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lunes, 4 de febrero de 2013

NUEVOS INVENTORES

















Leía esta mañana en el Diario de Cádiz las declaraciones de un señor, Inspector de Educación e inventor del método ABN, tal como indicaba el titular de la entrevista, y Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación, según su curriculum.

Y… ¿qué había inventado? Claramente se desprendía del gran titular, que decía así:
“Libremos a los niños del martirio de hacer cuentas”.

Y comenzaba así:
“Hay que acabar con ellas cuanto antes. Enseñar a hacer cuentas es antinatural y no sirve para nada en la vida diaria. Libremos a los niños de ese martirio.”

Añadía más adelante que no se puede, haciendo cuentas, razonar lo que se hace. Como si las matemáticas fuera cuestión de razonar. Aduce, además, que hoy ni los comerciantes hacen cuentas, que ya las calculan con las máquinas.

¡Espléndido! Continuando con su notable razonamiento, ¿para qué estudiar filosofía, si todo ya está escrito en los libros? ¿y para qué estudiar griego o inglés, si existen los traductores automáticos de Internet y, además, son gratis?

Más adelante descubre que el problema de las matemáticas es que “son abstractas”, y como tal no es posible razonarlas, así que los niños no pueden comprenderlas. Como conclusión podríamos decir que es preciso desechar todo estudio de lo abstracto, sin tener en cuenta que lo más válido en la formación y en la vida del hombre es abstracto, es decir, no tiene materialidad. ¿Alguien puede pesar una amistad? ¿Alguien puede medir una cantidad de vida? ¿Alguien puede hacer el esquema de un amor?

En verdad no me preocuparía si esto fuera solo el caso aislado de “un gran inventor”, sin que su “invento” fuera tomado en cuenta y sin producir repercusiones en la vida diaria. Pero no es así. Esto es lo que de verdad me preocupa.

En nuestra actual cultura “moderna” existen muchos inventores como este señor. Yo preferiría que sus inventos los hicieran con gaseosa y no con ingredientes mucho más dañinos y peligrosos, usados además encaramados en un cargo que asume y ejerce responsabilidad sobre muchos miles de seres humanos indefensos.

El modernismo tiene la vista muy corta. No ve más allá de cincuenta o cien años. Cree que todo está por inventar. Y esto es así porque desdeña por inútil la labor de la humanidad en los últimos milenos. Me parece ridículo, ya que, y más al contrario, pienso que no hay nada nuevo por inventar acerca de la naturaleza del hombre. Todo fue ya inventado. Y quien piense que ha inventado la pólvora se equivoca, porque ya la inventaron los chinos, aunque a lo mejor es que él no lo sabe, no se acuerda o prefiere ignorarlo.

Si Leonardo da Vinci, Einstein, Niels Borh, Petrarca, Platón, Kant, Confucio, Shakespeare y muchos más levantaran la cabeza y contemplaran la estupidez en la que estamos sumidos, desearían volver a morir inmediatamente.

“Sabios” que han eliminado la filosofía de los planes de estudio, por “inútil”, que intentan eliminar las matemáticas básicas, por “abstractas”, la herencia de las antiguas culturas por “infantiles”, los principios éticos por “encorsetantes” y “represivos”, el arte antiguo por “anticuado”, el pensamiento por “ocioso”, las normas de convivencia por “anacrónicas”, la poesía por “incomprensible y delirante” y muchas otras cosas que se os ocurran porque “no nos sirven de nada en nuestra época moderna”.

Parecería como si nuestra humanidad actual quisiera hacerse voluntariamente huérfana y renunciara por nada a todo el legado que, durante milenios, han construido con su esfuerzo muchos otros seres humanos que, pensándolo bien, tenían los mismos problemas e inquietudes que el hombre de hoy.

Enhorabuena, amigos. Habéis conseguido para la humanidad la mayor y más cruel orfandad que pudiera concebirse.



viernes, 13 de mayo de 2011

UN CÉNTIMO




Estaba en El Florín cumpliendo mi rito matinal del café despertador y del Diario, que leo con un interés que a mí mismo me sorprende. Aquello estaba lleno de gente, a pesar de la hora temprana. Busqué mesa, y sólo encontré una que estaba llena de vasos vacíos y restos de comida. Me hice un sitio y esperé pacientemente el café y que me limpiaran la mesa. Los camareros estaban agobiados.

Mientras esperaba miré alrededor distraídamente y vi un céntimo en el suelo. Observé a la gente que pasaba por su lado. Al parecer nadie reparaba en él. También podría ocurrir que alguien lo viera y pensara: -¡Bah!, sólo es un céntimo.

Al rato, me agaché, lo cogí, y lo puse en mi mesa. Al poco vino el camarero, recogió los restos del desayuno ajeno, paso un trapo, pero... dejó el céntimo en la mesa.

Tenía ya el Diario abierto y el café esperándome, pero cogí el céntimo y lo observé. No era de oro falso y plata falsa, como la moneda de euro. Solo era de humilde cobre. Era pequeña, muy pequeña, si acaso como un botón de camisa.

Me quité las gafas (soy miope) y la miré de cerca por ambas caras. Y quedé sorprendido. No tenía efigie de reyes. No tenía mapas de pueblos opulentos. No tenía siquiera adornos en su canto. En suma, vista de lejos era sumamente insignificante. Pero yo procuré quitarme mis gafas de la vida y mirarla con detalle, tratando de resolver su misterio.

Y vi una de sus caras. Era una catedral, la fachada de una espléndida catedral. ¡Vaya! Que cosa podría ser más grande que una catedral, atemporal, sagrada, casa y templo de sentimientos puros. Descanso del viajero en el tortuoso camino al cielo lejano.

Sorprendido le di la vuelta. Esperaba el mapa de los pueblos ricos y “de progreso”. Pero no. Tenía una imagen del planeta Tierra. ¡Incluso estaba África! Allí estaba toda la Humanidad. Los que malgastan inútilmente la riqueza y los que nunca conocieron siquiera la existencia de un grifo. Los sumamente tontos y los sumamente listos. Los cobardes y los valientes. Los hombres de todos los colores. Los esclavos y los traficantes de esclavos. Todos allí, en la pequeña moneda de céntimo.

La guardé en mi bolsillo, después de limpiar la suciedad de los que la pisaron, de los que la ignoraron y de los que la despreciaron. Y ahora la tengo delante de mí, como mi símbolo, como mi despertador, como mi pequeña y gran amiga.

Ahora no es un céntimo. Es mi céntimo.


viernes, 12 de noviembre de 2010

"INVENTORES"


Leía esta mañana en el Diario de Cádiz las declaraciones de un señor, Inspector de Educación e inventor del método ABN, tal como indicaba el titular de la entrevista, y Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación, según su curriculum.

Y… ¿qué había inventado? Claramente se desprendía del gran titular, que decía así:
“Libremos a los niños del martirio de hacer cuentas”.

Y comenzaba así:
“Hay que acabar con ellas cuanto antes. Enseñar a hacer cuentas es antinatural y no sirve para nada en la vida diaria. Libremos a los niños de ese martirio.”

Añadía más adelante que no se puede, haciendo cuentas, razonar lo que se hace. Como si las matemáticas fuera cuestión de razonar. Aduce, además, que hoy ni los comerciantes hacen cuentas, que ya las calculan con las máquinas.

¡Espléndido! Continuando con su notable razonamiento, ¿para qué estudiar filosofía, si todo ya está escrito en los libros? ¿y para qué estudiar griego o inglés, si existen los traductores automáticos de Internet y, además, son gratis?

Más adelante descubre que el problema de las matemáticas es que “son abstractas”, y como tal no es posible razonarlas, así que los niños no pueden comprenderlas. Como conclusión podríamos decir que es preciso desechar todo estudio de lo abstracto, sin tener en cuenta que lo más válido en la formación y en la vida del hombre es abstracto, es decir, no tiene materialidad. ¿Alguien puede pesar una amistad? ¿Alguien puede medir una cantidad de vida? ¿Alguien puede hacer el esquema de un amor?

En verdad no me preocuparía si esto fuera solo el caso aislado de “un gran inventor”, sin que su “invento” fuera tomado en cuenta y sin producir repercusiones en la vida diaria. Pero no es así. Esto es lo que de verdad me preocupa.

En nuestra actual cultura “moderna” existen muchos inventores como este señor. Yo preferiría que sus inventos los hicieran con gaseosa y no con ingredientes mucho más dañinos y peligrosos, usados además encaramados en un cargo que asume y ejerce responsabilidad sobre muchos miles de seres humanos indefensos.

El modernismo tiene la vista muy corta. No ve más allá de cincuenta o cien años. Cree que todo está por inventar. Y esto es así porque desdeña por inútil la labor de la humanidad en los últimos milenos. Me parece ridículo, ya que, y más al contrario, pienso que no hay nada nuevo por inventar acerca de la naturaleza del hombre. Todo fue ya inventado. Y quien piense que ha inventado la pólvora se equivoca, porque ya la inventaron los chinos, aunque a lo mejor es que él no lo sabe, no se acuerda o prefiere ignorarlo.

Si Leonardo da Vinci, Einstein, Niels Borh, Petrarca, Platón, Kant, Confucio, Shakespeare y muchos más levantaran la cabeza y contemplaran la estupidez en la que estamos sumidos, desearían volver a morir inmediatamente.

“Sabios” que han eliminado la filosofía de los planes de estudio, por “inútil”, que intentan eliminar las matemáticas básicas, por “abstractas”, la herencia de las antiguas culturas por “infantiles”, los principios éticos por “encorsetantes” y “represivos”, el arte antiguo por “anticuado”, el pensamiento por “ocioso”, las normas de convivencia por “anacrónicas”, la poesía por “incomprensible y delirante” y muchas otras cosas que se os ocurran porque “no nos sirven de nada en nuestra época moderna”.

Parecería como si nuestra humanidad actual quisiera hacerse voluntariamente huérfana y renunciara por nada a todo el legado que, durante milenios, han construido con su esfuerzo muchos otros seres humanos que, pensándolo bien, tenían los mismos problemas e inquietudes que el hombre de hoy.

Enhorabuena, amigos. Habéis conseguido para la humanidad la mayor y más cruel orfandad que pudiera concebirse.


martes, 7 de septiembre de 2010

INTERNACIONALIZACIÓN




DECLARACIONES DE CHICO BUARQUE.
MINISTRO DE EDUCACIÓN DE BRASIL.

No todos los días un brasileño les da una buena y
educadísima bofetada a los estadounidenses.

Durante un debate en una universidad de Estados Unidos, le
preguntaron al ex gobernador del Distrito Federal y actual
Ministro de Educación de Brasil, CRISTOVÃO CHICO
BUARQUE, qué pensaba sobre la internacionalización de la
Amazonia. Un estadounidense en las Naciones Unidas introdujo
su pregunta, diciendo que esperaba la respuesta de un
humanista y no de un brasileño.

Ésta fue la respuesta del Sr. Cristóvão Buarque:

Realmente, como brasileño, sólo hablaría en contra
de la internacionalización de la Amazonia. Por más que
nuestros gobiernos no cuiden debidamente ese patrimonio,
él es nuestro.

Como humanista, sintiendo el riesgo de la degradación
ambiental que sufre la Amazonia, puedo imaginar su
internacionalización, como también de todo lo demás, que
es de suma importancia para la humanidad.

Si la Amazonia, desde una ética humanista, debe ser
internacionalizada, internacionalicemos también las
reservas de petróleo del mundo entero.

El petróleo es tan importante para el bienestar de la
humanidad como la Amazonia para nuestro futuro. A pesar de
eso, los dueños de las reservas creen tener el derecho de
aumentar o disminuir la extracción de petróleo y subir o no su precio.

De la misma forma, el capital financiero de los países
ricos debería ser internacionalizado. Si la Amazonia es una
reserva para todos los seres humanos, no se debería quemar
solamente por la voluntad de un dueño o de un país. Quemar
la Amazonia es tan grave como el desempleo provocado por las
decisiones arbitrarias de los especuladores globales.

No podemos permitir que las reservas financieras sirvan para
quemar países enteros en la voluptuosidad de la especulación.

También, antes que la Amazonia, me gustaría ver la
internacionalización de los grandes museos del mundo.
El Louvre no debe pertenecer solo a Francia.
Cada museo del mundo es el guardián de las piezas más bellas producidas
por el genio humano. No se puede dejar que ese patrimonio
cultural, como es el patrimonio natural amazónico, sea
manipulado y destruido por el sólo placer de un propietario o de un país.

No hace mucho tiempo, un millonario japonés decidió
enterrar, junto con él, un cuadro de un gran maestro.
Por el contrario, ese cuadro tendría que haber sido
internacionalizado.

Durante este encuentro, las Naciones Unidas están
realizando el Foro Del Milenio, pero algunos presidentes de
países tuvieron dificultades para participar, debido a
situaciones desagradables surgidas en la frontera de los
EE.UU. Por eso, creo que Nueva York, como sede de las
Naciones Unidas, debe ser internacionalizada. Por lo menos
Manhatan debería pertenecer a toda la humanidad.
De la misma forma que París, Venecia, Roma, Londres, Río de
Janeiro, Brasilia... cada ciudad, con su belleza
específica, su historia del mundo, debería pertenecer al mundo entero.

Si EEUU quiere internacionalizar la Amazonia, para no
correr el riesgo de dejarla en manos de los
brasileños,internacionalicemos todos los arsenales
nucleares. Basta pensar que ellos ya demostraron que son
capaces de usar esas armas, provocando una destrucción
miles de veces mayor que las lamentables quemas realizadas
en los bosques de Brasil.

En sus discursos, los actuales candidatos a la presidencia
de los Estados Unidos han defendido la idea de
internacionalizar las reservas forestales del mundo a cambio de la deuda.

Comencemos usando esa deuda para garantizar que cada niño
del mundo tenga la posibilidad de comer y de ir a la
escuela. Internacionalicemos a los niños, tratándolos a
todos ellos sin importar el país donde nacieron, como
patrimonio que merecen los cuidados del mundo entero. Mucho
más de lo que se merece la Amazonia. Cuando los dirigentes
traten a los niños pobres del mundo como Patrimonio de la
Humanidad, no permitirán que trabajen cuando deberían
estudiar; que mueran cuando deberían vivir.

Como humanista, acepto defender la internacionalización
del mundo; pero, mientras el mundo me trate como brasileño,
lucharé para que la Amazonia, sea nuestra. ¡Solamente
nuestra!

OBSERVACIÓN: Este artículo fue publicado en el NEW YORK
TIMES, WASHINGTON POST, USA TODAY y en los mayores diarios de EUROPA y JAPÓN.

En BRASIL y el resto de Latinoamérica, este artículo no fué publicado.

domingo, 24 de enero de 2010

EL AZOTE DEL LÁTIGO ALETARGADOR




A veces alguien me ha comentado cosas que ha escuchado y visto por la televisión, dando por supuesto que yo también estoy al tanto, pues todo el mundo lo ha “visto” en el telediario.

Yo siempre digo que el pediatra me ha prohibido ver la tele, y cuando preguntan
- ¿El pediatra?
Les contesto:
- ¡Ah! No, perdón, el geriatra, que siempre me equivoco…

Se ríen siempre, pero creo que no llegan a creer que nunca mire la televisión, seguramente porque hoy la gente “intelectual”, e incluso la gente normal, niega que vea mucho la tele, cuando pasan casi todo su tiempo libre delante de la caja tonta. Así que dirán: Eso es lo que dicen todos, pero luego se empapará de ella.
Quizá ha llegado el momento en que no es posible creer que alguien no pase dos o tres horas delante del artefacto intruso, a no ser que sea marciano o sordo y ciego.

Pero es verdad, me quité de la tele por propia orden facultativa, cuando me di cuenta del daño cerebral que produce en las personas, y, por ende, en la sociedad. Creo que hoy, el síndrome de Peter Pan está tan difundido en la sociedad debido a que es intencionalmente fomentado por los oscuros poderes que gobiernan el tinglado.

Pero no quería hacer hoy una reflexión sobre todo el daño que produce la tele, porque tendría que hacerlo por capítulos, tan extenso es. Y lo es porque absorbe y casi anula el noble ejercicio de la vida humana, y lleva a “vivir” la vida de otros, se infunden en el adormecido espectador la forma de ver la vida que conviene a otros, los sentimientos que interesan, los intereses que necesita el gran ogro, devorador de cerebros y almas humanas.

Hoy solo quería reflexionar sobre uno de sus innumerables males. Pero, antes de hacerlo, debo, en justicia, declarar inocente a la televisión de cualquier culpa, en aplicación de la eximente de “obediencia debida”. Es solo un medio potentísimo que, como otros, puede usarse tanto para buenos fines como para malos fines. Eso depende de su utilización.

El mal al que me refería se muestra cuando alguien te comenta:

- ¡Hay que ver cómo está el mundo, solo pasan cosas malas!
O bien:
- ¡Qué cantidad de maldad tenemos en la humanidad!

En estos casos yo siempre le pregunto:

- ¿Por qué lo dices?
- Pero bueno, ¿es que no has visto hoy la tele?
- No. Lo tengo prohibido por el pediatra.
- ¿Tu sabes la de cosas que han pasado, la cantidad de cosas malas?
¿la maldad que hay en la humanidad?
- Bueno, sí, hay cosas malas, y también hay gente mala, -le contesto- pero lo bueno nunca sale en televisión. No es noticia. Además ¿tú crees que el mundo es como nos muestra la tele? Si así fuera, mejor sería que viniera el meteorito ese y nos mandara a todos a hacer puñetas ¿no?
- ¿Cosas buenas? ¿Qué cosas? Como no sea qué el Barça va ganando la liga…

El meollo de la cuestión es que, para casi toda la gente, el mundo es según nos muestran en televisión. Aquí justamente radica el gran engaño.

Leí una vez lo siguiente:

“Hace más ruido el desplome de un árbol en el bosque que los otros cientos de ellos que crecen alegremente en él”

Esta es la cuestión. Es el ruido, físico, emocional o mental lo que cuenta. Lo que no hace ruido y se desarrolla en silencio no interesa.

Y resulta que para mí es justamente al revés. Lo que hace ruido dura solo lo que dura el ruido. Lo silencioso permanece en el tiempo, vive, se desarrolla y da frutos. El ruido es efímero e infecundo. El silencio es duradero y rico en frutos.

¿Nadie es consciente de que una madre dio placentera y generosamente la leche de sus pechos a su pequeño bebé?
¿Nadie tiene en cuenta que millones de seres realizaron en el día su trabajo con alegría?
¿Nadie vio los abrazos de corazón de los amigos o de los amantes?
¿Nadie se dio cuenta de las sonrisas, de los besos, de las ayudas generosas, de los trabajos hechos con cariño, de las hermosas atenciones y delicadezas?
¿Nadie pensó en el cirujano que extirpó el mal de un cuerpo desahuciado?
¿Nadie pensó en el panadero que, en la noche, nos regaló el pan que comemos?
¿Nadie en el artista, quien, con solo sus manos y su corazón, nos brindó amorosamente la contemplación de su bella obra?
¿Nadie en una sonrisa recibida, en unas palabras de aliento, en la ayuda que recibimos de alguien a quien no conocíamos?


You may say I’m a dreamer… como decía Lennon, pero también continuaba:
But I’not de only one.

Yo, desde luego, me niego a creer en el falso mundo que nos presenta la gente negra en la televisión, y renuevo, una vez más, mi fe en la Humanidad.

El hombre no es un lobo para el hombre, y la Humanidad no está destinada a su destrucción.
Eso solo es el miedo con el que los infames nos quieren maniatar.
Pero, quitémosles las riendas de nuestro carruaje y, entregándolas a gente buena, generosa y justa, otro gallo nos va a cantar.


jueves, 20 de agosto de 2009

DESTINO Y LIBERTAD



A veces, solo a veces, siento con plenitud que absolutamente todos los seres que pueblan Universo cumplen escrupulosamente con el destino que les es propio. Es esos fugaces momentos me invade una inmensa paz, la paz del que por un momento toma conciencia de que todo va bien, de que no hay nada que se aparte del plan establecido, de que las cosas que suceden son, simplemente, las cosas que deben suceder.

Son momentos en que me digo, aunque sea sin palabras, solo sintiéndolo:

- Miguel, ¿de qué te preocupas? ¿hay algún astro que se haya salido de su órbita? ¿algún león que se haya vuelto vegetariano? ¿quizá un mosquito que haya cambiado su dieta, desechando la sangre animal para alimentarse ahora de jugo de frutas? ¿algún hombre que ahora hace lo que no estaba previsto?

Más bien, en esos momentos, siento que, como dice frecuentemente un buen amigo:
-El mundo funciona como un reloj.
...

Pero también sé que solo unos pocos estamos empeñados en lo contrario. Por eso estamos marginados, por eso somos considerados locos, por eso somos considerados peligrosos. Y la razón es muy simple: no somos previsibles, lo que traducido a la vida diaria viene a significar: no puede uno fiarse de ellos, no son gente normal.

Sucede que la transformación, el cambio, son molestos e indeseables para los que funcionan como un reloj, para los que dicen frecuentemente: pues yo soy así. Los que se preguntan: ¿qué es lo que hay que hacer para que nada cambie?

Los imprevisibles no son nunca como se piensa que deben ser, por lo que añaden peligro e incertidumbre a la vida de los demás. Hacen cosas raras, cosas que no son normales, que no pueden esperarse de gente sensata, de gente “seria”. Son indeseables, y como tales, Dios les colocó una marca en su frente, para que los seres normales y sensatos se cuidaran de sus peligrosas influencias.

Las preguntas habituales de todos los sensatos es: ¿Qué es lo que quieren? ¿Por qué hacen lo que hacen? ¿Qué pretenden? ¿A dónde quieren llegar? ¿Por qué no llevan una vida normal? Y cosas por el estilo. Porque lo más inquietante para ellos es que no saben en qué consisten los motivos de sus acciones, los resortes que los mueven, ni los principios que les rigen, porque hacen cosas que nadie comparte, que nadie entiende, y por lo tanto, que nadie acepta. Su vida en una sociedad civilizada es indeseable, y, si quieren vivir extrañamente, que formen un gueto, una tribu aparte, pero que no se inmiscuyan en los asuntos de la gente normal.

Trastocarían todo el orden perfectamente establecido, el orden de los pensamientos que deben pensarse, el orden de los sentimientos que deben sentirse, el orden de las acciones que corresponden llevarse a cabo.

Y, lo más peligroso, son un mal ejemplo para todos, y en especial para los jóvenes, quienes son siempre propensos a pensar y a actuar por su cuenta y riesgo.

Lo cierto es que, aunque parezca que la sociedad vive por y para la juventud, se rige por una gerontocracia trasnochada que solo aporta “principios” de egoísmo, individualismo, esclavitud de los instintos, de las pasiones y de la mente, todo ello disfrazado de “libertad”, que solo ofrece metas de riqueza material y de poder desnaturalizado, y que para ello solo propone medios absolutamente exentos de cualquier ética conocida.

Yo a lo mío, y caiga quien caiga.
¿A quién hay que matar?

Y lo verdaderamente triste es que cae, primero él mismo, y poco a poco, todos lo que le rodean.

Y más tarde, inevitablemente, también caerá la humanidad.


miércoles, 21 de enero de 2009

CUATRO MÚSICOS EN LA CALLE ANCHA



       Hace unos días salí con Miguel Ángel porque quería hacer unas compras, y al pasar por la calle Ancha, vi a lo lejos un grupo de gente y escuché música. Sabéis de mi afición a la música, así que nos acercamos. 

       Eran cuatro. Jóvenes. Entre todos no llegarían al siglo. Rubios, de ojos claros y el alma en los ojos y en la frente. Serían centroeuropeos o rusos. Seguramente vendrían a dar un concierto por la zona, como integrantes de alguna orquesta y pensaron en sacar algún dinero haciendo su concierto particular en la calle. Eran un violín, dos acordeones y un contrabajo.

Nos paramos a escuchar. Era música clásica, alegre por lo general, a veces emotivamente lenta, temas conocidos universalmente casi todos. Siempre se agradece escuchar cosas bellas, que alegran el alma y mueven el corazón. No pude evitar mi crítica y vi que a pesar de la alegría y el espíritu que ponían en lo que hacían, colaban gatos. Pero eso no era lo importante, y lo deseché al punto. Lo importante era que la calle estaba llena de hermosas melodías, antiguas pero siempre nuevas... y también llena de gente.

Gente que escuchaba embelesada, gente de todas las edades, niños, jóvenes, adultos, ancianos. Hasta hubo una viejecilla que se lanzó a bailar un tango que interpretaron. La gente aplaudía con gusto al terminar cada pieza, y el canastito se llenaba continuamente. Todos echamos algo. Todos teníamos agradecimiento en el corazón.

Me senté en un banco. Miguel Ángel había encontrado a un niño y se enseñaban mutuamente sus “tazos”, así que estuve allí un rato. Y pensé.

Pensé, o mejor, como siempre, vinieron a mi mente cosas. Y solo os quiero citar la que me produjo un golpe interior. Como seguramente sabéis, tengo una excelente mala opinión de la sociedad que nos ha tocado vivir, creo que totalmente justificada. Solo hay que abrir una revista de cualquier cosa o cualquier periódico, ver cualquier televisión, ir a cualquier teatro o exposición, escuchar hablar a alguien sobre cualquier cosa, política, arte, música, religión, filosofía, educación, relaciones humanas o cualquier otro tema que imaginéis, y lo actual, lo que supone progreso, lo que se trata de promover, si no imponer, son una sarta de majaderías, aberraciones, atentados contra el sentido común, estúpidas utopías para ángeles de cualquier otro mundo que no sea este, cosas de locos de atar, falsedades, engaños, trapicheos, etc., etc. etc.

Esta captación de la evidencia que nos rodea me acompaña todos los días, me amarga, me hace sentir en un desierto. ¿No hay nadie que tenga la cabeza en su sitio? ¿No queda nada auténtico, nada real, nada sin mezcla, sencillo y humano? ¿Que será de mí, que será de mi hijo? 

Y la respuesta me llegó ese día. No porque los músicos de la calle Ancha interpretaban música auténtica, que lo hacían. Lo realmente milagroso, lo realmente bello y salvador era que eso auténtico estaba en los corazones de todos los que pasaban. ¡Lo reconocían! ¡Lo sentían! Y, como no, lo agradecían.

Pensé en aquél dicho de no sé quién que dice así: “Podéis engañar a un hombre toda su vida, podéis engañar a un pueblo por algún tiempo, pero no podéis engañar a toda la humanidad por todo el tiempo”. Y entendí su significado.

A pesar de mis temores, de mi pesadumbre y mi desesperación, estaba en un error. El hombre no estaba engañado, no se le podía engañar. Y pienso ahora en la música concreta, en la música electrónica, en el arte abstracto, en Picasso, en el Gugenhein,  en los poetas modernos, en los profetas del consumismo, en el Hola y el Semana, en la Champion League, en los políticos, en los viajes a Cuba y al Nepal, en la crema dental que pone los dientes como las estrellas y en los sostenes que realzan el busto. Todo lo fútil, lo sin raíces, lo falso, lo no natural, lo estúpido, lo demencial, lo pretendidamente intelectual, los paraísos prometidos a los cándidos…, en suma,  lo que impera.

Y creo que el hombre de la calle lo sabe, sabe que todo eso no vale nada. Solo son cuatro locos que consiguen hacernos comer basura. Pero cuatro locos con todo el poder, con todo el poder del mago del cuento. Las vendas caerán, y las ovejas sabrán que son ovejas, y los hombres sabrán que son hombres. No lo dudéis. No sé como, ni sé cuando, pero sí sé que lo auténtico pervive y lo falso se derrumba solo. Al final, desvestido y desnudo, no hay falsedades. Queda solo Adán, queda solo Eva. Queda solo Dios.



martes, 30 de diciembre de 2008

HERMANDAD, SOLIDARIDAD Y CONCORDIA




Playing For Change: Song Around the World | Stand By Me from Concord Music Group on Vimeo.

Mi buena amiga Cristina me ha enviado desde Amsterdam este vídeo que no quería quedármelo para mí solo, por su bello ejemplo de hermandad, solidaridad y concordia entre los seres humanos, sin distinción de culturas, etnias, razas, religiones, color de piel ni ninguna otra distinción.

Muchas veces me pregunto: ¿Es que el alma tiene color, tiene sexo, tiene nacionalidad,...? No. El alma humana creo que es la misma en todos los seres humanos y, por eso, creo que este pequeño vídeo es una muestra de lo que debería ser nuestra meta para el próximo año, y para todos los siguiente también, porque mantengo mi esperanza en la Humanidad, y para ella hago mi humilde trabajo.

Sé, y sueño, que un día recuperaremos la alegría y la hermandad, tal como dijera en su poema el poeta Schiller, al que pusiera alas la mágica música de Beethoven en su última sinfonía:

¡Alegría, hermosa chispa de los dioses
hija del Elíseo!
¡Ebrios de ardor penetramos,
diosa celeste, en tu santuario!
Tu hechizo vuelve a unir
lo que el mundo había separado,
todos los hombres se vuelven hermanos
allí donde se posa tu ala suave.


jueves, 23 de octubre de 2008

EL PROGRESO CÓMODO Y TRANQUILO

Septiembre 2001

Esta tarde vino a casa una amiga, a recoger a sus niños, que habían estado en casa jugando con el mío.

Y surgió la conversación relativa a los sucesos de New York, y a lo que estaba por suceder. Por cierto, esta noche me dio por pensar que si lo de la guerra del Golfo fue sólo porque pensamos que nos querían quitar el petróleo, no sé entonces qué sucederá ahora.

       Yo le decía que lo que ocurre ahora es algo parecido a lo que ocurrió al comienzo de la invasión del imperio romano por los bárbaros, salvando las distancias. Que un bárbaro fanático con un “cúter” sea capaz de amedrentar a los 90 pasajeros de un avión, así como a su tripulación, ocurre simplemente porque él no tiene nada que perder y los pasajeros y tripulantes sí. Él no teme por su vida y los pasajeros sí. Les decía que el secuestrador no tendría lo que hay que tener para enfrentarse con los viajeros de un autobús del Cerro del Moro con una navaja, porque a los cinco minutos salía por la ventana, por supuesto con el autobús andando. Pero hoy todos tememos por nuestras vidas. Y es consecuencia de nuestro progreso cómodo y tranquilo. Nos hace blandos, nos hace vagos y nos hace cobardes.

       Mi amiga sostenía que la nueva civilización ha sido creada por los Estados Unidos. Y yo le preguntaba ¿Qué civilización? ¿Se puede llamar a su “cultura” una civilización, quiero decir, comparable con la civilización egpcia, china, romana, islámica o cristiana? Para mí, evidentemente, no. ¿Qué diferencia una cultura, una civilización, de lo que puede ser simplemente un modo de vida? Seguramente no es la misma cosa.

       Pero hoy quería hablaros de la comodidad y de la tranquilidad como valores máximos de nuestro mundo actual, de eso que mi amiga llamaba la civilización americana.

       Yo le decía que todo el progreso va dirigido a que la vida material nos resulte cada día más cómoda (aunque casi siempre esta búsqueda de comodidad lleva a una incomodidad tremenda, frente a lo que es una vida sencilla), y a que la vida nos resulte cada día más tranquila, sin amenazas de ningún tipo, sin que tengamos que enfrentarnos a nada ni a nadie, en suma, que no corramos ningún peligro, aunque el resultado es que cada vez se vive con más miedo en el cuerpo. De aquí el gran auge, por un lado, de las tiendas de electrodomésticos, y por otro de las casas de seguros y de las empresas de seguridad. Y esto no es progreso real ni civilización, ya que lo civilizado es, al menos para mí, lo que hace a la humanidad más humana y al hombre más ser humano, aunque dicho así parezca una perogrullada. Yo entiendo la diferencia en el sentido más real del término, es decir, en hacer crecer en el hombre los valores que le son propios, como la nobleza, el honor, la valentía, la sencillez, la pureza y las demás virtudes que no hace falta que os recuerde, y la humanidad como un ser global que persigue ese fin para sus miembros.

       Vivir cada día más “cómodos” y más “tranquilos” no lleva sino a ser cada día más blandos, flojos e incapaces de ningún esfuerzo y, además, a ser cada día más temerosos, más cobardes y más pusilánimes.

       Cuando necesitamos luz, tocamos en la pared. y ya la tenemos. Cuando hemos de lavar la ropa, la metemos por una puertecita que hay en una máquina de la cocina y le damos al botón. Cuando necesitamos agua vamos al cuarto de baño y sencillamente giramos la ruedecita y ya está. Cuando queremos escribir a alguien, hacemos lo que yo estoy haciendo, le damos un apretoncito al ratón y listo. Si queremos encender fuego tenemos un encendedor, etc., etc. 

       Todo esto es estupendo, facilita mucho las cosas…. las materiales, claro. Ahorra mucho tiempo, como le decía al Principito el vendedor de píldoras contra la sed. El problema lo encontramos en que cuando queremos ser mejores, más buenos, más pacientes, más comprensivos, más honrados o más trabajadores no hay quién encuentre el botón, ni la ruedecita ni el ratón que lo consiga. Parece ser que estas cosas no tienen nada que ver con el progreso humano. Eso es cosa de cada uno, dirán los políticos. Nosotros nos ocupamos de cosas serias, igual que diría el propietario de las estrellas que se encontró el Principito en su largo viaje por los asteroides. No tenemos tiempo de ocuparnos en necedades.

       Pero, posiblemente, lo que constituya la esencia de la verdadera civilización, de la verdadera cultura y del verdadero progreso sea el desarrollo de los valores humanos de sus miembros. Y precisamente, en nuestra “cultura” parece conseguirse todo lo contrario. La razón no está escondida, es patente. Los hombres impacientes, flojos, viciosos y cobardes son los mejores para los adoradores del Becerro de Oro. Se les puede engañar mejor. Siendo impacientes se les puede vender cosas que necesitan “ya”. Siendo viciosos se les puede engolfar en el bingo, el alcohol, el tabaco, las drogas, etc. Siendo cobardes se les puede hacer seguros de vida, de atraco, venderle sistemas de seguridad, planes de pensiones, etc. Siendo flojos se les maneja mejor y se les puede vender “el inglés sin esfuerzo”, “el chino sin esfuerzo”, “domine el piano en diez sesiones”, y pamplinas por el estilo. Encontraréis ejemplos por vosotros mismos en que se ve claramente la relación hombre-“menos hombre” y “progreso”-Becerro de Oro.

       Nunca viví entre los romanos, pero creo firmemente que tenían el pecho de lata y los cataplines como el caballo de Espartero. De otra manera no hubieran hecho lo que nos dejaron. Y también creo que su decadencia fue debida a su “progreso”, similar al nuestro, en que se fomentaba, desde las clases dirigentes y por su ejemplo, toda clase de vicios que debilitan al hombre y lo hacen inútil para todo, incluso para defenderse del “bárbaro”, que, siendo bárbaro, tenía no obstante coraje suficiente y nada que perder detrás de ellos. No por otra cosa entraron a saco en Roma y limpiaron la mierda acumulada.

       Nos convendría pensar un poco en ello.