miércoles, 29 de julio de 2009

EL PODER DE LA VOZ HUMANA

Cantos tras la tormenta...

miércoles, 22 de julio de 2009

sábado, 18 de julio de 2009

FRANCISCO DE ASÍS






Francisco de Asís amaba la Naturaleza. Algunos le tacharían de bobo, porque se cuenta que hablaba con los pajarillos del bosque, con las plantas y con el agua de los arroyos, de la decía era humilde, pura, sencilla y clara, quizá los rasgos más anhelados y más raros de encontrar en un ser humano, y por lo tanto siempre digna de ser imitada por el hombre.

En su tiempo no se hablaba de ecología, ni estaba tan bien visto como hoy ser ecologista, pero sin duda él sí lo era. Y lo era, seguramente, porque amaba a Dios, a la Naturaleza y a sí mismo, llevando su vida como el agua, con sencillez, pureza y humildad.

¿Qué necesitamos para respetar, cuidar y valorar a cualquier persona, animal o cosa, para respetar a la Naturaleza toda? Creo que basta con amarla.

He leído que los indios americanos amaban la tierra en que vivían. Cuando algún necio advenedizo y prepotente les propuso comprarle sus tierras, el jefe indio quedó perplejo, y casi se le cayó la pipa de la boca. ¿Comprar la tierra? ¿Es que acaso son mías las tierras? ¿Cómo se puede vender algo que solo es de los dioses? ¿Puedo yo vender esta tierra, si ha sido estercolada con los huesos de nuestros antepasados, es vida para los animales, es casa de las hierbas, espacios del sol y la luna, de los vientos y las estrellas?

No podía comprender eso.

Pero la cuestión es otra. En la práctica ¿cuál sería nuestra relación correcta con la Naturaleza? Antes he dicho que amarla. ¿Pero... a qué lleva ese amor, de existir? ¿Es lícito variar su equilibrio mediante nuestra intervención? ¿Hay que dejarla a su aire y amoldarnos a ella?

Quizá seamos, no sus amos, pero sí sus cuidadores. Recuerdo que en el Génesis se dice:
“Tomó Yahvé Dios al hombre, y le puso en el jardín del Edén para que lo cultivase y guardase...”

¿Qué es cultivar y guardar? Pues yo creo que quizá sea parecido a nuestro deber de padres para con nuestros hijos. Cultivar y guardar. Todos sabemos que no somos dueños de nuestros hijos, tal como bellamente lo expone K. Gibrán en su libro “El profeta”.

La Naturaleza no es nuestra, pero es nuestro deber cuidarla, con el mismo amor que profesamos a nuestros hijos, con la misma protección, así nos debemos a ella. No se vende a un hijo, no se daña a un hijo, ni tampoco se obliga a un hijo a ir en contra de su destino.

Y no se puede respetar ni amar lo que no se conoce.

He escuchado que el mago es mago porque que ama la Naturaleza, aprende sus leyes y vive según ellas. Y también escuché que colabora con ella, y, de forma natural, ella le sirve y le presta obediencia.

Los árboles, los arroyos o las montañas son nuestros compañeros de viaje y nuestros hermanos (como diría Francisco de Asís), con los que juntos desarrollamos nuestra vida y buscamos nuestro destino.

Igual que hacen ellos.



martes, 14 de julio de 2009

SUZANNE

No quería olvidar ofrecer mi pequeño homenaje a Mr. Leonard Cohen, quien me ha acompañado durante toda mi vida.
Gracias, Leonard.


jueves, 9 de julio de 2009

EJEMPLO



Hay cosas que se tienen en la cabeza, otras en el corazón, pero algunas veces esas cosas llegan a mover las manos y los pies. Estas veces son las que cuentan. Estas veces son las que mueven las almas que le rodean a uno.

Las buenas ideas son buenas. Los buenos sentimientos son buenos. Pero si no se convierten en actos buenos no son nada, no mueven nada en el universo.

Mozart seguramente tuvo buenas ideas y buenos sentimientos, pero si no hubiera escrito el Ave Verum Corpus, y todo lo demás ¿qué hubiera dejado a la humanidad, a sus hermanos? Sus ideas y sus sentimientos sí le hicieron mover la mano sobre la partitura vacía y eso sí que fue bueno. Buenísimo. Para muchas, muchísimas almas durante cientos de años. Esto es lo válido.

Oí decir que la verdadera enseñanza, la que auténticamente queda marcada a fuego, es la enseñanza del ejemplo. Quizá de ahí venga la estrecha relación vital entre maestros y discípulos que existiera en los casos en que verdaderamente el maestro era maestro y el discípulo era discípulo.

Y las cosas, a pesar de nuestra modernidad, no han cambiado. Se puede admirar al que escribe hermosos poemas, hermosos y edificantes libros, al que pinta inspirados cuadros, al que da muy buenas conferencias, al que hace buenas películas, al experto cirujano. Todo esto está muy bien.
Pero el que de verdad es el que golpea el alma de su prójimo es el que con sus actos en la vida diaria enseña su virtud sin hablarla, sin explicarla, sin alardear de ella. Solo haciendo, en silencio, pero haciendo. Eso es el ejemplo.

No se necesitan palabras, no se necesitan aclaraciones, ni lógica, ni método alguno para comprenderlo. Llega a nosotros como una lanza, y nos atraviesa ferozmente. Sacude el alma con una claridad irrefutable, enseña el alma del maestro como a través de un cristal. Es imposible no verlo, no aceptarlo… no tratar de imitarlo, no preguntarse cómo lo hace, cómo es capaz, qué fuerza es de la que mana.

Las antiguas culturas no andaban tan despistadas como creemos. Porque sabían que solo el contacto estrecho y diario con el maestro podía conceder la enseñanza. Y no solo de sus palabras y de sus sentimientos, no. Lo esencial estaba en la vida del maestro vista directamente por el discípulo.

Solo así comprendía qué cosas merecían ser aprendidas.


domingo, 5 de julio de 2009

A VECES EL CAMINO SE VUELVE GRIS



A veces el camino se vuelve gris. Los paisajes antes frescos y verdes, rebosantes de vida y de luz, dan paso a sombríos y tristes páramos, donde la yerba ha tomado el color dorado de lo agostado, de lo terminado.

El paso ágil y decidido se torna indeciso y torpe, la mirada transparente y luminosa empaña su lente, y al alma le cuesta asomar por las pupilas. La bella juventud, de esperanza, de fecundidad y de transportes, envejece de repente, y los días por venir se hacen difusos y turbios.

El cansancio entumece los músculos del cuerpo interior y el sueño se instala en el tedio y en la displicencia. El hermoso y curativo dolor deja su lugar al aburrido y estéril fastidio.

Los ángeles callan, las musas se ausentan, y la mano de tu maestro te suelta en el caos.

La belleza se esconde a tus ojos, y tus pequeños amigos de tu mundo están tristes por ti. No te reconocen.

Solo la memoria de tus días alimenta el futuro. No puede ser. Eres fecundo -te dices-, tu alma no puede morir. Solo es un tramo del camino, que ahora es escarpado y árido. Solo has acabado una perla. Pero el cuello sagrado espera su collar completo.

Y eres joyero divino.