Mostrando entradas con la etiqueta cadiz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cadiz. Mostrar todas las entradas

jueves, 26 de enero de 2017

LA FILOSOFÍA, ¿INÚTIL?





 En nuestros días la filosofía ha sido mal entendida, mal utilizada y, finalmente, defenestrada y desterrada de la enseñanza.

La auténtica filosofía no es cosa de ancianos eruditos, sino que permanece durante toda nuestra vida. Somos filósofos desde niños. A quién no le ha hecho un niño preguntas como estas:

-Papá, ¿esas luces chiquititas que se ven el cielo por la noche que son?

-¿El sol por qué no se cae?

-Mamá ¿por que dices que ese hombre es malo? ¿que es ser malo?

-Mamá ¿por que tenemos que morirnos, como el abuelo?

-Papá ¿tu quieres a mamá?

-Papá ¿por que hay tantos animales? ¿los  animales sirven para algo, o solo para comer nosotros?

-Etc, etc. 

Lógicamente los niños dejan pronto de preguntar por dos motivos, bien porque más pronto o más tarde son desanimados con contestaciones como: “Niño, no preguntes más”; bien porque se dan cuenta que nadie tiene las respuestas que necesita.

Lo que ocurre con la filosofía es que se perdió su sentido original, su porqué, su para que, y, en consecuencia, perdimos su cómo. Hoy el soberbio hombre de nuestro siglo se enorgullece de no necesitar de la sabiduría de nada ni de nadie. 

Pero, cosa curiosa, han aparecido, como los hongos, un enorme ejército de psicólogos, psiquiatras y “entrenadores personales”. Y se hacen terapias de pareja o de grupo, por todos los lugares, y se escriben y venden infinidad de libros de “autoayuda”.

Por otra parte, nacen, se desarrollan y mueren una inmensidad de grupúsculos, liderados por un “gurú”, un “maestro”, o un “sabio”, quienes, para sus “discípulos”, detentan el summum de la sabiduría humana y sus seguidores acatan sus indicaciones a pie juntillas, sin duda ni reflexión alguna.

Por un lado se rechaza la filosofía, pero se siguen con gran devoción los consejos de cualquiera de los profesionales y líderes que he citado. Y me parece que en esta situación hay gato encerrado, ya que es una situación extraña y muy chocante.

Si la libertad ha sido declarada como el bien supremo del ser humano, y si esta libertad es potencialmente nuestra desde el nacimiento, por el hecho de nuestra condición humana, ¿a qué se debe que tengamos que seguir las indicaciones de nadie para guiar nuestra vida? ¿por que oscura razón dejamos las riendas de nuestro caballo a alguien ajeno a nosotros, o seguimos sus normas de conducta, de pensamiento y de sentimiento y no las nuestras propias? ¿Es que hemos renunciado a nuestra libertad para dejar en manos ajenas el curso de nuestra propia vida? 

Seguramente el motivo es el llamado “miedo a la libertad”. Y este miedo se justifica en que conquistar la propia libertad no es asunto fácil; para ello tendríamos que desprendernos de todas aquellas formas de pensar y sentir que nos fueron inculcadas desde nuestra niñez y que cómodamente aceptamos sin reflexión alguna. Este desprendimiento es necesario para iniciar, desde nuestro interior, la búsqueda de nuestra forma auténtica de encarar la vida, y, desde ahí, empezar a vivirla acorde a esos principios logrados en la búsqueda. Pero este es un trabajo, quizá el más propio de lo humano, que no es fácil, ni cómodo, ni exento del trabajo de forja interior. Pero así, y solo así, llegamos a conformar nuestro propio ser interno, limando nuestras asperezas y dando brillo a nuestras facultades. 

Seguramente esta es la más gloriosa aventura de un ser humano, la del camino en búsqueda del propio ser interior Y éste es el verdadero sendero de la filosofía, cuyo significado original etimológico es “amor a la sabiduría”, de los griegos philos, amante, ysophia, sabiduría.

La situación actual es extraña ¿verdad? Cualquiera diría que absurda: un hombre libre entrega su vida a las directrices de otro hombre. ¿Existe mayor esclavitud? ¿Somos libres o esclavos? ¿Somos independientes o dependientes?

Cuando una persona sufre una gran pérdida o una gran desgracia, o quizá solo un contratiempo trivial, va corriendo o se le lleva a un psicólogo, para que le guíe en la solución del estado incontrolable en el que cae el afectado. Esto solo quiere decir que esa persona no dispone de la sabiduría suficiente para abordar por sí mismo su situación vital ante el problema.  Es como una orfandad en la que vive la gran mayoría de la humanidad, donde es preciso que nos digan como pensar, como sentir, como comportarnos, como afrontar nuestros retos, nuestras debilidades, nuestras dificultades.

Y… ¿no sería mejor aprender a hacerlo?

Desde el fondo de los siglos, Séneca, Epicteto, Platón, Confucio, Plotino, Buda, Aristóteles, Hermes, los Vedas y un sinnúmero de sabios, que comportan la herencia más valiosa de la humanidad, deben sentirse tristes y defraudados por nosotros, los hombres de este siglo soberbio. Tanto buscar la sabiduría a lo largo de todas sus vidas para que ahora nadie les conceda ni la menor importancia ni les de el menor crédito… Sobran en las aulas, y sobran en nuestras vidas… 

Nos decimos: ¿dijeron algo de interés, algo de utilidad, algo que merezca la pena ser considerado? ¿no se trataba más bien de gente ociosa, gente de vagancia, que vivían a costa de ir contando sus estrambóticos delirios a los demás mortales, complicándoles la vida? ¿gente que nos decía que debíamos conquistar nuestra libertad, cuando ya somos libres por naturaleza? ¿que debíamos buscar y amar la verdad y la sabiduría, cuando ya lo sabemos todo? ¿que deberíamos de tomar las riendas de nuestra vida, cuando sabemos que la vida es un azar y las riendas son innecesarias, porque no vamos a ningún sitio? ¡Que el caballo galope a donde él quiera! ¿Para qué necesitamos riendas, ni caballo, ni nada?

La filosofía es cosa de gente que, en lugar de trabajar, se dedica a pensar cosas inútiles, difícilmente entendibles para nadie, y que solo nos hace volvernos más locos todavía…

Pero, no es así. Los grandes sabios de la humanidad, esos a los que ahora despreciamos, son en realidad los que, con sus aportes de enseñanza, han promovido el desarrollo y el progreso humano a lo largo de los siglos. Son los que han aportado luz vivificadora al hombre en todas las épocas, los que han evitado que el hombre retorne a la edad de las cavernas convirtiéndose en una bestia más. Su sabiduría ha iluminado las artes, las ciencias, las leyes, las religiones, así como cualquier actividad creadora y enriquecedora que ha colaborado a que el hombre sea más humano, más bueno, más justo y, en resumen, un poco más sabio.

Y en nuestros días, en los que hemos rechazado sus orientaciones y su luz, no hace falta explicar de que manera camina la humanidad hacia la nada. Todos lo sabemos.



Nunca fue eso la filosofía… Nunca fue inútil… Nunca ociosa… Nunca.

Para mí que la filosofía es el manto de sabiduría que cubre todos los saberes del hombre en todas sus facetas. 

Es la esencia que subyace en toda forma de entender la vida y de vivirla. 

Es la conformadora de los cimientos y de los pilares de cualquier quehacer humano. 

Es la que guía y da impulso, o debiera hacerlo, a las ciencias, a las artes y a las religiones.

La filosofía fue siempre la ciencia más alta y más noble, porque es la ciencia de la vida, la lámpara de los hombres, la que aporta la luz que nos guía en la gran aventura de la vida humana.



miércoles, 13 de abril de 2016

FRATERNIDAD Y GLOBALIZACIÓN


Yo me considero un defensor de la fraternidad entre todos los seres humanos, sin ninguna distinción ni de sexo, ni de color de piel, ni de religión, ni de condición social,
ni de nacionalidad, ni ninguna otra que se nos pueda ocurrir.

Y lo soy porque creo en el alma de los seres humanos, y las almas no son diferentes. Todos participamos de los mismos anhelos, inquietudes y alegrías. Y todos somos herederos del acerbo espiritual de nuestros congéneres que nos han precedido en la historia.

Muy bien lo expresó Shakespeare en “El mercader de Venecia”:

"Soy un judío. ¿Es que un judío no tiene ojos? ¿Es que un judío no tiene manos, órganos, proporciones, sentidos, afectos, pasiones? ¿Es que no está nutrido de los mismos alimentos, herido por las mismas armas, sujeto a las mismas enfermedades, curado por los mismos medios, calentado y enfriado por el mismo verano y por el mismo invierno que un cristiano? Si nos pincháis, ¿no sangramos? Si nos cosquilleáis, ¿no nos reímos? Si nos envenenáis, ¿no nos morimos?..."

…Seamos quienes seamos, compartimos la condición humana en los intereses que nos son más propios, el amor, el dolor, la dignidad, la muerte, el honor y cualesquiera de las características que nos identifican.

Por ello, deberíamos considerar a todos los hombres como nuestros hermanos, ya que somos nacidos de la misma raíz, y ansiamos resolver los enigmas que de forma común nos plantea la vida.
Pero la fraternidad busca la unidad de los hombres, pero no su igualdad absoluta. A todos nos es conocido que en familia de varios hermanos, aún habiendo recibido la misma educación, hay disparidad de caracteres. Nunca son copias unos de otros. Existe sí, un lazo de sangre, una hermandad, pero no existe igualdad, ni siquiera en los gemelos.

Ser fraternos con el prójimo lo que exige es que mantengamos con él siempre la cortesía, la cordialidad, el respeto y una buena convivencia. Y no es poco. Nuestra experiencia diaria nos muestra lo escaso que estamos hoy día de estas virtudes. Otro mundo sería este si las practicásemos con asiduidad.

Habitualmente, en ámbitos pequeños, como una reunión de propietarios de una comunidad, o en grandes, como puede ser la Comunidad de Naciones, la ONU, o la Unión Europea, la hermandad es muy escasa, por no decir nula. Cada cual vela exclusivamente por sus intereses sin importarles nada los de sus vecinos. Y, como nadie puede imponerse al otro, las discusiones e incluso insultos son interminables, con  lo que todo termina en más desunión que, en contra de lo que debería esperarse, en más unión.

Pero lo que se ha impuesto en nuestros tiempos, poco a poco pero con un gran éxito, es la idea de la “globalización”. Y lo que nos está trayendo hasta ahora es una gran crisis mundial. No debe constituir para nosotros ninguna sorpresa, pues el germen de la desunión está en el mismo desarrollo de esa idea.

Como el dios de nuestro siglo es el dinero, el actual becerro de oro bíblico, es un movimiento realizado por sus adoradores, no para lograr la concordia entre los hombres, sino para ahondar más en la discordia, no para beneficiar a los países, sino para someterlos a los mitos que convienen a los magos negros.

Vivimos inmersos en un materialismo (adoración a lo material) que ha conseguido casi destruir lo más noble de los hombres, la espiritualidad, lo sagrado, lo tradicional, aquellos fundamentos que han sido siempre los cimientos del desarrollo de las civilizaciones auténticas.

Nos han convencido que el dinero, la ciencia y la tecnología son la trinidad que nos traerá la felicidad a los pueblos. Y para mí que el más remoto poblado escondido en la selva tropical mantiene mucho mejor que nosotros el ideal de fraternidad.

Día a día, mes a mes y año a año, los imperios nefastos de la globalización imponen su forma de ver la vida (siempre a través del dinero), sus costumbres, siempre de nulas ética y estética, a la vez que van vaciando de contenido las tradiciones de siglos de las diversas comunidades del globo. Y esta base tradicional, constitutiva de idiosincrasia de cada una de ellas, está siendo demolida, cuando en realidad, la hermanad incluye el respeto a todas las culturas y la de cada pueblo en particular.
Las grandes luminarias de las civilizaciones que nos antecedieron son sumidas en el olvido o en la difamación. La cultura y el arte en todas sus facetas prácticamente no existen, ya que lo que tales se llama están vendidos al poder del dinero.

Alguien llegó a decirme que la filosofía había muerto ya en el siglo XIX. Esto es una prueba del desarme que se ha ido realizando de los instrumentos de que dispone el hombre para su desarrollo como tal.

Esta idea absurda, que ya no es solo idea, puesto que se está plasmando en el mundo, ha llegado a los últimos rincones del globo con la intervención de los medios de comunicación social. Parece que es una constante y desgraciada realidad que estos medios sean manejados siempre para mal que para bien. Está claro que los mueve el dinero, que está siempre en manos de los magos negros. La televisión, la radio, los periódicos, los libros que se publican… todos están intervenidos por el becerro de oro. Y llevan a la ingenua población a ajustar sus vidas a lo que en esos medios se proponen como componentes de la felicidad, el tener más dinero, a costa de lo que sea. Es la nueva moral, a saber: si algo da dinero es bueno, si no lo da es malo.





lunes, 29 de febrero de 2016

LUZ Y ENVIDIA



Refugiado en mi pequeño lugar, casi inmóvil,
miraba las cascadas de luz que surgían de lo alto.
La veía robar destellos dorados,
plateados y cobrizos.
Miraba hechizado los brillos en su movimiento,
en su armonía.
Y todo envuelto en una música suprema.

Los trombones de oro,
la plata en las flautas.
Negro carbón de los oboes,
la pesada tuba y los clarinetes
y las trompetas.

Todos entrelazados en el fino papel.
Todos llevados del brazo de la delgada batuta.
Unos hablaban, otros contestaban.
Todos reían, todos lloraban.

No, no eres tú mi cantar,
no puedo cantar ni quiero
a ese Jesús del madero
sino al que anduvo en la mar.

Cantaban... cantaban llenando el aire,
robándome el aliento,
abriéndome el pecho,
moviendo mi corazón.

Un pequeño de pelo dorado
apresó mi mirada.
apenas mi hijo,
...casi mi padre.

Una trompeta en sus manos
vibraba el espacio.
Más grande que sus manos,
más pequeña que su alma.

Miré la batuta.
Abría en el aire,
dibujando los pasos,
la marcha solemne,
los ritmos sagrados.

Cuatro por cuatro,
repetía insistente.
... Su padre murió,
días atrás acaso.


Sus ojos brillaban,
su cara encendida...
Envidié su alma...
Envidié su vida.





Dedicado a mi director musical, en una  noche, entre las bambalinas del Teatro Falla, a los pocos días de la muerte de su padre.




viernes, 22 de enero de 2016

LA MIRADA ENAMORADA



 Nunca comprendí como se puede dudar del amor de alguien. Está tan claro... Solo hay que mirar a los ojos. Quizá ni eso. Seguramente un ciego lo sabría por el tono de voz.
Seguramente los efluvios de Eros se desprenden por los poros de nuestra piel.

Miré sus ojos, sus ojos de dulzura. Sus ojos de miel, encendidos de mil brasas, riendo su alegría interior, bailando la antigua danza de los arroyos de la montaña. Miré sus ojos, pero vi su alma.

El alma enamorada tiene una mirada especial, que abraza sin manos, que habla sin palabras, que canta sin sonidos. Es fácil entender porqué los enamorados pueden guardar silencio.

Es un silencio lleno que los envuelve, que los ampara, lleno de átomos de sus seres, de las pequeñas flechas de sus ángeles.

Veo un bosque y sé lo que ve. Miro el mar y siento las olas en su interior. Hienden el aire mis piernas, y mis manos, y anda junto a mí. Camino por el cielo, por los planetas, y está conmigo. Me siento en la luna, y está sentada a mi lado.

Por una mirada un mundo Por una sonrisa un cielo. Por un beso,... no sé yo lo que te diera por un beso.

Pero... la mirada enamorada mira, sonríe y besa. Todo en un instante, todo veloz, tanto, que no se sabe de qué lugar viene. ¿De lo más profundo? No sé dónde está lo más profundo. Nunca podré llegar. El fondo del alma enamorada es inalcanzable, como el torbellino allende las galaxias, como lo profundo del bosque, como las entrañas del ardiente desierto.

Todo está allí, en una mirada, fugaz, pero eterna. En la eternidad del instante. En lo ancho del momento que no necesita futuro, que no tiene pasado. El amor borra el tiempo, lo vacía de significado. En los ojos sólo el espacio celeste y frío, el abismo desconocido que nos aborda sin tocar nuestra puerta, que nos quiere para él sin condiciones.

Y la mirada nos roba lo que creíamos nuestro, nos hace desconocidos de nuestro mundo pequeño. Nos limpia, abriéndonos la piel de nuestros pechos, como se abre la tierra para la siembra, como se abre el mar para las redes.

Y anclados en ella, ni esperamos ni tememos. Solo somos ella,... para siempre.



jueves, 14 de enero de 2016

LOROS

 Los loros son unos animales muy simpáticos que a todos nos hacen mucha gracia. Se dice de ellos que son los únicos animales que saben hablar. Es cierto, dicen multitud de palabras, pero con una única condición: que antes las hayan escuchado muchas, muchas veces, de las voces de las personas que con ellos conviven.

Así pues, y dotado de un órgano fonador muy versátil, aunque no tanto, por supuesto, como el humano, es capaz de articular palabras que son perfectamente entendibles por cualquier persona.

A mi cuñado se le murió hace unos años un loro que convivía con su familia desde hacía mucho tiempo. Según él murió de repente, y contaba que, en su opinión, se le había atragantado una pipa de girasol, lo que probablemente le llevó a la muerte, dada su ya avanzada vejez. De todas maneras no comprendía cómo había muerto de la noche a la mañana, porque –según contaba– el día anterior había estado charlando con él tan normal, como siempre. Charlando un poco de todo. y, además, no fumaba ni bebía nada con alcohol.

Pues sí, los loros hablan. Lo que ya no estamos tan seguros es de que comprendan lo que dicen, ni que entiendan lo que se les dice a ellos. En muchas ocasiones no va parejo en absoluto la articulación de palabras, frases e incluso discursos, con la comprensión que tiene de ello el propietario de la boca. En muchas ocasiones basta haber escuchado las mismas palabras muchas veces para luego repetirlas con la mayor desfachatez –como el loro– sin tener la menor idea de lo que se está diciendo.

Sí. Hay muchos seres humanos-loros.

Pero existe una gran diferencia (a favor del loro, por supuesto), y es que al loro no se le ocurre pensar ni por un momento que sabe de qué está hablando, pero los otros están absolutamente convencidos de que lo que expresan es fruto de su reflexión y experiencia, y no repetición mecánica de lo que han escuchado muchas veces.

De esta manera, y a falta de prudente y elemental discernimiento, cualquier falsedad se puede convertir en verdad, contando con que el loro no se plantea nunca la autenticidad de lo que escucha. Si su amo lo dice… por algo será.

Así, cientos, miles, millones de hombres y mujeres loros hacen circular su insensatez por el planeta, porque plantearse en sí mismo y con sus propias armas la ardua batalla de discernir lo verdadero de lo falso es tarea que solo abordan los valientes y los dotados de inteligencia humana, capaces de soportar el estado de duda que lleva a la certeza. Ya sabemos que un hombre sin dudas es un hombre sin certezas. Sus certezas son siempre prestadas de otro, lo que, llegado el momento crucial, no le sirven para nada en absoluto, porque no son suyas. No ha sido capaz de atravesar el desierto del “no sé” de Sócrates y, en consecuencia, nunca llegará por sí mismo a ninguna certeza en su vida, lo que le hará incapaz de actuar basándose en sus propias convicciones. Cae la persona o ideología que le prestó sus certezas y, lógicamente, cae él mismo. Porque en realidad no era nadie, era solo un ser-loro.

Lo único que lleva a la certidumbre es la incertidumbre.

Como dijo E. Kant:

La inteligencia del hombre se mide por la cantidad de incertidumbre que es capaz de soportar.


lunes, 21 de diciembre de 2015

LO EXCELSO Y LO VULGAR






Un hombre es lo que come.

Muchas veces me he preguntado cuál era “el secreto”, o la “fórmula”, o “la receta” que poseían, y que poseen, los grandes hombres, ya sea en las artes, en las ciencias o en cualquier otra actividad noble del ser humano.

Hace unos días me vino a la mente la frase que he colocado al principio, porque creo que ahí está la clave. Un hombre es lo que come. Si come basura se convertirá en un basurero. Si come vulgaridades se convertirá en un ser vulgar, y si come alimentos excelsos se convertirá en excelso.

En mi opinión esto es así porque el cuerpo interior del hombre va creciendo con los alimentos que consume. Y de tales mimbres… ya se sabe. Una casa construida con ladrillos de mala calidad podrá ser bonita, pero… pronto perderá su belleza e incluso su estabilidad. Se ajará como algo efímero muy pronto.

En el plano material lo entendemos y lo aceptamos muy fácilmente. Todo el mundo lo sabe y lo puede ver día a día. Pero… ¿y en otros planos?

Llegamos quizá hasta lo vital, la salud. Entendemos que quien se cuida adecuadamente goza de buena salud. Aunque en nuestra cultura pretendamos estar sanos sin hacer lo necesario para estarlo, y aún haciendo justamente lo contrario que demanda nuestro sentido común en este asunto. El resultado es que un gran porcentaje de los enfermos de algo lo son por tratar inadecuadamente, si no salvajemente, su cuerpo y su vitalidad.

Cuando subimos a otros planos, el asunto se vuelve tan difuso que ya no vemos en absoluto ninguna conexión entre lo que comemos con los resultados que producimos en estos planos superiores o más sutiles de nuestra naturaleza.

¿De qué alimentamos nuestra psiquis, es decir, nuestras emociones, nuestros sentimientos, en suma, nuestro plano emocional? ¿De qué clase de ideas, más positivas o más negativas, más entusiastas o más pesimistas, más alegres o más amargas, más nobles o más vulgares alimentamos nuestra mente?

No hablemos ya de los planos del espíritu, mundo casi desconocido, aunque intuido, de todo ser humano que se pueda llamar tal.

Pues puedo afirmar que lo que se nos ofrece para comer en los grandes medios de comunicación de masas es basura, cuando no veneno. Cualquier espíritu crítico, en uso del más elemental sentido común, advertirá que no se nos ofrece nada que pueda considerarse excelso, sino más bien vulgar. Quien se haya preocupado, aunque solo sea unos minutos, de hacer “zapping” examinando con criterio propio y un mínimo discernimiento las distintas cadenas, dudo que haya encontrado algo que se aparte de lo vulgar, de lo mezquino y de lo aberrante, salvo bellísimas excepciones.

Teniendo en cuenta lo que expongo, es resultado de sentido común la calidad de los contenidos que pueden albergar en su psiquis nuestros contemporáneos, que no coetáneos.

Comer sin ton ni son cualquier cosa que se nos ponga por delante nos lleva a construir un ser interior semejante a lo que nos dan de comer. Zombis, monstruos, desquiciados o, en el mejor de los casos, necios. Y quien se extrañe de la cosecha que piense por un momento qué semilla se sembró. De cada clase de semilla nace una clase de planta semejante. Del trigo, trigo, de la cizaña, cizaña.

Así, en nuestros oscuros tiempos, la poesía ha sido ocupada por los “cantautores”, la música por los “roqueros”, la literatura por los “raperos”, la pintura por los comics y los graffitis , el buen teatro por el cine, la escultura por absurdos mamotretos que solo entiende su “creador”, la arquitectura por rarezas originales pero de mal gusto, la belleza interior por la epidermis, la óperas se han convertido en “óperas rock”, los conciertos son ahora de cantantes de medio pelo, la danza por coreografías absurdas que suscitan los instintos más bajos, la política por la demagogia, la amistad se hace por el chat, la comunicación entre personas por email, el cariño y el amor se identifican con el sexo, el dar se olvida y solo se espera recibir, la entrega se olvida y se fomenta el egoísmo, y a cambio de hermandad se fomenta el separatismo y el enfrentamiento.

En lugar de apoyo, ayuda y hospitalidad entre los seres humanos se valora la indiferencia, y donde se cultivaba la compañía ahora se cultiva el aislamiento que lleva a la soledad. Y ya no se dan agradables paseos, se “hace footing”.

Pensemos y cuidemos qué nos llevamos a la boca. Lo que comemos, como dijo un sabio, que no recuerdo ahora quién fue, eso somos.




lunes, 23 de noviembre de 2015

INDIFERENCIA








 Hoy andaba por la calle con mi perro y me pregunté sobre la indiferencia. ¿Qué era, de dónde nacía, podía ser buena o mala, era síntoma de algo, existía realmente?

 Pensé que un filósofo, como ser humano que de todo se asombra, no podría ser indiferente a cosa alguna. Cualquier cosa, incluso las que parecen más nimias al hombre vulgar, es de gran interés para él.

 Una vez escuché que la cosa más insignificante, una vez que se observa detenidamente y con interés, poco a poco se vuelve más interesante y valiosa, al tiempo que cada vez nos resulta menos indiferente. Y creo que es así.

 Una hormiga lleva a lomos el ala de una mariposilla… ¡que tontería!
 El botijo siempre lo ponen sobre un plato lleno de agua… ¡manías!
 Las cabras no se comen el gramón… ¡y a mí que me importa!
Esta parte del mar no parece azul ni verde, parece marrón… bueno ¿y qué?
Etc., etc.

 Bueno, si, sé que hay muchas cosas muy importantes y de mucha trascendencia como para pararse en estas pequeñas cosas. Pero al menos a mí me ocurre que mis grandes cosas nacen de las aparentemente muy pequeñas. Un baobad nace de una pequeña semilla, y luego es gigantesco. Y al Principito le pareció tonta la manía del banquero que poseía estrellas y todos los días las contaba, aunque para él no tuvieran ningún significado, y solo le importara su posesión.

 ¿Realmente nos da igual lo que alguien piense, lo que alguien sienta, lo que alguien haga?

 ¿Nos da igual, en verdad, lo que vemos, oímos, saboreamos, olemos y tocamos?

 ¿Nos da igual lo que ocurre a nuestro alrededor? ¿nos da igual es sufrimiento ajeno, la alegría ajena, la bondad ajena, la maldad ajena?

 ¿Por qué Francisco de Asís evitaba pisar una hormiga? ¿Es que era tonto?

 ¿Cómo es que a Leonardo da Vinci le daba por estudiar y profundizar en las materias más dispares, incluso jugándose la vida, como en sus estudios de anatomía?

 Pues no, creo que no tengo derecho a dejar entrar a la indiferencia en mi alma, y no creo que nada me pueda aportar sino abandono de mí mismo. Si el Universo es nuestro modelo humano, y Dios es la esencia del Universo, de nada nos serviría intentar descubrirlo si algo consideramos merecedor de nuestra indiferencia.

 Posiblemente la indiferencia sea lo más cómodo para el hombre, pero también lo menos humano.



domingo, 23 de agosto de 2015

CÁDIZ, LA CIUDAD DE LOS BALCONES


Bien se podría bautizar a mi ciudad con ese nombre, porque, si hay algo que forma parte de su identidad son sus balcones, los balcones de sus casas.

Y balcones hay de dos clases. Balcones y cierros. Ambos son de la mayor utilidad y prácticamente todas las casas disponen de ambos lujos.

¿Qué es una casa sin sus balcones? Las ventanas son útiles, pero solo sirven para mirar a lo lejos, en avenidas anchas o en casas en el campo, pero en nuestro caso, donde las calles son casi igual de anchas que el patio interior del edificio ¿qué podríamos ver desde una ventana? A lo sumo averiguar qué está haciendo el vecino de enfrente, pero no lo que ocurre en la calle. Por eso los balcones no son algo ocioso, sino algo necesario.


Parecería que somos chismosos, pero no, lo que pasa es que en mi cuidad ocurren muchas cosas en la calle, porque la calle no es solo vía de vehículos y peatones, sino algo así como la prolongación de las casas. Pasan muchas cosas de interés, casi casi tantas como dentro de las mismas casas.

En Cádiz las calles son “habitables”, sobre todo durante el buen tiempo, que suele ser casi todo el año, menos los meses de lluvia. En la época de calores, en el verano, es habitual en muchos barrios que la terraza natural de los hogares sea la calle. Unas sillas fuera, quizá una mesita de playa, unos tintos con gaseosa, y ya está. Fresquitos y contentos. Ligeritos de ropa se puede pasar una tarde-noche agradable charlando con un vecino o amigo de lo divino y lo humano. Es una gloria, lo más parecido al paraíso perdido. Y si la parienta ha asado unas caballitas y nos las pone por delante con su piriñaca… ya… no tiene nombre la cosa.

Y ¿qué hacer con un balcón si llueve o hace frío? Pues que hay que recurrir al cierro. No se si en tu ciudad hay cierros, por si acaso te lo explicaré. Es sencillo, verás. Se cubre el balcón, justo por dentro de la baranda, con un cerramiento de madera y cristales, desde el piso hasta la altura del techo de la casa. Y ya está, ya estamos libres de lluvia, viento y frío. Que hace bueno, se abren las hojas de ventanas y se asegura, por aquello del viento, con aldabillas, y de esta manera no se cerrarán bruscamente. Que hace malo, se cierran todas las ventanas y se mira a través de los cristales. La calle siempre a la vista, esto es lo importante.

Además, es un buen vivero natural para las macetas, llenas de luz y abrigadas de vientos y frío. Una tarde de lluvia leyendo o cosiendo, sentado en tu sillita preferida, junto al cierro, es una bendición. Y también, su techo, realizado con placas de zinc, es un hábitat perfecto para el anidamiento de palomas. En conjunto, un elemento perfecto no solo para la paz y el disfrute de los seres humanos, sino para la el cultivo de plantas y la crianza de pichones.

En el siglo XVIII hubo un problema, pero se solucionó pronto, no sin un costo adicional. Las señoras y señoritas usaban miriñaques para dar un vuelo artificial pero elegante a sus faldas, y ese artilugio necesitaba una estructura rígida de varillas para mantener abierta la falda, por lo que molestaba la parte inferior del cierro o del balcón. ¡Pues la solución es simple, se le da a la parte inferior la forma adecuada y ya está!



- Pero, Manolo, estas esquinas del cierro son muy antipáticas, cuando estás mirando algo y pasas la vista por ellas me lo pierdo de vista por un momento, ¡y en un momento puede pasar lo más interesante…! ¿no lo podrías arreglar?
- Siiiii… lo pensaré…
Ya está, saldrá algo caro, pero ya está.
- Eres un cielo, Manolo, ¿qué vas a hacer?
- Pues ¿qué va a ser?, que encargaré cristales curvos para las esquinas, que los he visto en casa de los Fossi. Sé que son caros, pero para ti no hay nada demasiado bueno…
- Manolo… mi Manolo…


Ese fue el motivo de la invención de los cristales curvos, y de las barandas curvas… Como se puede ver, la mujer siempre es motor de progreso y de arte…, todo debido a las curvas, como no… por algo lo femenino siempre estuvo enemistado con lo rígido y anguloso.

¡Ya viene el Nazareno, ya viene el Nazareno, vamos al cierro! Y desde allí, como almenas con toldillas, se ve llegar a la santa imagen en su gran pedestal, meciéndose como llevada por las aguas. Y pasa tan cerca que puedes tocar la plata de sus velones y extraer algo de su santidad para presignarte.

¡Ya está aquí la Virgen de los Dolores, bajo su palio, rodeada de flores y del fuego de sus infinitas velas encendidas!



Casi rozando las farolas, en el silencio de la noche, turbado solo por el crujir cimbreante de los varales, llega majestuosa.

Y todo sucede allí, bajo nuestra mirada atónita, tan cerca, que los aromas del incienso y el humo de las velas penetran por toda la casa, y los sonidos de las trompetas, de los tambores, y del gentío… toda una maraña de sensaciones que atraviesan milagrosamente hasta la última fibra del alma.

Todo ocurre en la calle…

Y luego, en Carnaval…
- Mira, ahí va la tía Juanita, vestida de guardia civil, y su marido, disfrazado de pulpo de La Caleta… ¡qué ganas de juerga tienen siempre! ¡No se cansan!

¡¡¡ Al rico pirulí de La Habana!!! ¡¡¡Arropías, llevo arropías!!! ¡¡¡Cangrejo, boca, camarone…!!! ¡¡¡Niña, recién cogiose, que dan sartos!!! ¡¡¡M’acaba de mordé un cangrejo moro, niña…¡¡¡


El gentío va y viene, como las olas, y el murmullo resuena como el batir de las olas en las rocas. Arriba, abajo, arriba… abajo. Todos ríen, bailan, se dicen cosas, se abrazan… todo el espíritu de las saturnales se infunde en las almas y en los cuerpos.

-¡Échame una copita, que estoy seco…! Y vámonos a tomarnos unas tortillitas de camarones en La Guapa… que están acabaítas de salir…


La Navidad, el Carnaval, la Semana Santa, el Corpus, el largo y cálido verano, los Tosantos… ¡y dicen que Cádiz no tiene fiestas…! Y es cierto, porque, como dijo el poeta carnavalero… si Cádiz está de fiestas… todo el año.








martes, 8 de octubre de 2013

NOS ROBARON EL SILENCIO























Esto escuché al poco de encender la radio al ir a acostarme. Hablaba un chamán mexicano. Me llegó a mi centro tan directo y tan real que comenzaron a resonar en mi tantas cosas… tantas… y todas acordes a lo que dijo ese hombre.

Nos robaron el silencio. Repentinamente y de un solo golpe de luz vi que había sucedido así. De inmediato surgió la pregunta: ¿Y por qué? ¿Por qué habrían de querer robarnos nuestro silencio?

Poco a poco fueron apareciendo las respuestas, las certezas. El silencio era considerado peligroso. En el silencio se escuchan cosas peligrosas. Se plantean dudas peligrosas. En el silencio al hombre puede ocurrírsele pensar.

El silencio es peligroso, y para mantener en paz al rebaño hay que evitárselo y mantenerlo siempre en el ruido. En el ruido se dejará llevar donde queramos, pensará lo que queramos, sentirá lo que queramos, hará lo que queramos. Esto lo saben muy bien los amos de la caverna, los magos negros.

El silencio, y la soledad, pueden llevar al hombre al camino de salida y, lo que es más peligroso aún, puede contaminar a los demás. Y puede hablar y mostrarse de una manera especial, distinta a la ordenada al rebaño. Todo ser humano que mantenga silencio y soledad debe ser combatido con la marginación, con la calumnia, y si es preciso, con la muerte.

Hay que fomentar el ruido y el miedo al silencio. Hay que valorar la multitud en lugar de la soledad. ¿Quién sabe cuanto mal nos podría hacer el hombre silencioso y solo? Ruido, ruido, muchedumbre, hay que evitar que el ser humano se sienta distinto y poderoso. Hay que alabar a los mediocres, a los pusilánimes, a los deformes, a lo inarmónico, a lo feo, a lo vulgar, al sufrimiento, a las bajas pasiones. Hay que podar pronto los tallos que despuntan, a los únicos, a los individuos, a los que aman lo bueno, lo bello y lo justo. ¿Qué sería de nuestra modélica sociedad si unos cuantos se dedican a buscar tales cosas? Hay que convencerlos que esos ideales solo existen en su loca cabeza y que los seres humanos somos como somos y nada de esas cosas debe interesarnos, pues nuestra salud mental peligraría.

“Solo hay tres cosas dignas de romper el silencio, la música, la poesía y el amor”

Esto dijo Amado Nervo. Y no se equivocó. Porque la música, la poesía y el amor son silencio. Si son ruido ya no son nada. El silencio es armonía. La Naturaleza es armónica y silenciosa. Hace más ruido un árbol que cae que un bosque entero creciendo en silencio. El ruido es muerte, el silencio es vida.

Desde dentro de cada uno de nosotros hay alguien que habla y sabe lo que dice, pero habla tan bajito, casi susurrando, que es preciso permanecer en absoluto silencio para escuchar claramente qué nos dice. De otra manera, inmersos en el ruido, nunca le podremos oír, y por lo tanto escuchar su voz. Es la voz del silencio.

El ruido no es solo lo que captan nuestros oídos físicos, porque nuestros oídos físicos también pueden captar y llevar a nuestra alma el perfecto silencio de una música bella, del sonido del viento y las olas rompiendo en la arena. Y estas cosas no son ruidos, son la voz de la belleza, de la armonía y de la naturaleza. El ruido es inarmonía, es ausencia de perfección. Lo perfecto es bello, bueno y justo, y no es ruido, es armonía. Es el alimento de nuestro ser interior.

El ruido es la dispersión, lo que nos aturde constantemente, lo feo, lo vulgar, lo mediocre, los instintos, y, en general, todo aquello que nos impide oír la voz pura del silencio, de la armonía.

Siempre recuerdo lo que un día me dijo un gran amigo. Me dijo:

- Mira, imagina a cien personas reunidas en una plaza. Cada uno de ellos está hablando constantemente de asuntos dispares. ¿Qué escucharás? Ruido.
Ahora, organiza esas cien personas por el tono y la calidad de sus voces en cuatro grupos, dos grupos de mujeres y dos de hombres. Llámales sopranos a las voces altas de mujeres, y contraltos a las de voces bajas. Llámales tenores a los hombres de voz alta y bajos a los de voz de tono bajo. Consigue que aprendan cada grupo su parte de la partitura de, digamos, “Ave verum corpus”, de Mozart. Acompáñalos con un órgano y haz que canten en la plaza. ¿Qué escucharás entonces?

La respuesta era evidente: me quedaría mudo y mi alma escucharía, captaría y se alimentaría de armonía pura. Eso ya no era ruido. Eran las mismas cien personas que antes hacía ruido y ahora estaban produciendo armonía pura. Es decir, silencio perfecto.

“Antes de que el alma sea capaz de comprender y recordar, debe estar unida con el Hablante silencioso, de igual modo que la forma en la cual se modela la arcilla lo está al principio con la mente del alfarero.
Porque entonces el alma oirá y recordará.
Y entonces al oído interno hablará
LA VOZ DEL SILENCIO.”
(Fragmento del libro de igual título, en el que H.P.B. recoge ancestrales enseñanzas tibetanas)








lunes, 4 de febrero de 2013

NUEVOS INVENTORES

















Leía esta mañana en el Diario de Cádiz las declaraciones de un señor, Inspector de Educación e inventor del método ABN, tal como indicaba el titular de la entrevista, y Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación, según su curriculum.

Y… ¿qué había inventado? Claramente se desprendía del gran titular, que decía así:
“Libremos a los niños del martirio de hacer cuentas”.

Y comenzaba así:
“Hay que acabar con ellas cuanto antes. Enseñar a hacer cuentas es antinatural y no sirve para nada en la vida diaria. Libremos a los niños de ese martirio.”

Añadía más adelante que no se puede, haciendo cuentas, razonar lo que se hace. Como si las matemáticas fuera cuestión de razonar. Aduce, además, que hoy ni los comerciantes hacen cuentas, que ya las calculan con las máquinas.

¡Espléndido! Continuando con su notable razonamiento, ¿para qué estudiar filosofía, si todo ya está escrito en los libros? ¿y para qué estudiar griego o inglés, si existen los traductores automáticos de Internet y, además, son gratis?

Más adelante descubre que el problema de las matemáticas es que “son abstractas”, y como tal no es posible razonarlas, así que los niños no pueden comprenderlas. Como conclusión podríamos decir que es preciso desechar todo estudio de lo abstracto, sin tener en cuenta que lo más válido en la formación y en la vida del hombre es abstracto, es decir, no tiene materialidad. ¿Alguien puede pesar una amistad? ¿Alguien puede medir una cantidad de vida? ¿Alguien puede hacer el esquema de un amor?

En verdad no me preocuparía si esto fuera solo el caso aislado de “un gran inventor”, sin que su “invento” fuera tomado en cuenta y sin producir repercusiones en la vida diaria. Pero no es así. Esto es lo que de verdad me preocupa.

En nuestra actual cultura “moderna” existen muchos inventores como este señor. Yo preferiría que sus inventos los hicieran con gaseosa y no con ingredientes mucho más dañinos y peligrosos, usados además encaramados en un cargo que asume y ejerce responsabilidad sobre muchos miles de seres humanos indefensos.

El modernismo tiene la vista muy corta. No ve más allá de cincuenta o cien años. Cree que todo está por inventar. Y esto es así porque desdeña por inútil la labor de la humanidad en los últimos milenos. Me parece ridículo, ya que, y más al contrario, pienso que no hay nada nuevo por inventar acerca de la naturaleza del hombre. Todo fue ya inventado. Y quien piense que ha inventado la pólvora se equivoca, porque ya la inventaron los chinos, aunque a lo mejor es que él no lo sabe, no se acuerda o prefiere ignorarlo.

Si Leonardo da Vinci, Einstein, Niels Borh, Petrarca, Platón, Kant, Confucio, Shakespeare y muchos más levantaran la cabeza y contemplaran la estupidez en la que estamos sumidos, desearían volver a morir inmediatamente.

“Sabios” que han eliminado la filosofía de los planes de estudio, por “inútil”, que intentan eliminar las matemáticas básicas, por “abstractas”, la herencia de las antiguas culturas por “infantiles”, los principios éticos por “encorsetantes” y “represivos”, el arte antiguo por “anticuado”, el pensamiento por “ocioso”, las normas de convivencia por “anacrónicas”, la poesía por “incomprensible y delirante” y muchas otras cosas que se os ocurran porque “no nos sirven de nada en nuestra época moderna”.

Parecería como si nuestra humanidad actual quisiera hacerse voluntariamente huérfana y renunciara por nada a todo el legado que, durante milenios, han construido con su esfuerzo muchos otros seres humanos que, pensándolo bien, tenían los mismos problemas e inquietudes que el hombre de hoy.

Enhorabuena, amigos. Habéis conseguido para la humanidad la mayor y más cruel orfandad que pudiera concebirse.



viernes, 25 de noviembre de 2011

CÁDIZ, LA CIUDAD DE LAS TORRES
















¡Ya arriba en lontananza el bergantín “Victoria”...!

¡A cuatro leguas, al suroeste, con viento fresco!

Las banderas de señales de la torre se agitaban como gaviotas, bellas, ágiles y al viento. Todos en el puerto las leen lentamente, sin perder un detalle. ¡Al puerto, preparad los faluchos, mandad recado a los arrumbadores, preparad los carros, los aparejos! ¡Todos a arrimar el hombro! ¡Y no olvidéis el barril de ron! ¡Llega la “Victoria”, y hoy es día grande!

El puerto es un hervidero de hombres que van, vienen, se tropiezan, se agolpan. Todos ríen, cantan... y, como pequeñas hormigas, llevan, traen, colocan, amarran, afianzan...

El vigía, con su catalejo, los contempla orgulloso. A la voz de sus banderas todo el pequeño ejército se puso en movimiento, sus ojos fueron los ojos de su pueblo.

Sentado, alerta y gallardo, como un capitán, siente gozoso que su torre es el puente de su barco, que su barco es su ciudad, surcando la mar, que su mirada alcanza más allá del horizonte. El velamen de la “Victoria” o de cualquier otro buque, de carga o de guerra, le resulta tan familiar como cualquier dedo de su mano derecha.

¡Ya arriba la “Victoria”! ...y es seguro que trae sus bodegas repletas de dulce cacao, de caña, de oro y de plata, que trae en su quilla las cálidas huellas de las tierras del indio, aromas de miel, de plátanos ricos, de ron de las Islas.

Hoy arriba la “Victoria”, su carga intacta y su gente toda. Hoy Cádiz es fiesta.

Torres de Cádiz, mudos vigilantes de la mar océana, atentos testigos de bienes y males, de arribadas venturosas y de tristes naufragios, de reencuentros dichosos y de lágrimas de viudas, de hermosas bonanzas y duros temporales.

¿Qué no habéis visto con calma serena de años, qué no sabéis de dichas y duelos, qué velero desconoce tu hermosa silueta, tu blanco semblante?

Torres de Cádiz, ojos del cielo, gaviotas de luz, centinelas perennes, ¡vigilad siempre el camino de nuestra tierra!





lunes, 21 de marzo de 2011

PRIMAVERA



No fueron las mañanas blancas,
ni tampoco los espacios, otra vez limpios y gloriosos.
No han sido los infinitos pájaros,
en el cielo más azul abriendo tirabuzones.

Ni los rojos, púrpuras y blancos que las flores
hacen diminuta espuma sobre el verde extenso.
Ni siquiera el dulce y amoroso aire
que pasó de nuevo, encendido,
de los infinitos soles a mis recónditos átomos.

No. Sólo han sido tus ojos, su brillo y su llama,
como fuego inmenso, de tu centro lejano
al mío encendido.

Ellos son los que cantaron,
en silencio, con voz sonora y dichosa:
¡He renacido!
¡Hemos prendido de nuevo nuestras ascuas!

¡El Universo nos pertenece!
¡Desde el grano de arena a las galaxias,
el pequeño arroyo y los océanos,
los minúsculos brotes que abren los leños,
los infinitos huevos que rompen a la luz,
las largas espumas de la luna en las orillas...!

Todo nuestro y de todos.
Todo otra vez en nuestra casa.
Todo está... y todo es.

Y no distinguimos ya nuestras fronteras
de las del Universo divino, que, una vez más,
rió con nosotros, reímos uno y juntos
otra ancha y más eterna primavera.


sábado, 8 de enero de 2011

VIENTESITO...


Este vientesito
es der Campo er Sú.
Este vientesito
viene de la má.

Este vientesito...
es que vá llové.
Este vientesito...
es que lloverá.

Y si no llueve,
y si no llueve...
ya tu lo verá...




martes, 4 de enero de 2011

Petición Pública España - Recogida de firmas



Esta petición es para la recogida de firmas en apoyo a la Orquesta Joven de Andalucía y al Joven Coro de Andalucía, en trance de desaparición debido a los recortes presupuestarios.

Pincha el siguiente enlace y podrás firmar en apoyo:


Gracias por tu apoyo. Puedes compartirlo con tus amigos.



SABER ESPERAR


No recuerdo qué sabio fue al que le preguntaron cuales eran los conocimientos que poseía. Respondió así:
Sé pensar, aprender y esperar.

Creo que posiblemente, sabiendo estas cosas, las demás vienen solas.

Esta mañana pensé en intentar emular un excelente desayuno que tomé ayer en una venta de carretera. Era algo muy sencillo. Café con leche y una rodaja de pan de campo tostada. Para “untar” me ofrecieron infinidad de cosas ricas, todas con más pringue de la que me es conveniente. Elegí “tumaca”, que me sirvieron en un pequeño cuenco. Pregunté al camarero cómo estaba hecha y era sumamente simple: tomate, ajo, aceite de oliva virgen y sal. Todo muy triturado dando lugar a una salsa espesa y fina.
Estaba excelente.

Así que me dispuse a la tarea.
Primero prepararé el “tumaca” –pensé-
Corté un trozo de un tomate grande y lo pelé cuidadosamente. Una cabeza de ajo pequeña. Todo ello, a trozos, en el vaso de la batidora. Añadí aceite de primera presión en frío y algo de sal. A batir bien hasta que quede fino y el aceite quede emulsionado.

Ahora el pan –me dije-
El pan debería estar bastante tostado por fuera en ambas caras, y seco, para lo que fijé el hornito a una temperatura alta y dejé una pequeña raja en su borde superior para que así saliera la humedad desprendida por el pan al tostarse. Esperé tranquilamente a que tuviera el punto exacto y lo saqué, dejándolo reposar sobre un papel de cocina absorbente en un plato. Era preciso eliminar toda humedad.
¡Listo!

Se me olvidaba, hay que mejorar la receta. Corte una pequeñas lonchas de jamón, una para cada rodaja de pan. Así dicen que lo toman los catalanes…
Con un cuchillo afilado hice unas pequeñas rajas en cada pan, y, aún calientes, coloqué los trozos de jamón, para que “sudaran”. En unos minutos el “tumaca”. Sobre el jamón deposité suavemente unas cucharaditas de abundante salsa hasta cubrir cada pan.

¡Era un espectáculo hermoso para mí contemplar mi obra! ¡Una obra de arte! Pero… era solo lo captado por los ojos. ¡Demos paso a las papilas gustativas…!

¡Una delicia! Al primer bocado los ojos se me cerraron imperceptiblemente…
¿Existe un placer más sencillo, rico y nutritivo?
****************

Hoy la paciencia es algo a lo que no se da ningún valor. Es más, lo que tiene realmente valor es la impaciencia, la inmediatez. Todo debe ser inmediato, instantáneo casi. Si hay que esperar no merece la pena.

Y esta actitud es absolutamente inútil, porque nada puede ser inmediato a no ser que se desnaturalice. La naturaleza no actúa de esa manera, y exigir inmediatez en cualquier cosa la desprovee automáticamente de todo valor. Nada vale la pena si es inmediato. Y si queréis comprobarlo, comed lo mismo que comí yo, untando un pan de esos ya tostados (más bien abrasados) de paquete y ponedle una salsa “tumaca” de bote.

El placer de la obra realizado con las manos, disfrutando al hacerlo y poniendo amor en la labor, no tiene comparación con ninguna otra cosa.
Cuando el Principito entró en un jardín lleno de rosas se acordó con amor de su rosa, aquella a la que había cuidado desde pequeña, había regado con mimo y la había protegido de bichos y de heladas.

¡Era su rosa!




miércoles, 29 de diciembre de 2010

MISTERIO



Amo el misterio,
vivo el misterio.
Amo lo que no veo,
amo lo que no comprendo.

Lo que está lejos,
lo que está difuso,
Lo que sospecho
pero no alcanzo.

Resuenan cuerdas,
como de arpas,
su sonido es lejano
y hermoso.

Miro una brizna
de hierba fresca.
Miro una estrella
blanca y lejana.

Olas que mueven
el mar en calma.
Vientos que agitan
las espumas.

Graznan gaviotas
sobre mi cabeza.
Algo pretenden
decirme.

Miro el sol
ciega mis ojos.
Miro las sombras,
y son del sol.

Misterio…
Misterio…

sábado, 25 de diciembre de 2010

UN REGALO DE NAVIDAD

Hoy he recibido un hermoso regalo de Navidad, y quiero compartirlo con todos vosotros...


martes, 21 de diciembre de 2010

PATRIMONIO MATERIAL E INMATERIAL


Todos hemos recibido con satisfacción la declaración de la Unesco por la que se sumaba el flamenco al patrimonio inmaterial de la humanidad. Bajo mi punto de vista lo merecía de sobra. Y esta declaración me dio que pensar sobre los patrimonios materiales e inmateriales.

He visto que, entre muchos otros, son patrimonio material de la humanidad la Acrópolis de Atenas y la catedral de Notre Dame, en París. Me parece fantástico que asumamos estas construcciones como patrimonio de todos los seres humanos, porque así estarán protegidas de las posibles amenazas de desaparición esos lugares y construcciones que encierran un gran legado de la historia y la civilización humana.

Las que no he encontrado en el listado del patrimonio inmaterial de la humanidad han sido la filosofía, la religión y la mitología griega, sin las cuales difícilmente el Partenón y otros templos y construcciones hubieran sido construidos, ni tampoco los Templarios ni la alquimia medieval, raíces, aunque a veces discutidas, de las excelsas construcciones góticas.

Hay muchos otros casos en los que se declaran patrimonios materiales a proteger pero no se declaran así aquellos elementos culturales y civilizatorios que les dieron origen, sin los cuales los primeros no existirían.

Como amante de la humanidad y beneficiario de su rica herencia creo que sería justo proteger los orígenes del patrimonio, en muchos casos igualmente en peligro de desaparición. Como filósofo y amante del arte creo necesario que se declare patrimonio inmaterial y dignas de protección a herencias como las siguientes, hoy en peligro de desaparición:

- La filosofía, la religión y la mitología griega
- La enseñanzas de Confucio
- El valor civilizatorio de los Templarios
- La alquimia medieval
- La religión cristiana
- La civilización romana, sus filósofos y artistas
- El Renacimiento europeo
- La religión y mitología del Egipto faraónico
- La civilización persa
- Las civilizaciones azteca, maya e inca
- La religión y mitología hindú
- La religión musulmana
- La religión judaica
- Y otras muchas que yo podría y usted también, lector, podría añadir.

Cualquiera de ellas me parece de mayor importancia y trascendencia, sin menoscabarlas, que el arte del encaje de aguja de Alençon o La Patum de Verga, por poner solo dos casos.