lunes, 31 de agosto de 2009

sábado, 29 de agosto de 2009

DON QUIJOTE




Seco,
apergaminado por las largas vigilias
leo una vez y otra
la misma historia de esa Dulcinea
que no es historia, porque yo la veo
claramente detrás de las paredes
y en las hojas del bosque rumoroso
que son las que mejor cuentan su historia.

Cómo van a saber lo mismo que yo sé
gentes que sólo saben
refocilarse en su ceguera
ayudados por turbios lazarillos,
malandrines,
falsos comendadores
que nunca vi en mis libros verdaderos.

Cómo van a saber si aquí el que ama
a una mujer soy yo. Y si no fuera
por el bueno de Sancho a quien le basta
creer para mirar y que ama todo
cuanto sus ojos miran
más valdría
(como dirá Vallejo cuando yo me haya muerto)
que se lo coman todo y acabemos.

Pedro Lastra

viernes, 28 de agosto de 2009

UN VISITANTE SIN INVITACIÓN



Estaba en mi submarino, trasteando con el ordenador, y mis dos perrillos descansaban plácidamente en el sofá. Una vida perra la que llevan… a veces ya la quisiera yo, aunque solo fuera por unos días.

De repente escuché los ladridos de Chispa en una habitación contigua. Qué raro –me dije- no es la hora de recoger la basura… Chispa solo ladra, por la rendija de la puerta, cuando alguien se acerca, como el señor que recoge las bolsas de basura para el contenedor de la calle, la señora de la limpieza, aunque esto es por la mañana, y cuando llama alguien desconocido, como el cartero o algún amigo, o alguien que traiga algo.

Intrigado, me llegué a ver lo que pasaba. Chispa acosaba a algo en la habitación, y enseguida vi lo que era. Era un gorrión, un pequeño gorrión que correteaba y revoloteaba intentando evadirse del acoso.

Acudí en su ayuda inmediatamente, e hice primero lo más fácil, sacar al perro, y luego, tras largas maniobras, conseguí atrapar al pequeño pájaro, el que, una vez en mi mano, se tranquilizó.

¿Y ahora qué? –pensé- no es tan pequeño como para que haya que tener excesivos cuidados, ni tan grande para que pueda valerse por sí mismo. ¿Qué hacer? Pensé en dejarlo en la calle, o en llevarlo a una plaza de Cádiz con arboleda, pero ninguna de estas cosas me parecieron adecuadas.

Iré a pedir consejo a la tienda de animales de la esquina –me dije-, ellos sabrán mejor que yo qué es lo mejor. Pero no, no tenían ni idea… y lo consideré lógico. No venden gorriones, claro.

Así que me propuse criarlo en casa y ya mayor soltarlo al albur de la naturaleza. Compré una jaula pequeña, y, ya en casa, le puse su bebedero con agua y su comedero con pan desecho en leche.

Cada vez que entraba en la cocina se alteraba y revoloteaba, pero pronto se acostumbró a mi presencia. Todo va bien, pensé…

Al despertarme al día siguiente lo primero que hice fue ir a verlo.
Y… estaba muerto, en el fondo de la jaula, y ya frio…


miércoles, 26 de agosto de 2009

SANTA TERESA DE CALCUTA



El pasado lunes fue declarada santa por el Vaticano, aunque ya todos lo sabíamos desde hace mucho tiempo.

Ahora esperamos la de Vicente Ferrer, aunque también ya sabemos de su santidad desde hace también mucho tiempo.

"Dar hasta que duela y cuando duela dar todavía más."
Teresa de Calcuta


martes, 25 de agosto de 2009

MARIPOSAS



¿Hasta cuando? ¿Hasta cuando aguardarán mis mariposas? ...
No lo sé, quizá deban aguantar a que se sequen mis lacrimales y la última
lágrima sea absorbida por la arena del desierto por el que camino.

Esa manera heroica de crecer no es buscada, sólo aceptada y sentida fecunda, pero no deseada. Pero el camino lo exige. Y es mi única responsabilidad.

Sueño con compartir la vereda, pero pocas son las almas solitarias que me
cruzo. Y sueño con los amores compartidos y los dolores compartidos, y los
sueños compartidos.

Pero no me es dado exigir mis sueños, ni quiero tampoco arrancarme el
corazón y echarlo, lo quiero echar en los cuencos ansiosos de mis hermanos solitarios, en los corazones que esperan el agua negada de los mayos.

Pero somos pocos... somos muy pocos...

Somos pocos los que aceptamos el desierto y las largas y solitarias
caminatas... Buscando... buscando... Buscando nuestra Dulcinea. Y sin
Sancho, y sin bálsamo de Fierabrás para curar nuestras heridas...

No falta menos. Falta lo mismo. Estamos detenidos en el instante permanente, esperando encontrarnos la escala de Jacob y prestos a la lucha cuerpo a cuerpo con su ángel guardián.

Pero estoy preparado. El dolor no me asusta, y la soledad es mi permanente
compañera. Quizá sea un estúpido, pero solo espero un día merecerme volcar de un golpe mis semillas, mis lluvias y mi trabajo sobre una tierra fértil que quiera cosechas y labrador. No es mi cuestión decidir el momento.

Mi deber solo es estar preparado.


jueves, 20 de agosto de 2009

DESTINO Y LIBERTAD



A veces, solo a veces, siento con plenitud que absolutamente todos los seres que pueblan Universo cumplen escrupulosamente con el destino que les es propio. Es esos fugaces momentos me invade una inmensa paz, la paz del que por un momento toma conciencia de que todo va bien, de que no hay nada que se aparte del plan establecido, de que las cosas que suceden son, simplemente, las cosas que deben suceder.

Son momentos en que me digo, aunque sea sin palabras, solo sintiéndolo:

- Miguel, ¿de qué te preocupas? ¿hay algún astro que se haya salido de su órbita? ¿algún león que se haya vuelto vegetariano? ¿quizá un mosquito que haya cambiado su dieta, desechando la sangre animal para alimentarse ahora de jugo de frutas? ¿algún hombre que ahora hace lo que no estaba previsto?

Más bien, en esos momentos, siento que, como dice frecuentemente un buen amigo:
-El mundo funciona como un reloj.
...

Pero también sé que solo unos pocos estamos empeñados en lo contrario. Por eso estamos marginados, por eso somos considerados locos, por eso somos considerados peligrosos. Y la razón es muy simple: no somos previsibles, lo que traducido a la vida diaria viene a significar: no puede uno fiarse de ellos, no son gente normal.

Sucede que la transformación, el cambio, son molestos e indeseables para los que funcionan como un reloj, para los que dicen frecuentemente: pues yo soy así. Los que se preguntan: ¿qué es lo que hay que hacer para que nada cambie?

Los imprevisibles no son nunca como se piensa que deben ser, por lo que añaden peligro e incertidumbre a la vida de los demás. Hacen cosas raras, cosas que no son normales, que no pueden esperarse de gente sensata, de gente “seria”. Son indeseables, y como tales, Dios les colocó una marca en su frente, para que los seres normales y sensatos se cuidaran de sus peligrosas influencias.

Las preguntas habituales de todos los sensatos es: ¿Qué es lo que quieren? ¿Por qué hacen lo que hacen? ¿Qué pretenden? ¿A dónde quieren llegar? ¿Por qué no llevan una vida normal? Y cosas por el estilo. Porque lo más inquietante para ellos es que no saben en qué consisten los motivos de sus acciones, los resortes que los mueven, ni los principios que les rigen, porque hacen cosas que nadie comparte, que nadie entiende, y por lo tanto, que nadie acepta. Su vida en una sociedad civilizada es indeseable, y, si quieren vivir extrañamente, que formen un gueto, una tribu aparte, pero que no se inmiscuyan en los asuntos de la gente normal.

Trastocarían todo el orden perfectamente establecido, el orden de los pensamientos que deben pensarse, el orden de los sentimientos que deben sentirse, el orden de las acciones que corresponden llevarse a cabo.

Y, lo más peligroso, son un mal ejemplo para todos, y en especial para los jóvenes, quienes son siempre propensos a pensar y a actuar por su cuenta y riesgo.

Lo cierto es que, aunque parezca que la sociedad vive por y para la juventud, se rige por una gerontocracia trasnochada que solo aporta “principios” de egoísmo, individualismo, esclavitud de los instintos, de las pasiones y de la mente, todo ello disfrazado de “libertad”, que solo ofrece metas de riqueza material y de poder desnaturalizado, y que para ello solo propone medios absolutamente exentos de cualquier ética conocida.

Yo a lo mío, y caiga quien caiga.
¿A quién hay que matar?

Y lo verdaderamente triste es que cae, primero él mismo, y poco a poco, todos lo que le rodean.

Y más tarde, inevitablemente, también caerá la humanidad.


miércoles, 19 de agosto de 2009

viernes, 14 de agosto de 2009

TENSIÓN



Lo que hace posible que el violín dé notas hermosas es la tensión de sus cuerdas.

Desde que entró la nueva directora de la coral se comenta que hay mucha tensión en el ambiente. Y yo creo que es cierto. Pero hay que preguntarse si la tensión en un proyecto, en un trabajo, en algo que queremos conseguir, es positiva o es negativa, es necesaria o es indeseable.

Yo creo que lo contrario de la tensión, que es el relajamiento, no lleva en realidad a sitio alguno de progreso, porque la consecución de un objetivo, la consecución de un logro, exige un esfuerzo, y el esfuerzo exige una tensión. Para relajarse está la playa, tumbarse al dolce far niente, está también quedarse embobado ante un programa de televisión, que no exige ni siquiera pensar, dejarse llevar por las influencias adormecedoras de muchos, muchísimos, inventos y modas de nuestro siglo, que buscan entontecer al hombre y hacerlo un perfecto inútil para conseguir cualquier cosa, tanto para sí mismo como para los demás.

La tensión genera fuerza. La tensión, bien encauzada, produce modificaciones, en nosotros mismos y como consecuencia, en aquella empresa que emprendamos, en aquél ambiente en el que estemos. Una persona anodina es una persona relajante, pero no transmite energía.

En esta nueva directora se encuentra para mí el paradigma de la tensión, de la voluntad, de la fuerza, del impulso necesario para conseguir que los miembros de la coral seamos músicos, amemos la música, y por lo tanto nos entreguemos a ella en mayor medida, con nuestro esfuerzo, con nuestro trabajo, con nuestra sana tensión del alma. Y todo ello para conseguir logros como el que recientemente hemos conseguido hace unos días.

No es cierto. No es cierto que haya que huir de la tensión. Eso es un escape de lo único que realmente nos hace hombres, la conquista de nuestras metas más elevadas, de nuestras metas más válidas. Decía mi Maestro que existía una estrecha vinculación entre lo difícil y lo válido. Nada válido es fácil. Nada válido se consigue sin esfuerzo. Y ningún esfuerzo se puede emprender sin tensión. Así es. Y por eso creo que hoy día, en nuestra abúlica y aburrida sociedad, son necesarios hombres y mujeres que transmitan esa sana tensión del alma, ese esfuerzo del alma por dirigirse allí donde le lleva su ser más propiamente humano, sus anhelos más propiamente humanos.

Estos anhelos no se pueden conseguir con el “relax”, con el relajamiento, con la tranquilidad, con la quietud, con el adormecimiento, que es justamente lo que nos ofrece hoy esta sociedad podrida en la que vivimos. Justamente es lo contrario. Lo que dignifica al hombre es su esfuerzo por conseguir sus metas. Y el esfuerzo por conseguir las metas es lo primero y más necesario, y con el esfuerzo, junto a la inteligencia, la perseverancia y la voluntad es posible llegar a cualquier sitio. Pero todas estas virtudes no valen nada si no está presente el esfuerzo… y la tensión.


lunes, 10 de agosto de 2009

domingo, 9 de agosto de 2009

HERE COMES THE SUN



Un pequeño homenaje a la música de mi juventud...

sábado, 8 de agosto de 2009

MIRADAS II

...
Y poco a poco y una a una, como pétalos deshojados que caen lentamente, fueron apareciendo miradas desde la perdida memoria de mis días de luz. Miradas que se grabaron en los pliegues de mi pecho, como las canciones de cuna, como los amores de la primera juventud. Y las fui rememorando, trayéndolas otra vez a mí y engarzándolas en el poco oro que me queda, como el joyero engarza sus piedras, con el fin de no olvidarlas nunca.
...

LA MIRADA DE LAS ESTRELLAS

Iba un día hace mucho tiempo en el autobús, camino de mi acostumbrado ensayo con la Coral, y paseaba mi mirada por el reducido recinto buscando algo digno de mirar. Siguiendo con mi inveterada costumbre de fijarme en las jovencitas (con limpia mirada, se entiende), (bueno... a veces no tan limpia, mea culpa), observé a una chica cuya mirada me fascinó. Por su embeleso, por su bondad, por su alegría profunda y pura. Esbozaba una sonrisa beatífica. Se le caía la baba, vamos. Y, es lástima, pero no me miraba a mí.
Cuando, tras varias personas que tenía a modo de obstáculo, encuentro el objeto de su fija mirada, lo descubro. Estaba allí, serio, pequeño y grande. Era un niño. Un niño muy pequeño, de meses quizá. Seguí observando dentro del autobús y encontré otras tres señoras igualmente con la baba rezumante.

Y quedé perplejo, pensativo. Porque las mujeres que lo miraban no estaban fingiendo la acostumbrada sonrisa halagadora que habitualmente se le ofrece al hijo de un amigo o conocido. Era algo natural, algo espontáneo, algo que surgía de las profundidades telúricas de aquellas hembras. Y entendí. Yo era un hombre, y me sorprendía al tiempo que me fascinaba aquél espectáculo de amor sin precio que se me había brindado generosamente en mi anodino viaje dos veces por semana.

Y, pasado los días, he recordado con frecuencia aquellas imágenes, y como me resulta algo misterioso y profundo, hoy me gustaría reflexionar sobre ello, aunque sé que nunca podré comprenderlo ni sentirlo. Para ello es preciso ser mujer.

Así y todo, muchas veces me he encontrado ensartado en miradas de niños y de cachorros, en las que he visto mejor que en ningún otro sitio todo lo que merece ser buscado.

A veces, miro a algún niño, y pronto su mirada queda fija en la mía. Y pienso, ¿qué estará viendo en mí? Me miran fijos, profundos, serios. A veces, luego de un tiempo, ríen, no sé por qué. Y siempre me sorprende su espontaneidad, su frescura, su misterio.

He leído que ellos traen del cielo la esencia del auténtico ser del hombre, y la traen pura, fresca, seguramente esa esencia de la que habla Jesús cuando nos aconseja ser como niños. Pero con el tiempo ese ser puro, esa esencia, es recubierta por algo parecido al caparazón de la tortuga, a la concha del caracol. Y entonces ya no se ve, ya no se expresa. No es capaz de traspasar el caparazón. Y no se desarrolla, no crece. Está dormida, como la princesa del cuento. Esperando al príncipe que la despierte con su beso de amor. Y también dicen que cuando el hombre decida volver a ella, a lo celeste y puro, ha de alimentar esa esencia con su cascarón.

El águila macho siembra la semilla en la hembra. Polvo de estrellas en el centro de la tierra. Espíritu de Dios que se cierne sobre la faz del abismo. Destello de luz en las tinieblas. Y esa hembra engendra su huevo, cosmos omnipresente. Y despierta ese pequeño ser, en el rayo eterno de la creación, una creación tan importante como la del Universo, o quizá la misma. Y más tarde ese ser se alimenta de su huevo, come su carne, absorbe su ser externo, y crece él, y mengua su entorno. Y al fin es sólo él, preparado, listo para la luz y el espacio. Solo queda un obstáculo. Duro cascarón que le cierra al sol y a las estrellas. Pero pequeño desafío para su creciente fuerza y para su seguro destino.

Crece y crece, y su vida rasga y quiebra su prisión. Y al fin está en la luz, desvalido y pequeño, pero con todas las estrellas a su lado para llevarlo a las alturas.

“Y sola, y sin su nido, volará el águila al encuentro del sol”.

Existe un respeto universal por ello. Aún los animales carnívoros respetan a los cachorros. Hay algo que les lleva no a temerlos, sino a asombrarse de su pureza. Algo semejante al respeto por el sol. Sí, hay algo de sol y de estrellas en la mirada de un niño. Y el cachorro vence sin lucha, y es respetado sin miedo. Como el sabio, como el anciano. Hay algo en sus miradas que nos penetra, que nos envuelve, que nos enamora.

Seamos siempre niños. Los ángeles estarán siempre a nuestro lado.


miércoles, 5 de agosto de 2009

CÁDIZ, PRECURSORA DE LA POSTMODERNIDAD


Tranvía de Cádiz a San Fernando y La Carraca, principios del siglo XX.
Actualmente se está construyendo una línea Cádiz-San Fernando-Chiclana Fra.


A la luz de todas las noticias y recomendaciones que a diario nos llegan desde los medios de comunicación de masas, he llegado a la sorprendente y feliz conclusión de que mi ciudad ha sido la precursora de todas las normas de vida saludables de la postmodernidad.

Todo empezó cuando leí que se estaban estableciendo unos modelos de ciudad donde los vecinos viven felices y gratamente relacionados, las llamadas slow down cities.

En estas ciudades no existe la prisa, ni en el que hace su trabajo ni en quien espera la entrega del producto de dicho trabajo. Por poner un ejemplo, en un restaurante, en la cocina, los cocineros trabajan despacio, concentrados, alegres, sin prisas, relajados, y los clientes esperan tranquilos, concentrados, alegres, sin prisas, relajados, a que le pongan la comida por delante.

Los conductores de autobuses y taxis conducen igual: despacio, tranquilos, relajados, alegres, e igualmente, los pasajeros, como no tienen ninguna prisa en llegar, y sabiendo que están en una ciudad slow down, disfrutan del paseo, tal cual se disfrutaba antaño yendo de paseo en coche de caballos.

Esta idea me pareció fantástica, pues es la auténtica manera de disfrutar de todas las cosas, de extraer el jugo a la vida, muchas veces tontamente derramado por no andar despacio. Pensé inmediatamente en el episodio del Principito donde el inventor le cuenta que ha descubierto una píldora para hacer desaparecer la sed, con lo que el que se la tomara se ahorraba todo el tiempo perdido en ir a la fuente a beber.

El Principito le respondió que para él era más hermoso emplear ese tiempo en pasear tranquilamente hasta la fuente.
Sabiduría de la vida, sin más.

He escuchado también que la mejor manera de conservar la salud y prevenirse de enfermedades es adoptar, en la alimentación, la dieta mediterránea, que consiste, fundamentalmente, en el consumo de aceite de oliva virgen, verduras, legumbres y frutas, postergando carnes grasas, leche y otros derivados, así como los embutidos. ¡Fuera las dietas! ¡Fuera los gordos! ¡Abajo las enfermedades del corazón! ¡Los gimnasios, a la quiebra! Además… es mucho más barato… ¡Fuera la crisis!

¡Un momento! Vino sí, y cerveza también, porque, según todas las investigaciones científicas punteras en dietética nos informan que, dado su alto contenido en taninos, polifenoles, antioxidantes y otras extrañas palabrejas, son de benéfico consumo diario, recomendables para todos los órganos del cuerpo, y que, además, estimulan la mente y los sentimientos, acaban con el tedio y la tristeza, favorecen la sociabilidad y la cordialidad, fomentan el cariño y la camaradería, e, incluso, animan al amor y a todas sus expresiones.

Estas recomendaciones también me parecieron sensatas y sabias, por lo que me confirmaron la bondad de mis costumbres.

En los países nórdicos, leí, se ha llegado a constatar que la higiene, llevada a sus extremos, desemboca en un deterioro del sistema inmunológico, es decir, en una disminución de las defensas ante microbios y miasmas. De hecho, todos los nórdicos, actualmente, llevan a sus hijos a diario a lugares antes considerados insanos, y les animan a revolcarse y a mancharse con toda clase de suciedad, para así conseguir que se hagan inmunes a toda clase de bichos. Igual que hacen los gitanos, pero sin que ningún científico se lo haya dicho.

Por otra parte, y en cuestiones de educación, han llegado a descubrir, y pronto lo pondrán en práctica, que niños y niñas no tienen el mismo ritmo de aprendizaje en las materias de estudio, por lo que están dispuestos a dividir los colegios en masculinos y femeninos, para un mejor progreso en la enseñanza de cada sexo. ¿Machismo? ¿Feminismo? Creo que ésta no es la cuestión. Solo es pragmatismo. Funciona mejor, y ya está, no hay que darle más vueltas.

Más cosas escuché, o leí. Una que me resultó muy curiosa fue el daño que produce a la piel el exceso de “higiene”, con lavados constantes realizados con jabones de componentes químicos agresivos, que dan como resultado la práctica eliminación de la grasa corporal, la que, de forma natural, protege a la piel de las agresiones del medio ambiente. Tanto es así que se han puesto a la venta cremas para aliviar el prurito vulvar de las señoras que se lavan la cosa más frecuentemente de lo que la madre naturaleza recomienda, cremas hidratantes para aportar lo que se le quita a la piel, reseca de tanto lavado, y suavizantes para el cabello, echado a perder de tanto fregarlo con champús agresivos.

He visto por ahí que se dan cursos de “risoterapia”. Parece ser que se ha descubierto que la risa es benéfica para la salud, ya que mejora la psiquis, liberándola del “estrés”, relativizando los problemas que tanto nos asustan a diario, relajándonos y haciéndonos el carácter menos trágico. Así que los cursos de “risoterapia” ¡se cobran!, ya que, al parecer, la gente se ha olvidado de cómo se hace para reír… ¡increíble!

Las pantallas del televisor emiten ondas electromagnéticas dañinas, el teléfono móvil también, la pantalla del ordenador ni te cuento, y, nuestro padre el sol, que siempre fue benéfico y protector con todos, hoy día es una fuente de radiaciones malignas que nos pueden matar a golpes de melanoma.

En fin, a qué continuar, el colesterol, la gripe A, B y C, los alimentos cancerígenos, las bebidas isotónicas, la leche sin leche y la cerveza sin cerveza, el café sin café, el tabaco sin tabaco y… los hombres y las mujeres… sin hombría ni feminidad.

Pero puse de título a esta reflexión “Cádiz, precursora de la postmodernidad" y ahora recuerdo el porqué.

Tengo ya bastantes años, lo que me ha dado la feliz oportunidad de conocer épocas muy diferentes. Y lo que hoy se pregona y bendice como lo más adecuado para la salud, física, psíquica y mental, ya lo sabían los gaditanos hace muchísimo tiempo. Tres mil años (por ahora) de vivencia dan para mucho, y no nos dejamos engatusar fácilmente por modas ni caprichos de tiempos fugaces.

Yo viví mi infancia inmerso en todos esos elementos postmodernos, como si tal cosa, sin saber que hoy en día sería un modelo de vida física y mentalmente sana..

En Cádiz, y en mi juventud, la prisa no era conocida ni para ir a coger billetes de mil pesetas, correr siempre fue de cobardes y de malos toreros, mi comida consistía en mucho garbanzo, mucha lenteja y mucha habichuela, pan con aceite para el desayuno y la merienda, carne... si acaso los domingos y pollo por Navidad. Y de postre, fruta.

¿Vino? Hombre, estaba la bodega de Nicanor, y, aunque yo de pequeño no bebía, mi padre ya lo hacía por los dos.

Un baño a la semana en bañera de estaño y ¡hala! a la Caleta a remojarse o a la calle a jugar… y no había que tener cuidado con los coches.. ¡no habían! ¿Videojuegos, televisión, plaiestechion, …? Nada de eso, a la calle, a la plaza de Mina, o a la Alameda. Y eso sí, en verano al cine al aire libre.

Y reír… ¿reír? ¡pero si nos pasábamos (y nos pasamos) todo el día a carcajadas…!

Pueblo de sabios...


martes, 4 de agosto de 2009

lunes, 3 de agosto de 2009

UN BESO



"CYRANO: Beso.
Dulce fuera el vocablo en vuestra boca,
mas no lo pronunciáis. Si os quema el labio,
¿qué no haría la acción? Sed generosa,
venced vuestro temor... sin daros cuenta,
ha poco os deslizasteis sin zozobra
de la risa al suspiro y del suspiro
al llanto... Deslizaos más ahora
y llegaréis al beso sin notarlo,
pues la distancia entre ambos es tan poca
que un solo escalofrío los separa.

ROXANA: ¡Callad!

CYRANO: Al fin y al cabo, ¿qué es, señora,
un beso? Un juramento hecho de cerca;
un subrayado de color rosa
que al verbo amar añaden; un secreto
que confunde el oído con la boca;
una declaración que se confirma;
una oferta que el labio corrobora;
un instante que tiene algo de eterno
y pasa como abeja rumorosa;
una comunión sellada encima
del cáliz de una flor; sublime forma
de saborear el alma a flor de labio
y aspirar del amor todo el aroma".


sábado, 1 de agosto de 2009

MIRADAS I


Me leyeron hace unos días un artículo que me interesó mucho, sobre un tema del que ahora no me acuerdo.

De lo que sí me acuerdo es que el articulista contaba que, mientras él escribía, su perro le miraba, como siempre acostumbraba, con mirada de “asombro perenne”.

Yo tengo una perra, de nombre Turca, o más bien debería decir: vive una perra conmigo. Y como la amo, como a otro más de la familia, me hizo pensar en ella, y en su mirada. Pero, rememorando sus ojos, su mirada es de otra manera...


LA MIRADA TRANSPARENTE



Tiene Turca una mirada... No sé que hay en esos ojos, pero es lo más cercano que encuentro a la pureza. Sus grandes ojos negros son limpios y transparentes. Te asomas a ellos como a las aguas quietas de un lago profundo.

Seguramente Dios sí la hizo a su imagen y semejanza. Y no fue necesario expulsarla del paraíso. Vive en él, y nada sabe del bien ni del mal.

Como un ángel negro se acerca a mi costado y me mira.

Su silencio es solo de palabras. Sus ojos hablan mucho más que cualquier libro de poesía. Su voz está en el aire, en la luz que desprende su mirada. ¿Para qué quiere la palabra? Todos sabemos que casi siempre solo sirve para crear malentendidos. Todos sabemos que solo es claro el lenguaje del corazón. Y ella lo tiene. Grande y limpio.

Cuando duerme, se desprende de su cuerpo, no sé a donde va. Solo sé que su huida ha sido tan completa que parece muerta. A veces la toco para sentir el aire mover su pecho, o acerco mi oído a su cara para sentir su aliento. Siempre descansa cerquita de mí. Ella sabe que estoy a su lado. Con mi compañía le basta. Le rodea mi hálito. Y ella me rodea con el suyo. Es su mundo. Es el mío.

A solas en la noche, me acerco a contemplar lo ancho donde vivo, mi casa celeste, negra en la noche, pintada de estrellas, átomos de nuestras entrañas. Ella se sienta conmigo y me mira. Mira su universo,... y yo miro el mío. Pelo negro, como el cielo, ojos brillantes, como la luna.

Su vida de niño es clara, sencilla y simple. No hay engaños, ni deudas, ni reproches. No conoce la falta ni necesita el perdón. Pide sin reparo, toma sin solicitudes, descansa sin horas.

Toda su vida la ha tejido en mi telar. Estuve en todas sus horas, en todos sus días y en todas sus noches. En todos sus dolores y sus placeres. En todos sus juegos y en todas sus horas plácidas. Fue niña, fue adolescente, fue joven, es adulta.

Jugó de niña en mis manos. Cuidé de su primera sangre en la adolescencia. Estuve junto a ella cuando la vida sembró vida en su seno. Y sufrí sus dolores de parto, su desazón desgarradora. Tuve en mis manos, aún sin vida, los retoños brotados de sus entrañas. Y mis manos hicieron que el primer aire del mundo entrara en sus pequeños pechos. Y enterré en mi huerto, llorando, uno de sus pequeños hijos, de las estrellas devuelto a las estrellas.

Milagro de una vida entera en solo uno de mis días.

Y ahora está aquí a mi lado. Sus ojos transparentes acarician mi corazón abierto en lágrimas, que se desborda regando los sembrados donde nacen las flores más bellas. Las flores del corazón.

...

Y poco a poco y una a una, como pétalos deshojados que caen lentamente, fueron apareciendo miradas desde la perdida memoria de mis días de luz. Miradas que se grabaron en los pliegues de mi pecho, como las canciones de cuna, como los amores de la primera juventud.

Y las fui rememorando, trayéndolas otra vez a mí y engarzándolas en el poco oro que me queda, como el joyero engarza sus piedras, con el fin de no olvidarlas nunca.