viernes, 9 de diciembre de 2011

CÁDIZ, MAR Y LAVA














He conocido a muchos forasteros que, tras unas semanas respirando inmersos en la sal y la luz de nuestras calles, me han comentado sorprendidos y enamorados: “Siempre voy oliendo a mar... siento... como si estuviera andando por las rocas de La Caleta, como rompiendo con dulzura el camino blanco de su orilla...”

Y, como siempre nos ocurre, el forastero enamorado nos enseña facetas de nuestra tierra en las que nunca reparamos, como un amante apasionado repararía en los lunares escondidos de nuestra propia mujer, o en el brillo encendido de sus ojos, que miramos durante años pero que nunca descubrimos...

El forastero mira nuestra pequeña isla con el gozo fresco del primer amante, mientras nosotros la vemos como nuestra amada de toda nuestra vida, con el amor manso y profundo de una larga compañía.

Y yo, tras meditar un rato sus palabras, acerté a descifrar sus impresiones.

Creo que esta ciudad, si te fijas, solo es mar... y lava, le dije. En esta calle por la que paseamos, o en cualquier otra, solo pisarás granito, y solo te rodearán edificios cuyos viejos muros guardan infinitas almas de infinitos compañeros de camino. Mira esas piedras. Dentro de ella aún respiran ostiones, almejas, lapas, caracolas, burgaíllos, erizos, cañaíllas, y un sinnúmero de viejos marinos gaditanos con sus barcas varadas para siempre.


Estas piedras son solo mar, y el suelo que pisas es solo lava.

¿A qué otra cosa podríamos oler? Como en el pequeño pueblo castellano hueles a era, a trigal y a paja, y en las tierras de Jerez hueles a mosto nuevo, a uva y a lagar, aquí el mar nos penetra... está hundido en nuestra carne, en nuestra casa... en nuestra alma.

Vi que sonreía, y vi que entendía mis palabras, pero, más que eso, sentía su comunión con el alma de mis calles... su comunión con la mar.

El sol y la mar. ¿Es Dios algo más que el sol y la mar? -le dije. Si por algo nuestra tierra está bendita no dudes que se debe a esa presencia cierta pero invisible. Seguramente a eso debemos nuestro carácter, nuestra risa y nuestra fe. ¿Te han dicho alguna vez que el sol no haya salido a su hora, que la marea no haya subido cuando debía?

Siéntate en cualquier esquina y pregúntale a la mar, por ti o por tu vida. Siempre te dirá, como una madre vieja, como una nodriza generosa, que Poseidón es muy, muy antiguo... No pierdas la fe, espera sólo mil años más.


viernes, 25 de noviembre de 2011

CÁDIZ, LA CIUDAD DE LAS TORRES
















¡Ya arriba en lontananza el bergantín “Victoria”...!

¡A cuatro leguas, al suroeste, con viento fresco!

Las banderas de señales de la torre se agitaban como gaviotas, bellas, ágiles y al viento. Todos en el puerto las leen lentamente, sin perder un detalle. ¡Al puerto, preparad los faluchos, mandad recado a los arrumbadores, preparad los carros, los aparejos! ¡Todos a arrimar el hombro! ¡Y no olvidéis el barril de ron! ¡Llega la “Victoria”, y hoy es día grande!

El puerto es un hervidero de hombres que van, vienen, se tropiezan, se agolpan. Todos ríen, cantan... y, como pequeñas hormigas, llevan, traen, colocan, amarran, afianzan...

El vigía, con su catalejo, los contempla orgulloso. A la voz de sus banderas todo el pequeño ejército se puso en movimiento, sus ojos fueron los ojos de su pueblo.

Sentado, alerta y gallardo, como un capitán, siente gozoso que su torre es el puente de su barco, que su barco es su ciudad, surcando la mar, que su mirada alcanza más allá del horizonte. El velamen de la “Victoria” o de cualquier otro buque, de carga o de guerra, le resulta tan familiar como cualquier dedo de su mano derecha.

¡Ya arriba la “Victoria”! ...y es seguro que trae sus bodegas repletas de dulce cacao, de caña, de oro y de plata, que trae en su quilla las cálidas huellas de las tierras del indio, aromas de miel, de plátanos ricos, de ron de las Islas.

Hoy arriba la “Victoria”, su carga intacta y su gente toda. Hoy Cádiz es fiesta.

Torres de Cádiz, mudos vigilantes de la mar océana, atentos testigos de bienes y males, de arribadas venturosas y de tristes naufragios, de reencuentros dichosos y de lágrimas de viudas, de hermosas bonanzas y duros temporales.

¿Qué no habéis visto con calma serena de años, qué no sabéis de dichas y duelos, qué velero desconoce tu hermosa silueta, tu blanco semblante?

Torres de Cádiz, ojos del cielo, gaviotas de luz, centinelas perennes, ¡vigilad siempre el camino de nuestra tierra!





viernes, 11 de noviembre de 2011

NAUFRAGIO

















Querido amigo:
La vida, ciertamente, no es un naufragio, sino una travesía muy larga por la
mar procelosa, impredecible. Una aventura llena de días y de años todos
distintos, como la mar. Unos apacibles, otros borrascosos, atardeceres
sublimes, nieblas terribles, viento favorable que te impulsa a tu destino,
vientos contrarios con los que bregar, y también calmas chichas.
Arribadas felices y naufragios dolorosos.

Todo ello es la vida.

Pero hagamos como los marinos. Si el día es de bonanza y el viento fresco, a
izar todo el trapo y que corra el ron y suene la música. Si entramos en
temporal, arriar las velas, despejar la cubierta y preparar todo para
capearlo. Hay que esperar a que amaine. Si nos sorprende la calma chicha,
paciencia, a preparar bien el buque para cuando sople de nuevo el viento. No
hay duda de que volverá a soplar.

Si arribamos a puerto con ventura y con toda la carga, démosle gracias a
Dios y a la mar.

Si naufragamos y perdemos el buque y la carga, al menos hemos salvado la
vida. Siempre habrá otros navíos en los que enrolarse y otras hermosas
aventuras que vivir. Nos esperan puertos y ciudades nunca imaginados,
muchachas exóticas que nunca soñamos, nuevos aires y nuevas tierras…

¡Somos marinos! y hoy… día de naufragio… ¡doble ración de ron!


sábado, 5 de noviembre de 2011

GUERRA


Se fueron todos. De repente, todo se quedó vacío y la otrora gran explanada me pareció ahora enorme y desolada. Solo un polvo fino y un amarillo quemado bajo el sol del mediodía. Y en aquélla soledad inmensa solo estaba yo, pequeño y temeroso, asustado, insignificante.

Todos se habían retirado. Estaban a salvo. No era su lucha, no era su asunto. Sentía sus risas, sus miradas irónicas, su pequeño desprecio recubierto de superioridad. ¡Pobre! No sabe que este mundo es así. ¿Qué pensará, que pájaros tendrá en su cabeza? ¿Adónde querrá ir, si no hay dónde ir? Alguien le habrá metido vanas ideas en su alma cándida. En el fondo es un inocente, qué vamos a decir…, es un pobre hombre. Pero le queremos, porque en el fondo es bueno. Solo que esta vida le viene ancha.

Los fantasmas aparecieron. Algunos cabalgando enormes monturas. Otros de negro, con vestiduras horrendas. Caras horribles, manos huesudas, portando pequeños espejos en los que mi figura aparecía diminuta, triste y abatida, ridícula, deforme. Unos reían, otros me hablaban parodiando mis palabras, haciéndolas estúpidas, pretenciosas y vacías.

Yo estaba solo y pequeño frente a ellos, como el pequeño David frente a los filisteos. Mi ejército no estaba. No tenía ejército. Sabía imposible la lucha. Y yo estaba solo, como el nacido, como el loco, como el náufrago, como el indigente. Y un enorme terror se apoderó de mí.

Pensé muchas cosas. Pero ninguna era ya posible. No había sitio ya para mí. En un momento de claridad, entendí. Aquella era mi guerra. Y no importaba a nadie. Solo era mi trance, mi precipicio, mi naufragio. Mis enemigos eran sólo míos y los fantasmas vivían en mi casa, sólo en mi casa.

Entendí mi soledad y entendí mi desamparo. Pude, poco a poco, olvidarme de todos, y poco a poco entendí que aquello era mi guerra, que sólo de mí se trataba. Yo mismo, mis enemigos, sus armas, el campo de batalla, el sol ardiente. Todo era yo mismo, y no había nada fuera de mí. El Universo entero era yo, y no había nada fuera de él. Y en un instante mi terror se tornó paz, mi miedo fuerza, y vi en mi mano la pequeña honda, y a mis pies la pequeña piedra. Quería comenzar mi guerra. Busqué una consigna, y recordé...

Y sola, y sin su nido, volará el águila al encuentro del sol...





viernes, 28 de octubre de 2011

BELLEZA POLAR



Para escuchar la música, poned en pausa el reproductor de música a la izquierda de esta página.
Podéis verlo también en pantalla completa y HD pulsando el mando situado abajo del vídeo a la derecha. Merece la pena...

viernes, 21 de octubre de 2011

QUISIERA
















Quisiera abrir mi alma por entera
y blanca, y sin mancha,
darla pura a la mano pura,
darla desnuda en la mano abierta,
la que acaricia mi mano,
la que acaricia mis ojos.

Quisiera vestir de luz
el bello plumaje de tu ser
que, como espuma del cielo
brota de la nieve de tu piel,
de luz y de torbellinos,
de fulgores de ascuas encendidas.

Quisiera entrar en ti, quedarme,
para siempre fundido,
contigo por siempre.
Ser tus venas, tu aire,
tu aliento amoroso,
tu casa y tu destino.

Quisiera ser tu yo mismo,
tus entrañas y tus ojos,
tus manos y tus pies.

Quisiera...
no sé yo qué quisiera...
Ser tu cielo, tu mar, tu tierra...
y tus estrellas.




miércoles, 12 de octubre de 2011

SENTIDOS POCO COMUNES



Solo trato de enseñaros que cuando llueve las calles están mojadas.
G.I. Gurdjieff

Los sentidos corporales son cinco. Esto lo sabemos. Pero de los sentidos del alma hay dos que creo imprescindibles para vivir sabiamente. Me refiero al sentido común y al sentido del humor.

Es curioso, pero de todas las facultades del alma son los más raros de encontrar en una persona. Y más curioso aún, no dependen de su formación cultural. Se puede no saber ni leer ni escribir y sn embargo tener abundancia de ambos sentidos, y se puede tener una enorme cultura y tener una carencia notable de los dos.

Pero ¿cuál es la raíz y el asentamiento de ambos? ¿Y cuál es su importancia en la vida? Me parece asuntos dignos de reflexionar y aclarar.

Dicen que el sentido común es el menos común de los sentidos, por lo que me parece que se le ha dado ese nombre no porque todo el mundo disponga de él, sino porque está al alcance de cualquiera, aún sin disponer de conocimientos especiales. Creo que incluso hay animales que tienen mayor sentido común que muchos hombres. Ya sabemos eso de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra…

Quizá este sentido esté estrechamente relacionado con la captación de lo evidente. ¡Eso es de cajón! –se dice por aquí- ¡No tiene vuelta de hoja! ¡Está a la vista! Sí, sí… pero si fuera tan evidente, todo el mundo lo vería. Y resulta que casi nadie ve lo evidente. Pareciera como si lo cubriéramos de un velo que lo ocultase. Si está tan claro ¿cómo casi nadie lo ve? Aquí hay algo raro…

Muchas veces salta a la vista que algo es de una manera imaginando que fuera de la manera contraria. Si esta última es totalmente absurda debe ser de la otra. Hay que barrer la escalera de arriba para abajo. Pensemos en qué sucedería si lo hiciésemos al contrario.

En otros casos se trata de leyes naturales, las que, observadas una y otra vez, comprobamos que son inexorables, y que las consecuencias de las mismas son de sentido común. El fuego quema, la cosas se caen y se rompen, los golpes duelen, etc.
Pretender que estas leyes no actúen y tratar de evadir sus consecuencias es de locos, o lo que es lo mismo, de gente falta de sentido común.

La captación de la evidencia parecería que es algo que no tiene mayor dificultad, pero lo cierto es que mucha gente no está dispuesta a aceptarla ni a tomarla en cuenta. Así, se encuentra gente que, aunque llueva, está dispuesta a afirmar que las calles permanecen secas. Quizá por eso Gurdjieff dijo lo que citaba al principio, que su enseñanza se ceñía a enseñar eso, es decir, lo evidente. Habrá mucha gente que lo niegue, pero eso no significa ni deja patente otra cosa que su falta de sentido común.

El sentido del humor también es poco común y a veces es mal comprendido. Mucha gente piensa que lo tiene y que es de mucha utilidad, pero solo si no se aplica a él mismo. En este caso deja de tenerlo y de usarlo. Está bien para divertirse, pero… de los demás, no de él mismo. Y resulta que la raíz misma de este raro sentido radica en eso, en reírse de lo que a uno mismo le parece a primera vista de suma importancia.

Es un sentido benéfico, balsámico para el alma e imprescindible para no tener que suicidarse. El suicida es fundamentalmente una persona sin sentido del humor. Mitiga el sentido trágico de la vida, relativiza los dolores, los miedos y las dudas, resta importancia a lo que en realidad no lo tiene, cura la vanidad y el orgullo, alegra y dulcifica la vida y las relaciones con los demás y con uno mismo, acerca a las personas… hace la vida vivible.

Nunca conoceréis a una persona que se cree importante que tenga sentido del humor, ni a ningún vanidoso, ni a ningún soberbio… Es un sentido que es patrimonio de la gente sencilla, humilde, simpática y sabia.

Si conoces a alguien que no tenga sentido común ni sentido del humor te recomiendo que no hagas nunca un viaje con él.



lunes, 26 de septiembre de 2011

MANANTIALES


–Pero, dime Teodoro, ¿no es cierto que el amor surge de la manera más inesperada?
¿No ocurre que sonrisas amables procuran, más pronto que tarde, risas compartidas?
Y dime: ¿no son las risas un alimento para el alma? ¿No son las muestras de la alegría?
¿Y, acaso, no queremos estar junto al que nos alegra el alma?
¿No sentimos su hueco cuando no está con nosotros?

–Sí, así es, sin duda. Pero no veo tan claro como tú lo ves de qué manera la alegría compartida puede llevar al amor.
¿Crees tú que ambos movimientos del alma son de la misma esencia?
¿Que no pueden existir el uno sin la otra?
¿O que quizá no pueda existir la otra sin el uno?

–Querido amigo, yo tan solo creo que el amor es como un manantial, y que brota de la piedra cuando el agua encerrada en ella pugna por ver la luz.

Solo quiero, con tu ayuda, y si lo tienes a bien, desvelar el gran misterio que hay en ello, de cómo la suave y delicada agua es capaz de romper la aparente dureza de la roca. ¿No ves una mano divina en ello? ¿No es una fuerza inmensa que aún nos es de naturaleza escondida a los hombres?
¿Querrías poner tu alma y tu entendimiento junto conmigo para tratar de desvelar este decisivo asunto?

–Cómo no, querido amigo; en verdad que tus palabras me muestran con claridad mi ignorancia sobre todo ello. Estoy dispuesto, porque también a mí me atañe, como creo que al resto de los mortales, y acaso también a los dioses. ¿O acaso los dioses no aman?

–Algo me dice que sí, porque ¿qué busca el hombre en el amor? ¿Acaso no busca su perfección y completura? ¿Y acaso no buscarían los dioses eso mismo en un dios superior a ellos?
Y ¿no es cierto que, como dijeron los sabios antiguos, el mismo Dios uno y sin segundo se mueve conforme a su propio amor por lo que emanó de él? ¿No será el amor la fuerza única y necesaria para el movimiento de todo lo existente bajo el cielo, y, más aún, sobre el cielo mismo también?

Me parece que cuando nace la alegría y se convierte en alegría compartida, algo mueve al alma a procurar el bien de la fuente de la que ha surgido. Y creo que ahí nacen los amantes.
¿No te parece que es así como sucede?

–Pues yo también creo que es así como sucede, es muy claro. He visto muchos arroyos que buscan otros arroyos, y ríos que buscan otros ríos, y grandes ríos que buscan a la mar. Solo allí descansan en su búsqueda. O, por lo menos, eso parece.

–Y ¿no crees que esa alegría de los amantes les lleva luego, más bien pronto que tarde, a querer fundir sus almas en una sola, como los arroyos y los ríos?

–Así parece mostrarlo la naturaleza, mi querido amigo.

–Y ¿no parece acorde con todo esto que esa unión de almas lleve a la ansiedad por hacer uno de sus dos cuerpos?

–Así parece ser como sucede.

–¿Y no es acorde a la esencia de la naturaleza que, de esta manera sublime, los amantes se igualen a los dioses creadores y, de la materia de sus vidas, el amor engendre nuevos seres amorosos?

–Me parece que es bueno que así sea.

–Y ¿no es bueno que la felicidad y el placer bendigan esta obra creadora?

–Otra cosa sería contraria a la lógica y no sería conforme a la naturaleza.

–Así pues, mi querido amigo, ¿no sería la alegría la verdadera autora de todo lo nacido?

–Querido amigo, la luz es clara y vivificadora, y las sombras ocultan lo que no queremos ver.
Me parece que nuestras palabras han desvelado de alguna manera el misterio de la vida.


domingo, 18 de septiembre de 2011

PRIMAVERA

Dedicado a mis amigos del otro lado del mundo...

No fueron las mañanas blancas,
ni tampoco los espacios, otra vez limpios y gloriosos.
No han sido los infinitos pájaros,
en el cielo más azul abriendo tirabuzones.

Ni los rojos, púrpuras y blancos que las flores
hacen diminuta espuma sobre el verde extenso.
Ni siquiera el dulce y amoroso aire
que pasó de nuevo, encendido,
de los infinitos soles a mis recónditos átomos.

No. Sólo han sido tus ojos, su brillo y su llama,
como fuego inmenso, de tu centro lejano
al mío encendido.

Ellos son los que cantaron,
en silencio, con voz sonora y dichosa:
¡He renacido!
¡Hemos prendido de nuevo nuestras ascuas!

¡El Universo nos pertenece!
¡Desde el grano de arena a las galaxias,
el pequeño arroyo y los océanos,
los minúsculos brotes que abren los leños,
los infinitos huevos que rompen a la luz,
las largas espumas de la luna en las orillas...!

Todo nuestro y de todos.
Todo otra vez en nuestra casa.
Todo está... y todo es.

Y no distinguimos ya nuestras fronteras
de las del Universo divino, que, una vez más,
rió con nosotros, reímos uno y juntos
otra ancha y más eterna primavera.



lunes, 5 de septiembre de 2011

JUSTICIA


Quien no quiera ser juez
de sus propios actos,
que no lo sea.

Pero un día,
ya cercano a la muerte,
caeran los cortinajes,
y un juez implacable
hará presencia.

Ese día será
el día más amargo
de su vida
y, quizá, también,
el último.