viernes, 14 de diciembre de 2012

SOLSTICIO












Sol que nació invicto
en lo profundo del invierno.
Que fecundó brotes y nidos,
amores y ternuras,
por la primavera blanca.

Sol que agostó flores,
en la vieja alquimia,
encerrando sus rayos
en la fruta jugosa
y en los tiernos corazones.

Sol niño, joven y viejo.
Sol nuevo y antiguo,
novio, amante y esposo,
en brotes, flores y frutas.

Naciente, y pleno, y poniente,
amarillo, blanco y rojo,
padre amante, hijo sonriente,
complaciente y amado abuelo.
Siempre tú, tú por siempre.

Viajamos contigo, sentados
en el hueco de tu mano triunfante,
sobre el arco noble de tu brazo,
en la cuna amorosa de tu centro,
en tu ser, que es el nuestro perdido.

Lleva mis pasos amantes
como débiles huevos primero,
orugas cansinas y crisálidas luego,
al reino de tu luz,
de mariposas aladas,
a unirnos con tu brillo,
a morir en tu fuego.


lunes, 3 de diciembre de 2012

BEETHOVEN 9ª SINFONÍA-CORAL

BEETHOVEN, ODA A LA ALEGRÍA-9NA. SINFONÍA
















BARÍTONO

¡Oh, amigos, no con esos acentos!
¡Entonemos cantos placenteros
y plenos de alegría!

ODA A LA ALEGRÍA - FEDERICO SCHILLER

BARÍTONO, CUARTETO, Y CORO

¡Alegría, hermosa chispa de los dioses
hija del Elíseo!
¡Ebrios de ardor penetramos,
diosa celeste, en tu santuario!
Tu hechizo vuelve a unir
lo que el mundo había separado,
todos los hombres se vuelven hermanos
allí donde se posa tu ala suave.


Quien haya alcanzado la fortuna
de poseer la amistad de un amigo, quien
haya conquistado a una mujer deleitable
una su júbilo al nuestro.
Sí, quien pueda llamar suya aunque
sólo sea a un alma sobre la faz de la Tierra.
Y quien no pueda hacerlo,
que se aleje llorando de esta hermandad.


Todos los seres beben la alegría
en el seno de la naturaleza,
todos, los buenos y los malos,
siguen su camino de rosas.
Nos dio ósculos y pámpanos
y un fiel amigo hasta la muerte.
Al gusano se le concedió placer
y al querubín estar ante Dios.


SOLISTA TENOR Y CORO

Gozosos, como los astros que recorren
los grandiosos espacios celestes,
transitad, hermanos,
por vuestro camino, alegremente,
como el héroe hacia la victoria.


CORO

¡Alegría, hermosa chispa de los dioses
hija del Elíseo!
¡Ebrios de ardor penetramos,
diosa celeste, en tu santuario!
Tu hechizo vuelve a unir
lo que el mundo había separado,
todos los hombres se vuelven hermanos
allí donde se posa tu ala suave.


¡Abrazaos, criaturas innumerables!
¡Que ese beso alcance al mundo entero!
¡Hermanos!, sobre la bóveda estrellada
ha de vivir un Padre amoroso.


¿No vislumbras, ¡oh mundo!, a tu Creador?
Búscalo sobre la bóveda estrellada.
Allí, sobre las estrellas, ha de vivir.


¡Alegría, hermosa chispa de los dioses,
hija del Elíseo!
¡Ebrios de ardor penetramos,
diosa celeste, en tu santuario!
¡Abrazaos, criaturas innumerables!
¡Que ese beso alcance al mundo entero!
¿Os postráis, criaturas innumerables?
¿No vislumbras, ¡oh mundo!, a tu Creador?
¡Búscalo sobre la bóveda estrellada!
Hermanos, sobre la bóveda estrellada
ha de vivir un Padre amoroso.


¡Alegría, hija del Elíseo!
Tu hechizo vuelve a unir
lo que el mundo había separado
todos los hombres se vuelven hermanos
allí donde se posa tu ala suave.


¡Abrazaos, criaturas innumerables!
¡Que ese beso alcance al mundo entero!
¡Hermanos!, sobre la bóveda estrellada
ha de vivir un Padre amoroso.


¡Alegría, hermosa chispa de los dioses,
hija del Elíseo!
¡Alegría, hermosa chispa de los dioses!

domingo, 2 de diciembre de 2012

BEETHOVEN, FANTASÍA CORAL. Texto de Christoph Kuffner






















Con gracia y dulzura resuenan
las armonías de nuestra vida
y el sentido de la belleza engendra
flores que eternamente florecen.
La paz y la alegría avanzan cual amigas
como el juego alternante de la olas;
y lo que insistía en ser rudo y hostil
entra a formar parte de lo sublime.
Cuando en los tonos reina la magia
y en las palabras la inspiración
se configura lo maravilloso,
noche y tempestad se vuelven luz.
Calma exterior y alegría interior
priman para el bienaventurado;
y el sol primaveral de las artes
permite que de ambas nazca luz.
Algo grande contenido en el pecho
florece de nuevo en toda su belleza;
si un espíritu se ha encumbrado
todo un coro de espíritus resuena siempre a su alrededor.
Aceptad, pues, almas bellas,
alegremente los dones del buen arte.
Cuando se unen el amor y la fuerza
el favor de los dioses al hombre recompensa.

Christoph Kuffner

BEETHOVEN, FANTASÍA PARA PIANO, CORO Y ORQUESTA EN DO MENOR OPUS 80





















      La obra de Beethoven conocida como "Fantasía Coral" es muy peculiar. Para empezar, es inclasificable en ninguna forma musical concreta, de ahí su nombre de “fantasía”, especie de cajón de sastre donde se archiva lo que no cabe en ningún otro apartado musical.
     
       Alguien la llamó “la pequeña gran obra” de Beethoven, y yo estoy de acuerdo con ese nombre. En apenas 20 minutos incluye las reflexiones intimistas de una sonata de piano, los diálogos de un concierto para piano y orquesta, el desarrollo de un tema principal y cinco variaciones, aparte de la sección final para piano, orquesta y coro, con inclusión de seis solistas.
     
       Pero más allá de ser tan rica en variedad de formas, en mi opinión, lo que la hace grande es la unidad de su contenido, que creo que suele pasar desapercibida generalmente. No creo posible que un genio como Beethoven uniera sin ton ni son tal riqueza de colorido sin un propósito concreto. Es evidente que existe un hilo conductor que es preciso descubrir en la obra.
     
       Mucho se ha dicho de la similitud de la parte coral de esta Fantasía con la Oda a la Alegría, cantada como final de su novena sinfonía.  En mi opinión, tal similitud es más clara en en el mensaje de las poesías y la música que en cualquier otra cosa. Beethoven da forma, en ambas, a su búsqueda interior de la belleza en su aspecto más sublime, y va al encuentro del propósito de su arte. Y descubre el mismo propósito y destino: La alegría:
     
       Alegría, hermosa chispa de los dioses,
       Hija del Elíseo…         (de la 9ª sinfonía)
     
       Calma exterior y alegría interior
       priman para el bienaventurado;
       el sol primaveral de las artes
       permite que de ambas nazca luz...        (de la Fantasía Coral).


       La alegría, no la vulgar, sino la alegría del genio inmerso en su arte, es, en mi opinión, lo que une a ambos cantos corales.
     
       A mi entender, el hilo conductor de esta pequeña gran obra es el de un recorrido íntimo del artista a través de su mundo interior, en busca de una respuesta que dé sentido sublime a su arte,  su música.
     
       Los primeros compases de la introducción para piano nos muestran a un Beethoven reflexivo, en calma, en la soledad de sí mismo, planteándose su inquietud. A veces exige violentamente una respuesta, como espíritu conquistador, tratando de arrancarla con vigor. Pero vuelve una y otra vez a la calma, no sin conservar su vigor intimista,
     
       Al fin, algo le habla, a través de la orquesta. La belleza le va, poco a poco, desde las susurrantes entradas de los contrabajos al tutti de la orquesta,  introduciendo a su realidad. La voz sublime de las trompas, secundada por los oboes, le inspiran por fin el tema principal que buscaba. Luego, y en diversas variaciones, como mostrando diversos aspectos de esa belleza buscada, y, a veces, exigida, comienza un diálogo entre artista y belleza, entre piano y orquesta.

       Mantiene diálogos con ella, a veces tiernos, a veces desafiantes y violentos… como Jacob luchando con el ángel… y así, musicalmente, los modos mayor y menor se van turnando a lo largo de la obra.
     
       Finalmente, la orquesta, en tutti, canta, alto y claro, el tema central de la obra, confirmando así al artista su intuición. Y vuelven a conversar sobre ello, en un hermoso diálogo plagado de escuchas, de preguntas y de confesiones mutuas.
     
       Luego se inicia una hermosa reflexión del artista, expresada con un bellísimo pasaje en piano, acompañado por una orquesta igualmente en piano , en la que clarinetes y fagots toman la voz, como aprobando y bendiciendo su intuición estética.
     
       El piano habla de nuevo, acompañado por la orquesta, ahora en pizzicato, hasta que un misterioso contrabajo da entrada a la respuesta final. Y, como siempre, son las trompas las que anuncian el desenlace, correspondidas en segundo plano por los oboes.
     
       El coro inicia la manifestación gloriosa de la Belleza, primero con variaciones del tema a cargo de los solistas, y luego en un bellísimo tutti. Se repite el mismo esquema y, finalmente, con intervenciones afirmativas del piano, reafirmando la voz potente del coro, la obra concluye.
     
       Sin desperdicio.



martes, 20 de noviembre de 2012

SOMOS...


















Somos, como dijo Falla a su amigo,
fantasmas del pasado en un mundo de muertos.

Sí, añado yo,
fantasmas de carne y hueso.
Somos seres del pasado
que venimos a gritar y a despertar a los muertos.

Somos hermanos de Juan el Bautista,
voz que clama en el desierto,
como león que ruge en la sabana,
como lobo que aúlla en la noche,
como gallo que canta en la mañana.

Somos un grito ancestral,
voz fuerte y celeste,
que como Jesús,
hará despertar nuevamente a Lázaro,
y lo hará vivir de nuevo.

Somos pocos,
pero la levadura es poca también,
y levanta, y fermenta toda la masa inerte
de harina, de sal y de agua.

Somos, en la metáfora del maestro,
los que hacemos sonar el clarín,
clarín que despierta a los dormidos,
que saca del sueño a las almas.

Somos como tigres,
que acechan en lo profundo del bosque.
Como serpientes
que surcan con cuidado el follaje,
y se aprestan a despertar del sueño a los durmientes.

Somos como el rayo, como el trueno,
que enciende cegadora luz en la noche
y en su bramido arranca el temor
de los pusilánimes.

Somos como torrente
que arrasa las tierras resecas,
como olas de la mar terrible,
que rompe en espumas,
como viento furioso
que abate las hojas secas.

Como sol cegador,
como fuego terrible,
que ardiente levanta
la piel sudorosa.

Y no habrá nada, ni nadie
que pueda seguir en su sueño,
en su trinchera acogido,
en su comodidad recostado.

No vinimos a traer paz,
trajimos la espada.
E igual que Jesús,
arrojó del templo sagrado
los sucios tenderos
con su látigo justo,
así lo haremos también.

Pronto, luego, o más tarde,
mas no lo dudéis.
Así será.
Está escrito.


domingo, 11 de noviembre de 2012

domingo, 4 de noviembre de 2012

LO EXCELSO Y LO VULGAR




















Un hombre es lo que come.

Muchas veces me he preguntado cuál era “el secreto”, o la “fórmula”, o “la receta” que poseían, y que poseen, los grandes hombres, ya sea en las artes, en las ciencias o en cualquier otra actividad noble del ser humano.

Hace unos días me vino a la mente la frase que he colocado al principio, porque creo que ahí está la clave. Un hombre es lo que come. Si come basura se convertirá en un basurero. Si come vulgaridades se convertirá en un ser vulgar, y si come alimentos excelsos se convertirá en excelso.

En mi opinión esto es así porque el cuerpo interior del hombre va creciendo con los alimentos que consume. Y de tales mimbres… ya se sabe. Una casa construida con ladrillos de mala calidad podrá ser bonita, pero… pronto perderá su belleza e incluso su estabilidad. Se ajará como algo efímero muy pronto.

En el plano material lo entendemos y lo aceptamos muy fácilmente. Todo el mundo lo sabe y lo puede ver día a día. Pero… ¿y en otros planos?

Llegamos quizá hasta lo vital, la salud. Entendemos que quien se cuida adecuadamente goza de buena salud. Aunque en nuestra cultura pretendamos estar sanos sin hacer lo necesario para estarlo, y aún haciendo justamente lo contrario que demanda nuestro sentido común en este asunto. El resultado es que un gran porcentaje de los enfermos de algo lo son por tratar inadecuadamente, si no salvajemente, su cuerpo y su vitalidad.

Cuando subimos a otros planos, el asunto se vuelve tan difuso que ya no vemos en absoluto ninguna conexión entre lo que comemos con los resultados que producimos en estos planos superiores o más sutiles de nuestra naturaleza.

¿De qué alimentamos nuestra psiquis, es decir, nuestras emociones, nuestros sentimientos, en suma, nuestro plano emocional? ¿De qué clase de ideas, más positivas o más negativas, más entusiastas o más pesimistas, más alegres o más amargas, más nobles o más vulgares alimentamos nuestra mente?

No hablemos ya de los planos del espíritu, mundo casi desconocido, aunque intuido, de todo ser humano que se pueda llamar tal.

Pues puedo afirmar que lo que se nos ofrece para comer en los grandes medios de comunicación de masas es basura, cuando no veneno. Cualquier espíritu crítico, en uso del más elemental sentido común, advertirá que no se nos ofrece nada que pueda considerarse excelso, sino más bien vulgar. Quien se haya preocupado, aunque solo sea unos minutos, de hacer “zapping” examinando con criterio propio y un mínimo discernimiento las distintas cadenas, dudo que haya encontrado algo que se aparte de lo vulgar, de lo mezquino y de lo aberrante, salvo bellísimas excepciones.

Teniendo en cuenta lo que expongo, es resultado de sentido común la calidad de los contenidos que pueden albergar en su psiquis nuestros contemporáneos, que no coetáneos.

Comer sin ton ni son cualquier cosa que se nos ponga por delante nos lleva a construir un ser interior semejante a lo que nos dan de comer. Zombis, monstruos, desquiciados o, en el mejor de los casos, necios. Y quien se extrañe de la cosecha que piense por un momento qué semilla se sembró. De cada clase de semilla nace una clase de planta semejante. Del trigo, trigo, de la cizaña, cizaña.

Así, en nuestros oscuros tiempos, la poesía ha sido ocupada por los “cantautores”, la música por los “roqueros”, la literatura por los “raperos”, la pintura por los comics y los graffitis , el buen teatro por el cine, la escultura por absurdos mamotretos que solo entiende su “creador”, la arquitectura por rarezas originales pero de mal gusto, la belleza interior por la epidermis, la óperas se han convertido en “óperas rock”, los conciertos son ahora de cantantes de medio pelo, la danza por coreografías absurdas que suscitan los instintos más bajos, la política por la demagogia, la amistad se hace por el chat, la comunicación entre personas por email, el cariño y el amor se identifican con el sexo, el dar se olvida y solo se espera recibir, la entrega se olvida y se fomenta el egoísmo, y a cambio de hermandad se fomenta el separatismo y el enfrentamiento.

En lugar de apoyo, ayuda y hospitalidad entre los seres humanos se valora la indiferencia, y donde se cultivaba la compañía ahora se cultiva el aislamiento que lleva a la soledad. Y ya no se dan agradables paseos, se “hace footing”.

Pensemos y cuidemos qué nos llevamos a la boca. Lo que comemos, como dijo un sabio, que no recuerdo ahora quién fue, eso somos.







miércoles, 24 de octubre de 2012

¿DÓNDE HABITA LA POESÍA?



























Anoche hablé contigo, y nuestras íntimas miradas me hicieron preguntarme cosas, que ahora te quiero contar.

A veces me pregunto dónde va la poesía cuando te abandona. Un poeta hizo una pregunta parecida:

Cuando el amor se acaba, ¿sabes tú a dónde va?

Me pregunto lo que se preguntaba Leonard Cohen en una de sus canciones:

Where is your famous golden touch?

¿Dónde dejé la poesía, dónde el amor, dónde el añorado toque de oro? Seguramente se marcharon de mí en los ojos y en el pecho de mis vírgenes amantes. O se quedaron en los verdes brotes nacientes y poderosos. O se los llevó, al decir del poeta, como el viento de otoño se lleva las hojas pardas.

Pero también estén quizá en el próximo recodo del camino, que ya se vislumbra tras el frío y la niebla del invierno.

Quizá mi mano perdió su pátina de oro cuando dejé de cavar en la mina, cuando dejé de cernir las arenas auríferas de mis arroyos más limpios.

Pero lo que he visto existe, y ya no me puedo engañar. No puedo negar el brillo del sol, aunque el cielo hoy esté nublado. Sé que está detrás de las nubes, detrás de mí y de mi desesperanza.

Dime que sí, hermana, dime que mi aliento puede abrasar otra vez, que mi voz puede llevar almas a su nido, que mi mano puede ayudar a guiar a los ciegos, que puedo soportar el peso de los que quiero llevar al otro lado del tránsito doloroso.

Dime que aún tengo fuerzas, que mi corazón enciende aún ilusiones, que mi amor abrasa aún corazones, que mi clarín todavía es capaz de traspasar el ruido y de hacerse oír entre los estériles rumores.

Dime, aunque yo no consiga creerlo, que mi voz es aún dulce a tus oídos, que mi alma aún tiene brasas que calientan, y que mi mano aún puede dar caricias que sean benéficas y portadoras de alegría.

Dime… que aún puedo ser un amante para un alma sedienta, agua fresca para el abrasado, cama en que repose un alma cansada, musa que inspire un corazón ardiente.

Dímelo.


lunes, 15 de octubre de 2012

PALABRAS























Estaba hablando hace unos días con un amigo, maestro toda su vida de las hermosas lenguas de nuestros antepasados inmediatos, el latín y el griego. Tan versado es en ellas que me contó una vez que, paseando con su familia por el puerto, se toparon con un barco polaco de pasajeros que a todos llamó la atención por su belleza y que enseguida quisieron visitar si ello fuera posible.

Cuando abordaron el navío, intentaron dar a conocer su deseo al oficial que les atendió, pero todo fue en vano. Nadie en el barco sabía una palabra de español. Así que estuvieron a punto de desechar la idea de la visita, no sin sufrir una gran decepción, cuando a mi amigo se le ocurrió una idea genial. Con gestos como santiguarse o unir sus manos en oración consiguió que el oficial entendiera que deseaban hablar con el sacerdote del barco, y una vez que fue este avisado y se presentó ante ellos, con enorme sorpresa para todos los presentes comenzó una fluida conversación con él… ¡en latín!

Por supuesto, visitaron el barco, siendo el sacerdote su singular guía, y mi amigo el intérprete para su familia.

Y, como antes contaba, hablábamos sobre diccionarios, de latín y griego, y los más queridos por mí, los diccionarios etimológicos. Le contaba que para mí era fascinante, y casi siempre imprescindible, acudir a mi diccionario etimológico en desesperada ayuda para descifrar el contenido primigenio de las palabras. Nunca encontré mejor manera de penetrar el alma de las palabras que conocer su nacimiento. Los romanos, los griegos, los árabes; ellos fueron los que dieron alma a las palabras que hoy usamos.

Yo le decía que, para mí, la palabra es el cuerpo o el envoltorio de un concepto, de la esencia que guarda, de su alma. El asentía con la cabeza y vi que sus ojos brillaban, porque ama las lenguas clásicas.

Y creo que en nuestros días existe una gran confusión porque las palabras están perdiendo su alma, quedando solo su cuerpo escuálido, cuando no muerto. Con lo que estamos ante una nueva torre de Babel. No es posible entenderse, salvo con aquellos que mantienen vivas las palabras y su concepto, su alma.

Una mesa es una mesa. Y todo el mundo lo sabe, salvo quizá los indígenas que nunca la han usado ni conocido. Un hombre es un hombre y una mujer una mujer… Pero ¿y las palabras que todo el mundo pronuncia sin el menor pudor todos los días?

Amor, Libertad, Felicidad, Dolor, Amistad, Respeto, Arte, Paz…, y mil otras que fácilmente se os ocurrirán… ¿tienen algún significado, o por otra parte, tienen el mismo significado para todo el mundo? Ya sé que me diréis que no.

Y yo me pregunto: si solo estamos de acuerdo en lo que es una mesa o una casa, un vaso o un árbol, pero de ninguna manera en el significado de lo que realmente importa en la convivencia, en la cultura y en la comunicación entre las personas, ¿cómo vamos a entendernos?

Evidentemente, de ninguna manera. Las conversaciones se convierten en un diálogo para besugos. Todo el mundo utiliza sin pudor las mismas palabras, pero nadie se entiende, porque cada uno tiene su particular concepto de cada palabra.

Y si no, haced la prueba. Preguntad qué significa o qué implica cualquiera de las palabras antes mencionadas. ¿Qué significa amar? ¿Qué significa ser libre? ¿Qué significa ser feliz? Os asombraréis de comprobar que las respuestas no son solo diversas, sino incluso contradictorias o directamente contrarias. Así pues, careciendo de una auténtica civilización que conceda a las palabras su auténtico contenido, no es posible diálogo alguno, y por lo tanto, ninguna comunicación, ningún enriquecimiento ni ningún progreso.

La tristemente famosa torre de Babel fue imposible seguir construyéndola, simplemente porque nadie se entendía. Y nadie se entendía porque el hombre pretendió alcanzar el cielo con la vana soberbia de hacerlo con sus medios humanos materiales. Y ese mito, tan antiguo, tiene hoy la mayor vigencia y actualidad.




sábado, 6 de octubre de 2012

MISTERIO




















Amo el misterio,
vivo el misterio.
Amo lo que no veo,
amo lo que no comprendo.

Lo que está lejos,
lo que está difuso,
Lo que sospecho
pero no alcanzo.

Resuenan cuerdas,
como de arpas,
su sonido es lejano
y hermoso.

Miro una brizna
de hierba fresca.
Miro una estrella
blanca y lejana.

Olas que mueven
el mar en calma,
vientos sobre el mar
y sus espumas.

Graznan gaviotas
sobre mi cabeza.
Algo pretenden
enseñarme.

Miro el sol
ciega mis ojos.
Miro las sombras,
también del sol.

Misterio…
Misterio…


domingo, 30 de septiembre de 2012

ALEGRÍA Y TRISTEZA



















“Si estamos tristes entristecemos a todo el barrio”

Esto decía Facundo Cabral, y aún suponiendo que estar triste es cuestión nuestra, a lo segundo me parece que no tenemos derecho.
Yo creo que la tristeza la deberíamos desterrar de nuestras vidas, porque no nos es de ninguna utilidad y además nunca tenemos motivos para estarlo. Y si por un momento pensamos que tenemos motivos… pues habrá que superarlos.
No conlleva sino mal para nosotros y, lo que es peor, mal para los que nos rodean.

“Vuestra alegría es vuestra tristeza sin máscara” decía Khalil Gibran.
Y lo explica muy bien, creo, según yo lo interpreto. La alegría es nuestra tristeza, pero sin máscara. Y me pregunto ¿por qué hemos de ponerle máscaras a nuestra tristeza? ¿No sería mejor mostrar nuestra alma sin máscaras y así sería solo alegría lo que transmitiera?

Creo que solo hay una fuente de la que manan los sentimientos y es la misma agua la que surge siempre, pero ¿no es mejor que esa agua fluya clara y cristalina a que lo haga turbia y gris? ¿De dónde viene nuestra manía de ensuciarla?

Con el tiempo uno se da cuenta que es mejor lo primero, pero antes hay que sufrir lo segundo… hasta que uno se convence de no tiene ningún sentido.

Es fácil estar triste. Es difícil, pero benéfico para uno y para todos, estar alegre.

¡Alegría, hermosa chispa de los dioses, hija del Elíseo…! Esto canta la novena sinfonía de Beethoven.

Sí, destello hermoso y reflejo de los dioses. Nunca podré imaginar un dios triste, siempre los imaginaré radiantes de alegría.





viernes, 21 de septiembre de 2012

PRIMAVERA


Dedicado a mis amigos del otro lado del mundo.


























Foto: Inmaculada Camacho


No fueron las mañanas blancas,
ni tampoco los espacios,
otra vez limpios y gloriosos.
No han sido los infinitos pájaros,
en el cielo más azul abriendo tirabuzones.

Ni los rojos, púrpuras y blancos que las flores
hacen diminuta espuma sobre el verde extenso.
Ni siquiera el dulce y amoroso aire
que pasó de nuevo, encendido,
de los infinitos soles a mis recónditos átomos.

No. Sólo han sido tus ojos, su brillo y su llama,
como fuego inmenso, de tu centro lejano
al mío encendido.

Ellos son los que cantaron,
en silencio, con voz sonora y dichosa:
¡He renacido!
¡Hemos prendido de nuevo nuestras ascuas!

¡El Universo nos pertenece!
¡Desde el grano de arena a las galaxias,
el pequeño arroyo y los océanos,
los minúsculos brotes que abren los leños,
los infinitos huevos que rompen a la luz,
las largas espumas de la luna en las orillas...!

Todo nuestro y de todos.
Todo otra vez en nuestra casa.
Todo está... y todo es.

Y no distinguimos ya nuestras fronteras
de las del Universo divino, que, una vez más,
rió con nosotros, reímos uno y juntos
otra  ancha  y más eterna primavera.










lunes, 17 de septiembre de 2012

LA VIDA REAL
















La vida real comienza cuando estamos solos; cara a cara con nuestro ser desconocido…
(H. Miller)

¿Y por qué hay que estar solos?

¿Por qué tiene que ser necesario estar solo para empezar con la vida real?

¡Con lo poco que me gusta estar solo!

¿Cara a cara con nuestro ser desconocido?

¡Pero si yo ya me conozco muy bien!

¿Y quién es nuestro ser desconocido? ¿Yo? ¿Acaso soy más que una persona?

Yo soy una persona, y además ya me conozco, así que para qué estar solo, con lo aburrido que es…

La verdad es que la frase es de lo más enigmática. Veamos…

La vida real…, pero ¿es que hay una vida real y otra irreal?

…comienza…, ah, ¿pero la vida no comienza cuando nace uno y termina cuando lo meten en la caja de pino?

…cuando estamos solos. Pues, vaya tela. Así que lo mejor para empezar esa vida “real” sería perderse en una isla desierta. Ahí sí que estaríamos solitos.

…cara a cara… pero ¿cómo podemos estar “cara a cara” con nosotros mismos? ¿Se trata de mirarnos al espejo o qué?

…con nuestro ser desconocido… ¿Y ese quién es?, porque a uno mismo ya se conoce uno más que bien…

Desde luego, con frasecitas así no creo que vayamos a ningún sitio, vamos.



Todo lo anterior es lo que cualquier persona que desconoce la vida interior plantearía frente a la frase de Miller.

Y, además de leer lo que acabo de escribir, diría:

¿La vida interior? ¿Pero es que va a resultar que los riñones, los intestinos y todas esas cosas tienen una vida por su cuenta?

Pues este es el asunto. Generalmente, se desconoce que la vida “exterior” no es otra cosa que el resultado de la “vida interior”. Si no hay vida “interior” no hay vida “exterior”.

¡Claro! Si se para el corazón, no hay vida de ninguna clase…

¡Que no, hombre, que no, que no se trata de eso!

El hombre se construye poco a poco (o no) un mundo interior en el que vive, y sus actos externos son solo (o deben ser) la manifestación de ese mundo en el mundo exterior. Si no hay mundo interior, no hay mundo exterior para él.

¡Pues yo no sé qué es la vida interior ni el mundo exterior, y no me he muerto todavía!

Efectivamente, no te has muerto todavía. Solo que aún no has nacido… Y si aparentemente vives y actúas, no lo haces desde ti mismo, porque ese “ti mismo” no existe. Lo único que puedes hacer es tomar prestadas de otros las motivaciones, o imitar simplemente el modo de comportarse de aquellos que admiras, o simplemente comportarte como todo el mundo. Como todo el mundo que no tiene mundo interior.

Para mí que ese es el mundo real del que nos habla Miller. Y es real porque es existente para nosotros. Lo irreal es lo externo a nosotros, es contingente, cambiante y efímero. Por el contrario nuestro mundo interno es sólido, no está sujeto a modas ni a circunstancias y el reconocerlo como nuestro nos hace reconocernos como hombres. Y sobre esos cimientos se puede edificar nuestro ser. Nuestra casa no se caerá.

Y cuando entramos a nuestro mundo estamos solos. Pero en una clase de soledad que el hombre vulgar no comprende. La soledad es maldecida por el hombre vacío, pero es una necesidad y una bendición para el hombre que tiene cosas que hacer en su interior, porque su mundo necesita ser construido poco a poco y cada día. Y no hay quien haga nada de provecho si le están formando ruido a su alrededor o si lo están distrayendo continuamente.

La soledad es seguramente, junto con el silencio, condición imprescindible para entrar a nuestro mundo.

Y en ese mundo puede ser que nos tropecemos con nuestro ser real, con aquel que realmente somos o, mejor dicho, con el único que somos.

jueves, 13 de septiembre de 2012

REQUIEM DE MOZART EN LA CATEDRAL DE CÁDIZ

Dirigido por JOSÉ LUIS LOPEZ ARANDA, en la catedral de Cádiz.


domingo, 9 de septiembre de 2012

NAUFRAGIO

















Querido amigo:

La vida, ciertamente, no es un naufragio, sino una travesía muy larga por la

mar procelosa, impredecible. Una aventura llena de días y de años todos

distintos, como la mar. Unos apacibles, otros borrascosos, atardeceres

sublimes, nieblas terribles, viento favorable que te impulsa a tu destino,

vientos contrarios con los que bregar, y también calmas chichas. Arribadas

felices y naufragios dolorosos.

Todo ello es la vida.

Pero hagamos como los marinos. Si el día es de bonanza y el viento fresco, a

izar todo el trapo y que corra el ron y suene la música. Si entramos en

temporal, arriar las velas, despejar la cubierta y preparar todo para

capearlo. Hay que esperar a que amaine. Si nos sorprende la calma chicha,

paciencia, a preparar bien el buque para cuando sople de nuevo el viento. No

hay duda de que volverá a soplar.

Si arribamos a puerto con ventura y con toda la carga, démosle gracias a

Dios y a la mar.

Si naufragamos y perdemos el buque y la carga, al menos hemos salvado la

vida. Siempre habrá otros navíos en los que enrolarse y otras hermosas

aventuras que vivir. Nos esperan puertos y ciudades nunca imaginados,

muchachas exóticas que nunca soñamos, nuevos aires y nuevas tierras…

¡Somos marinos! y hoy… día de naufragio… ¡doble ración de ron!


jueves, 6 de septiembre de 2012

NO ME DIGAS PALABRAS BONITAS...






















No me digas palabras bonitas,
bellos sonidos y tiernos olores,
no me digas palabras bonitas,
que eso ya lo hacen los grandes cantores.

Mi alma se duerme, marchitan mis flores,
en cuna se mece y morir parece
mi ser guerrero que guerras ansía
y en ellas ganar el fin que merece.

Dime mejor palabras de fuerza,
arengas tronantes de voz imperiosa
luz cegadora de fuerza divina
certezas directas con sangre de rosas.

No me digas palabras bonitas,
Dime mejor palabras de fuerza…

No me digas palabras bonitas…





martes, 28 de agosto de 2012

EJEMPLOS

















Hay cosas que se tienen en la cabeza, otras en el corazón, pero algunas veces esas cosas llegan a mover las manos y los pies. Estas veces son las que cuentan. Estas veces son las que mueven las almas que le rodean a uno.

Las buenas ideas son buenas. Los buenos sentimientos son buenos. Pero si no se convierten en actos buenos no son nada, no mueven nada en el universo.

Mozart seguramente tuvo buenas ideas y buenos sentimientos, pero si no hubiera escrito el Ave Verum Corpus, ¿qué hubiera dejado a la humanidad, a sus hermanos? Sus ideas y sus sentimientos sí le hicieron mover la mano sobre la partitura vacía y eso sí que fue bueno. Buenísimo. Para muchas, muchísimas almas durante cientos de años. Esto es lo válido.

Oí decir que la verdadera enseñanza, la que auténticamente queda marcada a fuego, es la enseñanza del ejemplo. Quizá de ahí venga la estrecha relación vital entre maestros y discípulos que existiera en los casos en que verdaderamente el maestro era maestro y el discípulo era discípulo.

Y las cosas, a pesar de nuestra modernidad, no han cambiado. Se puede admirar al que escribe hermosos poemas, hermosos y edificantes libros, al que pinta inspirados cuadros, al que da muy buenas conferencias, al que hace buenas películas, al experto cirujano. Todo esto está muy bien.

Pero el que de verdad es el que golpea el alma de su prójimo es el que con sus actos en la vida diaria enseña su virtud sin hablarla, sin explicarla, sin alardear de ella. Sólo haciendo, en silencio, pero haciendo. Eso es el ejemplo. No necesita palabras, no necesita aclaraciones, ni lógica, ni método alguno para comprenderlo. Llega a nosotros como una lanza, y nos atraviesa ferozmente. Sacude el alma con una claridad irrefutable, enseña el alma del maestro como a través de un cristal. Es imposible no verlo, no aceptarlo… no tratar de imitarlo, no preguntarse cómo lo hace, cómo es capaz, qué fuerza es de la que mana.

Las antiguas culturas no andaban tan despistadas como creemos. Porque sabían que solo el contacto estrecho y diario con el maestro podía conceder la enseñanza. Y no solo de sus palabras y de sus sentimientos, no. Lo esencial estaba en la vida del maestro vista directamente por el discípulo. Solo así comprendía qué cosas merecían ser aprendidas.




lunes, 20 de agosto de 2012

MANANTIALES

















–Pero, dime Teodoro,

¿no es cierto que el amor surge de la manera más inesperada?
¿No ocurre que sonrisas amables procuran, más pronto que tarde, risas compartidas?
Y dime: ¿no son las risas un alimento para el alma? ¿No son las muestras de la alegría?
¿Y, acaso, no queremos estar junto al que nos alegra el alma?
¿No sentimos su hueco cuando no está con nosotros?

–Sí, así es, sin duda. Pero no veo tan claro como tú lo ves de qué manera la alegría compartida puede llevar al amor.
¿Crees tú que ambos movimientos del alma son de la misma esencia?
¿Que no pueden existir el uno sin la otra?
¿O que quizá no pueda existir la otra sin el uno?

–Querido amigo, yo tan solo creo que el amor es como un manantial, y que brota de la piedra cuando el agua encerrada en ella pugna por ver la luz.

Solo quiero, con tu ayuda, y si lo tienes a bien, desvelar el gran misterio que hay en ello, de cómo la suave y delicada agua es capaz de romper la aparente dureza de la roca. ¿No ves una mano divina en ello? ¿No es una fuerza inmensa que aún nos es de naturaleza escondida a los hombres?
¿Querrías poner tu alma y tu entendimiento junto conmigo para tratar de desvelar este decisivo asunto?

–Cómo no, querido amigo; en verdad que tus palabras me muestran con claridad mi ignorancia sobre todo ello. Estoy dispuesto, porque también a mí me atañe, como creo que al resto de los mortales, y acaso también a los dioses. ¿O acaso los dioses no aman?

–Algo me dice que sí, porque ¿qué busca el hombre en el amor? ¿Acaso no busca su perfección y completura? ¿Y acaso no buscarían los dioses eso mismo en un dios superior a ellos?
Y ¿no es cierto que, como dijeron los sabios antiguos, el mismo Dios uno y sin segundo se mueve conforme a su propio amor por lo que emanó de él? ¿No será el amor la fuerza única y necesaria para el movimiento de todo lo existente bajo el cielo, y, más aún, sobre el cielo mismo también?

Me parece que cuando nace la alegría y se convierte en alegría compartida, algo mueve al alma a procurar el bien de la fuente de la que ha surgido. Y creo que ahí nacen los amantes.
¿No te parece que es así como sucede?

–Pues yo también creo que es así como sucede, es muy claro. He visto muchos arroyos que buscan otros arroyos, y ríos que buscan otros ríos, y grandes ríos que buscan a la mar. Solo allí descansan en su búsqueda. O, por lo menos, eso parece.

–Y ¿no crees que esa alegría de los amantes les lleva luego, más bien pronto que tarde, a querer fundir sus almas en una sola, como los arroyos y los ríos?

–Así parece mostrarlo la naturaleza, mi querido amigo.

–Y ¿no parece acorde con todo esto que esa unión de almas lleve a la ansiedad por hacer uno de sus dos cuerpos?

–Así parece ser como sucede.

–¿Y no es acorde a la esencia de la naturaleza que, de esta manera sublime, los amantes se igualen a los dioses creadores y, de la materia de sus vidas, el amor engendre nuevos seres amorosos?

–Me parece que es bueno que así sea.

–Y ¿no es bueno que la felicidad y el placer bendigan esta obra creadora?

–Otra cosa sería contraria a la lógica y no sería conforme a la naturaleza.

–Así pues, mi querido amigo, ¿no sería la alegría la verdadera autora de todo lo nacido?

–Querido amigo, la luz es clara y vivificadora, y las sombras ocultan lo que no queremos ver.
Me parece que nuestras palabras han desvelado de alguna manera el misterio de la vida.


sábado, 18 de agosto de 2012

martes, 14 de agosto de 2012

RUIDOS






















Sorprendentemente, todos vivimos inmersos en el ruido. ¿Es que nos gusta? ¿O es que lo necesitamos?

Seguramente es lo segundo. El ruido es muy eficaz para impedirnos escuchar. Escucharnos. Por eso nunca escuchamos lo importante. Por eso nunca escuchamos lo que en verdad nos importa. Porque nuestro hablante es silencioso, y más que hablar, susurra. Y no se puede escuchar un susurro en medio del ruido.

Y porque tememos el silencio buscamos el ruido. De un motor, de un televisor, de una multitud, de un partido de fútbol, de una fiesta, de una reunión, de una radio, de lo que haga falta… con tal de esquivar la inseguridad del silencio.

Y, poco a poco, el hablante se cansa, y ya no dice nada. ¿Para qué? No estamos dispuestos a escucharle, no nos interesa lo que nos dice, nos incomoda, puede plantearnos cosas difíciles, puede pedirnos explicaciones, puede acuciarnos a tomar senderos complicados y escarpados… en fin, puede poner en peligro nuestra “comodidad”.

La aceptación del silencio quizá sea el primer paso para encontrar la puerta del camino, de la senda… la escondida senda por donde han ido…



jueves, 2 de agosto de 2012

BENDITO SEMBRADOR














Sembraron en mí semillas
cuando yo ya creía
que mi tierra era estéril,
pedregosa y árida.

Invierno y otro invierno,
sin brotes en primavera,
sin esperanza casi,
casi sin fe.

Estiércol y estiércol,
araron y araron,
lluvia en otoño,
sol en primavera.

Pasaron los ciclos,
mi tierra yerta,
mis ojos ciegos,
mi palabra muerta.

Un día, una luz
alumbró mi frente,
y oí una voz.
¡Tú eres labrador!

Tomé mi azada,
amé mi tierra,
miré hasta el sol
y comprendí.

Nueva primavera
llegó y entendí.
Los brotes surgieron
y luego crecieron.

Bendije semillas,
labrador y azadón.
Bendije los brotes,
bendije al sembrador…



domingo, 29 de julio de 2012

domingo, 22 de julio de 2012

MÚSICA, POESÍA Y AMOR


Solo hay tres cosas dignas de romper el silencio. La música, la poesía y el amor.
Amado Nervo

En una composición musical están presente las tres cosas. Música, poesía y amor. Si faltara alguna, no habría música. Sería preferible el silencio. Pero cuando el silencio se expresa, necesita de las tres vías. Y si no están presentes las tres, solo hay ruido, que no tiene nada que ver con el silencio, ni con su expresión.

Hay música y ¡qué música! Pero también hay poesía. Porque ¿no son poesía los sonidos que nos revelan el misterio de la belleza en toda su extensión, que abre los ojos del alma para que en verdad puedan ver? ¿que abre nuestro ser interior al universo que nos rodea, y nos adentra igualmente a nuestro universo interior? ¿Y no son los dos universos el mismo universo, una y la misma cosa?

Y también es amor, porque el amor es la llave de la poesía, y también de la música. En verdad el amor es la llave de todas las cosas. No hay nada que se mueva sin amor y no hay música sin poesía y sin amor, como tampoco puede existir poesía sin amor ni música, ni amor sin música y poesía.

La poesía del universo y la música de los astros se expresan por el amor que los mueve. Nada se manifiesta sino por el poder de Eros. Y Eros es poeta. Y Eros también es músico.

Antes de escucharla, necesitamos unos momentos para invocar a Eros y colocarlo en el altar sagrado de nuestro ser interior. Si no está, no amaremos, y si no amamos no podríamos escuchar música. Solo oiríamos ruidos.

Todos sabemos que antes de entrar en el templo es preciso lavarse a conciencia, purificarse, desnudarse de toda vestimenta impura, callar nuestra mente y abrir nuestro corazón. Solo así podremos recibir la música dentro de nosotros. Solo así seremos purificados por ella. Y con ella vendrán de su mano, seguro, otros dioses, otros seres de luz.

Recibámoslos y prestémosle veneración. La música tiene el poder de invocar a los dioses, que a buen seguro responderán a la llamada. Pero solo si nuestro corazón es digno de su visita. Y podremos oír su voz. Pero su voz no suena en palabras. La voz de los dioses suena, necesariamente, en amor, en poesía y en música.



jueves, 12 de julio de 2012

CÁDIZ, MAR Y LAVA
















He conocido a muchos forasteros que, tras unas semanas respirando inmersos en la sal y la luz de nuestras calles, me han comentado sorprendidos y enamorados: “Siempre voy oliendo a mar... siento... como si estuviera andando por las rocas de La Caleta, como rompiendo con dulzura el camino blanco de su orilla...”

Y, como siempre nos ocurre, el forastero enamorado nos enseña facetas de nuestra tierra en las que nunca reparamos, como un amante apasionado repararía en los lunares escondidos de nuestra propia mujer, o en el brillo encendido de sus ojos, que miramos durante años pero que nunca descubrimos...

El forastero mira nuestra pequeña isla con el gozo fresco del primer amante, mientras nosotros la vemos como nuestra amada de toda nuestra vida, con el amor manso y profundo de una larga compañía.

Y yo, tras meditar un rato sus palabras, acerté a descifrar sus impresiones.

Creo que esta ciudad, si te fijas, solo es mar... y lava, le dije. En esta calle por la que paseamos, o en cualquier otra, solo pisarás granito, y solo te rodearán edificios cuyos viejos muros guardan infinitas almas de infinitos compañeros de camino. Mira esas piedras. Dentro de ella aún respiran ostiones, almejas, lapas, caracolas, burgaíllos, erizos, cañaíllas, y un sinnúmero de viejos marinos gaditanos con sus barcas varadas para siempre.



Esas piedras son solo mar, y el suelo que pisas es solo lava.


¿A qué otra cosa podríamos oler? Como en el pequeño pueblo castellano hueles a era, a trigal y a paja, y en las tierras de Jerez hueles a mosto nuevo, a uva y a lagar, aquí el mar nos penetra... está hundido en nuestra carne, en nuestra casa... en nuestra alma.

Vi que sonreía, y vi que entendía mis palabras, pero, más que eso, sentía su comunión con el alma de mis calles... su comunión con la mar.

El sol y la mar. ¿Es Dios algo más que el sol y la mar? -le dije. Si por algo nuestra tierra está bendita no dudes que se debe a esa presencia cierta pero invisible. Seguramente a eso debemos nuestro carácter, nuestra risa y nuestra fe. ¿Te han dicho alguna vez que el sol no haya salido a su hora, que la marea no haya subido cuando debía?

Siéntate en cualquier esquina y pregúntale a la mar, por ti o por tu vida. Siempre te dirá, como una madre vieja, como una nodriza generosa, que Poseidón es muy, muy antiguo... No pierdas la fe, espera sólo mil años más.



domingo, 1 de julio de 2012

QUISIERA...
















Quisiera abrir mi alma por entera
y blanca, y sin mancha,
darla pura a la mano pura,
darla desnuda en la mano abierta,
la que acaricia mi mano,
la que acaricia mis ojos.

Quisiera vestir de luz
el bello plumaje de tu ser
que, como espuma del cielo
brota de la nieve de tu piel,
de luz y de torbellinos,
de fulgores de ascuas encendidas.

Quisiera entrar en ti, quedarme,
para siempre fundido,
contigo por siempre.
Ser tus venas, tu aire,
tu aliento amoroso,
tu casa y tu destino.

Quisiera ser tu yo mismo,
tus entrañas y tus ojos,
tus manos y tus pies.

Quisiera... no sé yo qué quisiera...
Ser tu cielo, tu mar, tu tierra...
y tus estrellas.





domingo, 24 de junio de 2012

LA TIERRA Y EL ESPÍRITU

















LA TIERRA Y EL ESPÍRITU



Nada grande se realiza de golpe y porrazo, ni una manzana, ni tan siquiera una uva. Si me dices: “Quiero ahora mismo una manzana”, te contestaré: aguarda a que nazca, crezca y que madure, da tiempo al tiempo. Y si esto es con los frutos de la tierra, ¿quieres que el espíritu dé de repente los suyos?
EPÍCTETO


Escuché que alguien dijo que si de repente desaparecieran todos los libros y textos de la tierra, la civilización se volvería a reconstruir, simplemente porque los hombres volverían a reconstruir todo el saber humano simplemente observando y reflexionando sobre la Naturaleza, y aprendiendo de ella. Yo, estoy de acuerdo.

Muchas veces digo que las hojas para leer que más me interesan son las hojas de mis árboles. Y, aunque siempre se me toma en broma, lo digo en serio. Leí una vez que la arquitectura de la más hermosa catedral gótica no se podía comparar a la arquitectura de una simple hoja cualquiera. En realidad, el hombre solo persigue con sus obras un acercamiento a la perfección de la Naturaleza que nos rodea por todas partes. Solo que, cuando la humanidad se vuelve loca, pensamos que nuestras obras son más perfectas que las de la Naturaleza. En mi opinión solo se acercan burdamente en su perfección, pero que las apreciamos más porque hemos perdido en gran medida nuestra conexión natural con lo creado. Así, un labrador, o un pastor, es capaz de entender, por su trato diario con el mundo natural, los hondos misterios del espíritu, porque se lo cuentan día a día las ovejas, los árboles, el trigo, o las estrellas.

Así, somos tan ignorantes como para pedir frutos cuando ni siquiera hemos sembrado. A cualquier labrador le parecería algo sin ningún sentido. Cosa de estúpidos. Él sabe lo que cuesta cosechar frutos, y los procesos encadenados que requiere, amoldándose a la naturaleza.

Y, como nos dice Epíctecto, nos ocurre lo mismo con las cosas del espíritu.

Hay quien cree que, mediante unos pases mágicos de un “gurú”, llegamos sin más ni más al estado de iluminados, que, a través de un proceso que llaman de “iniciación” llegamos a las más altas cumbres de la sabiduría humana, que amar la música es solo cuestión de escucharla de vez en cuando, que ser filósofo consiste en estudiar lo que otros contaron… y así.

Y nos dice Epícteto que el proceso del desarrollo de la vida del espíritu es el mismo que el que sigue el labrador con su campo. Y ya sabemos cómo es. Y si no lo sabemos, podemos tomar unas cervezas con cualquier hombre del campo que nos puede contar, por ejemplo el cultivo del trigo.

Labrar la tierra, abrir los surcos y removerla, eliminar la cizaña y las malas hierbas cuando se presente “la otoñá”, abonarla con buen estiércol, sembrar con amor, rezar para que llueva, proteger los brotes cuando nacen, seguir eliminando las malas hierbas, seguir abonando, esperar… esperar, con paciencia, pendientes de lo que la siembra necesita en cada momento, vigilar… vigilar…, y, cuando llegue el momento, segar, llevar a la era, trillar, aventar, separar y guardar los granos, empacar la paja, guardar el afrecho para las gallinas.

Y luego toca hacer el pan. Moler el grano para conseguir la harina, guardarla en lugar seco, amasar con agua, sal y levadura, hacer los panes, hornear al fuego y…

… quizá después de todo el proceso nos podremos tomar una olorosa hogaza de pan tierno y crujiente.

Pero no antes, ni de repente.

Y ¿qué creemos? ¿que la vida interior se hace sólo pidiéndola, a gritos o por una gracia especial? Pues, evidentemente no. Es preciso hacer todo lo que hace el labrador con su trigo. De otra manera, es mejor que lo olvidemos.

Es inútil.



miércoles, 13 de junio de 2012

GUERRA




















Se fueron todos. De repente, todo se quedó vacío y la otrora gran explanada me pareció ahora enorme y desolada. Solo un polvo fino y un amarillo quemado bajo el sol del mediodía. Y en aquélla soledad inmensa solo estaba yo, pequeño y temeroso, asustado, insignificante.

Todos se habían retirado. Estaban a salvo. No era su lucha, no era su asunto. Sentía sus risas, sus miradas irónicas, su pequeño desprecio recubierto de superioridad. ¡Pobre! No sabe que este mundo es así. ¿Qué pensará, que pájaros tendrá en su cabeza? ¿Adónde querrá ir, si no hay dónde ir? Alguien le habrá metido vanas ideas en su alma cándida. En el fondo es un inocente, qué vamos a decir…, es un pobre hombre. Pero le queremos, porque en el fondo es bueno. Solo que esta vida le viene ancha.

Los fantasmas aparecieron. Algunos cabalgando enormes monturas. Otros de negro, con vestiduras horrendas. Caras horribles, manos huesudas, portando pequeños espejos en los que mi figura aparecía diminuta, triste y abatida, ridícula, deforme. Unos reían, otros me hablaban parodiando mis palabras, haciéndolas estúpidas, pretenciosas y vacías.

Yo estaba solo y pequeño frente a ellos, como el pequeño David frente a los filisteos. Mi ejército no estaba. No tenía ejército. Sabía imposible la lucha. Y yo estaba solo, como el nacido, como el loco, como el náufrago, como el indigente. Y un enorme terror se apoderó de mí.

Pensé muchas cosas. Pero ninguna era ya posible. No había sitio ya para mí. En un momento de claridad, entendí. Aquella era mi guerra. Y no importaba a nadie. Solo era mi trance, mi precipicio, mi naufragio. Mis enemigos eran sólo míos y los fantasmas vivían en mi casa, sólo en mi casa.

Entendí mi soledad y entendí mi desamparo. Pude, poco a poco, olvidarme de todos, y poco a poco entendí que aquello era mi guerra, que sólo de mí se trataba. Yo mismo, mis enemigos, sus armas, el campo de batalla, el sol ardiente. Todo era yo mismo, y no había nada fuera de mí. El Universo entero era yo, y no había nada fuera de él. Y en un instante mi terror se tornó paz, mi miedo fuerza, y vi en mi mano la pequeña honda, y a mis pies la pequeña piedra. Quería comenzar mi guerra. Busqué una consigna, y recordé...

Y sola, y sin su nido, volará el águila al encuentro del sol...

martes, 29 de mayo de 2012

DE PESCA
















Hace unos días fui de pesca. Hacia ya tiempo que deseaba hacerlo…

Habían pasado tantos años que no lo hacía… ya por un motivo, ya por otro… Busqué mis cañas, mis aparejos, los carretes, los plomos, los anzuelos y todo lo demás. Fui a comprar “carná”, como se llama aquí, cebos, que dirían en otras partes. Encontré gusanas de canutillo, y muy caras, por cierto. El marisqueo, de siempre ha sido sacrificado, laborioso y de resultados inciertos, Y ahora se cobra el trabajo, a su precio.

Me eché la mochila al hombro, las cañas bajo el brazo, y me encaminé a La Alameda, esperando que nadie, por el camino, me gritara: “¡buena mano!”. Aquí ese inocente deseo de buena pesca es inevitablemente un gafe para el pescador. Afortunadamente nadie me lo dijo.

Ya en La Alameda, balcón sobre el mar, dejé mis cosas en un rincón de la balaustrada, preparé la caña y su aparejo, coloqué una gusana en el anzuelo (pobre gusana… estaba aún viva, como debe ser), por lo que pedí perdón a los dioses protectores de las gusanas, lancé con fuerza el plomo con el aparejo, tensé lo necesario la tanza (sedal), y coloqué con delicadeza la caña sobre la balaustrada. Me prometí: -he sacrificado una gusana, pero todo pez que pesque, si no es más grande que la palma de mi mano, lo liberaré con cuidado del anzuelo y lo arrojaré nuevamente al mar y a la vida-

Llegó, como sin darme cuenta, el mediodía. Solo había pescado dos peces minúsculos, que devolví al mar, y, una vez que mi caña se zarandeó vigorosamente, y pensé haber atrapado al hermano mayor de los anteriores, solo se trató del choque con mi tanza de una gaviota atolondrada. De recuerdo, y no sé si de cachondeo, me dejó una pluma colgada del sedal.

¡Bien, gaviota chula, ya sé que pescas mejor que yo, pero no tenías porqué refregármelo en la cara! – le grité- aunque me parece que no se dio por aludida, a pesar de unos graznidos que dio y que me lo hizo parecer.

Con el calorcito empezaron a desfilar forasteros, veraneantes, por delante de mí y de mi caña. Sabéis que los veraneantes son muy curiosos, o quizá sea un deber para ellos enterarse de qué se hace en cada sitio que visitan. Así, cada uno que pasaba se detenía junto a mí. Luego de mirar un rato qué hacía, me preguntaban:

- Perdone, pero esos peces que se ven abajo, tan grandes y en tanta cantidad ¿qué son?-
-Lisas, le contestaba.
-¿Y está usted tratando de pescarlos?, porque veo que lanza usted el plomo muy lejos, y ellos están mucho más cerca.
-No, no, no me interesan esos peces. Su carne es basta y poco apreciada, aunque mucha gente las pesca y se las come. Ya ve usted como está la cosa…
-¡Ah! Gracias, buena pesca.
¡Lo dijo! ¡Lo dijo! ¡Lo sabía! Pero quizá el gafe es solo si te lo dice un gaditano…
El siguiente:
-¿Y que pone usted de cebo?
- Gusanas de canutillo, dije yo.
-¿De canutillo?
-Sí, mire, ¿lo ve? Viven dentro de esta especie de canuto que ellos se fabrican no se porqué, seguramente para estar mejor protegidos dentro del fango…
-¡Es verdad! ¡Qué astutos! ¡Parece mentira, unos simples gusanos, y tan listos!
-Descarté, por supuesto, explicarle la ley de la evolución de las especies y de cómo los mejor preparados para la dura vida son los que sobreviven. Simplemente, le dije:
-Fíjese, con lo tontos que somos los seres humanos…
Y por fin otro más, este ya mayor.
-¿Qué, de pesca no?, como si no estuviera claro.
-Pues sí, echando el rato…
-Es una buena afición, porque ya jubilado uno tiene muchas horas que echar fuera…
Me contuve, con mucha dificultad. Esto era ya demasiado. ¡Echar horas fuera! ¡Como si yo tuviera el problema de echar horas fuera! ¡Resulta que es al revés! ¡Que necesito más horas! ¡Si este hombre supiera los equilibrios que hice para echar un par de horas pescando!
Además, ¡yo jubilado! ¡pero si soy un chaval! ¡jubilado estaría él, así que si quiere echar horas fuera, que las eche, allá él! Que se ponga a hacer pasatiempos, sudokus y cosas así, o que se vaya a pasear kilómetros, o que se duerma ante la tele, o que bostece, o que haga lo que quiera. Me prometí que el día que tenga que echar horas fuera, las echaré todas de golpe. Me tomaré la cicuta y a otra cosa.

De vuelta a casa, me fui pensando que tales personas no merecen mi ira, sino mi compasión. Una persona que tiene el problema de quitarse horas de enmedio creo que empieza a ser una persona que piensa que no tiene ya nada que hacer con su vida.

¡Con la de cosas que nos quedan por hacer! ¡Y a cualquier edad!


viernes, 18 de mayo de 2012

CREDO




A mi ángel guardián,

Que como escudo de cristal me protege de lo negro.
Que siempre delante de mí me lleva por caminos seguros.
Que en mi silencio me susurra al oído las palabras del cielo.
Que dirige mi mirada donde la divina belleza se esconde, diciéndome: “mira”
Que en mi quietud me muestra las almas tras las ventanas abiertas de mis amados.
Que inmerso en mis miedos me hace libre.
Gracias.

De mi ángel guardián,
Cuyo rostro difumina mis andares rastreros.
Al que, en mi bullicio, apagado mi silencio, dejo de escuchar.
A quien, en el remolino del negro vacío, niego su compañía.
Del que, en mi estupidez, dudo de su voz y de sus palabras, tenues pero claras.
Al que reprocho con desesperación su aparente desamparo, y así lo entristezco.
Al que pido, insensato, ande mi camino y elimine los rastrojos que hacen sangrar mis pies, mis manos y mi corazón.
Del que requiero injusto me levante de la necesaria caída.
Perdón



A mi musa celeste,
De la que recibo el aliento para diseminar la belleza, semillas voladoras, a la tierra fecunda de mis hermanos.
La que mueve mis manos, mi garganta, mi mirada y mi oído, en mis actos sagrados.
La que, como el viento suave pero firme, levanta mis alas a las alturas.
La que arranca mis pies del barro para seguir mi senda, sea de flores o de espinos.
La que hace retoñar las ramas secas de mi alma.
La dueña de mis flores y de mis frutos.
La que pone mi corazón en el fuego abrasador que lo purifica.
La que con su pequeño violín hace vibrar lejanas melodías cuyas notas aguzan mi oído y silencian mi ser pequeño.
Gracias

De mi musa celeste,
De quien, en mis lugares oscuros, niego su mirada, dándola al no ser de mi fantasía.
La que, invisibles a veces a mi alma, acuso de enterrar los espacios celestes que ansío.
A la que, en mis días estériles, reclamo y exijo ver su invisible faz.
La que, como Abraxas, da a luz en mi alma los mellizos irreconciliables del amor y del odio.
A la que, en mi egoísmo, considero sólo mía, servidora de todo amante de la belleza y la pureza.
Perdón


domingo, 6 de mayo de 2012

jueves, 19 de abril de 2012

viernes, 6 de abril de 2012

EL HIBISCO AMARILLO





Me acerqué algo preocupado a mi hibisco amarillo. No sabía muy bien aún como decírselo. Y me sorprendió que tan pronto estuve a su lado me dijo que sí. Incluso me señaló la que debía ser. Sabrá por qué, pensé yo. Quién mejor que ella podía saber cual era la más fuerte, la más joven, la más vital.

Y con cuidado la desprendí de su madre. Entendí en seguida que conocía por qué se iba, a dónde se iba y con quién.

Cuando ya me alejaba escuché un rumor de hojas que me llamó, y retrocedí al momento a su lado. Era evidente, una madre que se desprende de su hijo que marcha a una nueva vida debe dar instrucciones concisas al responsable de su marcha.

- Ante todo que no salga fuera hasta que sus pies le aguanten con firmeza- me dijo- Al menos la cuarentena.
- Hay que darle el biberón cada tres o cuatro días. Pero no mucho cada vez. Le suele sentar mal.
- Mucha luz y alegría, pero hasta que vaya a su nueva casa que no le de el sol ni el viento. Estamos en invierno.
- Y cuando esté allí, dile a su dueña que piense que está acostumbrado al agua de esta tierra y cualquiera otra le puede sentar mal si la toma en abundancia. Que le vaya dando solo poquito a poquito hasta que la vaya admitiendo.
- Ya cuando sea algo más mayor sí que le gustará el sol como al primero, igual que a mí, y no le importarán los vientos. Y su nueva agua le sabrá a la de manantial.
- Que tenga en cuenta que somos de otra tierra, muy lejana, y tenemos costumbres distintas a las de aquí. Cuando en primavera nos vea desnudarnos de repente, al tiempo que las demás plantas se visten de gala, que no se asuste. Somos así. En primavera cambiamos de vestido y solo brindaremos nuestras flores al sol en verano e incluso en otoño. Así, cuando no haya otras flores y su jardín esté triste, nosotros lo alegraremos.

Asentí con la cabeza y le prometí cumplir al pié de la letra sus recomendaciones. Le agradecí una vez más su confianza en mí y en su nueva dueña y me dispuse a marchar.

Pero solo había dado algunos pasos cuando me pareció oír de nuevo un rumor de hojas.

- Se me olvidaba algo muy importante- me dijo- Es todavía pequeño, solo tiene dos hojas. Sé que disfruta con el canto de los pájaros y de las chicharras, pues le veo sonreír cuando amanece y las escucha, pero tiene miedo a que dañen sus dos pequeñas hojas. Te ruego que le busques como puedas un espantapájaros y lo tenga junto a él, al menos hasta que sea un poco mayor. El ya te lo dirá, porque de adolescente, como le ocurrió a otro de mis hijos, hay un momento en que empieza a darles vergüenza que le vean junto a un espantapájaros.

- ¡Ah! Y esto que te voy a decir te lo digo por su futura dueña. Sé que tu color es el nuestro, pero no el suyo, así que búscale una maceta color azul del mar.

- Bien –le dije sonriendo- no dudes que haré todo cuanto me has pedido. Gracias una vez más.

martes, 27 de marzo de 2012

HIERBA QUE EL SOL SECARÁ...

















¿Hierba que el sol secará
en los rigores del estío?

¿Ola de bravura desmedida
que, rozando fondos,
marcará su fin en la efímera espuma?

¿Nieve blanca, sin mancha,
que descubrirá la parda tierra
en su deshielo inevitable y final?

No sé...
No sé...

Pero no. No será.
El manantial no cesa, en su llanto.
La simiente enterrada brota sin cesar
Y sin cesar la lluvia fecunda
Los pechos abiertos a la luz,
Los brillos y albores del hechizo,
Las manos que no pudieron zafarse
Lo unido que las llamas unió.

No puede ser...
No puede...

No será.