domingo, 23 de agosto de 2015

CÁDIZ, LA CIUDAD DE LOS BALCONES


Bien se podría bautizar a mi ciudad con ese nombre, porque, si hay algo que forma parte de su identidad son sus balcones, los balcones de sus casas.

Y balcones hay de dos clases. Balcones y cierros. Ambos son de la mayor utilidad y prácticamente todas las casas disponen de ambos lujos.

¿Qué es una casa sin sus balcones? Las ventanas son útiles, pero solo sirven para mirar a lo lejos, en avenidas anchas o en casas en el campo, pero en nuestro caso, donde las calles son casi igual de anchas que el patio interior del edificio ¿qué podríamos ver desde una ventana? A lo sumo averiguar qué está haciendo el vecino de enfrente, pero no lo que ocurre en la calle. Por eso los balcones no son algo ocioso, sino algo necesario.


Parecería que somos chismosos, pero no, lo que pasa es que en mi cuidad ocurren muchas cosas en la calle, porque la calle no es solo vía de vehículos y peatones, sino algo así como la prolongación de las casas. Pasan muchas cosas de interés, casi casi tantas como dentro de las mismas casas.

En Cádiz las calles son “habitables”, sobre todo durante el buen tiempo, que suele ser casi todo el año, menos los meses de lluvia. En la época de calores, en el verano, es habitual en muchos barrios que la terraza natural de los hogares sea la calle. Unas sillas fuera, quizá una mesita de playa, unos tintos con gaseosa, y ya está. Fresquitos y contentos. Ligeritos de ropa se puede pasar una tarde-noche agradable charlando con un vecino o amigo de lo divino y lo humano. Es una gloria, lo más parecido al paraíso perdido. Y si la parienta ha asado unas caballitas y nos las pone por delante con su piriñaca… ya… no tiene nombre la cosa.

Y ¿qué hacer con un balcón si llueve o hace frío? Pues que hay que recurrir al cierro. No se si en tu ciudad hay cierros, por si acaso te lo explicaré. Es sencillo, verás. Se cubre el balcón, justo por dentro de la baranda, con un cerramiento de madera y cristales, desde el piso hasta la altura del techo de la casa. Y ya está, ya estamos libres de lluvia, viento y frío. Que hace bueno, se abren las hojas de ventanas y se asegura, por aquello del viento, con aldabillas, y de esta manera no se cerrarán bruscamente. Que hace malo, se cierran todas las ventanas y se mira a través de los cristales. La calle siempre a la vista, esto es lo importante.

Además, es un buen vivero natural para las macetas, llenas de luz y abrigadas de vientos y frío. Una tarde de lluvia leyendo o cosiendo, sentado en tu sillita preferida, junto al cierro, es una bendición. Y también, su techo, realizado con placas de zinc, es un hábitat perfecto para el anidamiento de palomas. En conjunto, un elemento perfecto no solo para la paz y el disfrute de los seres humanos, sino para la el cultivo de plantas y la crianza de pichones.

En el siglo XVIII hubo un problema, pero se solucionó pronto, no sin un costo adicional. Las señoras y señoritas usaban miriñaques para dar un vuelo artificial pero elegante a sus faldas, y ese artilugio necesitaba una estructura rígida de varillas para mantener abierta la falda, por lo que molestaba la parte inferior del cierro o del balcón. ¡Pues la solución es simple, se le da a la parte inferior la forma adecuada y ya está!



- Pero, Manolo, estas esquinas del cierro son muy antipáticas, cuando estás mirando algo y pasas la vista por ellas me lo pierdo de vista por un momento, ¡y en un momento puede pasar lo más interesante…! ¿no lo podrías arreglar?
- Siiiii… lo pensaré…
Ya está, saldrá algo caro, pero ya está.
- Eres un cielo, Manolo, ¿qué vas a hacer?
- Pues ¿qué va a ser?, que encargaré cristales curvos para las esquinas, que los he visto en casa de los Fossi. Sé que son caros, pero para ti no hay nada demasiado bueno…
- Manolo… mi Manolo…


Ese fue el motivo de la invención de los cristales curvos, y de las barandas curvas… Como se puede ver, la mujer siempre es motor de progreso y de arte…, todo debido a las curvas, como no… por algo lo femenino siempre estuvo enemistado con lo rígido y anguloso.

¡Ya viene el Nazareno, ya viene el Nazareno, vamos al cierro! Y desde allí, como almenas con toldillas, se ve llegar a la santa imagen en su gran pedestal, meciéndose como llevada por las aguas. Y pasa tan cerca que puedes tocar la plata de sus velones y extraer algo de su santidad para presignarte.

¡Ya está aquí la Virgen de los Dolores, bajo su palio, rodeada de flores y del fuego de sus infinitas velas encendidas!



Casi rozando las farolas, en el silencio de la noche, turbado solo por el crujir cimbreante de los varales, llega majestuosa.

Y todo sucede allí, bajo nuestra mirada atónita, tan cerca, que los aromas del incienso y el humo de las velas penetran por toda la casa, y los sonidos de las trompetas, de los tambores, y del gentío… toda una maraña de sensaciones que atraviesan milagrosamente hasta la última fibra del alma.

Todo ocurre en la calle…

Y luego, en Carnaval…
- Mira, ahí va la tía Juanita, vestida de guardia civil, y su marido, disfrazado de pulpo de La Caleta… ¡qué ganas de juerga tienen siempre! ¡No se cansan!

¡¡¡ Al rico pirulí de La Habana!!! ¡¡¡Arropías, llevo arropías!!! ¡¡¡Cangrejo, boca, camarone…!!! ¡¡¡Niña, recién cogiose, que dan sartos!!! ¡¡¡M’acaba de mordé un cangrejo moro, niña…¡¡¡


El gentío va y viene, como las olas, y el murmullo resuena como el batir de las olas en las rocas. Arriba, abajo, arriba… abajo. Todos ríen, bailan, se dicen cosas, se abrazan… todo el espíritu de las saturnales se infunde en las almas y en los cuerpos.

-¡Échame una copita, que estoy seco…! Y vámonos a tomarnos unas tortillitas de camarones en La Guapa… que están acabaítas de salir…


La Navidad, el Carnaval, la Semana Santa, el Corpus, el largo y cálido verano, los Tosantos… ¡y dicen que Cádiz no tiene fiestas…! Y es cierto, porque, como dijo el poeta carnavalero… si Cádiz está de fiestas… todo el año.








lunes, 17 de agosto de 2015

BAJO LA VOZ DE LOS PINOS







Escribo en la noche, a la sola luz de una lejana farola, en un cielo sin luna.
El viento sopla fuerte, como lo hace en mi tierra el recio levante.
Su voz se hace sonora en los pinos, entre sus ramas agitadas, y se parece mucho, es como igual, a la voz de la mar en las orillas. Sube y baja al compás de las olas, como aquí con sus rachas, ora suaves, ora bravías.

Amo la soledad, y me siento a gusto en esta esquina del universo, donde estoy solo con mi viento y con mis pinos. Solo me es preciso bajar a mis adentros, y dejar entrar allí las esencias que me rodean, para que me envuelvan, para que me limpien, para que raspen de la piel de mi alma las pequeñeces que día a día se me van pegando, como se pegan a la quilla de la barca los infinitos moluscos que se aprovechan de su navegar y que, día a día, hacen más tortuoso su romper de las aguas.

Quizá hoy me sienta sucio, o me sienta lento en mi marcha, o me parezca difícil avanzar. Quizá hoy me entorpezcan asuntos vanos y pequeños, cuando en cambio sueño mi rumbo claro y seguro.

Un día dije que a veces el camino se vuelve gris. Hoy, como entonces, mi navegar es lento y cansino, y los vientos no hacen avanzar mi nave como debiera.

Limpieza, limpieza. Es seguramente lo que precisa mi barca. Limpieza en su casco, abrir bien sus velas al viento, agarrar con decisión el timón y… seguir velozmente el rumbo necesario.




miércoles, 5 de agosto de 2015

TRASCENDER







Hace unos días, en el Blog del Filósofo Cotidiano, donde participo, con motivo de un comentario a la entrada de mi compañero Quijote titulada “La intención” se aludía al hecho de trascender, en relación con los actos morales. Llevo varios días reflexionando lo que para un ser humano puede implicar dicho concepto.

Trascender, trascendencia… me pareció oportuno recurrir a mi querido diccionario etimológico de E. de Echegaray, y ésta es la etimología que cita:

“Del latín trascendere, pasar a la otra parte, atravesar subiendo;
de trans, más allá, y scendere tema frecuentativo de scandere, subir.”

Se ve que no hay cosa mejor que buscar el origen de las palabras para aclararse. ¡Es maravilloso! ¡Atravesar subiendo! ¡Pasar a la otra parte! Es como si un foco iluminara la palabra dejándonos ver su alma…

Así que cuando hablamos de trascender, de lo trascendente, de lo que es trascendental, estamos queriendo decir que pasamos de un lugar a otro distinto, a un lugar de distinta calidad, y, por aquello de scendere, de más alta calidad, a un lugar más sutil. Hemos subido de nivel. Ahora estamos ya en una situación más alta y que además es de cualidad distinta a la que hemos dejado atrás, es “otra parte”.

Recuerdo aquellas clases de física donde nos explicaban “los estados de la materia”. Se ponía el clásico y hermoso ejemplo del agua. Del agua hielo, del agua líquida y del agua vapor. Todas eran agua, pero en estados físicos diferentes. Si aplicábamos energía, por ejemplo calor, al hielo, éste cambiaba de “estado”. Seguía siendo agua, pero ya sus moléculas no se ordenaban de manera cristalina, normalmente de estructura hexagonal, y el ocasiones especiales, cúbica. Ahora, sus moléculas estaban relativamente más libres en su movimiento y podían deslizarse unas sobre otras, dando lugar a los movimientos propios de un fluido líquido. De la misma manera, y aplicando energía al agua líquida, las moléculas escapaban unas de otras, configurando entonces un gas, el vapor de agua. El movimiento de las mismas era ahora aparentemente errático, no sometida tanto como en el agua a rozamientos e interacciones entre ellas.

Estaba también el proceso de “sublimación”, por el que el agua hielo pasaba directamente a agua vapor, en determinadas condiciones de presión y temperatura. Y los fenómenos descritos se dan igualmente en sentido inverso.

Estos procesos se refieren a la “transformación”, ya que el agua solo cambia de forma, si bien sigue siendo agua. Pero existen otros procesos en los que el cambio es más profundo. Así, por ejemplo, en la “transmutación”, una cosa cambia en otra diferente y de mayor nivel de calidad, y en la “transustanciación” una cosa cambia en otra absolutamente diferente y de orden mucho más elevado.

Pero… ¿cómo podríamos traducir esto a la vida de un ser humano? ¿tenemos partes de diferente calidad, unas más “altas” y otras más “bajas”? ¿Podemos pasar de una a otra, elevándonos, es decir, trascendiendo, o transmutando, o transustanciando?

En este punto es preciso situarnos en qué tipo de lugar estamos establecidos como seres humanos dentro del panorama general, ya que, si miramos a nuestro alrededor, hasta donde la vista y la inteligencia nos alcanza, podemos ver seres vivos de muy diversas cualidades, algunos que por cercanía con nosotros, o por compartir cualidades, podemos entenderlos e incluso compararnos con ellos, y otros en cambio que escapan de nuestra comprensión, por estar su vida en un nivel que no compartimos ni entendemos.

Podemos entender en cierta forma a los seres del mundo mineral, ya que nuestro cuerpo físico está compuesto por minerales diversos ordenados de una manera milagrosa y perfecta, en un equilibrio impensable para cualquier físico, químico o matemático.

Podemos, igualmente, entender los procesos vitales y el ser del mundo vegetal, la hierba y los árboles, porque sentimos en nosotros que su vitalidad y la fuerza que los hace nacer, crecer y reproducirse son muy parecidas a las que nos impulsan en la vida a los mismos fines de conservación y perpetuación de las especies.

Los animales aún nos son más familiares. Con ellos compartimos la lucha por la vida y la supervivencia, dotados como ellos de medios muy parecidos con los que poder desenvolvernos en el medio natural.

En cambio otros seres nos resultan incomprensibles, por los que les consideramos exentos de vida, ya que no alcanzamos a comprender cómo puede existir alguna vida que no tenga, aparentemente al menos, las mismas leyes y fines que la nuestra. Así, un planeta, una estrella o una galaxia nos resultan incomprensibles, de la misma manera que está fuera de nuestra comprensión los seres invisibles de la naturaleza o de los espacios sutiles. No los vemos, y como no los vemos no los podemos entender, ni siquiera consideramos que pudieran existir. Lo que no vemos no existe, y ya está.

Todo este preámbulo, que aparentemente no tiene nada que ver con el propósito de este estudio, sí que tiene que ver, por una sencilla cuestión, que es la siguiente:

Cuándo hablamos de trascender, es decir, pasar a otra parte, ¿qué parte consideramos que hemos de dejar y a qué parte hemos de pasar? Esta es la pregunta a contestar, y quizá la respuesta a esta cuestión es absolutamente decisiva.

Para mí que una respuesta errónea a esta cuestión es el origen de metas falsas, equivocadas y que echan a perder muchas vidas de potenciales idealistas, porque hay muchas personas cándidas de buena voluntad cuyo propósito es trascender la naturaleza humana, tratando de pasar a lo que llaman vida “espiritual”, considerando ésta como una vida más allá y más elevada de la que vive aquél que llaman o entienden como “el hombre vulgar”.

Pero yo les preguntaría a estas personas: ¿has cumplido ya con el desarrollo total de lo que es tu naturaleza humana como para querer dejarla atrás y pasar a la vida de los dioses mentales? ¡Pero bueno! Si aún sigues viviendo atado a tu vida animal, cuando no a la vegetal, y, a veces, a la mineral ¿cómo pretendes vivir una vida más allá de la humana? ¿acaso sabes lo que eso implica? ¿acaso sabes siquiera en lo que consiste un ser humano completo?

Es evidente que resulta mucho más fácil buscar (?) una vida “espiritual” (?) que luchar día a día para superar nuestras naturalezas inferiores, es decir, lo que en nosotros es animal, vegetal o mineral. Superar estas naturalezas (que no significa eliminarlas sino trascenderlas) no es trabajo fácil, y tanto es así que el hombre, en cuanto hombre, lleva muchos evos intentándolo, más de nueve millones de años. ¿Y tú ya la has trascendido, como para ahora querer dedicarte a la vida “espiritual”, a la vida de los dioses? Evidentemente todo esto es pura tontería, y quien en ello se empeña está perdiendo su tiempo y sus energías en algo inútil para él y, además, para la humanidad.

Yo creo que la ocupación que nos toca hic et nunc, aquí y ahora, es trascender nuestra naturaleza animal, que engloba ya la vegetal y la mineral, y, dejando de ser animales, ir conquistando nuestra naturaleza propiamente humana.

¿Es que quizá alguien piensa que se ha desprendido de la esclavitud de sus instintos, de su agresividad, de su violencia, de su ansiedad por la posesión de bienes materiales, de su afán de comodidad? ¿alguien considera ya superada las dificultades de la convivencia diaria, las de su trabajo para los demás, sus problemas psicológicos? ¿alguien ha llegado a dominar su pereza, si indolencia, su indiferencia, su ira, su impaciencia, su lujuria, su vanidad, su orgullo, sus dependencias, como para que estas cosas no le condicionen su vida?

Cada quien que conteste en su interior estas preguntas. Y si hay alguien que crea que ya no le queda nada por superar en su etapa humana, que intente trascenderla y busque nuevos horizontes en el camino de los dioses.

Pero, me temo que no estamos en disposición ninguno de los seres humanos de creer esto. La razón por la que lo creo es simple: ya no estaríamos aquí. Estaríamos, como muy bien dice mi diccionario etimológico “en otro lugar, más elevado”.



viernes, 31 de julio de 2015

DISCUTIR






- Oye, ¿tú de qué estás tan gordo?
- ¿Yo? De no discutir.
- ¡Hombre! Eso no es posible, tiene que ser de otra cosa.
- Pues sí,… es posible que sea de otra cosa…

 A mí me cuentan muchos chistes, será porque yo los cuento también. Me gustan los chistes, sobre todo porque casi todos encierran alguna enseñanza de la vida. Y este que acabo de contar también.

 Hay gente a la que, incomprensiblemente para mí, le gusta discutir. De lo que sea. Hay incluso gente que su manera de conversar es la discusión. No practica, o no sabe, otra. Pero yo creo que la discusión es no solo perfectamente inútil, sino dañina.

 Es preciso ser consciente de que cuando dos o más personas discuten, el discurso de cada uno está enfocado a imponer su visión del tema. Y, teniendo en cuenta esa meta, cuando una persona discutidora expone algo, cualquier otro enfoque que exponga alguien que esté presente, y que no se ajuste al suyo, será tratado por ella como un enfoque del todo erróneo y además como una ofensa a su buen criterio. Y por lo tanto sus esfuerzos no se dirigirán a reafirmar sensatamente el suyo propio, sino a desbaratar el ajeno.

 Lo más característico de la situación es que ninguno de los discutidores escucha atentamente la disertación de otro, sino que únicamente analiza lo que le da la razón y lo que se la quita. No reflexiona sobre el punto de vista ajeno, que al parecer no le interesa en absoluto, sino que pasa todo el tiempo comparándolo con el que él tiene para tratar de encontrar en las palabras que dijo las que pueden avalar su versión. Su proceso de pensamiento va siempre dirigido a encontrar rápidamente argumentos con el que rebatir cualquier planteamiento contrario al suyo, o a buscar en los discursos ajenos aquello que puedan apoyarlo.

 El resultado es que la comunicación es nula y el derroche de energía inmenso. Y lo que es aún peor, no sólo se malgasta el tiempo y las palabras, porque en las discusiones siempre está presente una gran implicación emocional, con lo que estas situaciones son una sangría de fuerza muy grande.

 Estos episodios suelen acabar en rencores, reproches, desprecios, e incluso muchas veces en violencia: agresiones, mentales, psíquicas e incluso físicas. ¡Lo que era únicamente (o debiera ser) tratar de compartir visiones sobre las cosas de la vida!

 Sabemos que la comunicación es difícil, pero de esta manera no es solo difícil, es simplemente imposible.

 Yo por mi parte, ante un discutidor, siempre diré que posiblemente esté gordo no por no discutir, que es muy posible que sea por cualquier otra cosa.


domingo, 26 de julio de 2015

CON MIS AMIGOS DEL CAMPO



Esperaba a unos amigos en el arcén de una carretera. Tardaban, y paseaba lentamente por las lindes de un sembrado cercano. Observaba cada cosa, y poco a poco me fui encontrando amigos que me hablaban.

Tomé una larga espiga seca y al rato escuché una débil voz que parecía salir de ella. Me dijo:
- Estoy feliz, aunque ya estoy seca. Dí fruto, y mis granos cayeron en tierra y la próxima primavera brotarán.
- Enhorabuena, espiga de avena, tu vida fue fecunda. Diste vida.

Al poco me llamó un canto rodado. Lo cogí y lo miré. Era extraño. Las demás piedras eran feas y llenas de aristas. Y esta no. Y escuché un susurro:
- Soy una piedra que he viajado mucho. He andado muchos caminos, y por eso soy suave y no tengo aristas. Te podría contar mil historias.
- Seguro, veo que has sido una piedra con una vida interesante. Y has conseguido acercarte mucho a la perfección. ¡Si casi eres ya una esfera!

Me susurró, con voz queda, una canalización de riego, por la que el agua fluía mansamente.
- Llevo agua. Y el agua es muy sabia, siempre fluye hacia abajo, porque busca la mar. Ansía buscar a la mar, y por eso busca lo bajo. Creo que pronto la encontrará, no estamos lejos.
- Muy sabia, le dije. Y tu eres un buen amigo, le ayudas.

Levanté la vista hasta un enorme y frondoso pino silvestre.
- Soy grande y alto porque estoy solo…
- Ya veo, ya veo… ventajas de la soledad…

Bajé la vista y me habló la cizaña.
- Aquí donde me ves, soy más fuerte que esos maizales que ves allá. Donde yo entro no queda nada. Soy fuerte, pero a veces pienso que mi fuerza es dañina…
- Sí, quizá. Deberías pensar un poco en eso… deja que los demás vivan ¡hombre! no lo quieras todo para ti. Terminarás siendo temida y odiada…

Y también me hablaron los maíces.
- ¿Ves? Estamos todos juntos, y así nos abrigamos del viento. Juntos nos protegemos y somos felices.
- Bien, bien, les dije, pero de vez en cuando salid a pasear solos. Aunque tengáis que soportar el viento, veréis muchas cosas nuevas que nunca veis dentro del maizal. Da un poco de miedo al principio, pero… merece la pena.

Decididamente -pensé- la Naturaleza es el libro que contiene mayor sabiduría…


domingo, 19 de julio de 2015

miércoles, 15 de julio de 2015

UNIVERSO



 Escuché la noticia de que la NASA, para celebrar su redondo aniversario de los 50 años, ha enviado a través de Universo, a la velocidad de la luz, la canción de The Beatles “Across the Universe”, conmemorando también así el 40 aniversario del nacimiento de "los músicos más representativos en la historia de la humanidad".

Han enfocado al mismo tiempo sus más potentes antenas de captación radio-electromagnéticas-acústicas, en la esperanza de obtener contestación de cualquier lugar donde guste la obra. Quizá se animen a ello en algún lugar, enviándonos alguna cosilla de The Orion’s Little Boys, o de The Sirius Bad Flies, o, aunque solo sea, de cualquier programa interespacial del programa “Universal OT”

Recordé a mi tan admirado e incomprendido Albert, cuando decía, tan socarrón como el mejor aragonés:
Lo que para mí se acerca más a la idea de infinito es el Universo y la estupidez humana, aunque de lo primero aún no estoy muy seguro…

Acudí no hace mucho a una reunión científica de altura en mi ciudad, que se celebró en la sede de una de las instituciones de más prestigio y solvencia. Se habló mucho acerca del Universo, comentándose las teorías más actuales sobre su nacimiento, formación, desarrollo y finalidad. La gran explosión, Big Bang, la futura implosión, Big Crunch, y todo eso…

La “sopa cósmica”, producida por el Big Bang, donde no había nada diferente a otra cosa, y donde todo sabía igual en cualquier sitio, todo formado por ínfimas partículas indiferenciadas y desordenadas. Y, lo más sorprendente, solo duró 1 elevado a -48 segundos, para los profanos 0,00000… (cuarenta y ocho ceros)…1, es decir, casi nada de nada, menos de lo que tarda un cura loco en presignarse. Luego empezó a ordenarse y dejó de ser sopa. Su descripción me recordó, casi con todo detalle, a la famosa Sopinstant.

No perdí detalle de las aportaciones de los contertulios, y quedé sorprendido por el avance de la ciencia. Ya lo decían hace muchos años en una zarzuela: La ciencia avanza que es una barbaridad…

Pero no es este el motivo de lo que hoy quiero expresar acerca del Universo.

Existe en la Física y Química un principio, nacido de la ciencia llamada Termodinámica, ampliamente aceptado, resuelto en fórmulas matemáticas, siendo posible su medición e influencia en los procesos de la transmisión de la energía, llamado la Entropía. Según definición aceptada es la tendencia natural de la pérdida del orden en los procesos dinámicos físicos y químicos.

Conforme a esto, todo en el Universo tiende a igualar paulatinamente sus niveles de energía, con lo que, finalmente, al estar cualquier elemento al mismo nivel energético, no sería posible ningún proceso dinámico. Esto es así porque para producirse cualquier movimiento o cambio resulta preciso que exista una diferencia de energía entre los dos estados, el inicial y el final. En el límite, todo estaría al mismo nivel y el Universo “caería” en una quietud parecida a la muerte. Ningún cambio, ningún proceso, ningún movimiento.

Todos conocemos ejemplos en la Naturaleza de los procesos físicos más elementales. El río corre de la montaña al mar porque la montaña está más alta que el mar. Si estuvieran a la misma altura, los ríos no solo no correrían, sino que su misma existencia sería imposible. El sol calienta el mar porque su energía de calor es superior a la que posee el agua del mar. Si el sol y el mar estuvieran a la misma temperatura, nada se produciría. No habría evaporación de sus aguas, ni nubes, ni lluvia, y el vapor atmosférico estaría equitativamente distribuido por toda la Tierra.

Podemos montar en bicicleta debido a que nuestra fuerza, aplicada a su mecanismo, supera la resistencia que ofrece el camino al deslizamiento de sus ruedas sobre él, y porque existe la gravedad y el equilibrio mecánico en su dinamismo. Si no fuera así, no sería posible.

Curiosamente, esta situación es la descrita por los científicos en lo que llaman “la sopa cósmica”, el sopinstant. Nada se mueve ni reacciona a nada simplemente porque todo está al mismo nivel en cualquiera de sus características. Es la muerte, la ausencia total de orden y de movimiento. Allí está todo, pero en estado caótico, en una mezcla confusa y desordenada.

Pero, y esto es lo inaudito, después de ese instante, ya sabemos, 0,0000000000000000000000000000000000000000000000001 segundos, ese sopinstant comienza a organizarse, cosa sorprendente, ya que del desorden no nace nunca espontáneamente el orden. Y a quien así lo crea lo invito a que venga a casa y entre en el cuarto de mi hijo.

Las partículas subatómicas, hasta ese instante formando sopa, se ordenan en átomos, perfectamente estructurados. Un núcleo, una pulpa electrónica, una nube electromagnética a modo de cáscara, resumiendo, una unidad completa de vida, con su morfología, su fisiología, su axiología, y en fin, su vida y su misión vital. Los átomos se agregan en moléculas, igualmente ordenadas y dotadas de vida, las moléculas se reúnen en formas cristalinas, ya visiblemente ordenadas según patrones de cristalización, luego los minerales, los líquidos, los gases… también organizaciones ya mucho más complejas y aún hoy aún encerradas en el más profundo misterio, como los seres unicelulares, pluricelulares, y así hasta llegar a constituirse seres complejísimos, desde la más pequeña brizna de hierba al más desarrollado mamífero.

Todo esto, a nuestro nivel de la Tierra. Igualmente ocurre con los sistemas planetarios, organizados por su estrella regente, las galaxias como organismos superestelares, y así hasta llegar al actual Universo que se nos manifiesta a nuestros ojos y al que nos empeñamos en estudiar como una materia muerta, como si un doctor en medicina se empeñara en estudiar únicamente cadáveres.

Desde antiguo se habla del macrocosmos y del microcosmos, del microbio y del macrobio. El orden dinámico implica vida, así como la vida implica orden dinámico. Entender la vida únicamente como algo similar a la nuestra, a la del hombre, es un concepto pobre, extraño y que ya debería haber sido superado. Existen muchas clases de vida de las que no alcanzamos a comprender su fisiología.

Solo asignamos vida a lo que se mueve y a lo que podemos observar, en nuestro restringido concepto de tiempo y espacio, que nace, se desarrolla, se reproduce y muere. Así, no podemos entender la vida de una estrella o de un mineral, porque su tiempo y su espacio en los que se desenvuelven superan nuestra corta visión humana. Yendo un poco más allá, quizá algunos seres vivientes de nuestra escala evolutiva, cuya existencia desconocemos, desarrollen todo su ciclo vital en nanosegundos, con lo cual nuestros medios de observación no llegan a captar su existencia. Del mismo modo, las estrellas y las galaxias, cuya vida puede alargarse durante miles de millones de años, son consideradas fijas, inmóviles y no sujetas a cambio alguno, y por lo tanto carentes de vida.

Según las tradiciones arcaicas, todos los seres del Universo tienen vida. Si ningún principio vital los mantuviera ordenados y en armonía dinámica, en desarrollo vital, no podrían tener existencia como tales, de la misma manera que un cuerpo humano, despojado de vida, pronto se deshace en sus componentes minerales. Pero los médicos, como dije, no consideran un hombre como un montón de minerales reunidos al azar, sino como un completo sistema en que todo está dispuesto para su función, organizado en elementos unidos por una delicada armonía energética que llamamos vulgarmente vida.

¿Qué mantiene al cuerpo humano con vida? ¿Qué mantiene a nuestro sistema solar con vida? ¿Qué mantiene a las galaxias, al Universo todo, con vida?

Quizá el antiquísimo Génesis de la Biblia judía nos de una pista. Allí se describe la creación del Universo de la siguiente manera, simbólica pero muy sugerente:

En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra estaba confusa y vacía y las tinieblas cubrían la haz del abismo, y el espíritu de Dios se cernía sobre la haz de las aguas.

Y dijo Dios: “Hágase la luz” y la luz fue hecha. Y vio Dios que la luz era buena.

“Fiat Lux”

Parece evidente que, para la formación de un Universo perfectamente organizado, con la dinámica de la vida, no bastan casualidades ni azares. Ya lo dijo mi querido Albert: Dios no juega a los dados con el Universo…

Se ve, se siente, un autor es evidente…

Pero ¿cómo puede decirse que Dios creó al Universo. Esta forma de hablar está bien para una narración simbólica a modo de mito. Pero no para la lógica evidente de las cosas. Si concebimos a Dios dotado de omnipresencia y de infinitud, no existiendo cosa alguna fuera de Él mismo ¿cómo podría crear algo que no contuviera? Si, como dice Albert, lo que más se acerca a su noción de infinito es el Universo y la estupidez humana, si bien considera esto último mucho más seguro, ¿cómo un Universo infinito existe al margen de un Dios infinito? Aquí hay algo que no cuadra… no pueden existir dos infinitos por separado… y a la vez.

Quizá nos venga bien recordar la tradición hindú, cuando nos habla de cómo se desenvuelve la vida del Universo. Decían que Brahma, dios creador y primero de la trinidad hindú, respiraba, como todo hijo de vecino. Cuando espiraba su aliento daba origen a los mundos, y cuando inspiraba los mundos se resumían otra vez en él mismo. En verdad es de una simbología muy sugerente.

A mi parecer, todas las simbologías de relevancia de los pueblos cultos que nos han precedido apuntan, no a una creación de un Universo externo y ajeno al agente creador, sino más bien a una manifestación de ese agente en lo concreto. Al decir de Platón, sería el mismo proceso que el de la plasmación de los arquetipos.

Un espíritu inmanifestado se manifiesta y se encarna en un “cuerpo”, su propio cuerpo. De esta manera, el Universo sería el “cuerpo de Dios” y Dios el espíritu de ese “cuerpo”, el Ánima Mundi.

Este planteamiento estaría acorde con las enseñanzas recurrentes de los pocos sabios que en el mundo han sido, de los creadores de religiones, de los grandes filósofos, de los alquimistas y de todo aquél que ha atisbado la realidad de lo real.

Dios está en todas las cosas… La firma de Dios está escrita en cada una de sus criaturas. La esencia interna de todo lo existente es divina. El espíritu del hombre es de la misma naturaleza divina. "Creemos al hombre a nuestra imagen y semejanza". "Sois dioses, pero lo habéis olvidado", "Todos somos hijos de Dios", etc. etc. etc.

¿Panteísmo? Sí. Es más que evidente. Todo el Universo está impregnado del Espíritu de Dios, porque es el “Ánima Mundi”. Nada hay fuera de Dios, todo lo visible y lo invisible forma parte de Él, de Él formamos parte, de Él nacimos y a Él volveremos.

El Universo no es un cadáver. Vive. Y, como en el caso del hombre, del animal, de los vegetales, de los minerales, y de cualquier cosas existente, su espíritu forma parte del espíritu de Dios. Ese Espíritu de Dios que se cernía sobre la haz del abismo, cuando la tierra estaba oscura y vacía… cuando Dios dijo:

Fiat lux, y la luz fue hecha.


miércoles, 8 de julio de 2015

ODA A LA ALEGRÍA, 9ª SINFONÍA BEETHOVEN (LETRA)







BARÍTONO

¡Oh, amigos, no con esos acentos!
¡Entonemos cantos placenteros
y plenos de alegría!

ODA A LA ALEGRÍA - FEDERICO SCHILLER

BARÍTONO, CUARTETO, Y CORO

¡Alegría, hermosa chispa de los dioses
hija del Elíseo!
¡Ebrios de ardor penetramos,
diosa celeste, en tu santuario!
Tu hechizo vuelve a unir
lo que el mundo había separado,
todos los hombres se vuelven hermanos
allí donde se posa tu ala suave.


Quien haya alcanzado la fortuna
de poseer la amistad de un amigo, quien
haya conquistado a una mujer deleitable
una su júbilo al nuestro.
Sí, quien pueda llamar suya aunque
sólo sea a un alma sobre la faz de la Tierra.
Y quien no pueda hacerlo,
que se aleje llorando de esta hermandad.


Todos los seres beben la alegría
en el seno de la naturaleza,
todos, los buenos y los malos,
siguen su camino de rosas.
Nos dio ósculos y pámpanos
y un fiel amigo hasta la muerte.
Al gusano se le concedió placer
y al querubín estar ante Dios.


SOLISTA TENOR Y CORO

Gozosos, como los astros que recorren
los grandiosos espacios celestes,
transitad, hermanos,
por vuestro camino, alegremente,
como el héroe hacia la victoria.


CORO

¡Alegría, hermosa chispa de los dioses
hija del Elíseo!
¡Ebrios de ardor penetramos,
diosa celeste, en tu santuario!
Tu hechizo vuelve a unir
lo que el mundo había separado,
todos los hombres se vuelven hermanos
allí donde se posa tu ala suave.


¡Abrazaos, criaturas innumerables!
¡Que ese beso alcance al mundo entero!
¡Hermanos!, sobre la bóveda estrellada
ha de vivir un Padre amoroso.


¿No vislumbras, ¡oh mundo!, a tu Creador?
Búscalo sobre la bóveda estrellada.
Allí, sobre las estrellas, ha de vivir.


¡Alegría, hermosa chispa de los dioses,
hija del Elíseo!
¡Ebrios de ardor penetramos,
diosa celeste, en tu santuario!
¡Abrazaos, criaturas innumerables!
¡Que ese beso alcance al mundo entero!
¿Os postráis, criaturas innumerables?
¿No vislumbras, ¡oh mundo!, a tu Creador?
¡Búscalo sobre la bóveda estrellada!
Hermanos, sobre la bóveda estrellada
ha de vivir un Padre amoroso.


¡Alegría, hija del Elíseo!
Tu hechizo vuelve a unir
lo que el mundo había separado
todos los hombres se vuelven hermanos
allí donde se posa tu ala suave.


¡Abrazaos, criaturas innumerables!
¡Que ese beso alcance al mundo entero!
¡Hermanos!, sobre la bóveda estrellada
ha de vivir un Padre amoroso.


¡Alegría, hermosa chispa de los dioses,
hija del Elíseo!
¡Alegría, hermosa chispa de los dioses!



jueves, 2 de julio de 2015

CADIZ, BARCAS DE LA CALETA



















Barcas sabias de la mar, viajeras entre aguas que corren entre piedras, en bonanza, en mala mar, con vientos de cualquier punto de la aguja, portadoras del sueño de sus pescadores, llevando ilusiones, trayendo peces, llevando amistad y alegría, llevando tras de sí su estela blanca y sus gaviotas, compañeras infatigables.

Las vemos meciéndose al amor de las quietas aguas, saliendo firmes por la canal cerca de San Sebastián, posadas suavemente sobre las verdes rocas, o cabeza abajo cuando su dueño le limpia su quilla y sus costados para aliviarla de habitantes no invitados al viaje, para que la suavidad de su fondo se deslice mejor bajo la mar.

¡Cuánto no sabrá la barca de sus dueños, de sus inquietudes, de sus amores, de sus dolores! Confesora fiel, como un buen amigo, como una amante querida, como un abuelo, como un perro.

Siempre está ahí, esperando apacible, y pareciera que salta de alegría viendo llegar a su dueño cargado con las redes, con las cañas, con la carná.
- ¡Vamos de paseo! ¡Me saca a pasear! ¡Ya sentía frío en mis cuadernas…! Querido dueño… ¡cuánto te amo! ¡Vamos ya!-

Y, alborozada, rompe con su quilla las aguas tranquilas y enfila la bocana de salida a la mar abierta, dispuesta a todo por ayudar a una buena pesca.

Ya de vuelta, cansada, pero satisfecha de su viaje, acercarse al varadero a soltar la plateada carga aún saltando en su frescura.
- Ponme en buen lugar, mi dueño, ya sabes, donde esas rocas suaves, para que cuando me pose sobre ellas en la marea baja no me cause dolor en mis trabajados fondos. Tengo ya muchos años, y he recorrido ya muchas millas. Adiós, amo, que vuelvas pronto, eres mi alegría y mi sentido.-

- Adiós, pequeña, has trabajado bien… te daré un buen baño de agua dulce y… muy pronto volveré a verte, muy pronto…-




viernes, 26 de junio de 2015

MI QUERIDO HERMANO


Siempre escuché de pequeño aquello que decían los curas: "Los caminos del
Señor son inescrutables". Tuve que buscar qué decía el diccionario de esa
palabreja, que viene a significar algo así como que no se puede saber como va a ser el camino de antemano, o que puede parecer a primera vista un camino extraño y aún equivocado. Pero hete aquí que, si seguimos el camino que nos manda nuestro Señor (nuestro Yo), aún creyéndolo extraño y doloroso, aún sintiendo que es raro que por ahí se vaya a algún sitio bueno, con lo duro que es andar por él, es seguro que es el camino que debemos andar, pese a lo que pese. Es nuestro camino, el nuestro, el nuestro en particular. A otros les puede
parecer una majadería o algo sin sentido. Pero si para nosotros lo tiene,
porque nos lo dice nuestra Voz Interior, es preciso recorrerlo, de la manera
que sea, y piensen los demás lo que se les ocurra.

Así pues, hace poco tu camino tomó un nuevo rumbo, y la vida te ofreció la
oportunidad de muchas cosas, creyendo que perdías otras. La oportunidad de
encontrarte contigo mismo (lo cual todos evitamos), la oportunidad de
extraer sabiduría de tu dolor, la oportunidad de ser más libre, de ser más
"tú mismo". Y debes saber que no a todo el mundo le pone Dios en
situación de aprender de golpe tantas cosas. El dolor y la superación son
solo para los elegidos. Para los que saben sacar oro de donde parece que
solo hay barro, de los que saben superar el terror, de los que, como Dantès, están dispuestos a todo por conseguir su libertad y su "tesoro", aún pasando por encima de la misma muerte.

Hay una frase de Bertuccio, en El Conde de Montecristo, evidentemente iniciática, que dice así, no se si la recuerdas. A mí me dio mucho que pensar:

"Así que, prefiriendo mil veces la muerte antes que una detención, hice
cosas asombrosas, que una vez más me dieron la prueba de que el excesivo
cuidado que damos al cuerpo es casi el único obstáculo para lograr los
objetivos que precisan una rápida decisión y una ejecución enérgica y
decidida. En efecto, una vez que uno ha hecho el sacrificio de su vida, no
es igual que los demás hombres, o mejor dicho los demás hombres no son
iguales que uno, y quienquiera que toma esa resolución siente en el instante
mismo que sus fuerzas se multiplican y su horizonte se ensancha"

Duro, ¿verdad? Pero totalmente cierta…

Y las cosas que me cuentas no son confusas, ni mucho menos, absurdas. Son reales, pero sólo para los que como tú o como yo o como algunos otros, han vivido y viven. Estas cosas son las que de manera real nos llevan a ese mundo
desconocido y misterioso que es nuestro mundo interior, donde reside aquella
fortaleza que es preciso conquistar. O salir de ella, saltando por la torre
al abismo, sin saber siquiera qué nos espera abajo. Desnudo y casi cadáver,
como nuestro Dantés. No te quepa duda de que es el camino del que habla
nuestro lema "Conócete a ti mismo". Pero tampoco te quepa duda de que pocos conocen siquiera su comienzo, ni su dificultad, ni tampoco la dicha de
sentirse en él. Por eso, como el Conde, es necesario ocultarlo a los demás,
cambiar incluso de nombre, y recorrerlo en solitario, humildemente, sin
pregonarlo. Solo los hermanos que están en tu camino te podrán entender. No
esperes que el que no conoce sus tremendos sufrimientos y sus inmensas
dichas pueda entenderte. Pero a mí me lo puedes contar, y estoy seguro que a muchos más que no conocemos pero que transitan por el laberinto que conduce hacia el centro.

Cuando alguien vea todo claro en la vida, ya sabes que no es de tu
"hermandad". Tendrás que tratarlo con cariño y amor, con dedicación y
entrega, pero no esperes comunión con él. Cada uno está en su momento. Lo
que debemos buscar, y encontrar, son a nuestros "hermanos mayores" en este
extraño pero apasionante camino hacia nosotros mismos. No dudo que los hay,
y no dudo que nos ayudarán.

Gracias a ti, hermano. Aunque no lo creas, me enseñas mucho más que yo a ti,
y me recuerdas, como las campanas del Ángelus, quien soy y qué debo hacer.