Mostrando entradas con la etiqueta filosofía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta filosofía. Mostrar todas las entradas

jueves, 26 de enero de 2017

LA FILOSOFÍA, ¿INÚTIL?





 En nuestros días la filosofía ha sido mal entendida, mal utilizada y, finalmente, defenestrada y desterrada de la enseñanza.

La auténtica filosofía no es cosa de ancianos eruditos, sino que permanece durante toda nuestra vida. Somos filósofos desde niños. A quién no le ha hecho un niño preguntas como estas:

-Papá, ¿esas luces chiquititas que se ven el cielo por la noche que son?

-¿El sol por qué no se cae?

-Mamá ¿por que dices que ese hombre es malo? ¿que es ser malo?

-Mamá ¿por que tenemos que morirnos, como el abuelo?

-Papá ¿tu quieres a mamá?

-Papá ¿por que hay tantos animales? ¿los  animales sirven para algo, o solo para comer nosotros?

-Etc, etc. 

Lógicamente los niños dejan pronto de preguntar por dos motivos, bien porque más pronto o más tarde son desanimados con contestaciones como: “Niño, no preguntes más”; bien porque se dan cuenta que nadie tiene las respuestas que necesita.

Lo que ocurre con la filosofía es que se perdió su sentido original, su porqué, su para que, y, en consecuencia, perdimos su cómo. Hoy el soberbio hombre de nuestro siglo se enorgullece de no necesitar de la sabiduría de nada ni de nadie. 

Pero, cosa curiosa, han aparecido, como los hongos, un enorme ejército de psicólogos, psiquiatras y “entrenadores personales”. Y se hacen terapias de pareja o de grupo, por todos los lugares, y se escriben y venden infinidad de libros de “autoayuda”.

Por otra parte, nacen, se desarrollan y mueren una inmensidad de grupúsculos, liderados por un “gurú”, un “maestro”, o un “sabio”, quienes, para sus “discípulos”, detentan el summum de la sabiduría humana y sus seguidores acatan sus indicaciones a pie juntillas, sin duda ni reflexión alguna.

Por un lado se rechaza la filosofía, pero se siguen con gran devoción los consejos de cualquiera de los profesionales y líderes que he citado. Y me parece que en esta situación hay gato encerrado, ya que es una situación extraña y muy chocante.

Si la libertad ha sido declarada como el bien supremo del ser humano, y si esta libertad es potencialmente nuestra desde el nacimiento, por el hecho de nuestra condición humana, ¿a qué se debe que tengamos que seguir las indicaciones de nadie para guiar nuestra vida? ¿por que oscura razón dejamos las riendas de nuestro caballo a alguien ajeno a nosotros, o seguimos sus normas de conducta, de pensamiento y de sentimiento y no las nuestras propias? ¿Es que hemos renunciado a nuestra libertad para dejar en manos ajenas el curso de nuestra propia vida? 

Seguramente el motivo es el llamado “miedo a la libertad”. Y este miedo se justifica en que conquistar la propia libertad no es asunto fácil; para ello tendríamos que desprendernos de todas aquellas formas de pensar y sentir que nos fueron inculcadas desde nuestra niñez y que cómodamente aceptamos sin reflexión alguna. Este desprendimiento es necesario para iniciar, desde nuestro interior, la búsqueda de nuestra forma auténtica de encarar la vida, y, desde ahí, empezar a vivirla acorde a esos principios logrados en la búsqueda. Pero este es un trabajo, quizá el más propio de lo humano, que no es fácil, ni cómodo, ni exento del trabajo de forja interior. Pero así, y solo así, llegamos a conformar nuestro propio ser interno, limando nuestras asperezas y dando brillo a nuestras facultades. 

Seguramente esta es la más gloriosa aventura de un ser humano, la del camino en búsqueda del propio ser interior Y éste es el verdadero sendero de la filosofía, cuyo significado original etimológico es “amor a la sabiduría”, de los griegos philos, amante, ysophia, sabiduría.

La situación actual es extraña ¿verdad? Cualquiera diría que absurda: un hombre libre entrega su vida a las directrices de otro hombre. ¿Existe mayor esclavitud? ¿Somos libres o esclavos? ¿Somos independientes o dependientes?

Cuando una persona sufre una gran pérdida o una gran desgracia, o quizá solo un contratiempo trivial, va corriendo o se le lleva a un psicólogo, para que le guíe en la solución del estado incontrolable en el que cae el afectado. Esto solo quiere decir que esa persona no dispone de la sabiduría suficiente para abordar por sí mismo su situación vital ante el problema.  Es como una orfandad en la que vive la gran mayoría de la humanidad, donde es preciso que nos digan como pensar, como sentir, como comportarnos, como afrontar nuestros retos, nuestras debilidades, nuestras dificultades.

Y… ¿no sería mejor aprender a hacerlo?

Desde el fondo de los siglos, Séneca, Epicteto, Platón, Confucio, Plotino, Buda, Aristóteles, Hermes, los Vedas y un sinnúmero de sabios, que comportan la herencia más valiosa de la humanidad, deben sentirse tristes y defraudados por nosotros, los hombres de este siglo soberbio. Tanto buscar la sabiduría a lo largo de todas sus vidas para que ahora nadie les conceda ni la menor importancia ni les de el menor crédito… Sobran en las aulas, y sobran en nuestras vidas… 

Nos decimos: ¿dijeron algo de interés, algo de utilidad, algo que merezca la pena ser considerado? ¿no se trataba más bien de gente ociosa, gente de vagancia, que vivían a costa de ir contando sus estrambóticos delirios a los demás mortales, complicándoles la vida? ¿gente que nos decía que debíamos conquistar nuestra libertad, cuando ya somos libres por naturaleza? ¿que debíamos buscar y amar la verdad y la sabiduría, cuando ya lo sabemos todo? ¿que deberíamos de tomar las riendas de nuestra vida, cuando sabemos que la vida es un azar y las riendas son innecesarias, porque no vamos a ningún sitio? ¡Que el caballo galope a donde él quiera! ¿Para qué necesitamos riendas, ni caballo, ni nada?

La filosofía es cosa de gente que, en lugar de trabajar, se dedica a pensar cosas inútiles, difícilmente entendibles para nadie, y que solo nos hace volvernos más locos todavía…

Pero, no es así. Los grandes sabios de la humanidad, esos a los que ahora despreciamos, son en realidad los que, con sus aportes de enseñanza, han promovido el desarrollo y el progreso humano a lo largo de los siglos. Son los que han aportado luz vivificadora al hombre en todas las épocas, los que han evitado que el hombre retorne a la edad de las cavernas convirtiéndose en una bestia más. Su sabiduría ha iluminado las artes, las ciencias, las leyes, las religiones, así como cualquier actividad creadora y enriquecedora que ha colaborado a que el hombre sea más humano, más bueno, más justo y, en resumen, un poco más sabio.

Y en nuestros días, en los que hemos rechazado sus orientaciones y su luz, no hace falta explicar de que manera camina la humanidad hacia la nada. Todos lo sabemos.

…

Nunca fue eso la filosofía… Nunca fue inútil… Nunca ociosa… Nunca.

Para mí que la filosofía es el manto de sabiduría que cubre todos los saberes del hombre en todas sus facetas. 

Es la esencia que subyace en toda forma de entender la vida y de vivirla. 

Es la conformadora de los cimientos y de los pilares de cualquier quehacer humano. 

Es la que guía y da impulso, o debiera hacerlo, a las ciencias, a las artes y a las religiones.

La filosofía fue siempre la ciencia más alta y más noble, porque es la ciencia de la vida, la lámpara de los hombres, la que aporta la luz que nos guía en la gran aventura de la vida humana.



lunes, 23 de noviembre de 2015

INDIFERENCIA








 Hoy andaba por la calle con mi perro y me pregunté sobre la indiferencia. ¿Qué era, de dónde nacía, podía ser buena o mala, era síntoma de algo, existía realmente?

 Pensé que un filósofo, como ser humano que de todo se asombra, no podría ser indiferente a cosa alguna. Cualquier cosa, incluso las que parecen más nimias al hombre vulgar, es de gran interés para él.

 Una vez escuché que la cosa más insignificante, una vez que se observa detenidamente y con interés, poco a poco se vuelve más interesante y valiosa, al tiempo que cada vez nos resulta menos indiferente. Y creo que es así.

 Una hormiga lleva a lomos el ala de una mariposilla… ¡que tontería!
 El botijo siempre lo ponen sobre un plato lleno de agua… ¡manías!
 Las cabras no se comen el gramón… ¡y a mí que me importa!
Esta parte del mar no parece azul ni verde, parece marrón… bueno ¿y qué?
Etc., etc.

 Bueno, si, sé que hay muchas cosas muy importantes y de mucha trascendencia como para pararse en estas pequeñas cosas. Pero al menos a mí me ocurre que mis grandes cosas nacen de las aparentemente muy pequeñas. Un baobad nace de una pequeña semilla, y luego es gigantesco. Y al Principito le pareció tonta la manía del banquero que poseía estrellas y todos los días las contaba, aunque para él no tuvieran ningún significado, y solo le importara su posesión.

 ¿Realmente nos da igual lo que alguien piense, lo que alguien sienta, lo que alguien haga?

 ¿Nos da igual, en verdad, lo que vemos, oímos, saboreamos, olemos y tocamos?

 ¿Nos da igual lo que ocurre a nuestro alrededor? ¿nos da igual es sufrimiento ajeno, la alegría ajena, la bondad ajena, la maldad ajena?

 ¿Por qué Francisco de Asís evitaba pisar una hormiga? ¿Es que era tonto?

 ¿Cómo es que a Leonardo da Vinci le daba por estudiar y profundizar en las materias más dispares, incluso jugándose la vida, como en sus estudios de anatomía?

 Pues no, creo que no tengo derecho a dejar entrar a la indiferencia en mi alma, y no creo que nada me pueda aportar sino abandono de mí mismo. Si el Universo es nuestro modelo humano, y Dios es la esencia del Universo, de nada nos serviría intentar descubrirlo si algo consideramos merecedor de nuestra indiferencia.

 Posiblemente la indiferencia sea lo más cómodo para el hombre, pero también lo menos humano.



miércoles, 25 de septiembre de 2013

LA FILOSOFÍA: ¿INÚTIL?



























En nuestros días la filosofía ha sido mal entendida, mal utilizada y, finalmente, defenestrada y desterrada de la enseñanza.
La auténtica filosofía no es cosa de ancianos eruditos, sino que permanece durante toda nuestra vida. Somos filósofos desde niños. A quién no le ha hecho un niño preguntas como estas:

-Papá, ¿esas luces chiquititas que se ven el cielo por la noche que son?
-¿El sol por qué no se cae?
-Mamá ¿por que dices que ese hombre es malo? ¿qué es ser malo?
-Mamá ¿por que tenemos que morirnos, como el abuelo?
-Papá ¿tu quieres a mamá?
-Papá ¿por que hay tantos animales? ¿los  animales sirven para algo, o solo para comer nosotros?
-Etc, etc.

Lógicamente los niños dejan pronto de preguntar por dos motivos, bien porque más pronto o más tarde son desanimados con contestaciones como: “Niño, no preguntes más”; bien porque se dan cuenta que nadie tiene las respuestas que necesita.

Lo que ocurre con la filosofía es que se perdió su sentido original, su porqué, su para que, y, en consecuencia, perdimos su cómo. Hoy el soberbio hombre de nuestro siglo se enorgullece de no necesitar de la sabiduría de nada ni de nadie.

Pero, cosa curiosa, han aparecido, como los hongos, un enorme ejército de psicólogos, psiquiatras y “entrenadores personales”. Y se hacen terapias de pareja o de grupo, por todos los lugares, y se escriben y venden infinidad de libros de “autoayuda”.

Por otra parte, nacen, se desarrollan y mueren una inmensidad de grupúsculos, liderados por un “gurú”, un “maestro”, o un “sabio”, quienes, para sus “discípulos”, detentan el summum de la sabiduría humana y sus seguidores acatan sus indicaciones a pie juntillas, sin duda ni reflexión alguna.

Por un lado se rechaza la filosofía, pero se siguen con gran devoción los consejos de cualquiera de los profesionales y líderes que he citado. Y me parece que en esta situación hay gato encerrado, ya que es una situación extraña y muy chocante.

Si la libertad ha sido declarada como el bien supremo del ser humano, y si esta libertad es potencialmente nuestra desde el nacimiento, por el hecho de nuestra condición humana, ¿a qué se debe que tengamos que seguir las indicaciones de nadie para guiar nuestra vida? ¿por qué oscura razón dejamos las riendas de nuestro caballo a alguien ajeno a nosotros, o seguimos sus normas de conducta, de pensamiento y de sentimiento y no las nuestras propias? ¿Es que hemos renunciado a nuestra libertad para dejar en manos ajenas el curso de nuestra propia vida?

Seguramente el motivo es el llamado “miedo a la libertad”. Y este miedo se justifica en que conquistar la propia libertad no es asunto fácil; para ello tendríamos que desprendernos de todas aquellas formas de pensar y sentir que nos fueron inculcadas desde nuestra niñez y que cómodamente aceptamos sin reflexión alguna. Este desprendimiento es necesario para iniciar, desde nuestro interior, la búsqueda de nuestra forma auténtica de encarar la vida, y, desde ahí, empezar a vivirla acorde a esos principios logrados en la búsqueda. Pero este es un trabajo, quizá el más propio de lo humano, que no es fácil, ni cómodo, ni exento del trabajo de forja interior. Pero así, y solo así, llegamos a conformar nuestro propio ser interno, limando nuestras asperezas y dando brillo a nuestras facultades.

Seguramente esta es la más gloriosa aventura de un ser humano, la del camino en búsqueda del propio ser interior Y éste es el verdadero sendero de la filosofía, cuyo significado original etimológico es “amor a la sabiduría”, de los griegos philos, amante, y sophia, sabiduría.

La situación actual es extraña ¿verdad? Cualquiera diría que absurda: un hombre libre entrega su vida a las directrices de otro hombre. ¿Existe mayor esclavitud? ¿Somos libres o esclavos? ¿Somos independientes o dependientes?

Cuando una persona sufre una gran pérdida o una gran desgracia, o quizá solo un contratiempo trivial, va corriendo o se le lleva a un psicólogo, para que le guíe en la solución del estado incontrolable en el que cae el afectado. Esto solo quiere decir que esa persona no dispone de la sabiduría suficiente para abordar por sí mismo su situación vital ante el problema.  Es como una orfandad en la que vive la gran mayoría de la humanidad, donde es preciso que nos digan como pensar, como sentir, como comportarnos, como afrontar nuestros retos, nuestras debilidades, nuestras dificultades.

Y… ¿no sería mejor aprender a hacerlo?

Desde el fondo de los siglos, Séneca, Epicteto, Platón, Confucio, Plotino, Buda, Aristóteles, Hermes, los Vedas y un sinnúmero de sabios, que comportan la herencia más valiosa de la humanidad, deben sentirse tristes y defraudados por nosotros, los hombres de este siglo soberbio. Tanto buscar la sabiduría a lo largo de todas sus vidas para que ahora nadie les conceda ni la menor importancia ni les de el menor crédito… Sobran en las aulas, y sobran en nuestras vidas…

Nos decimos: ¿dijeron algo de interés, algo de utilidad, algo que merezca la pena ser considerado? ¿no se trataba más bien de gente ociosa, gente de vagancia, que vivían a costa de ir contando sus estrambóticos delirios a los demás mortales, complicándoles la vida? ¿gente que nos decía que debíamos conquistar nuestra libertad, cuando ya somos libres por naturaleza? ¿que debíamos buscar y amar la verdad y la sabiduría, cuando ya lo sabemos todo? ¿que deberíamos de tomar las riendas de nuestra vida, cuando sabemos que la vida es un azar y las riendas son innecesarias, porque no vamos a ningún sitio? ¡Que el caballo galope a donde él quiera! ¿Para qué necesitamos riendas, ni caballo, ni nada?

La filosofía es cosa de gente que, en lugar de trabajar, se dedica a pensar cosas inútiles, difícilmente entendibles para nadie, y que solo nos hace volvernos más locos todavía…

Pero, no es así. Los grandes sabios de la humanidad, esos a los que ahora despreciamos, son en realidad los que, con sus aportes de enseñanza, han promovido el desarrollo y el progreso humano a lo largo de los siglos. Son los que han aportado luz vivificadora al hombre en todas las épocas, los que han evitado que el hombre retorne a la edad de las cavernas convirtiéndose en una bestia más. Su sabiduría ha iluminado las artes, las ciencias, las leyes, las religiones, así como cualquier actividad creadora y enriquecedora que ha colaborado a que el hombre sea más humano, más bueno, más justo y, en resumen, un poco más sabio.

Y en nuestros días, en los que hemos rechazado sus orientaciones y su luz, no hace falta explicar de que manera camina la humanidad hacia la nada. Todos lo sabemos.

…

Nunca fue eso la filosofía… Nunca fue inútil… Nunca ociosa… Nunca.

Para mí que la filosofía es el manto de sabiduría que cubre todos los saberes del hombre en todas sus facetas.

Es la esencia que subyace en toda forma de entender la vida y de vivirla.

Es la conformadora de los cimientos y de los pilares de cualquier quehacer humano.

Es la que guía y da impulso, o debiera hacerlo, a las ciencias, a las artes y a las religiones.

La filosofía fue siempre la ciencia más alta y más noble, porque es la ciencia de la vida, la lámpara de los hombres, la que aporta la luz que nos guía en la gran aventura de la vida humana.


lunes, 4 de febrero de 2013

NUEVOS INVENTORES

















Leía esta mañana en el Diario de Cádiz las declaraciones de un señor, Inspector de Educación e inventor del método ABN, tal como indicaba el titular de la entrevista, y Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación, según su curriculum.

Y… ¿qué había inventado? Claramente se desprendía del gran titular, que decía así:
“Libremos a los niños del martirio de hacer cuentas”.

Y comenzaba así:
“Hay que acabar con ellas cuanto antes. Enseñar a hacer cuentas es antinatural y no sirve para nada en la vida diaria. Libremos a los niños de ese martirio.”

Añadía más adelante que no se puede, haciendo cuentas, razonar lo que se hace. Como si las matemáticas fuera cuestión de razonar. Aduce, además, que hoy ni los comerciantes hacen cuentas, que ya las calculan con las máquinas.

¡Espléndido! Continuando con su notable razonamiento, ¿para qué estudiar filosofía, si todo ya está escrito en los libros? ¿y para qué estudiar griego o inglés, si existen los traductores automáticos de Internet y, además, son gratis?

Más adelante descubre que el problema de las matemáticas es que “son abstractas”, y como tal no es posible razonarlas, así que los niños no pueden comprenderlas. Como conclusión podríamos decir que es preciso desechar todo estudio de lo abstracto, sin tener en cuenta que lo más válido en la formación y en la vida del hombre es abstracto, es decir, no tiene materialidad. ¿Alguien puede pesar una amistad? ¿Alguien puede medir una cantidad de vida? ¿Alguien puede hacer el esquema de un amor?

En verdad no me preocuparía si esto fuera solo el caso aislado de “un gran inventor”, sin que su “invento” fuera tomado en cuenta y sin producir repercusiones en la vida diaria. Pero no es así. Esto es lo que de verdad me preocupa.

En nuestra actual cultura “moderna” existen muchos inventores como este señor. Yo preferiría que sus inventos los hicieran con gaseosa y no con ingredientes mucho más dañinos y peligrosos, usados además encaramados en un cargo que asume y ejerce responsabilidad sobre muchos miles de seres humanos indefensos.

El modernismo tiene la vista muy corta. No ve más allá de cincuenta o cien años. Cree que todo está por inventar. Y esto es así porque desdeña por inútil la labor de la humanidad en los últimos milenos. Me parece ridículo, ya que, y más al contrario, pienso que no hay nada nuevo por inventar acerca de la naturaleza del hombre. Todo fue ya inventado. Y quien piense que ha inventado la pólvora se equivoca, porque ya la inventaron los chinos, aunque a lo mejor es que él no lo sabe, no se acuerda o prefiere ignorarlo.

Si Leonardo da Vinci, Einstein, Niels Borh, Petrarca, Platón, Kant, Confucio, Shakespeare y muchos más levantaran la cabeza y contemplaran la estupidez en la que estamos sumidos, desearían volver a morir inmediatamente.

“Sabios” que han eliminado la filosofía de los planes de estudio, por “inútil”, que intentan eliminar las matemáticas básicas, por “abstractas”, la herencia de las antiguas culturas por “infantiles”, los principios éticos por “encorsetantes” y “represivos”, el arte antiguo por “anticuado”, el pensamiento por “ocioso”, las normas de convivencia por “anacrónicas”, la poesía por “incomprensible y delirante” y muchas otras cosas que se os ocurran porque “no nos sirven de nada en nuestra época moderna”.

Parecería como si nuestra humanidad actual quisiera hacerse voluntariamente huérfana y renunciara por nada a todo el legado que, durante milenios, han construido con su esfuerzo muchos otros seres humanos que, pensándolo bien, tenían los mismos problemas e inquietudes que el hombre de hoy.

Enhorabuena, amigos. Habéis conseguido para la humanidad la mayor y más cruel orfandad que pudiera concebirse.



viernes, 12 de noviembre de 2010

"INVENTORES"


Leía esta mañana en el Diario de Cádiz las declaraciones de un señor, Inspector de Educación e inventor del método ABN, tal como indicaba el titular de la entrevista, y Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación, según su curriculum.

Y… ¿qué había inventado? Claramente se desprendía del gran titular, que decía así:
“Libremos a los niños del martirio de hacer cuentas”.

Y comenzaba así:
“Hay que acabar con ellas cuanto antes. Enseñar a hacer cuentas es antinatural y no sirve para nada en la vida diaria. Libremos a los niños de ese martirio.”

Añadía más adelante que no se puede, haciendo cuentas, razonar lo que se hace. Como si las matemáticas fuera cuestión de razonar. Aduce, además, que hoy ni los comerciantes hacen cuentas, que ya las calculan con las máquinas.

¡Espléndido! Continuando con su notable razonamiento, ¿para qué estudiar filosofía, si todo ya está escrito en los libros? ¿y para qué estudiar griego o inglés, si existen los traductores automáticos de Internet y, además, son gratis?

Más adelante descubre que el problema de las matemáticas es que “son abstractas”, y como tal no es posible razonarlas, así que los niños no pueden comprenderlas. Como conclusión podríamos decir que es preciso desechar todo estudio de lo abstracto, sin tener en cuenta que lo más válido en la formación y en la vida del hombre es abstracto, es decir, no tiene materialidad. ¿Alguien puede pesar una amistad? ¿Alguien puede medir una cantidad de vida? ¿Alguien puede hacer el esquema de un amor?

En verdad no me preocuparía si esto fuera solo el caso aislado de “un gran inventor”, sin que su “invento” fuera tomado en cuenta y sin producir repercusiones en la vida diaria. Pero no es así. Esto es lo que de verdad me preocupa.

En nuestra actual cultura “moderna” existen muchos inventores como este señor. Yo preferiría que sus inventos los hicieran con gaseosa y no con ingredientes mucho más dañinos y peligrosos, usados además encaramados en un cargo que asume y ejerce responsabilidad sobre muchos miles de seres humanos indefensos.

El modernismo tiene la vista muy corta. No ve más allá de cincuenta o cien años. Cree que todo está por inventar. Y esto es así porque desdeña por inútil la labor de la humanidad en los últimos milenos. Me parece ridículo, ya que, y más al contrario, pienso que no hay nada nuevo por inventar acerca de la naturaleza del hombre. Todo fue ya inventado. Y quien piense que ha inventado la pólvora se equivoca, porque ya la inventaron los chinos, aunque a lo mejor es que él no lo sabe, no se acuerda o prefiere ignorarlo.

Si Leonardo da Vinci, Einstein, Niels Borh, Petrarca, Platón, Kant, Confucio, Shakespeare y muchos más levantaran la cabeza y contemplaran la estupidez en la que estamos sumidos, desearían volver a morir inmediatamente.

“Sabios” que han eliminado la filosofía de los planes de estudio, por “inútil”, que intentan eliminar las matemáticas básicas, por “abstractas”, la herencia de las antiguas culturas por “infantiles”, los principios éticos por “encorsetantes” y “represivos”, el arte antiguo por “anticuado”, el pensamiento por “ocioso”, las normas de convivencia por “anacrónicas”, la poesía por “incomprensible y delirante” y muchas otras cosas que se os ocurran porque “no nos sirven de nada en nuestra época moderna”.

Parecería como si nuestra humanidad actual quisiera hacerse voluntariamente huérfana y renunciara por nada a todo el legado que, durante milenios, han construido con su esfuerzo muchos otros seres humanos que, pensándolo bien, tenían los mismos problemas e inquietudes que el hombre de hoy.

Enhorabuena, amigos. Habéis conseguido para la humanidad la mayor y más cruel orfandad que pudiera concebirse.


jueves, 14 de enero de 2010

FILOSOFÍA




En nuestro mundo actual, la filosofía ha sido mal entendida, mal utilizada y, finalmente, defenestrada y desterrada de la enseñanza.

Se perdió su sentido original, su porqué, su para qué, y, en consecuencia, perdimos su cómo.
El soberbio hombre de nuestro siglo se enorgullece de no necesitar de la sabiduría de nada ni de nadie.

Pero, cosa curiosa, han aparecido, como los hongos, un enorme ejército de psicólogos, psiquiatras y entrenadores personales (los del coaching). Se hacen terapias de pareja, o de grupo, por todos los lugares, y se escriben y venden infinidad de libros de “autoayuda”.

Y también nacen, se desarrollan y mueren, una inmensidad de grupúsculos, liderados por un “gurú”, un “maestro”, o un “sabio”, quienes para sus “discípulos” detentan el summum de la sabiduría humana y siguen sus indicaciones a pie juntillas, sin duda ni reflexión alguna.

Se detesta la filosofía, pero se siguen con gran devoción los consejos de cualquiera de los profesionales y líderes que he citado. Y me parece que en esta situación hay gato encerrado, ya que es una situación extraña, y muy chocante.

Si la libertad ha sido declarada como el bien supremo del ser humano, si esta libertad es nuestra desde el nacimiento, por el hecho de nuestra condición humana ¿a qué se debe que tengamos que seguir las indicaciones de nadie para guiar nuestra vida? ¿A qué oscura razón se debe que dejemos las riendas de nuestro caballo a alguien ajeno a nosotros? ¿Qué sigamos sus normas de conducta, de pensamiento y de sentimiento y no las nuestras propias? ¿Hemos renunciado a nuestra libertad para dejar en manos ajenas el curso de nuestra vida?

Es extraño ¿verdad? Cualquiera diría que absurdo. Un hombre libre entrega su vida a las directrices de otro hombre? ¿Existe mayor esclavitud? ¿Somos libres o esclavos? ¿Somos independientes o dependientes?

Una persona sufre una gran pérdida, o una gran desgracia, o quizá solo un contratiempo, y corriendo va o se le lleva a un psicólogo, para que le guíe en la solución del estado incontrolable en el que cae el afectado. Esto solo quiere decir que no dispone de la sabiduría suficiente para abordar por sí mismo su situación vital ante el problema. Es como una orfandad en la que vive la gran mayoría de la humanidad. Nos resulta preciso que nos digan cómo pensar, cómo sentir, cómo comportarnos, cómo afrontar nuestros retos, nuestras debilidades y nuestras dificultades.

Y ¿no sería mejor aprender a hacerlo?

Desde el fondo de los siglos, Séneca, Epicteto, Platón, Confucio, Plotino, Buda, Aristóteles, Hermes, los Vedas, y un sinnúmero de sabios, que comportan la herencia más valiosa de la humanidad, deben sentirse tristes y defraudados por nosotros, los hombres de este siglo soberbio. Tanto buscar la sabiduría a lo largo de todas sus vidas y nadie les concede ni la menor importancia ni crédito. Sobran en las aulas, y sobran en nuestras vidas… Nos decimos: ¿Es que dijeron algo de interés, algo de utilidad, algo que merezca la pena ser considerado? ¿No se trataba más bien de gente ociosa, gente de vagancia, que vivían a costa de ir contando sus estrambóticos delirios a los demás mortales, complicándoles la vida? ¿Gente que nos decía que debíamos conquistar nuestra libertad, cuando somos libres por naturaleza? ¿Qué deberíamos buscar la verdad y la sabiduría, cuando ya lo sabemos todo? ¿Qué deberíamosde tomar las riendas de nuestra vida, cuando sabemos que la vida es un azar y las riendas son innecesarias, porque no vamos a ningún sitio?
¡Que el caballo galope a donde él quiera! ¿Para qué necesitamos riendas, ni caballo, ni destino?

La filosofía es cosa de gente que, en lugar de trabajar, se dedica a pensar cosas inútiles, difícilmente entendibles para nadie, y que solo nos hace volvernos más locos todavía…

…….

Nunca fue eso la filosofía… Nunca fue inútil… Nunca ociosa… Nunca.

Para mí, la filosofía es el manto de sabiduría que cubre todos los saberes del hombre en todas sus facetas y en todos los tiempos.
Es la esencia que subyace en toda forma de entender la vida y de vivirla.
Es la conformadora de los cimientos y los pilares de cualquier quehacer humano.
Es la que guía y da impulso, o debiera hacerlo, a las ciencias, a las artes y a las religiones.


La filosofía fue siempre la ciencia más alta y más noble, porque es la ciencia de la vida, la lámpara de los hombres, la luz que nos guía en la gran aventura de la vida humana.


domingo, 25 de enero de 2009

DIÓGENES





Hace unos días nos reunimos en casa unos amigos, y, ya en la mesa, rodeados como estábamos, de jamón serrano, queso de oveja manchega, espléndidos boquerones en vinagre con su necesaria cebolleta fresca, buen vino de León, y demás exquisiteces de nuestra bendita tierra, comenté que, considerándonos filósofos, pensaba en qué diría mi querido y admirado Diógenes de semejante reunión.

Alguien dijo: -bueno, sí, Diógenes solo comería lo que le diesen, y dormiría en un viejo barril, desnudo de todo lo superfluo, pero también es cierto que se confesaba pajillero-
-El impulso sexual es algo humano, como el comer o el dormir- dije yo. Algo tendría que hacer para liberarlo...

Yo no lo sabía la anécdota, pero les comenté lo que una vez escuché de un ermitaño, cuando le preguntaron como podía soportar la soledad del sexo. Y vino a decir que se complacía a sí mismo, pero que no lo consideraba pecado alguno, ya que no lo hacía deseando a ninguna mujer, y que por tanto no dañaba a nadie. Me sorprendió su respuesta, porque repasando en ese momento los mandamientos entregados a Moisés, no encontré que trasgrediera ninguno. Por lo que su actitud me pareció una actitud razonable, y añadí que yo pensaba igual.

Os cuento esta anécdota porque me ha sucedido a veces que, tras enviar alguno de mis escritos, en los que hablaba, pongamos por caso, de Mozart, de los romanos, o de alguna persona en particular, viva o muerta, famosa o no, alguien me ha contestado que estoy muy equivocado. Que Mozart era en su vida corriente un imbécil infantiloide, que los romanos eran unos borricos con dos patas, o que tal persona no era como yo la describía, que yo estaba muy equivocado y que en realidad era un sinvergüenza.

Y siempre he contestado lo mismo a estas objeciones:

Que me importa un pepino si lo que pienso y siento de ellos se acomoda a la realidad o no. Que lo que me vale son los valores que extraigo de ellos, lo que me aportan tal como los pienso (o los sueño).

¡Qué me puede importar a mí que Mozart fuera, como dicen muchos, un inmaduro para la vida o un juerguista ridículo! Eso no cuenta, en el dudoso caso que fuera verdad, lo que no creo. Lo que cuenta son las páginas que escribió, que hacen brotar de mi corazón, y de muchos otros, lágrimas de dicha. Que me lleva a paraísos nunca soñados, que consiguen que ame a los hombres y descubra a Dios. Eso es lo que me importa, y los que ponen el énfasis en su aspecto vulgarmente humano, seguramente no tienen la sensibilidad suficiente para valorar su inmensa aportación a la Humanidad.

¡Qué me importa a mí que Diógenes se aliviara en soledad! Bendita sea su alma, y que lo disfrutara. A mí lo que me importa es su terrible ejemplo de sencillez, de austeridad, de grandeza, de valor y de humanidad en suma. Eso es lo que me importa.

O que me digan que los romanos eran unos degenerados y unas acémilas. A mí lo que me importa es que tenían los ... más grandes que el caballo de Espartero, y que para tender un puente o hacer un acueducto no se andaban con las pamplinas de hoy día. Lo hacían y punto. Y hoy están donde mismo los pusieron, y seguramente estarán en el mismo sitio dos o tres milenios más. Nuestros nietos verán caerse los nuevos puentes y los puentes romanos seguirán en el mismo sitio, como si nada.

Y lo que cuenta, de verdad, es que el derecho que hoy día dirige nuestra cultura es el de ellos, y que nadie ha inventado todavía nada nuevo ni mejor. Y que extendieron la cultura griega por toda Europa, que es la misma y la única que tenemos hoy día y de la que tenemos que mamar lo queramos o no. Aunque muchos presuntuosos se pasen la vida haciendo inventos y pretendiendo demostrarnos que han inventado la pólvora. Pues no, queridos, la pólvora ya la inventaron los chinos hace no sé cuantos siglos, y si queréis hacer inventos, hacedlos con gaseosa. Y no nos toquéis más las narices.