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jueves, 8 de octubre de 2015

LA GRASIA DE CAI





     Hablaba con un viejo amigo, casado felizmente con una mujer japonesa, matrimonio de muchos años, cosa por cierto hoy poco corriente, sobre lo difícil y complicado que puede resultar para un gaditano entenderse con una persona nacida en oriente, como es su caso.
   
       Yo le decía que ya es difícil entenderse con un español del norte, como pudiera ser un catalán, un vasco o un gallego. Y, apurando más aún con un andaluz de cualquier otra provincia, granaíno, por poner un caso. Así que con una japonesa…
   
       No lo digo, por supuesto, en el terreno del lenguaje, que todos sabemos es difícil también, o en las costumbres, o en la cultura. Y si no lo cree así, pruebe un gaditano a explicarle a alguien que no lo sea en qué consiste que algo esté “cambembo”. Poco menos que imposible que lo podamos explicar, y mucho más imposible que el otro lo entienda. Yo, en este caso, para no empeñarme en algo destinado al fracaso, lo que hago es enseñarle una sartén cambemba, o una mesa cambemba. Así es más fácil que lo comprendan.
   
       Lo verdaderamente difícil, que a veces se convierte en un tormento para el gaditano, y mucho más aún para el forastero, es entender la grasia de Cai. El doble sentido, la exageración, el hablar en serio algo que es en broma, o en broma algo que es serio, y otras muchas cosas propias de aquí.
   
       ¿Cómo puede entender un forastero que llamemos cariñosamente a alguien “hijo puta”, por ejemplo, y nos quedemos tan tranquilos ese alguien y nosotros? ¿Y por qué no puede entenderlo? Pues porque ese alguien, también gaditano, sabe perfecta e inmediatamente si se trata de un apelativo cariñoso o de un insulto, pero el forastero no puede entender cómo logra adivinarlo en décimas de segundo.
   
       La guasa no tiene cura, dicen por aquí. Y es bien cierto. Está tan enraizada en la gente de Cai que, si tratáramos de extirparla sería imposible, a riesgo de extirparle su esencia de gadita.
   
       Por experiencia, creo que lo más complicado para un forastero es conseguir descifrar rápidamente si lo que un gadita le cuenta se trata de algo en serio, verídico, o lo está diciendo en broma. Lo más usual es que piense que le está tomando el pelo, e incluso más de uno se ofende.
   
       Para mí es un auténtico placer y un baño gadita el hacer cola en el puesto de churros de mi amigo El Luna, el del puesto de La Guapa, y sobre todo en verano, que hay mucho forastero. Me contaron que el mes pasado, agosto, había una cola considerable esperando para comprar los excelentes churros que hace y vende allí mismo, a la vista de los clientes. Y en estas, llegó un hombre que, saltándose la cola, pidió que le despacharan. Por supuesto, El Luna le señaló la cola, con una breve pero clara instrucción, a lo que el hombre, que era forastero, le espetó en alta voz:
   
       - Oiga, que yo no soy de aquí, que soy de fuera…
   
       Tras oír toda la cola tan absurdo argumento, comenzó el cachondeo.
   
       - Venga, Luna, despáchale a este hombre ya, que no es de Cai.
   
       - Joé, Luna, ¿lo vas a hacer esperar? ¿No te ha dicho que es de fuera?  ¿Qué van a pensar de la gente de aquí, que hacemos esperar a los  veraneantes? A lo mejor el hombre tiene prisa, o lo está esperando su  familia en la Caleta con el cafelito en la mesa…
   
       - Desde luego, Luna, eres un cabrón. A partir de mañana me voy al  puesto de al lao, sieso. ¡Vaya forma de tratar a una persona que es de  fuera…!
   
       En fin. A qué abundar. Os lo podéis imaginar. Guasa y risa para un buen rato.
   
       Esto es una anécdota de los cientos que se pueden vivir todos los días. Me han contado que hay gente “de fuera” que va a ver los partidos de fútbol en Cádiz no para ver el partido, que es lo que menos le interesa, sino para escuchar los comentarios de los que tiene alrededor. Por supuesto, coincido con ellos. Los comentarios suelen ser mucho más interesantes que el partido. Mucho más. Y sobre todo para una persona “de fuera”.
   
       Tengo amigos y amigas sudamericanos, inteligentes y con sentido del humor, que han tardado años en acomodarse a este batiburrillo verdaderamente infernal del doble sentido y de la guasa, de la mezcla constante entre lo serio y lo jocoso, entre lo cierto y lo falso, entre lo justo y lo exagerado.
   
       - Quillo, el otro día estuve a punto de coger una corvina de tres kilos.
       - ¿Se te perdió? ¿Rompió la línea? ¿No pudiste subirlo? ¡Que pena ¿no?!
       - ¡Qué va! ¡Peor! Estuve a punto, pero se dio cuenta el del puesto del pescao…
   
       Todo el día igual. De ahí la fama que tenemos de que todo lo tomamos a broma y de que no hay manera de entenderse con nosotros.
   
       Pero yo diría que sí que hay forma. Es cuestión de paciencia, cariño, sentido del humor y finura de inteligencia. Y lo que sí puedo asegurar a cualquiera es que, una vez conseguido, se tiene uno asegurado una vida alegre, risueña y apacible en esta tierra, difícil, sí, pero, como todo lo valioso, inapreciable.


miércoles, 8 de julio de 2015

ODA A LA ALEGRÍA, 9ª SINFONÍA BEETHOVEN (LETRA)







BARÍTONO

¡Oh, amigos, no con esos acentos!
¡Entonemos cantos placenteros
y plenos de alegría!

ODA A LA ALEGRÍA - FEDERICO SCHILLER

BARÍTONO, CUARTETO, Y CORO

¡Alegría, hermosa chispa de los dioses
hija del Elíseo!
¡Ebrios de ardor penetramos,
diosa celeste, en tu santuario!
Tu hechizo vuelve a unir
lo que el mundo había separado,
todos los hombres se vuelven hermanos
allí donde se posa tu ala suave.


Quien haya alcanzado la fortuna
de poseer la amistad de un amigo, quien
haya conquistado a una mujer deleitable
una su júbilo al nuestro.
Sí, quien pueda llamar suya aunque
sólo sea a un alma sobre la faz de la Tierra.
Y quien no pueda hacerlo,
que se aleje llorando de esta hermandad.


Todos los seres beben la alegría
en el seno de la naturaleza,
todos, los buenos y los malos,
siguen su camino de rosas.
Nos dio ósculos y pámpanos
y un fiel amigo hasta la muerte.
Al gusano se le concedió placer
y al querubín estar ante Dios.


SOLISTA TENOR Y CORO

Gozosos, como los astros que recorren
los grandiosos espacios celestes,
transitad, hermanos,
por vuestro camino, alegremente,
como el héroe hacia la victoria.


CORO

¡Alegría, hermosa chispa de los dioses
hija del Elíseo!
¡Ebrios de ardor penetramos,
diosa celeste, en tu santuario!
Tu hechizo vuelve a unir
lo que el mundo había separado,
todos los hombres se vuelven hermanos
allí donde se posa tu ala suave.


¡Abrazaos, criaturas innumerables!
¡Que ese beso alcance al mundo entero!
¡Hermanos!, sobre la bóveda estrellada
ha de vivir un Padre amoroso.


¿No vislumbras, ¡oh mundo!, a tu Creador?
Búscalo sobre la bóveda estrellada.
Allí, sobre las estrellas, ha de vivir.


¡Alegría, hermosa chispa de los dioses,
hija del Elíseo!
¡Ebrios de ardor penetramos,
diosa celeste, en tu santuario!
¡Abrazaos, criaturas innumerables!
¡Que ese beso alcance al mundo entero!
¿Os postráis, criaturas innumerables?
¿No vislumbras, ¡oh mundo!, a tu Creador?
¡Búscalo sobre la bóveda estrellada!
Hermanos, sobre la bóveda estrellada
ha de vivir un Padre amoroso.


¡Alegría, hija del Elíseo!
Tu hechizo vuelve a unir
lo que el mundo había separado
todos los hombres se vuelven hermanos
allí donde se posa tu ala suave.


¡Abrazaos, criaturas innumerables!
¡Que ese beso alcance al mundo entero!
¡Hermanos!, sobre la bóveda estrellada
ha de vivir un Padre amoroso.


¡Alegría, hermosa chispa de los dioses,
hija del Elíseo!
¡Alegría, hermosa chispa de los dioses!



lunes, 3 de diciembre de 2012

domingo, 2 de diciembre de 2012

BEETHOVEN, FANTASÍA PARA PIANO, CORO Y ORQUESTA EN DO MENOR OPUS 80





















      La obra de Beethoven conocida como "Fantasía Coral" es muy peculiar. Para empezar, es inclasificable en ninguna forma musical concreta, de ahí su nombre de “fantasía”, especie de cajón de sastre donde se archiva lo que no cabe en ningún otro apartado musical.
     
       Alguien la llamó “la pequeña gran obra” de Beethoven, y yo estoy de acuerdo con ese nombre. En apenas 20 minutos incluye las reflexiones intimistas de una sonata de piano, los diálogos de un concierto para piano y orquesta, el desarrollo de un tema principal y cinco variaciones, aparte de la sección final para piano, orquesta y coro, con inclusión de seis solistas.
     
       Pero más allá de ser tan rica en variedad de formas, en mi opinión, lo que la hace grande es la unidad de su contenido, que creo que suele pasar desapercibida generalmente. No creo posible que un genio como Beethoven uniera sin ton ni son tal riqueza de colorido sin un propósito concreto. Es evidente que existe un hilo conductor que es preciso descubrir en la obra.
     
       Mucho se ha dicho de la similitud de la parte coral de esta Fantasía con la Oda a la Alegría, cantada como final de su novena sinfonía.  En mi opinión, tal similitud es más clara en en el mensaje de las poesías y la música que en cualquier otra cosa. Beethoven da forma, en ambas, a su búsqueda interior de la belleza en su aspecto más sublime, y va al encuentro del propósito de su arte. Y descubre el mismo propósito y destino: La alegría:
     
       Alegría, hermosa chispa de los dioses,
       Hija del Elíseo…         (de la 9ª sinfonía)
     
       Calma exterior y alegría interior
       priman para el bienaventurado;
       el sol primaveral de las artes
       permite que de ambas nazca luz...        (de la Fantasía Coral).


       La alegría, no la vulgar, sino la alegría del genio inmerso en su arte, es, en mi opinión, lo que une a ambos cantos corales.
     
       A mi entender, el hilo conductor de esta pequeña gran obra es el de un recorrido íntimo del artista a través de su mundo interior, en busca de una respuesta que dé sentido sublime a su arte,  su música.
     
       Los primeros compases de la introducción para piano nos muestran a un Beethoven reflexivo, en calma, en la soledad de sí mismo, planteándose su inquietud. A veces exige violentamente una respuesta, como espíritu conquistador, tratando de arrancarla con vigor. Pero vuelve una y otra vez a la calma, no sin conservar su vigor intimista,
     
       Al fin, algo le habla, a través de la orquesta. La belleza le va, poco a poco, desde las susurrantes entradas de los contrabajos al tutti de la orquesta,  introduciendo a su realidad. La voz sublime de las trompas, secundada por los oboes, le inspiran por fin el tema principal que buscaba. Luego, y en diversas variaciones, como mostrando diversos aspectos de esa belleza buscada, y, a veces, exigida, comienza un diálogo entre artista y belleza, entre piano y orquesta.

       Mantiene diálogos con ella, a veces tiernos, a veces desafiantes y violentos… como Jacob luchando con el ángel… y así, musicalmente, los modos mayor y menor se van turnando a lo largo de la obra.
     
       Finalmente, la orquesta, en tutti, canta, alto y claro, el tema central de la obra, confirmando así al artista su intuición. Y vuelven a conversar sobre ello, en un hermoso diálogo plagado de escuchas, de preguntas y de confesiones mutuas.
     
       Luego se inicia una hermosa reflexión del artista, expresada con un bellísimo pasaje en piano, acompañado por una orquesta igualmente en piano , en la que clarinetes y fagots toman la voz, como aprobando y bendiciendo su intuición estética.
     
       El piano habla de nuevo, acompañado por la orquesta, ahora en pizzicato, hasta que un misterioso contrabajo da entrada a la respuesta final. Y, como siempre, son las trompas las que anuncian el desenlace, correspondidas en segundo plano por los oboes.
     
       El coro inicia la manifestación gloriosa de la Belleza, primero con variaciones del tema a cargo de los solistas, y luego en un bellísimo tutti. Se repite el mismo esquema y, finalmente, con intervenciones afirmativas del piano, reafirmando la voz potente del coro, la obra concluye.
     
       Sin desperdicio.



lunes, 26 de septiembre de 2011

MANANTIALES


–Pero, dime Teodoro, ¿no es cierto que el amor surge de la manera más inesperada?
¿No ocurre que sonrisas amables procuran, más pronto que tarde, risas compartidas?
Y dime: ¿no son las risas un alimento para el alma? ¿No son las muestras de la alegría?
¿Y, acaso, no queremos estar junto al que nos alegra el alma?
¿No sentimos su hueco cuando no está con nosotros?

–Sí, así es, sin duda. Pero no veo tan claro como tú lo ves de qué manera la alegría compartida puede llevar al amor.
¿Crees tú que ambos movimientos del alma son de la misma esencia?
¿Que no pueden existir el uno sin la otra?
¿O que quizá no pueda existir la otra sin el uno?

–Querido amigo, yo tan solo creo que el amor es como un manantial, y que brota de la piedra cuando el agua encerrada en ella pugna por ver la luz.

Solo quiero, con tu ayuda, y si lo tienes a bien, desvelar el gran misterio que hay en ello, de cómo la suave y delicada agua es capaz de romper la aparente dureza de la roca. ¿No ves una mano divina en ello? ¿No es una fuerza inmensa que aún nos es de naturaleza escondida a los hombres?
¿Querrías poner tu alma y tu entendimiento junto conmigo para tratar de desvelar este decisivo asunto?

–Cómo no, querido amigo; en verdad que tus palabras me muestran con claridad mi ignorancia sobre todo ello. Estoy dispuesto, porque también a mí me atañe, como creo que al resto de los mortales, y acaso también a los dioses. ¿O acaso los dioses no aman?

–Algo me dice que sí, porque ¿qué busca el hombre en el amor? ¿Acaso no busca su perfección y completura? ¿Y acaso no buscarían los dioses eso mismo en un dios superior a ellos?
Y ¿no es cierto que, como dijeron los sabios antiguos, el mismo Dios uno y sin segundo se mueve conforme a su propio amor por lo que emanó de él? ¿No será el amor la fuerza única y necesaria para el movimiento de todo lo existente bajo el cielo, y, más aún, sobre el cielo mismo también?

Me parece que cuando nace la alegría y se convierte en alegría compartida, algo mueve al alma a procurar el bien de la fuente de la que ha surgido. Y creo que ahí nacen los amantes.
¿No te parece que es así como sucede?

–Pues yo también creo que es así como sucede, es muy claro. He visto muchos arroyos que buscan otros arroyos, y ríos que buscan otros ríos, y grandes ríos que buscan a la mar. Solo allí descansan en su búsqueda. O, por lo menos, eso parece.

–Y ¿no crees que esa alegría de los amantes les lleva luego, más bien pronto que tarde, a querer fundir sus almas en una sola, como los arroyos y los ríos?

–Así parece mostrarlo la naturaleza, mi querido amigo.

–Y ¿no parece acorde con todo esto que esa unión de almas lleve a la ansiedad por hacer uno de sus dos cuerpos?

–Así parece ser como sucede.

–¿Y no es acorde a la esencia de la naturaleza que, de esta manera sublime, los amantes se igualen a los dioses creadores y, de la materia de sus vidas, el amor engendre nuevos seres amorosos?

–Me parece que es bueno que así sea.

–Y ¿no es bueno que la felicidad y el placer bendigan esta obra creadora?

–Otra cosa sería contraria a la lógica y no sería conforme a la naturaleza.

–Así pues, mi querido amigo, ¿no sería la alegría la verdadera autora de todo lo nacido?

–Querido amigo, la luz es clara y vivificadora, y las sombras ocultan lo que no queremos ver.
Me parece que nuestras palabras han desvelado de alguna manera el misterio de la vida.


jueves, 2 de junio de 2011

¿DÓNDE HABITA LA POESÍA?



Anoche hablé contigo, y nuestras íntimas miradas me hicieron preguntarme cosas, que ahora te quiero contar.

A veces me pregunto donde va la poesía cuando te abandona. Un poeta hizo una pregunta parecida: Cuándo el amor se acaba ¿sabes tú adonde va?

Me pregunto lo que se preguntaba Leonard Cohen en una de sus canciones:

Where is your famous golden touch?

¿Donde dejé la poesía, donde el amor, donde el añorado toque de oro? Seguramente se marcharon de mí en los ojos y en el pecho de mis vírgenes amantes. O se quedaron en los verdes brotes nacientes y poderosos. O se los llevó, al decir del poeta, como el viento de otoño se lleva las hojas pardas.

Pero también estén quizá en el próximo recodo del camino, que ya se vislumbra tras el frío y la niebla del invierno.

Quizá mi mano perdió su pátina de oro cuando dejé de cavar en la mina, cuando dejé de cernir las arenas auríferas de mis arroyos más limpios.

Pero lo que he visto existe, y ya no me puedo engañar. No puedo negar el brillo del sol, aunque el cielo hoy esté nublado. Sé que está detrás de las nubes, detrás de mí y de mi desesperanza.

Dime que sí, hermana, dime que mi aliento puede abrasar otra vez, que mi voz puede llevar almas a su nido, que mi mano puede ayudar a guiar a los ciegos, que puedo soportar el peso de los que quiero llevar al otro lado del tránsito doloroso.

Dime que aún tengo fuerzas, que mi corazón enciende aún ilusiones, que mi amor abrasa aún corazones, que mi clarín todavía es capaz de traspasar el ruido y de hacerse oír entre los estériles rumores. Dime, aunque yo no consiga creerlo, que mi voz es aún dulce a tus oídos, que mi alma aún tiene brasas que calientan, y que mi mano aún puede dar caricias que sean benéficas y portadoras de alegría.

Dime… que aún puedo ser un amante para un alma sedienta, agua fresca para el abrasado, cama en que repose un alma cansada, musa que inspire un corazón ardiente.

Dímelo.




miércoles, 10 de noviembre de 2010

ALEGRÍA Y TRISTEZA


“Si estamos tristes entristecemos a todo el barrio”
Esto decía Facundo Cabral, y aún suponiendo que estar triste es cuestión nuestra, a lo segundo me parece que no tenemos derecho.
Yo creo que la tristeza la deberíamos desterrar de nuestras vidas, porque no nos es de ninguna utilidad y además nunca tenemos motivos para estarlo. Y si por un momento pensamos que tenemos motivos… pues habrá que superarlos.
No conlleva sino mal para nosotros y, lo que es peor, mal para los que nos rodean.

“Vuestra alegría es vuestra tristeza sin máscara” decía Khalil Gibran.
Y lo explica muy bien, creo, según yo lo interpreto. La alegría es nuestra tristeza, pero sin máscara. Y me pregunto ¿por qué hemos de ponerle máscaras a nuestra tristeza? ¿No sería mejor mostrar nuestra alma sin máscaras y así sería solo alegría lo que transmitiera?

Creo que solo hay una fuente de la que manan los sentimientos y es la misma agua la que surge siempre, pero ¿no es mejor que esa agua fluya clara y cristalina a que lo haga turbia y gris? ¿De dónde viene nuestra manía de ensuciarla?

Con el tiempo uno se da cuenta que es mejor lo primero, pero antes hay que sufrir lo segundo… hasta que uno se convence de no tiene ningún sentido.

Es fácil estar triste. Es difícil, pero benéfico para uno y para todos, estar alegre.

¡Alegría, hermosa chispa de los dioses, hija del Elíseo…! Esto canta la novena sinfonía de Beethoven.

Sí, destello hermoso y reflejo de los dioses. Nunca podré imaginar un dios triste, siempre los imaginaré radiantes de alegría.


miércoles, 7 de abril de 2010

MANANTIALES



- Pero, dime Teodoro,

¿no es cierto que el amor surge de la manera más inesperada?
¿no ocurre que sonrisas amables procuran, más pronto que tarde, risas compartidas?
Y dime: ¿no son las risas un alimento para el alma? ¿no son las muestras de la alegría?
Y, acaso, ¿no queremos estar junto al que nos alegra el alma?
¿no sentimos su hueco cuando no está con nosotros?

- Sí, así es, sin duda. Pero no veo tan claro como tú lo ves de qué manera la alegría compartida puede llevar al amor.
¿Crees tú que ambos movimientos del alma son de la misma esencia?
¿Qué no pueden existir el uno sin la otra?
¿O qué quizá no pueda existir la otra sin el uno?

- Querido amigo, yo tan solo creo que el amor es como manantial, y que brota de la piedra cuando el agua encerrada en ella pugna por ver la luz.
Solo quiero, con tu ayuda, y si lo tienes a bien, desvelar el gran misterio que hay en ello, de cómo la suave y delicada agua es capaz de romper la aparente dureza de la roca.
¿No ves una mano divina en ello? ¿no es una fuerza inmensa que aún nos es de naturaleza escondida a los hombres?
¿Querrías poner tu alma y tu entendimiento junto conmigo para tratar de desvelar este decisivo asunto?

- Como no, querido amigo, en verdad que tus palabras me muestran con claridad mi ignorancia sobre todo ello. Estoy dispuesto, porque también a mi me atañe, como creo que al resto de los mortales, y acaso también a los dioses ¿o acaso los dioses no aman?

- Algo me dice que sí, porque ¿qué busca el hombre en el amor? ¿acaso no busca su perfección y completura? ¿y acaso no buscarían los dioses eso mismo en un dios superior a ellos?

Y ¿no es cierto que, como dijeron los sabios antiguos, el mismo dios uno y sin segundo se mueve conforme a su propio amor por lo que emanó de él? ¿no será el amor la fuerza única y necesaria para el movimiento de todo lo existente bajo el cielo, y, más aún, sobre el cielo mismo también?

Me parece que cuando nace la alegría, y se convierte en alegría compartida, algo mueve al alma a procurar el bien de la fuente de la que ha surgido. Y creo que ahí nacen los amantes.
¿No te parece que es así como sucede?

- Pues yo también creo que es así como sucede, es muy claro. He visto muchos arroyos que buscan otros arroyos, y ríos que buscan otros ríos, y grandes ríos que buscan a la mar. Solo allí descansan en su búsqueda. O, por lo menos, eso parece.

- Y ¿no crees que esa alegría de los amantes les lleva luego, más bien pronto que tarde, a querer fundir sus almas en una sola, como los arroyos y los ríos?

- Así parece mostrarlo la naturaleza, mi querido amigo.

- Y ¿no parece acorde con todo esto que esa unión de almas lleve a la ansiedad por hacer uno de sus dos cuerpos?

- Así parece ser como sucede.

- ¿Y no es acorde a la esencia de la naturaleza que, de esta manera sublime, los amantes se igualen a los dioses creadores y, de la materia de sus vidas, el amor engendre nuevos seres amorosos?

- Me parece que es bueno que así sea.

- Y ¿no es bueno que la felicidad y el placer bendigan esta obra creadora?

- Otra cosa sería contraria a la lógica y no sería conforme a naturaleza.

- Así pues, mi querido amigo, ¿no sería la alegría la verdadera autora de todo lo nacido?

- Querido amigo, la luz es clara y vivificadora, y las sombras ocultan lo que no queremos ver.
Me parece que nuestras palabras han encerrado de alguna manera el misterio de la vida.


domingo, 18 de octubre de 2009

PENAS



No me cuente usted su vida, yo también he sufrido mucho…

Esto solía decirse cuando yo era joven. Era una manera de atajar la inundación cuando alguien te descargaba como un torrente sus penas y sus tragedias.

Yo tenía una tía, solterona y sola, soltera y entera, como suele decirse, que penaba continuamente. Su único y agotador tema de conversación era contar y contar sus penas y sus soledades. Cuando te enganchaba, te colocaba el disco, que yo no se cómo no estaba rayado ya de tanto reproducirlo. Pero como la memoria se afianza con la repetición, nunca faltaba un motivo de tristeza, de lamentación, de queja a la vida, de lo que pudo ser y no fue, y de lo que nunca iba a ser.

No valían ánimos, ni consejos, ni cariño, ni nada. Abrir su boca era simultáneo a abrir las compuertas de los lodos de una vida, muy triste, sin duda. Terminó sus días mal, porque la conciencia es piadosa, y ante el sufrimiento llega a desmayarse para que no tengamos más dolor. Quizá fuera lo mejor.

Yo era muy joven, y no tenía una perra, y ella tenía sobres sin abrir por todos los rincones. Recuerdo que me llamaba para que fuera a verla, y a veces iba. Al despedirnos me hacía un “regalito” dinerario hoy equivalente a más o menos unos 300 pavos.

¿Os podéis creer que evitaba ir? La recompensa era muy alta, pero también era muy duro el trabajo. Y más porque siempre fui propenso, ahora ya no, a la identificación, y salía de su casa arrastrándome de tristeza. No. No me apetecía ir en absoluto.

Y hoy, con frecuencia, escucho gente que sus lamentos, indefectiblemente, cuando coincides con ellos, manan sin cesar de su boca, de su cerebro y de su corazón. Y estás deseando desaparecer, sin saber como escapar a la tortura. Parece que, de Dios para abajo, todos son injustos con su vida. Reproches, lamentos, sufrimientos, tristes recuerdos, negro porvenir, este me hizo esto, aquél me hizo lo otro…

Y, causalmente, o mejor dicho, causalmente, su mayor tragedia es la siguiente:

Nadie me quiere, nadie se preocupa por mí, nadie se acuerda de mí, nadie me busca para nada, nadie me llama, nadie viene a verme, nadie se divierte conmigo, no tengo amigos, estoy solo, Dios me ha castigado injustamente, todos me tratan mal, nadie me considera, y todos los etcéteras que sin duda podréis añadir.

Y yo me pregunto: ¿Se puede ser tan inconsciente como para no darse cuenta de la relación entre ambas cosas? ¿Es que piensa que alguien desea reunirse con otro para sufrir?

No, no. No me cuente usted su vida que yo también he sufrido mucho…

Por mi parte, yo me tengo prohibido absolutamente contar penas, y solo cuento alegrías. Busco alegrías, y no busco penas. ¿Para qué, si ya se que mis alegrías y mis penas son el resultado de mis acciones? ¿Das alegría? Recibirás alegrías. ¿Das penas? Recibirás penas. Esto es como dos y dos son cuatro. Y nuestros deseos siempre consisten en que dos mas dos no sean cuatro. Y eso… no puede ser. Y además es imposible, como decía Paquiro.



lunes, 26 de enero de 2009

BEETHOVEN, FANTASÍA PARA PIANO, CORO Y ORQUESTA EN DO MENOR OPUS 80


      La obra de Beethoven conocida como "Fantasía Coral" es muy peculiar. Para empezar, es inclasificable en ninguna forma musical concreta, de ahí su nombre de “fantasía”, especie de cajón de sastre donde se archiva lo que no cabe en ningún otro apartado musical.
       
       Alguien la llamó “la pequeña gran obra” de Beethoven, y yo estoy de acuerdo con ese nombre. En apenas 20 minutos incluye las reflexiones intimistas de una sonata de piano, los diálogos de un concierto para piano y orquesta, el desarrollo de un tema principal y cinco variaciones, aparte de la sección final para piano, orquesta y coro, con inclusión de seis solistas.
       
       Pero más allá de ser tan rica en variedad de formas, en mi opinión, lo que la hace grande es la unidad de su contenido, que creo que suele pasar desapercibida generalmente. No creo posible que un genio como Beethoven uniera sin ton ni son tal riqueza de colorido sin un propósito concreto. Es evidente que existe un hilo conductor que es preciso descubrir en la obra.
       
       Mucho se ha dicho de la similitud de la parte coral de esta Fantasía con la Oda a la Alegría, cantada como final de su novena sinfonía.  En mi opinión, tal similitud es más clara en en el mensaje de las poesías y la música que en cualquier otra cosa. Beethoven da forma, en ambas, a su búsqueda interior de la belleza en su aspecto más sublime, y va al encuentro del propósito de su arte. Y descubre el mismo propósito y destino: La alegría:
       
       Alegría, hermosa chispa de los dioses,
       Hija del Elíseo…         (de la 9ª sinfonía)
       
       Calma exterior y alegría interior
       priman para el bienaventurado;
       el sol primaveral de las artes
       permite que de ambas nazca luz...        (de la Fantasía Coral).


       La alegría, no la vulgar, sino la alegría del genio inmerso en su arte, es, en mi opinión, lo que une a ambos cantos corales.
       
       A mi entender, el hilo conductor de esta pequeña gran obra es el de un recorrido íntimo del artista a través de su mundo interior, en busca de una respuesta que dé sentido sublime a su arte,  su música. 
       
       Los primeros compases de la introducción para piano nos muestran a un Beethoven reflexivo, en calma, en la soledad de sí mismo, planteándose su inquietud. A veces exige violentamente una respuesta, como espíritu conquistador, tratando de arrancarla con vigor. Pero vuelve una y otra vez a la calma, no sin conservar su vigor intimista,
       
       Al fin, algo le habla, a través de la orquesta. La belleza le va, poco a poco, desde las susurrantes entradas de los contrabajos al tutti de la orquesta,  introduciendo a su realidad. La voz sublime de las trompas, secundada por los oboes, le inspiran por fin el tema principal que buscaba. Luego, y en diversas variaciones, como mostrando diversos aspectos de esa belleza buscada, y, a veces, exigida, comienza un diálogo entre artista y belleza, entre piano y orquesta.

       Mantiene diálogos con ella, a veces tiernos, a veces desafiantes y violentos… como Jacob luchando con el ángel… y así, musicalmente, los modos mayor y menor se van turnando a lo largo de la obra. 
       
       Finalmente, la orquesta, en tutti, canta, alto y claro, el tema central de la obra, confirmando así al artista su intuición. Y vuelven a conversar sobre ello, en un hermoso diálogo plagado de escuchas, de preguntas y de confesiones mutuas.
       
       Luego se inicia una hermosa reflexión del artista, expresada con un bellísimo pasaje en piano, acompañado por una orquesta igualmente en piano , en la que clarinetes y fagots toman la voz, como aprobando y bendiciendo su intuición estética.
       
       El piano habla de nuevo, acompañado por la orquesta, ahora en pizzicato, hasta que un misterioso contrabajo da entrada a la respuesta final. Y, como siempre, son las trompas las que anuncian el desenlace, correspondidas en segundo plano por los oboes.
       
       El coro inicia la manifestación gloriosa de la Belleza, primero con variaciones del tema a cargo de los solistas, y luego en un bellísimo tutti. Se repite el mismo esquema y, finalmente, con intervenciones afirmativas del piano, reafirmando la voz potente del coro, la obra concluye.
       
       Sin desperdicio.

       Pueden disfrutar de ella en entradas anteriores de este blog, así como conocer la letra de la parte coral.


miércoles, 21 de enero de 2009

CUATRO MÚSICOS EN LA CALLE ANCHA



       Hace unos días salí con Miguel Ángel porque quería hacer unas compras, y al pasar por la calle Ancha, vi a lo lejos un grupo de gente y escuché música. Sabéis de mi afición a la música, así que nos acercamos. 

       Eran cuatro. Jóvenes. Entre todos no llegarían al siglo. Rubios, de ojos claros y el alma en los ojos y en la frente. Serían centroeuropeos o rusos. Seguramente vendrían a dar un concierto por la zona, como integrantes de alguna orquesta y pensaron en sacar algún dinero haciendo su concierto particular en la calle. Eran un violín, dos acordeones y un contrabajo.

Nos paramos a escuchar. Era música clásica, alegre por lo general, a veces emotivamente lenta, temas conocidos universalmente casi todos. Siempre se agradece escuchar cosas bellas, que alegran el alma y mueven el corazón. No pude evitar mi crítica y vi que a pesar de la alegría y el espíritu que ponían en lo que hacían, colaban gatos. Pero eso no era lo importante, y lo deseché al punto. Lo importante era que la calle estaba llena de hermosas melodías, antiguas pero siempre nuevas... y también llena de gente.

Gente que escuchaba embelesada, gente de todas las edades, niños, jóvenes, adultos, ancianos. Hasta hubo una viejecilla que se lanzó a bailar un tango que interpretaron. La gente aplaudía con gusto al terminar cada pieza, y el canastito se llenaba continuamente. Todos echamos algo. Todos teníamos agradecimiento en el corazón.

Me senté en un banco. Miguel Ángel había encontrado a un niño y se enseñaban mutuamente sus “tazos”, así que estuve allí un rato. Y pensé.

Pensé, o mejor, como siempre, vinieron a mi mente cosas. Y solo os quiero citar la que me produjo un golpe interior. Como seguramente sabéis, tengo una excelente mala opinión de la sociedad que nos ha tocado vivir, creo que totalmente justificada. Solo hay que abrir una revista de cualquier cosa o cualquier periódico, ver cualquier televisión, ir a cualquier teatro o exposición, escuchar hablar a alguien sobre cualquier cosa, política, arte, música, religión, filosofía, educación, relaciones humanas o cualquier otro tema que imaginéis, y lo actual, lo que supone progreso, lo que se trata de promover, si no imponer, son una sarta de majaderías, aberraciones, atentados contra el sentido común, estúpidas utopías para ángeles de cualquier otro mundo que no sea este, cosas de locos de atar, falsedades, engaños, trapicheos, etc., etc. etc.

Esta captación de la evidencia que nos rodea me acompaña todos los días, me amarga, me hace sentir en un desierto. ¿No hay nadie que tenga la cabeza en su sitio? ¿No queda nada auténtico, nada real, nada sin mezcla, sencillo y humano? ¿Que será de mí, que será de mi hijo? 

Y la respuesta me llegó ese día. No porque los músicos de la calle Ancha interpretaban música auténtica, que lo hacían. Lo realmente milagroso, lo realmente bello y salvador era que eso auténtico estaba en los corazones de todos los que pasaban. ¡Lo reconocían! ¡Lo sentían! Y, como no, lo agradecían.

Pensé en aquél dicho de no sé quién que dice así: “Podéis engañar a un hombre toda su vida, podéis engañar a un pueblo por algún tiempo, pero no podéis engañar a toda la humanidad por todo el tiempo”. Y entendí su significado.

A pesar de mis temores, de mi pesadumbre y mi desesperación, estaba en un error. El hombre no estaba engañado, no se le podía engañar. Y pienso ahora en la música concreta, en la música electrónica, en el arte abstracto, en Picasso, en el Gugenhein,  en los poetas modernos, en los profetas del consumismo, en el Hola y el Semana, en la Champion League, en los políticos, en los viajes a Cuba y al Nepal, en la crema dental que pone los dientes como las estrellas y en los sostenes que realzan el busto. Todo lo fútil, lo sin raíces, lo falso, lo no natural, lo estúpido, lo demencial, lo pretendidamente intelectual, los paraísos prometidos a los cándidos…, en suma,  lo que impera.

Y creo que el hombre de la calle lo sabe, sabe que todo eso no vale nada. Solo son cuatro locos que consiguen hacernos comer basura. Pero cuatro locos con todo el poder, con todo el poder del mago del cuento. Las vendas caerán, y las ovejas sabrán que son ovejas, y los hombres sabrán que son hombres. No lo dudéis. No sé como, ni sé cuando, pero sí sé que lo auténtico pervive y lo falso se derrumba solo. Al final, desvestido y desnudo, no hay falsedades. Queda solo Adán, queda solo Eva. Queda solo Dios.



sábado, 13 de diciembre de 2008

BEETHOVEN, FANTASÍA CORAL. Texto de Christoph Kuffner


























Con gracia y dulzura resuenan
las armonías de nuestra vida
y el sentido de la belleza engendra
flores que eternamente florecen.
La paz y la alegría avanzan cual amigas
como el juego alternante de la olas;
y lo que insistía en ser rudo y hostil
entra a formar parte de lo sublime.
Cuando en los tonos reina la magia
y en las palabras la inspiración
se configura lo maravilloso,
noche y tempestad se vuelven luz.
Calma exterior y alegría interior
priman para el bienaventurado;
y el sol primaveral de las artes
permite que de ambas nazca luz.
Algo grande contenido en el pecho
florece de nuevo en toda su belleza;
si un espíritu se ha encumbrado
todo un coro de espíritus resuena siempre a su alrededor.
Aceptad, pues, almas bellas,
alegremente los dones del buen arte.
Cuando se unen el amor y la fuerza
el favor de los dioses al hombre recompensa.
Christoph Kuffner