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martes, 23 de agosto de 2011

VOLVISTE A LA VIDA...



Volviste a la vida.
Renaciste.
Conmigo.
De mi mano.

Y yo de la tuya volví también,
a mis cosas y a las tuyas.

Conmigo fuiste a los Campos Elíseos
a aspirar el perfume de las flores.

Juntos escuchamos el silencio del mar en las rocas,
el silencio del aire en las hojas,
el silencio de los ojos tiernos,
el silencio sin nombre de los amores.

Juntos recogimos el trigo de los campos,
y juntos vimos abrir las amapolas,
y recogimos las viñas juntos,
y juntos pisamos las uvas doradas.

De mi mano comiste el pan que cocimos,
en hornos lentos y cálidos.

De tu mano blanca tomé el vino amoroso,
de la uva que pisamos y que el tiempo fermentó.

Tomamos de la mano los ángeles alegres,
que revoloteaban tu cabeza,
y la mía, en la tuya asentada.

Y reímos en su risa.
Y en su llanto lloramos,
y nos llevaron arriba, muy lejos, muy lejos...

Más allá de las nubes.
Más allá de los días y las noches.
Más allá de nosotros.
Más allá de ti.
Y de mí.



domingo, 19 de septiembre de 2010

BAJO LA VOZ DE LOS PINOS



Escribo en la noche, a la sola luz de una lejana farola, en un cielo sin luna.
El viento sopla fuerte, como lo hace en mi tierra el recio levante.
Su voz se hace sonora en los pinos, entre sus ramas agitadas, y se parece mucho, es como igual, a la voz de la mar en las orillas. Sube y baja al compás de las olas, como aquí con sus rachas, ora suaves, ora bravías.

Amo la soledad, y me siento a gusto en esta esquina del universo, donde estoy solo con mi viento y con mis pinos. Solo me es preciso bajar a mis adentros, y dejar entrar allí las esencias que me rodean, para que me envuelvan, para que me limpien, para que raspen de la piel de mi alma las pequeñeces que día a día se me van pegando, como se pegan a la quilla de la barca los infinitos moluscos que se aprovechan de su navegar y que, día a día, hacen más tortuoso su romper de las aguas.

Quizá hoy me sienta sucio, o me sienta lento en mi marcha, o me parezca difícil avanzar. Quizá hoy me entorpezcan asuntos vanos y pequeños, cuando en cambio sueño mi rumbo claro y seguro.

Un día dije que a veces el camino se vuelve gris. Hoy, como entonces, mi navegar es lento y cansino, y los vientos no hacen avanzar mi nave como debiera.

Limpieza, limpieza. Es seguramente lo que precisa mi barca. Limpieza en su casco, abrir bien sus velas al viento, agarrar con decisión el timón y… seguir velozmente el rumbo necesario.