martes, 22 de abril de 2014

sábado, 19 de abril de 2014

miércoles, 9 de abril de 2014

LA GRASIA DE CAI



























     Hablaba con un viejo amigo, casado felizmente con una mujer japonesa, matrimonio de muchos años, cosa por cierto hoy poco corriente, sobre lo difícil y complicado que puede resultar para un gaditano entenderse con una persona nacida en oriente, como es su caso.
   
       Yo le decía que ya es difícil entenderse con un español del norte, como pudiera ser un catalán, un vasco o un gallego. Y, apurando más aún con un andaluz de cualquier otra provincia, granaíno, por poner un caso. Así que con una japonesa…
   
       No lo digo, por supuesto, en el terreno del lenguaje, que todos sabemos es difícil también, o en las costumbres, o en la cultura. Y si no lo cree así, pruebe un gaditano a explicarle a alguien que no lo sea en qué consiste que algo esté “cambembo”. Poco menos que imposible que lo podamos explicar, y mucho más imposible que el otro lo entienda. Yo, en este caso, para no empeñarme en algo destinado al fracaso, lo que hago es enseñarle una sartén cambemba, o una mesa cambemba. Así es más fácil que lo comprendan.
   
       Lo verdaderamente difícil, que a veces se convierte en un tormento para el gaditano, y mucho más aún para el forastero, es entender la grasia de Cai. El doble sentido, la exageración, el hablar en serio algo que es en broma, o en broma algo que es serio, y otras muchas cosas propias de aquí.
   
       ¿Cómo puede entender un forastero que llamemos cariñosamente a alguien “hijo puta”, por ejemplo, y nos quedemos tan tranquilos ese alguien y nosotros? ¿Y por qué no puede entenderlo? Pues porque ese alguien, también gaditano, sabe perfecta e inmediatamente si se trata de un apelativo cariñoso o de un insulto, pero el forastero no puede entender cómo logra adivinarlo en décimas de segundo.
   
       La guasa no tiene cura, dicen por aquí. Y es bien cierto. Está tan enraizada en la gente de Cai que, si tratáramos de extirparla sería imposible, a riesgo de extirparle su esencia de gadita.
   
       Por experiencia, creo que lo más complicado para un forastero es conseguir descifrar rápidamente si lo que un gadita le cuenta se trata de algo en serio, verídico, o lo está diciendo en broma. Lo más usual es que piense que le está tomando el pelo, e incluso más de uno se ofende.
   
       Para mí es un auténtico placer y un baño gadita el hacer cola en el puesto de churros de mi amigo El Luna, el del puesto de La Guapa, y sobre todo en verano, que hay mucho forastero. Me contaron que el mes pasado, agosto, había una cola considerable esperando para comprar los excelentes churros que hace y vende allí mismo, a la vista de los clientes. Y en estas, llegó un hombre que, saltándose la cola, pidió que le despacharan. Por supuesto, El Luna le señaló la cola, con una breve pero clara instrucción, a lo que el hombre, que era forastero, le espetó en alta voz:
   
       - Oiga, que yo no soy de aquí, que soy de fuera…
   
       Tras oír toda la cola tan absurdo argumento, comenzó el cachondeo.
   
       - Venga, Luna, despáchale a este hombre ya, que no es de Cai.
   
       - Joé, Luna, ¿lo vas a hacer esperar? ¿No te ha dicho que es de fuera?  ¿Qué van a pensar de la gente de aquí, que hacemos esperar a los  veraneantes? A lo mejor el hombre tiene prisa, o lo está esperando su  familia en la Caleta con el cafelito en la mesa…
   
       - Desde luego, Luna, eres un cabrón. A partir de mañana me voy al  puesto de al lao, sieso. ¡Vaya forma de tratar a una persona que es de  fuera…!
   
       En fin. A qué abundar. Os lo podéis imaginar. Guasa y risa para un buen rato.
   
       Esto es una anécdota de los cientos que se pueden vivir todos los días. Me han contado que hay gente “de fuera” que va a ver los partidos de fútbol en Cádiz no para ver el partido, que es lo que menos le interesa, sino para escuchar los comentarios de los que tiene alrededor. Por supuesto, coincido con ellos. Los comentarios suelen ser mucho más interesantes que el partido. Mucho más. Y sobre todo para una persona “de fuera”.
   
       Tengo amigos y amigas sudamericanos, inteligentes y con sentido del humor, que han tardado años en acomodarse a este batiburrillo verdaderamente infernal del doble sentido y de la guasa, de la mezcla constante entre lo serio y lo jocoso, entre lo cierto y lo falso, entre lo justo y lo exagerado.
   
       - Quillo, el otro día estuve a punto de coger una corvina de tres kilos.
       - ¿Se te perdió? ¿Rompió la línea? ¿No pudiste subirlo? ¡Que pena ¿no?!
       - ¡Qué va! ¡Peor! Estuve a punto, pero se dio cuenta el del puesto del pescao…
   
       Todo el día igual. De ahí la fama que tenemos de que todo lo tomamos a broma y de que no hay manera de entenderse con nosotros.
   
       Pero yo diría que sí que hay forma. Es cuestión de paciencia, cariño, sentido del humor y finura de inteligencia. Y lo que sí puedo asegurar a cualquiera es que, una vez conseguido, se tiene uno asegurado una vida alegre, risueña y apacible en esta tierra, difícil, sí, pero, como todo lo valioso, inapreciable.



sábado, 5 de abril de 2014

viernes, 4 de abril de 2014

HERMANO


Hermano… Hermano… Quédate aquí conmigo un poco más. Me recordarás a nuestro padre. Me recordarás a nuestra madre. Me recordarás mi origen, nuestro origen. Me indicarás otra vez la senda que ellos nos marcaron, la vida que para nosotros quisieron aquellos que nos dieron la vida, esos que son la hermosa familia a la que pertenecemos.

Hermano, no te vayas nunca de mi lado. Y si estás lejos piensa en mí, sigue creyendo en mí, sigue hablándome, sigue recordándome. Será suficiente. Seremos hermanos hasta más allá de la muerte, porque somos hermanos de lo alto, y juntos estaremos por siempre.

Has hecho un largo viaje, hermano. Ven, siéntate aquí conmigo, junto al fuego. Lavaré tus pies y tus manos. Curaré tus heridas, mientras tú me relatas tus batallas, tu guerra y tus conquistas. Descansa de tu dolor y de tu cansancio. Comparte conmigo tu gloria, para que pueda sentirme orgulloso de mi sangre.

Hermano… tus pies anduvieron largos y dolorosos caminos, tus manos empuñaron armas pesadas, y enfrentaron terribles enemigos. Pero tu gloria es grande, y tu destino celeste. Descansa esta noche en mi casa, en mi lecho más mullido, y hazme el honor de sentirme de tu sangre y de tus huesos.

Y mientras descansas, yo velaré tu sueño y velaré mis armas. Les daré el brillo que merece nuestro nombre, y puliré en ellas nuestro emblema, y soñaré batallas que libraremos codo a codo. Y mañana, al despuntar el día, marcharemos, cabalgando juntos hacia nuestra guerra, y nuestras risas y nuestros gritos alegrarán el cielo y alegrarán la tierra. Y junto a los de nuestra estirpe, como un solo corazón y como un solo brazo, levantaremos nuestras brillantes espadas a lo alto, y, otra vez juntos y fundidos en un solo espíritu, conquistaremos la victoria que nos pertenece.

Hermano…, hermano…, tú y yo…, nuestra familia…, solo somos uno.



sábado, 29 de marzo de 2014

miércoles, 26 de marzo de 2014

LA MUERTE NO ES EL FINAL (SAN AGUSTÍN DE HIPONA)

En el comienzo de una nueva primavera, donde el calor y la vida renacen tras el invierno, os quiero ofrecer hoy las palabras de un santo y sabio filósofo.

Y yo me pregunto: ¿Qué es la muerte? La continuación de la vida...
No temamos la muerte.



La muerte no es nada,

sólo he pasado a la habitación de al lado.

Yo soy yo, vosotros sois vosotros.

Lo que somos unos para los otros

seguimos siéndolo

Dadme el nombre

que siempre me habéis dado.

Hablad de mí como siempre lo habéis hecho. No uséis un tono diferente.

No toméis un aire solemne y triste.

Seguid riendo de lo que nos hacía reír juntos. Rezad, sonreíd, pensad en mí.

Que mi nombre sea pronunciado

como siempre lo ha sido,

sin énfasis de ninguna clase,

sin señal de sombra.

La vida es lo que siempre ha sido.

El hilo no se ha cortado.

¿Por qué estaría yo fuera de vuestra mente? ¿Simplemente porque estoy fuera de vuestra vista?

Os espero; No estoy lejos,

sólo al otro lado del camino.

¿Veis? Todo está bien.





martes, 18 de marzo de 2014

miércoles, 5 de marzo de 2014

sábado, 1 de marzo de 2014

COPIAR Y PEGAR (COPY AND PASTE)
















Todo el mundo sabe hoy día en qué consiste esta sencilla herramienta que usamos continuamente en Internet. Se busca algo en la red, se selecciona lo que a uno le interesa y se copia en el propio ordenador para uso propio. No tiene nada de malo, incluso a veces es muy útil, y se puede recoger así multitud de cosas que otros han creado. Nos sirve para reflexionar con más tranquilidad sobre un texto ajeno, para atesorar una imagen que nos sugiere mucho, para examinar detenidamente una grabación o película que nos impactó. Y, en el tiempo, poder volver sobre ello, extrayendo un poco más que la primera vez que la encontramos. La misma foto que incluyo al principio del texto la he obtenido de internet por este mismo sistema. Espero que las chicas no se ofendan, ya que, al fin y al cabo, si están en la red es que son públicas.

El problema comienza cuando se habitúa uno a esto, dándole un uso de suplantación de la propia creación. Me explico.

¿Para qué hacer algo, si ya está hecho? Se preguntan los copiones. Y seguro que es mejor que lo que yo pueda hacer. Solo basta buscarlo en el buscador de Internet y copiarlo. Y ya está. Me he ahorrado tiempo y esfuerzo, y además será mejor que lo que yo nunca pudiera hacer. Aprendamos de los que lo hacen bien otros –se dicen-

Bueno –pienso yo siempre- esto tiene truco. Y, dándole vueltas al asunto, el truco es muy fácil de descubrir. Es el viejo asunto del plagio, tan extendido hoy, gracias a que las creaciones son siempre públicas mediante la red de redes, lo que facilita la copia.

Estoy de acuerdo en que lo copiado puede ser mejor que lo que el copión logre hacer, en que toma menos esfuerzo y en que ahorra tiempo. Estoy también de acuerdo en que hay que aprender del que sabe hacerlo bien.

Pero… hay muchos peros.

El copión ¿aporta algo a los demás? No, ya estaba aportado.

El copión ¿mejora sus aptitudes? No, no usa sus aptitudes propias ¿cómo habría de mejorarlas?

¿El copión aprende del creador de lo que copia? Es evidente que no. Simplemente le gusta lo que hizo y lo copia. No mejora su creación, ya que su creación está ausente. No pretende usarla para nada. La ignora, no cree en ella, no la pone en marcha.

¿El creador ahorra tiempo? Creo más bien que lo pierde, ya que el tiempo mejor usado es el tiempo de crear, cualidad específica del ser humano, con lo que al copiar está perdiendo el tiempo, utilizándolo en copiar en lugar de crear.

¿Le es más útil? Tampoco. Lo que es útil a un ser humano es emplearse a fondo en crear algo personal. Eso sí es de su propia utilidad, ya que hace crecer sus capacidades como creador, posiblemente lo único en lo que nos asemejamos a los dioses. Hacer eso lo hace más inútil cada vez que lo hace.

Este asunto parece que se agota con lo que he dicho hasta ahora, pero hay más, mucho más y mucho más importante.

¿No habéis visto a menudo a personas repetir como loros, sin la menor convicción (por lo que fácilmente se les descubre) lo que otra personas han dicho? Ocurre mucho en la política, en el arte, o en la filosofía. La moda, o las disciplinas de partido, imponen a sus siervos qué deben decir, qué deben hacer, y, aún más, cómo deben decirlo o hacerlo.

He visto segundones de líderes repitiendo las mismas palabras que su amado jefe, y no solo eso, sino utilizando el mismo acento, los mismos gestos, los mismos movimientos… Si se pusiera una careta de su jefe nos creeríamos que estábamos escuchándole en vez de al que le imita.

Los “escritores” lo tienen más fácil, porque no se les ve. Simplemente, toman un párrafo de aquí, otro de allá y otro de acullá, lo meten en la coctelera y ¡zas! Ya está. Solo falta firmarlo. Esto en los textos. Pero en las ideas se hace exactamente lo mismo. Un plagiador lee a un filósofo, ensayista o pensador y ya está. Ya tiene lo que va a dar al público, con su firma, claro. Supongo que consistirá en lo poco, o poquísimo, que logró entender del autor, con lo que, además, está tergiversando y enrevesando sus ideas. Para comprobarlo es fácil: lean cualquier comentarista de Platón, o de las enseñanzas hindúes de los Vedas, de la Biblia hebrea o de cualquier otra cosa. Pero como cuenta con que el gran público no se atreve con tan altos pensadores, él se lo da mascado. Y totalmente erróneo, añado yo.

Cierta vez escuche una serie de canciones de una famosa cantante española, allá por los años 80. Me gustaron, mucho más por la música que por la letra, a la que nunca suelo atender por ser casi siempre vulgar. Esa música, esa música… me suena… Y por supuesto que me sonaba. Había copiado, nota por nota y compás por compás, íntegro, el pequeño libro de Anna Magdalena Bach, del que algunas de sus piezas estudiamos en los primeros cursos de piano en el conservatorio. Y vendió discos como churros.

Y digo yo:
Si nadie piensa por su cuenta, sino solo copia y pega.
Si nadie escribe con su pluma, sino solo copia y pega.
Si nadie actúa con sus características personales, sino tan solo copia y pega.
Si nadie es él mismo, sino tan solo quiere imitar y copiar a otro.
Si nuestra vida se resume en copiar lo que hacen los pocos creadores que quedan...

¿qué ocurrirá cuando todos copiemos y nadie cree?
¿a quién copiaremos entonces?

Nuestra época se conocerá como la de los hombres que copiaban a otros.
Pobre herencia.