas.
G.I. Gurdjieff

Viene esta reflexión que hoy os propongo de un comentario que hicieron a mi anterior entrada en este blog titulada “Adivinos”. En el se decía lo siguiente:

Al fin y al cabo ¿que es un adivino?, alguien que ve mas allá; no creo que sea algo inusual, es cuestión de conectar con tu instinto más profundo, observar, reflexionar y atreverse a dar una opinión, lo que ocurre es que muchos mortales son necios y todo lo reducen a magia, adivinación o como quieran llamarlo.
Quizás sea que lo que unos llaman verdad o evidencia otros lo llaman mentira o absurdo. Al final cuestión de lenguaje.

Y más adelante:

…entrar en debate sobre la verdad puede llegar a ser largo y tedioso, y sobre todo de la verdad objetiva; pero la verdad abarca otros conceptos, ¿porque cual es la verdad?, ¿la que yo se, la que tu sabes, la que nos cuentan o la que no nos cuentan...?

Estas cuestiones me llevaron a plantearme el asunto del relativismo hoy imperante. Esta “doctrina” establece que la verdad sobre algo no existe, y que lo que únicamente existe es la noción que cada cual, en cada momento, tiene sobre ese asunto. Y la noción que cada cual tenga es tan válida como cualquier otra. Ya que “la verdad” de algo no existe, cada quien es libre de estimar como verdad aquello que mejor le parezca. De esta manera nadie tiene la necesidad de atenerse a ninguna verdad absoluta, y cualquiera puede tener una “opinión” sobre el asunto que se trate, siendo ella tan válida como cualquier otra.

Yo diría que, si todo es relativo, esta manera de afrontar el conocimiento es, también, y como no, relativa. Es decir, que el relativismo también es relativo. Creo que, así como hay creyentes en Dios, ateos y también agnósticos, el relativismo no debería ser negador de las verdades sino agnósticos acerca de ellas. Ni creen ni no creen, sino solo que no saben, no contestan.

Tengo un amigo que siempre dice que mucho más peligroso que el que “no sabe, no contesta” es el que “no sabe pero contesta”. Creo que he aquí el nudo de la cuestión.

No me importaría que alguien me confesara que no sabe arameo, pero lo que si me preocuparía es alguien que me dijera que la lengua aramea es como a cada uno le parezca, lo que viene a concluir en que no es de ninguna de las maneras. A mí me parece que o se sabe arameo, o se sabe un poco de arameo, o no se sabe nada de arameo. Ahora, que el saber arameo o no sea cuestión de elección personal, siendo opinable las palabras que conforman esa lengua me parece una estupidez.

Ya decía Platón que la opinión es un estado intermedio entre la ignorancia y la estupidez. El ignorante sabe que no sabe. El estúpido cree que sabe lo que no sabe, y a veces niega que alguien pueda saber algo. Y también que le basta con tener una opinión, lo que no le obliga a ninguna búsqueda de conocimiento. Se opina y basta. Para ello no es preciso tener ningún conocimiento sobre ningún asunto. Es algo libre. Tan libre, tan libre, que está hueco de contenido.

Llevamos muchos milenios intentando explicarnos las leyes que rigen la Naturaleza, las que rigen el Universo, las que rigen al hombre y a la humanidad, y ahora resulta que no hay nada de eso. Solo son lícitas las opiniones, condicionadas al estado subjetivo del observador.
Llevamos muchos milenios intentando llegar a una noción un poco más clara de qué puede ser lo bueno, lo justo, lo bello, lo verdadero, y ahora nos enteramos que toda esta búsqueda ancestral de nuestros antepasados era inútil. Lo justo, la justicia, no son nada, eso depende de para quién. Y para quién dependiendo como se encuentre de estado de ánimo.

¡Qué pena! Si llegaran a enterarse Mozart, Platón, Confucio, Epícteto, Aristóteles, Einstein, Böhr, Lao Tsé, Bécquer, Shakespeare, Beethoven, Leonardo da Vinci, Praxíteles, Gandhi, Miguel Ángel, Cervantes y tanto otros que todo su esfuerzo ha sido inútil y que se han comportado como unos tontos…

Pero sospecho de que “cuando llueve las calles están mojadas”…

viernes, 3 de diciembre de 2010

sábado, 27 de noviembre de 2010

ADIVINOS


Cuentan que se rodaba una película , a mediados del siglo pasado, en el perdido oeste americano El equipo de rodaje desplegó al amanecer y en mitad del llano toda su habitual parafernalia de cámaras, equipos de iluminación, camiones de vestuarios, etc.

Al mediodía estaba ya todo dispuesto para el rodaje de las primeras escenas esa misma tarde. Para sorpresa de todos vieron llegar una cabalgadura a lo lejos, levantando polvareda. Ya más cerca pudieron divisar la figura con más detalles, se trataba de un indígena del lugar, que vestía el atuendo propio de su tribu. Se detuvo cerca de ellos para interesarse por el motivo de tal despliegue.

-Vamos a rodar una película aquí- dijo el director.
-Bien. Bien. Lugar hermoso. Nuestra tribu ayudar, si necesario- dijo el guerrero indio.
- ¿Es usted el jefe de la tribu?
- No. Ser solo hechicero.
- ¿Sabría usted si lloverá esta tarde?
- Tarde llover.
-Bien, gracias, mucha suerte en su viaje de vuelta. Y presente nuestros respetos al Gran Jefe.

Marchó el indio, y todos rieron de su arrogancia.
A la tarde, estaban todos los focos encendidos, las cámaras preparadas, los actores vestidos y en disposición de comenzar los primeros planos cuando… una repentina y fiera tormenta descargó sobre todos un inmenso diluvio. Recogieron todo tan rápido como pudieron y, nada más terminar, apareció un sol glorioso tan de repente como apareció el aguacero.

Será cuestión de consultar mañana al hechicero –dijo el productor al director- Puede que, al ser de esta tierra, sepa fielmente qué sucederá mañana con el tiempo. No quiero arriesgarme a que se me deteriore todo el material.

A la mañana siguiente volvió el indio por allí. Nada más verlo le preguntó el director:

- ¿Lloverá esta tarde, gran hechicero?
- No saber, rostro pálido, averiarse transistor…

Este pequeño chiste puede resultar muy ilustrativo para lo que pretendo exponer.
A veces mi hijo me pregunta si lloverá mañana, o pasado mañana. Y yo soy gaditano, y todo gaditano es bastante buen meteorólogo y sabe más o menos lo que ocurrirá en la atmósfera salvo cambios imprevistos en los vientos. Por supuesto para el ámbito, en el caso de la capital, de su entorno, es decir, de la bahía de Cádiz. Así que le hago mi predicción, y casi siempre acierto.

La cuestión es que él no puede saber en qué factores se basa mi predicción, por lo que para él soy… ¡un adivino!

«Eppur si muove»

Galileo Galilei fue condenado a cadena perpetua por el Santo Oficio, y obligado a retractarse de sus demoníacas teorías sobre los movimientos de los astros en nuestro sistema solar, con las que desbarataba la hasta entonces imperante doctrina del geocentrismo y establecía el modelo heliocéntrico en nuestro sistema.

Es muy probable que la gente vulgar pensara que sus afirmaciones eran adivinaciones hechas con ayuda de conjuros o de entidades del mundo infernal. Simplemente no podían entender sus descubrimientos, o simplemente, no les interesaba. El poder del momento les había dicho lo que habían de creer, so pena de seguir sus pasos a la cautividad. Así pues, Galileo era simplemente un “poseído por los demonios”, y sus teorías eran “peligrosas”.

Del gran músico y excelente violinista Nicolo Paganini se cuenta que terminó una sonata de violín con una sola cuerda en su instrumento. Alguien se había ocupado de serrar al límite todas las cuerdas, y solo la prima resistió hasta el final. La gente vulgar no podía creer lo que estaba contemplando, era imposible –pensaban-, solo sería posible hacerlo con el producto de la venta de su alma al “Maligno”.

Se podrían poner ejemplos hasta cansarnos, pero la conclusión que quiero extraer es la de que, para la gente ignorante, cualquier situación que exceda su escasa capacidad de comprensión será considerada como consecuencia de una ayuda externa, generalmente obtenida acudiendo a poderes malignos y peligrosos.

No hay nada que más asuste al ignorante que lo inusual o incomprensible, lo maravilloso o lo inexplicable. Ante la presencia de un poder superior, el pánico les envuelve, y se unen, capitaneados por los mediocres, para derribar a quien se sitúe fuera de su comunidad de ignorancia.

Vi no hace mucho una excelente película, que os recomiendo, titulada “El Greco”. En uno de sus pasajes, Tiziano, conversando con Doménico, le recomendaba:

- No muestres nunca demasiado clara la verdad. No la podrían soportar.
Esto es, en general, lo que los mediocres nunca podrán soportar. Alguien que, como Sócrates, les muestre su incapacidad para captar y aceptar las grandes evidencias.

Virgencita, que me quede como estoy…




lunes, 22 de noviembre de 2010

miércoles, 17 de noviembre de 2010

ABRE FÁCIL



Estaba yo en la ferretería, comprando un cincel y un martillo para abrir una lata de abre fácil, cuando me encontré con mi amigo Manolo y…
Tip, de Tip y Coll, humorista.



Yo ya soy, digamos, de cierta edad, y mira que he luchado por mi aggornamento, pero los envases modernos aún me presentan un reto casi insalvable.

Cuando me encuentro ante uno de ellos, sea leche, bolsa de patatas fritas, latas, o lo que sea, me paso un rato observándolo con miedo, adivinando de antemano todo lo que me va a suceder. Un pequeño sudor frío me baña el rostro y mis manos tiemblan imperceptiblemente.

Trato de relajarme un par de minutos, me juro solemnemente mantener la calma, no irritarme, no insultar al fabricante y reprimir mis irrefrenables deseos de tirar el envase por la ventana.

Tengo formación técnica, y soy lo que llaman un manitas, por lo que siempre me propongo firmemente que un estúpido envase no supere mis reconocidas habilidades manuales. Tranquilo, aunque temiéndome lo peor, paso un buen rato observando detenidamente cada centímetro cuadrado del engendro, tratando de averiguar qué es lo que pensó el hábil diseñador, que el infierno lleve, para conseguir su apertura.

A veces, tras este delicado proceso no concluyo nada definitivo, y nunca encuentro ningún atisbo o indicio que me oriente por donde empezar. Así y todo hago los intentos que me dicta mi sentido común, pero sin resultados o, lo que es mucho peor, con resultados catastróficos.

Si abro la caja de leche, tengo a mano una esponja de cocina, pues ya sé que a la primera abertura el zumo de teta llegará hasta la pared. Y si se trata de un bote de medicinas o de limpiadores caseros, de esos que tienen un tapón inabrible, anti-niños y anti-adultos, hago acopio de fuerzas en los músculos de mi mano.

-Recuerda, Miguel, apretar bien hasta el fondo, y, sin soltar la presión, girar en el sentido contrario a la de las agujas del reloj. ¡Y yo con artrosis en las manos! ¡Coño, ¿hay que ser boxeador para abrir esto?!-

Si pretendo abrir un plástico hermético de lonchas de embutidos es más fácil, voy directamente a coger la tijera y me olvido del abre-fácil. Je, je… a cortar por lo sano, que es lo mío.

Las latas ya son otra cosa. Me pongo los guantes de seguridad para no cortarme, tiro de la anilla y ya está. Eso pienso, pero... ¡ya me he quedado otra vez con la anilla en la mano…! ¿Y ahora qué? La punta de un destornillador nunca me fallará –me digo- Por supuesto no falla, pero además de abrir la jodida lata, engraso el destornillador, mi mano, mi ropa y el suelo. ¡Fregona, fregona!

Todo, todo, pero todo, está envasado con seguridad. Tanta seguridad que se necesita un especialista, especialista de los de las películas, tipo Bond, James Bond, para desenvasar lo que con tanta seguridad se envasó. El queso está envasado, el desenvasador que lo desenvase buen desenvasador será…

Esta misma mañana, en la cocina, al ir a coger otra cosa, vislumbré dentro de un armario un pequeño envase de plástico rígido que contenía unos deseables bombones. Tomaré uno –me dije-, total, uno solo no es pecado contra el dios colesterol.

¡Qué idea nefasta! El fuerte deseo me impulsó a la dura batalla de abrir el envase. Observé atentamente. ¡Ya lo tengo! La etiqueta del producto envolvía el paquete en todo su perímetro. ¡Te cogí, diseñador! ¡Me lo has puesto fácil… Lo quité, con una tijeras, claro, no creo que nadie fuera capaz de ver su principio ni su final… Pero… había más trampas. No veía nada que pudiera ser tal... Observé, con ayuda de una lupa, la unión entre el cuerpo del envase y la tapa. Era perfecta, pero no veía nada que pudiera ser un obstáculo para la abertura. Cogí una pequeña navaja para pasearla por la unión concienzudamente. Triunfante, hice el intento de deshacer tan burda trampa. ¡Nada! Solo se abrió un pequeño trocito por un lateral. Forcé la máquina, dispuesto a no dejarme vencer…

¡Zás! ¡Cataplássss! El envase estalló en trozos, dejando caer su dulce contenido.
¡Te jodí! Me voy a comer a tu salud uno… o dos bombones, y tu, puñetero envase, ¡a la basura!

Y pensar que los plátanos son tan fáciles de abrir… Una vez más la Naturaleza nos gana en sabiduría.

viernes, 12 de noviembre de 2010

"INVENTORES"


Leía esta mañana en el Diario de Cádiz las declaraciones de un señor, Inspector de Educación e inventor del método ABN, tal como indicaba el titular de la entrevista, y Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación, según su curriculum.

Y… ¿qué había inventado? Claramente se desprendía del gran titular, que decía así:
“Libremos a los niños del martirio de hacer cuentas”.

Y comenzaba así:
“Hay que acabar con ellas cuanto antes. Enseñar a hacer cuentas es antinatural y no sirve para nada en la vida diaria. Libremos a los niños de ese martirio.”

Añadía más adelante que no se puede, haciendo cuentas, razonar lo que se hace. Como si las matemáticas fuera cuestión de razonar. Aduce, además, que hoy ni los comerciantes hacen cuentas, que ya las calculan con las máquinas.

¡Espléndido! Continuando con su notable razonamiento, ¿para qué estudiar filosofía, si todo ya está escrito en los libros? ¿y para qué estudiar griego o inglés, si existen los traductores automáticos de Internet y, además, son gratis?

Más adelante descubre que el problema de las matemáticas es que “son abstractas”, y como tal no es posible razonarlas, así que los niños no pueden comprenderlas. Como conclusión podríamos decir que es preciso desechar todo estudio de lo abstracto, sin tener en cuenta que lo más válido en la formación y en la vida del hombre es abstracto, es decir, no tiene materialidad. ¿Alguien puede pesar una amistad? ¿Alguien puede medir una cantidad de vida? ¿Alguien puede hacer el esquema de un amor?

En verdad no me preocuparía si esto fuera solo el caso aislado de “un gran inventor”, sin que su “invento” fuera tomado en cuenta y sin producir repercusiones en la vida diaria. Pero no es así. Esto es lo que de verdad me preocupa.

En nuestra actual cultura “moderna” existen muchos inventores como este señor. Yo preferiría que sus inventos los hicieran con gaseosa y no con ingredientes mucho más dañinos y peligrosos, usados además encaramados en un cargo que asume y ejerce responsabilidad sobre muchos miles de seres humanos indefensos.

El modernismo tiene la vista muy corta. No ve más allá de cincuenta o cien años. Cree que todo está por inventar. Y esto es así porque desdeña por inútil la labor de la humanidad en los últimos milenos. Me parece ridículo, ya que, y más al contrario, pienso que no hay nada nuevo por inventar acerca de la naturaleza del hombre. Todo fue ya inventado. Y quien piense que ha inventado la pólvora se equivoca, porque ya la inventaron los chinos, aunque a lo mejor es que él no lo sabe, no se acuerda o prefiere ignorarlo.

Si Leonardo da Vinci, Einstein, Niels Borh, Petrarca, Platón, Kant, Confucio, Shakespeare y muchos más levantaran la cabeza y contemplaran la estupidez en la que estamos sumidos, desearían volver a morir inmediatamente.

“Sabios” que han eliminado la filosofía de los planes de estudio, por “inútil”, que intentan eliminar las matemáticas básicas, por “abstractas”, la herencia de las antiguas culturas por “infantiles”, los principios éticos por “encorsetantes” y “represivos”, el arte antiguo por “anticuado”, el pensamiento por “ocioso”, las normas de convivencia por “anacrónicas”, la poesía por “incomprensible y delirante” y muchas otras cosas que se os ocurran porque “no nos sirven de nada en nuestra época moderna”.

Parecería como si nuestra humanidad actual quisiera hacerse voluntariamente huérfana y renunciara por nada a todo el legado que, durante milenios, han construido con su esfuerzo muchos otros seres humanos que, pensándolo bien, tenían los mismos problemas e inquietudes que el hombre de hoy.

Enhorabuena, amigos. Habéis conseguido para la humanidad la mayor y más cruel orfandad que pudiera concebirse.


miércoles, 10 de noviembre de 2010

ALEGRÍA Y TRISTEZA


“Si estamos tristes entristecemos a todo el barrio”
Esto decía Facundo Cabral, y aún suponiendo que estar triste es cuestión nuestra, a lo segundo me parece que no tenemos derecho.
Yo creo que la tristeza la deberíamos desterrar de nuestras vidas, porque no nos es de ninguna utilidad y además nunca tenemos motivos para estarlo. Y si por un momento pensamos que tenemos motivos… pues habrá que superarlos.
No conlleva sino mal para nosotros y, lo que es peor, mal para los que nos rodean.

“Vuestra alegría es vuestra tristeza sin máscara” decía Khalil Gibran.
Y lo explica muy bien, creo, según yo lo interpreto. La alegría es nuestra tristeza, pero sin máscara. Y me pregunto ¿por qué hemos de ponerle máscaras a nuestra tristeza? ¿No sería mejor mostrar nuestra alma sin máscaras y así sería solo alegría lo que transmitiera?

Creo que solo hay una fuente de la que manan los sentimientos y es la misma agua la que surge siempre, pero ¿no es mejor que esa agua fluya clara y cristalina a que lo haga turbia y gris? ¿De dónde viene nuestra manía de ensuciarla?

Con el tiempo uno se da cuenta que es mejor lo primero, pero antes hay que sufrir lo segundo… hasta que uno se convence de no tiene ningún sentido.

Es fácil estar triste. Es difícil, pero benéfico para uno y para todos, estar alegre.

¡Alegría, hermosa chispa de los dioses, hija del Elíseo…! Esto canta la novena sinfonía de Beethoven.

Sí, destello hermoso y reflejo de los dioses. Nunca podré imaginar un dios triste, siempre los imaginaré radiantes de alegría.


martes, 2 de noviembre de 2010

MUJER...


El vuelo de tus faldas me enamora,
su ritmo, su belleza y armonía,
habita, dulce, en mi alma noche y día,
y en mis ojos en horas y deshoras.

Es la tierra, su fuerza y sus entrañas,
que vive en tu cuerpo iluminado,
y en mi cuerpo celeste y desarmado
desata y bullen tormentas extrañas.

El alma del planeta canta en tí
canciones olvidadas del Creador
con letras de parto, dolor y amor
y dulces notas que escritas leí.

Camina, caminando mueve el aire,
y en enigmáticas ondas se agita,
envidia me da a veces que te quita
tu belleza espléndida en desaire.


lunes, 1 de noviembre de 2010

sábado, 30 de octubre de 2010

ERA MUY ERGONÓMICO


Era muy ergonómico, muy simbiótico,
sinérgico y entrópico
muy cataléptico y psicodélico.
Neurasténcio, hipocondríaco,
maniático y epiléptico,
político organoléptico,
físico y ecléctico.
Macrobiótico,
energético, simpático…

Y yo lo amaba,
Aunque la verdad es que nunca
llegué a comprenderlo bien del todo...



lunes, 25 de octubre de 2010

CÁDIZ, LA CIUDAD DE LOS BALCONES



Bien se podría bautizar a mi ciudad con ese nombre, porque, si hay algo que forma parte de su identidad son sus balcones, los balcones de sus casas.

Y balcones hay de dos clases. Balcones y cierros. Ambos son de la mayor utilidad y prácticamente todas las casas disponen de ambos lujos.

¿Qué es una casa sin sus balcones? Las ventanas son útiles, pero solo sirven para mirar a lo lejos, en avenidas anchas o en casas en el campo, pero en nuestro caso, donde las calles son casi igual de anchas que el patio interior del edificio ¿qué podríamos ver desde una ventana? A lo sumo averiguar qué está haciendo el vecino de enfrente, pero no lo que ocurre en la calle. Por eso los balcones no son algo ocioso, sino algo necesario.


Parecería que somos chismosos, pero no, lo que pasa es que en mi cuidad ocurren muchas cosas en la calle, porque la calle no es solo vía de vehículos y peatones, sino algo así como la prolongación de las casas. Pasan muchas cosas de interés, casi casi tantas como dentro de las mismas casas.

En Cádiz las calles son “habitables”, sobre todo durante el buen tiempo, que suele ser casi todo el año, menos los meses de lluvia. En la época de calores, en el verano, es habitual en muchos barrios que la terraza natural de los hogares sea la calle. Unas sillas fuera, quizá una mesita de playa, unos tintos con gaseosa, y ya está. Fresquitos y contentos. Ligeritos de ropa se puede pasar una tarde-noche agradable charlando con un vecino o amigo de lo divino y lo humano. Es una gloria, lo más parecido al paraíso perdido. Y si la parienta ha asado unas caballitas y nos las pone por delante con su piriñaca… ya… no tiene nombre la cosa.

Y ¿qué hacer con un balcón si llueve o hace frío? Pues que hay que recurrir al cierro. No se si en tu ciudad hay cierros, por si acaso te lo explicaré. Es sencillo, verás. Se cubre el balcón, justo por dentro de la baranda, con un cerramiento de madera y cristales, desde el piso hasta la altura del techo de la casa. Y ya está, ya estamos libres de lluvia, viento y frío. Que hace bueno, se abren las hojas de ventanas y se asegura, por aquello del viento, con aldabillas, y de esta manera no se cerrarán bruscamente. Que hace malo, se cierran todas las ventanas y se mira a través de los cristales. La calle siempre a la vista, esto es lo importante.

Además, es un buen vivero natural para las macetas, llenas de luz y abrigadas de vientos y frío. Una tarde de lluvia leyendo o cosiendo, sentado en tu sillita preferida, junto al cierro, es una bendición. Y también, su techo, realizado con placas de zinc, es un hábitat perfecto para el anidamiento de palomas. En conjunto, un elemento perfecto no solo para la paz y el disfrute de los seres humanos, sino para la el cultivo de plantas y la crianza de pichones.

En el siglo XVIII hubo un problema, pero se solucionó pronto, no sin un costo adicional. Las señoras y señoritas usaban miriñaques para dar un vuelo artificial pero elegante a sus faldas, y ese artilugio necesitaba una estructura rígida de varillas para mantener abierta la falda, por lo que molestaba la parte inferior del cierro o del balcón. ¡Pues la solución es simple, se le da a la parte inferior la forma adecuada y ya está!



- Pero, Manolo, estas esquinas del cierro son muy antipáticas, cuando estás mirando algo y pasas la vista por ellas me lo pierdo de vista por un momento, ¡y en un momento puede pasar lo más interesante…! ¿no lo podrías arreglar?
- Siiiii… lo pensaré…
Ya está, saldrá algo caro, pero ya está.
- Eres un cielo, Manolo, ¿qué vas a hacer?
- Pues ¿qué va a ser?, que encargaré cristales curvos para las esquinas, que los he visto en casa de los Fossi. Sé que son caros, pero para ti no hay nada demasiado bueno…
- Manolo… mi Manolo…



Ese fue el motivo de la invención de los cristales curvos, y de las barandas curvas… Como se puede ver, la mujer siempre es motor de progreso y de arte…, todo debido a las curvas, como no… por algo lo femenino siempre estuvo enemistado con lo rígido y anguloso.

¡Ya viene el Nazareno, ya viene el Nazareno, vamos al cierro! Y desde allí, como almenas con toldillas, se ve llegar a la santa imagen en su gran pedestal, meciéndose como llevada por las aguas. Y pasa tan cerca que puedes tocar la plata de sus velones y extraer algo de su santidad para presignarte.

¡Ya está aquí la Virgen de los Dolores, bajo su palio, rodeada de flores y del fuego de sus infinitas velas encendidas!



Casi rozando las farolas, en el silencio de la noche, turbado solo por el crujir cimbreante de los varales, llega majestuosa.

Y todo sucede allí, bajo nuestra mirada atónita, tan cerca, que los aromas del incienso y el humo de las velas penetran por toda la casa, y los sonidos de las trompetas, de los tambores, y del gentío… toda una maraña de sensaciones que atraviesan milagrosamente hasta la última fibra del alma.

Todo ocurre en la calle…

Y luego, en Carnaval…
- Mira, ahí va la tía Juanita, vestida de guardia civil, y su marido, disfrazado de pulpo de La Caleta… ¡qué ganas de juerga tienen siempre! ¡No se cansan!

¡¡¡ Al rico pirulí de La Habana!!! ¡¡¡Arropías, llevo arropías!!! ¡¡¡Cangrejo, boca, camarone…!!! ¡¡¡Niña, recién cogiose, que dan sartos!!! ¡¡¡M’acaba de mordé un cangrejo moro, niña…¡¡¡



El gentío va y viene, como las olas, y el murmullo resuena como el batir de las olas en las rocas. Arriba, abajo, arriba… abajo. Todos ríen, bailan, se dicen cosas, se abrazan… todo el espíritu de las saturnales se infunde en las almas y en los cuerpos.

-¡Échame una copita, que estoy seco…! Y vámonos a tomarnos unas tortillitas de camarones en La Guapa… que están acabaítas de salir…





La Navidad, el Carnaval, la Semana Santa, el Corpus, el largo y cálido verano, los Tosantos… ¡y dicen que Cádiz no tiene fiestas…! Y es cierto, porque, como dijo el poeta carnavalero… si Cádiz está de fiestas… todo el año.





domingo, 17 de octubre de 2010

DE TEL AVIV A EILAT A TODA MÁQUINA



346 kms de vía férrea construida... ¡en un mes!

martes, 12 de octubre de 2010

CARTAS CON MI QUERIDA INDÍGENA




Buenos días bello señor.
Hoy 12 de Octubre
qué tienes que decir
en favor de los indígenas.
Bebo cafecito recién colao
y cocinao en fogón de leña
y arepas al budare igual con leña.
Este campo me embriaga de emoción
Reed Door de Elizaeth Arden
ya no figura,
se impone la fragancia silvestre.
Nace la primera flor plantada
por mis prodigiosas manos,
una hermosa Cala tan blanca como la leche
y su pistilo de oro.
Ella genera la enseñanza
fue cortada y nuevamente plantada
nació de nuevo
fue hallada en el camino
y hoy ha dado frutos, una flor,
una Cala.
MORIR Y NACER DE NUEVO.
Se me hace que sufrí dolores de muerte
se me hace que he nacido de nuevo
me siento despierta para comprender
que mi maestro es mi espíritu
que no lo hallaré si no vivo en él
que mi Dios está dentro de mi
que llevo un séquito de ángeles
tan hermosos como el tuyo.
Comprendo que no debo sentirme sola
pues hasta las piedras me hablan
como me habla la inmaculada
blancura de una hermosa Cala.
Viejo, no hay necesidad
de crear necesidades.

..............


Buenas tardes, bella dama.
se ve que tu corazón
ha echado brotes de nieve y de oro,
de aromas sutiles y ciertos.

Las flores del camino,
sencillas y puras,
y tus manos blancas y limpias
han hecho el milagro del Sol.

Naciste de la muerte,
y todo nace de ella, queriendo.
Los ojos de un niño
aprisionan la vida
y en el sencillo pesebre
nació el Niño Dios.

Las piedras, las flores
te hablan de luz,
y el viento cantos susurra
de dulces sonidos
a tu oído limpio .

Son ángeles, sí,
son tuyos y míos,
que cuidan tus días
y tus noches.

Amor.
No estás sola
está tu cala.
Estoy yo.

Siempre,
Siempre.

Sí.

viernes, 1 de octubre de 2010

COMODIDAD




Me parece que, por mi experiencia, vivir con comodidades excesivas conduce inevitablemente a una vida muy incómoda.

Recuerdo que se cuenta que Diógenes, lamparilla en mano, sí, ese que iba diciendo a voces en medio de la multitud de un mercado “busco a un hombre”, tiró su única pertenencia, un cuenco de barro para coger agua de la fuente pública, cuando vio a unos chiquillos beber de ella utilizando el cuenco natural de sus propias manos.

Carecía de la más mínima comodidad, no tenía casa ni pertenencia alguna, dormía en un rincón cualquiera y no se preocupaba por sus ropajes ni por su imagen externa. Pero, en cambio, se pertenecía a sí mismo, lo que no es poco.

Se cuenta también que una vez un hombre poderoso le abordó y le dijo:

- Diógenes, si fueras poderoso y rico como yo podrías obtener, como yo, el favor de los gobernantes y vivir cómodamente.
Diógenes le contestó:

- Y si tú fueras libre como yo, no tendrías que andar todo el día adulándoles, ni temeroso de perder sus favores. Yo, en cambio, tengo el favor de los dioses, a los que no tengo que adular ni tampoco temo perder sus favores.

Comodidad y libertad, he aquí dos circunstancias que parecen no llevarse del todo bien.

En cambio, Marco Aurelio fue emperador de Roma, y por lo tanto disponía de cualquier comodidad que deseara. Pero su condición de estoico le impedía, no disfrutarlas, sino dejarse esclavizar por ellas, lo cual es aún más meritorio, a mi parecer, que la libertad de Diógenes.

Cuento estas anécdotas de antiguos filósofos porque hoy día (por supuesto solo en el primer mundo) vivimos inmersos en tantas comodidades que estamos, no ya esclavizados por ellas, que lo estamos, sino rodeados de incomodidad debido a las mismas.

En cualquier casa se oye casi todos los días:

- Ya se ha vuelto a estropear la lavadora. ¿Cómo vamos a lavar ahora?
- Otra vez se le han acabado las pilas al mando a distancia de la tele…
- Tendré que llevar el coche al taller, a saber cuánto me costará ahora…
- Me tendré que comprar un traje nuevo para la boda de mi sobrina.
- ¡Otra vez goteras en el salón! Este vecino de arriba me tiene frito…
- ¡Se fue la luz, sin vitrocerámica y la comida sin hacer!
- Tenemos que ir pensando que vamos a hacer cuando nazca nuestro bebé. Tendremos que dejarlo con alguien, porque no podemos dejar de trabajar los dos, no nos llegaría para vivir…
(se entiende vivir bien, es decir, con todas las comodidades)

En fin, tu mismo podrías, lector, añadir muchos más ejemplos…

El resultado es que nos llevamos gran parte de nuestro tiempo “libre” enredados en solucionar los problemas que nacen de nuestras ansias de comodidad. De comodidad incómoda, diría yo.

Si hiciéramos como Francisco de Asís, quien decía:

- Para vivir necesito de poco, y de lo poco que necesito necesito muy poco.

indudablemente viviríamos menos “cómodos” pero mucho más tranquilos y libres.

Este difícil término medio entre comodidad y tranquila libertad es la clave del buen vivir, y, actualmente nos preguntamos cómo es posible que en países mucho más “pobres” que nosotros, sus habitantes tengan una menor propensión a las enfermedades cardiovasculares, menos estrés, menor índice de suicidios, y además una vida más calmada, alegre y feliz.

Decía un nórdico que una vez visitó Andalucía hace muchos años:

- Parece absurdo, pero con lo pobres que son son tan felices…

El ignorante nórdico no entendía que no hay tan estrecha relación entre riqueza y felicidad. La prueba es clara, ya que esos países tienen el mayor índice de suicidios y depresiones.

Obviamente no pretendo decir que los países paupérrimos de África sean los más felices, porque no hablo de carecer de lo esencial para la vida, como alimento, agua, techo, trabajo y recursos, sino de un sano equilibrio que distinga las auténticas necesidades de las superfluas.

El sistema económico hoy imperante necesita, para su mantenimiento, del consumo de cientos de cosas de dudosa necesidad, para lo que utiliza todos los medio de difusión para que lleguemos a considerarlos imprescindibles, todo en aras de una falsa necesidad. Con ello consiguen amasar grandes fortunas a costa de nuestra necedad.

Concluyo con una anécdota referente a Sócrates, quien fue llevado por sus discípulos a un gran mercando. Viendo la infinidad de cosas que se vendían, exclamó:

¡Cuántas cosas hay aquí que no necesito!



domingo, 26 de septiembre de 2010

EL ASUNTO DE LAS FUENTES



Lo grave no es el que no sabe, no contesta
sino el que no sabe pero contesta.
Esta profunda conclusión, no exenta de gracia dentro de su importancia, me la solía repetir un viejo amigo.

Vivimos en un mundo en el que impera la fuerza de la opinión, en detrimento de la fuerza de la sabiduría. Es cierto que los sabios son pocos, si es que queda alguno, y se les exige grandes conocimientos de la naturaleza humana y divina, así como largos años de reflexión y meditación sobre los temas de trascendencia antes de abrir la boca.

En cambio, se considera que cualquier persona puede dar su opinión, sin exigirle ningún conocimiento sobre lo que opina. Y lo sorprendente de esto, por lo absurdo, es que la opinión de cualquiera es tan válida y posee el mismo peso que la de un sabio o experto en la materia sobre la que se opina.

Tanto es así que se hacen estadísticas (oh, las estadísticas…) sobre casos tan complejos como, por ejemplo, si cree usted en el calentamiento global del planeta, los peligros de la energía nuclear, la existencia de Dios, la fecha de la próxima hecatombe económica o cualquier otra cosa que se nos ocurra.

Los que dan su opinión, en una mayoría casi absoluta, no tienen la menor idea de estos asuntos, ya que ni han dedicado el mínimo tiempo en documentarse sobre ellos ni por supuesto a reflexionar largamente sobre los mismos. Pero se hace la estadística, se cuentan los votos a favor y en contra, y así se descubre cual es la opinión de más peso, considerándola la más cercana a la verdad.

Ya decía Platón que la opinión era el estado intermedio entre la ignorancia y la estupidez. En verdad, el comienzo del camino a la sabiduría es la ignorancia, si se la asume, como lo hizo Sócrates, pero la estupidez le cierra la puerta a ese camino, ya que el estúpido habla de lo que no sabe, creyendo con soberbia que sabe mucho de todo. Pero, sorprendentemente hoy se hace a la opinión superior aún a la sabiduría, suplantándola sin más.

Esto equivaldría a la situación en la que un cirujano hiciera una encuesta entre sus ayudantes, médicos y enfermeros presentes en el quirófano, para decidir por donde seccionar un órgano o qué arteria cortar para proseguir con una operación a corazón abierto. De seguro que el enfermo dejaría de serlo, para pasar a engrosar la lista de las esquelas del día siguiente.

Cosa tan simple de entender, como que la opinión de un experto vale más que la de miles de inexpertos, nos lleva poco a poco a situaciones absurdas y carentes de mínimo sentido común.

Pero la opinión no es asunto de este artículo, aunque tiene mucha relación con él. Me proponía reflexionar sobre el asunto de las fuentes.

Acudo nuevamente a mi querido diccionario etimológico, precisamente para encontrar las fuentes del significado de la palabra “fuente”. Dice así:

Del latín fons, fontis; de fundere, fundir, buscar el fondo, nivelarse.
Como siempre, la etimología es muy iluminadora del alma de las palabras.

De esto es de lo que quería hablaros hoy, del lugar donde se funden las distintas corrientes sucesivas y posteriores, es decir del nacimiento o raíz de algo, algo similar a las fuentes de los ríos. Y cómo no, de buscar el fondo de las cosas, y también de nivelar, es decir de buscar el orden y la dirección estructural armónica de algo.

La búsqueda de las fuentes es quizá, tras la asunción de la propia ignorancia, el comienzo del camino en la búsqueda de la sabiduría, ya que es de sentido común aceptar que no somos los primeros (ni seremos los últimos) en preguntarnos sobre la naturaleza y fin de las cosas existentes, por lo que es sensato acudir a los sabios que nos han precedido, que son muchos y muy insignes.

Afortunadamente, de algunos de ellos nos ha llegado hasta nuestros días restos de su sabiduría, bien en textos, milagrosamente salvados de las garras de la ignorancia o del desdén, bien en obras, quizá erróneamente consideradas de arte, como construcciones, templos, pinturas, música, danzas y otras obras inspiradas por las Musas. Incluso en algunos casos, las menos, la sabiduría ha recorrido la historia, de manera soterrada, pasando de maestros a discípulos hasta el día de hoy.

Pero ¿dónde acudir para conocer y comprender, por ejemplo, la cuestión de los arquetipos fijos o el mito de la caverna? La respuesta es de lo más tonta:

- Pues en los escritos de Platón, claro. Fue quien los explicó en sus libros…

Sorprendentemente no se suele acudir a los textos de Platón para conocer estos asuntos o muchos otros, sino a comentaristas o divulgadores de su pensamiento. Es lo habitual. Pero ¿cuál puede ser la razón de tan aparente sinsentido?

Decía Amado Nervo que “todo es cuestión de recipiente”.

Parece ser que se estima que es difícil, trabajoso y a veces imposible entender las palabras y los pensamientos de los sabios, por lo que resulta preciso contar con una especie de “traductor”. Quizá éste también sea muy confuso, oscuro o difícil de digerir, por lo que hará falta un traductor del traductor. De esta manera, muchas veces acudimos al traductor número 27º para intentar comprender las ideas de Platón, o, para perder menos tiempo aún, recurrimos a la conocida enciclopedia virtual Wikipedia, con lo que la intervención de “traductores” llega casi al infinito.

Evidentemente, esto es como el juego del teléfono, que seguramente conoceréis, ese en el que, reunidos un grupo numeroso de participantes, y dispuestos en círculo, uno de ellos dice una frase al oído del que tiene a su derecha, y éste a su vez la dice al de su derecha, y así hasta que la frase llega finalmente al primero que la dijo. Todos los que hemos jugado a este juego sabemos que no solo la última frase no tiene nada que ver en absoluto con la primera, sino que es incomprensible y sin ningún sentido. Esto es algo parecido a lo que ocurre con los comentaristas e intérpretes, los que llamé “traductores”.

Dije que decía Amado Nervo que “todo es cuestión de recipiente”. Y esta puede ser la clave de este confuso asunto.

Una cuchara puede tomar una cucharada de agua del mar si la sumergimos en él.
Un jarro puede tomar un jarro.
Un tonel puede tomar su capacidad.
Una gabarra muchos metros cúbicos.
Un buque tanque, miles de metros cúbicos.

¿En qué consiste la diferencia? Es obvio que en la capacidad del recipiente.

He oído decir muchas, muchas veces, que si fueran de libre acceso las bibliotecas secretas del Vaticano tendríamos a nuestra disposición infinidad de nuevos conocimientos. Y yo siempre me pregunto: ¿cuántos podrían entender la sabiduría de esos textos? Muy pocos, seguro. Y, de hecho, harían mal uso del mal entendimiento de ellos, ya que el asunto no es nuevo. Las conclusiones que han extraído del Corán ciertos fanáticos son producto exclusivamente de su nula comprensión de lo que Mahoma dispuso en ese libro.

Desgraciadamente así ocurre con casi todas las tradiciones antiguas que han llegado hasta nosotros, ya que nuestro siglo, ignorante y soberbio, considera como antiguallas todas ellas, o bien cuentos para niños o engañabobos para adultos.

Las mitologías griega, nórdica, celta, maya o cualquier otra se consideran solo cuentecitos con los que trataba de distraer y dominar a los hombres de aquellos pueblos antiguos y atrasados.

La simbología egipcia, cretense, asiria, hindú, azteca o cualquier otra eran, según dicen, simplemente maneras de gobernar las cosechas o de aludir a las fuerzas naturales que para esos pobres ignorantes resultaba incomprensible y temible.

- Oiga, serían muy ignorantes, pero ni aún hoy en día, con nuestra gran tecnología, seríamos capaces de construir templos y pirámides que ellos parece que hacían con una facilidad pasmosa, y con una perfección técnica hoy muy lejos de conseguir. El simple plano de uno de los millones cubos de piedra de la pirámide llamada de Keops tiene una perfección mayor que la mejor lente construida para el mejor observatorio astronómico.
- Bueno, sí, pero la hicieron los extraterrestres…
- Ya, ya… seguro… los extraterrestres…

En nuestro siglo se considera que cualquier persona, hasta el que asó la manteca, tiene la misma capacidad de comprensión de las cosas del Universo que cualquier otro. Pero, por mucho que nos lo repitan, una y otra vez, pensar eso es simplemente… una estupidez.

Pero ¿a qué se refiere Nervo cuando nos habla de recipientes?
¿de cuáles de nuestras potencialidades depende nuestra capacidad de comprensión de las esencias de las cosas?
¿podemos ampliar nuestro recipiente para ser capaces de, atravesando la superficie y buceando a lo profundo, llegar a conocer la naturaleza más íntima de las cosas?
Cuando alguien dice "he comprendido", y otro dice "he comprendido" ¿han comprendido los dos en la misma amplitud, o quizá alguno, o los dos, han creído comprender algo y no han comprendido nada?

Recordando a Shakespeare, podemos decir pues:

To be or not to be,
that is the question




domingo, 19 de septiembre de 2010

BAJO LA VOZ DE LOS PINOS



Escribo en la noche, a la sola luz de una lejana farola, en un cielo sin luna.
El viento sopla fuerte, como lo hace en mi tierra el recio levante.
Su voz se hace sonora en los pinos, entre sus ramas agitadas, y se parece mucho, es como igual, a la voz de la mar en las orillas. Sube y baja al compás de las olas, como aquí con sus rachas, ora suaves, ora bravías.

Amo la soledad, y me siento a gusto en esta esquina del universo, donde estoy solo con mi viento y con mis pinos. Solo me es preciso bajar a mis adentros, y dejar entrar allí las esencias que me rodean, para que me envuelvan, para que me limpien, para que raspen de la piel de mi alma las pequeñeces que día a día se me van pegando, como se pegan a la quilla de la barca los infinitos moluscos que se aprovechan de su navegar y que, día a día, hacen más tortuoso su romper de las aguas.

Quizá hoy me sienta sucio, o me sienta lento en mi marcha, o me parezca difícil avanzar. Quizá hoy me entorpezcan asuntos vanos y pequeños, cuando en cambio sueño mi rumbo claro y seguro.

Un día dije que a veces el camino se vuelve gris. Hoy, como entonces, mi navegar es lento y cansino, y los vientos no hacen avanzar mi nave como debiera.

Limpieza, limpieza. Es seguramente lo que precisa mi barca. Limpieza en su casco, abrir bien sus velas al viento, agarrar con decisión el timón y… seguir velozmente el rumbo necesario.






viernes, 17 de septiembre de 2010

LOS QUE NUNCA ENTRARÁN A UN MANICOMIO





Por Angel Rutigliano, psicólogo. Fragmentos de Ni loco.
Catálogo de los que nunca entrarán a un manicomio.

La población de los manicomios obedece a una lógica segregacionista, que hace ingresar a unos y deja afuera a otros. Pero es posible intentar un catálogo de los que nunca irán al manicomio.

En bicicleta sin frenos

Los que andan por el mundo en bicicletas sin frenos no son desenfrenados sino todo lo contrario. Como la bicicleta carece de frenos, el conductor o conductora establecen el ritmo con su pedaleo. No desarrollan grandes velocidades porque saben que sería imposible detenerse; circulan con velocidad justa. Al llegar a una esquina, o en caso de emergencia, arrastran el pie derecho contra el suelo; esto también les permite, si es necesario, patear un perro. Son enemigos de las bicicletas fijas: en éstas, la falta de frenos proviene de que el ciclista es una especie de caminante estancado que, como el agua de los pozos, puede llegar a pudrirse. Por lo general, los
ciclistas desenfrenados son sujetos que han sabido adaptarse a las vicisitudes de la vida, haciendo con poco mucho. No consideran que andar en bicicleta sea poesía, sino pura prosa; andan sólo por andar. No llevan cadena ni candados: prefieren su bici robada, antes que encadenada.

Los que repiten un mantra

Todos tenemos bastones en la vida. Algunos tienen un hijo y proyectan sobre él sus frustraciones. Otros se compran un balero. Otros van a la cancha. Y otros repiten un mantra. La palabra mantra viene del sánscrito, y contiene la referencia a la mente y a la liberación. El mantra ata a la vez que rescata de los pensamientos que todo el tiempo confunden. Un mantra puede ser una sílaba, una palabra, una frase o un texto largo que, recitado y repetido, va llevando a la persona a un estado de profunda concentración.
Tal era el caso de una paciente de la ciudad de Chivilcoy que, intentando influir sobre los dioses para solucionar sus problemas de adicción, repetía un mantra recomendado por su médico de cabecera:
“Anita-la-gorda-lagartona-no-traga-la-droga-latina”. Nadie supo bien por qué, pero a los pocos meses ya no tuvo mayores problemas y pudo concurrir a sus clases de salsa sin estímulos artificiales. Los mantras también son usados en grupos de autoayuda porque se supone que repetir frases positivas
–“Voy a estar más flaca”, “Hoy mi marido me va a sacar a pasear”, “El energúmeno de mi hijo me va a traer una buena nota”– nos acerca a la concreción de la meta deseada.

Los que tienen una Pelopincho

El viento norte enloquece. Para contrarrestar los efectos nocivos del calor, muchas personas se socorren con elementos artificiales: ventiladores, aires acondicionados, abanicos. Algunos van por más y en su hogar, por pequeño que sea, logran armar una suerte de paraíso terrenal gracias al mayor invento del siglo XX: la pileta Pelopincho. Un terrenito, un gran balcón, una terraza, un patio sirven para instalar la pileta de lona y allí refrescarse las patas y por ende la cabeza. No todos han prestado atención al clima distendido que se vive en un hogar donde reina la Pelopincho. Casi no se discute y, si existe algún tipo de problema, ya se sabe cómo arreglarlo: al
agua, pato. La excepción a esta regla son los que usan la pileta Pelopincho para realizar saltos ornamentales.

Los que se creen Napoleón

Jack Lacan, el destripador del psicoanálisis, sostuvo que “loco no es quien se cree Napoleón, sino cuando Napoleón se cree Napoleón”. Esto hizo diferencia con lo que, durante años, venía sosteniendo la tía Rosita en las reuniones de Tupper que organizaba en la casa. Desde que se enteró de esa máxima, empezó a mirar con respeto a los colifatos y con desprecio a los engreídos, los fatuos, los petulantes. Tras conocer la buena nueva, inició otra relación con los chiflados del barrio, que ya no serían expulsados de los espacios sociales sino, por el contrario, invitados con tarjetas de cartón. Ahora miraba con desaire a la peluquera que, porque una vez había peinado a Mirta Legrand, se sentía superior al resto de los mortales.

Los que lavan el auto los domingos

Ya se sabe que, si existe un momento propicio para el suicidio, son los domingos por la tarde. Después de los ravioles, de la siesta y del clásico, no hay nada (nada) para hacer. La nada avanza y produce lo que algunos filósofos llaman angustia existencial. Quienes lavan el auto los domingos saben que no es por limpieza, sino por otra cosa. Uno los ve, gamuza en mano, concentrados, como si estuvieran pintando la Capilla Sixtina. El empeño, el esmero, el escrupuloso cuidado de cada uno de sus movimientos delatan que no se trata de limpiar un mero automóvil. La patrona puede acompañar como cebadora de mates, pero no se permite el ingreso de niños o perros.