lunes, 13 de abril de 2009

DAR Y RECIBIR



       Estábamos delante de unas pizzas, disfrutando de una excelente sangría y riéndonos con verdadera alegría, con la alegría de los verdaderos amigos.
       
       No sé como la conversación se deslizó a temas de cine, música y libros. Bueno, en realidad es algo muy común, sobre todo en nuestro círculo. Y hace mucho tiempo que venía rondándome una idea sobre el asunto, que quise expresar en voz alta. Me costó tanto hacerme entender, no sé si por mi impulsividad al hacerlo, por el rechazo que provocaba, porque es difícil de aceptar, o puede ser quizá también por la gran ingesta que hasta el momento había hecho de la deliciosa sangría. Incluso varias veces me pidieron que dijera claramente “habas claras”
       
       Les contaba que en casi todas las ocasiones que se le pregunta a alguien por sus aficiones suele contestar lo siguiente:
       
       - Leer, escuchar música, ir al cine y viajar.
       
       A veces se añade otra cosa, pero estas aficiones entran casi siempre en los gustos y preferencias digamos “normales”.
       
       Yo les decía que esto tenía un gran inconveniente, y consistía en que eran “actitudes pasivas”, en las que no se participaba activamente, como creador. Para ilustrarlo le dije:
       
       - ¿Y si nadie escribiera libros, ni hiciera música, ni películas, ni hubiera agencias de viajes, a qué demonios se dedicaría tanta gente? ¿Y si no hubiera televisión, a la que, aunque no lo dicen, le dedican muchas horas? Para que alguien lea un libro es preciso que alguien lo escriba primero. Para escuchar música es preciso también un compositor que la escriba, aparte de un director que la interprete y unos músicos que la ejecuten. Para ver una película es preciso alguien que de a la luz el guión, la música, etc. Creo que la idea es fácil de entender. Si todos nos dedicáramos exclusivamente a esas aficiones terminaríamos por no poder disfrutar de ninguna, porque no habría ni libros, ni música ni cine ni casi nada de nada.
       
       Y ello es producto de la educación “pasiva” que nos imbuye la sociedad de consumo, más interesada en que “consumamos” que en que “creemos”. Cada vez hay más consumidores y menos creadores. Pero la discusión empezó cuando yo planteé que lo verdaderamente enriquecedor es la creación, y no el consumo.
       
       Aunque se planteó que el consumo no es del todo pasivo, circunstancia que admití, generalmente sí lo es, al plantearse elementos de consumo cada vez más digeridos y para los que es preciso cada vez menor esfuerzo.
       
       Así, no es lo mismo leerse el último best-seller, el que por cierto si es el mejor vendido (que es la traducción al castellano de best-seller), seguramente lo será porque la gran mayoría de la población es capaz de tragárselo, con lo que puede deducirse que su profundidad será escasa, que es mucho más fácil que leerse los Diálogos de Platón, las obras de Kant, y, en general, los clásicos, que, como es obvio, necesitan un mayor esfuerzo de comprensión y de asimilación. Afirmé que, mejor que leer “El código da Vinci” yo leería otra vez El Quijote, por ejemplo. Pero resultaba que todo el mundo lo había leído. Eso ya no lo pude pasar. Sí, todos lo leímos en el colegio, de chicos, me dijeron. ¡Claro, y qué remedio! Pero ¿quién lo ha leído de adulto por propia voluntad, sin ser coaccionado? Resulta que es el libro más famoso, más elogiado, más editado de la literatura española, pero pondría la mano en el fuego que es el menos leído. Aunque quien fuera o fuese me jurara o demostrara lo contrario. Será, y lo creo, best-seller, pero para ponerlo en la estantería del mueble bar.
       
       Creo que por este camino, y como los creadores son también y cada vez más, consumidores, salvo bellas excepciones, llegaremos pronto al momento de no tener nada que llevarnos al cerebro, salvo, claro está, los clásicos, de la literatura, del cine, de la música y de todo lo demás.
       
       Pero lo trágico de esta cada vez más fomentada y frecuente actitud pasiva es que no sólo repercute en la creación artística, sino en cualquier plano de la actividad humana. Así, en el amor queremos antes ser amados que amar, en la amistad queremos tener amigos antes que ganarlos, en el trabajo queremos cobrar antes que trabajar, y en la convivencia exigimos de nuestra pareja antes que entregarnos a ella, queremos que Dios nos ayude, sin ayudarle a Él dentro de nosotros, y hasta hay gente que quieren ir al Cielo como se estila ahora, como el aprendizaje del inglés...... ¡Sin esfuerzo!

       

8 comentarios:

juanarmas dijo...

Gracias Abraxas por compartir tus reflexiones y vivencias.

El que los niños no lean, ni jueguen; el que la televisión se haya apoderado de la vida hogareña de muchas familias; que los video juegos trivialicen la violencia... Quizás esta crisis general sea en esencia una carencia de los valores esenciales de nuestra naturaleza. La merecida recompensa tras el esfuerzo puede ser uno de ellos. Lo que no cuesta conseguir -lo que no se convierte en reto- carece de valor profundo y se circunscribe a lo que demanda la sociedad actual: lo efímero, de usar y tirar.

Un abrazo,

juan

verdial dijo...

Cuanta razón llevas Abraxas.
Aunque yo ya no tengo edad de ir preguntado a los recién conocidos cuáles son sus gustos o preferencias, no dejo de reconocer que la respuesta habitual en la juventud es la que tú das.
Tantas veces me he preguntado dónde están los valores, inquietudes y proyectos de la juventud actual...
ni siquiera los ideales entran dentro de la mayoría. Yo pienso que más que vivir, vegetan.

Es cierto que a mí me tocó vivir una adolescencia y juventud mucho más dura que la de ahora, pero me quedo mil veces con ella, porque no sé si tal vez a ello, o a la educación recibida, puedo valorar y agradecer tantas cosas... y anhelo seguir aprendiendo y cultivándo estas otras que me quedan, aunque no sé si tendré tiempo para tanto.
Al menos, procuro transmitirlo a mis hijos, y eso me satisface.

Un abrazo

Anónimo dijo...

Hola, Abraxas, estupenda reflexión. Muy creativa;)

Al leer enseguida "recordé" una frase que he buscado para dejarla aquí, es la diguiente:

"Hacer versos malos depara más felicidad que leer los versos más bellos."


(Hermann Hesse)

A la hora de hacer, es muy importante darse cuenta de ciertos detalles muy importantes, como este. Podríamos decir que la gente no se atreve a algo porque piensa o dice: " es que no soy bueno en..." en o para lo que sea. Es un freno que nos autoimponemos sin caer en la felicidad que da el ponerse manos a la obra y la inyección que eso supone para otros.

¡Cuántas veces abré oído eso!

"no hago esto porque no soy bueno en eso"

El síndrome de la perfeccion que nos corta las manos y nos deja solo la perspectiva de los demás. Pero, igual que nadie aprende en cabeza ajna, nadie puede tampoco ser feliz o realizarse através de otros.

Hay miedo a dejar ver lo que pensamos de nosotros, que no valemos. Si tuviéramos un poco más de coraje para vivir, descubriríamos tal vez, después del disfrute y la felicidad que poroporciona hacer algo uno mismo, que a otros no les parece ni tan malo ni tan feo... y sobre todo, que aunque así le preciera a laguien, nosotros hemos sido capaces de creer un poco en nosotros y crear algo... algo que nos dio aliento y fuerza para seguir con más;)

¡Feliz Pascua de Resurrección!
y un fuerte abrazo.

AdA...

Anuskirrum dijo...

Nunca me había parado a pensar en ello Miguel. Es cierto que se promueve el consumo por encima de la creación. Y que nos gusta que nos den los deberes hechos antes que pelear para conseguir hacer cada uno los nuestros.
En cualquiera de las actividades creadoras nace el arte personal, íntimo, que nos comunica con nosotros mismos y con el exterior. Será que tenemos poco que decir? que expresar? no lo creo, pero sí que por comodidad preferimos que nos pasen el estuche a configurarlo nosotros con nuestros colores.

Gracias por estos geniales pensamientos.

Un abrazo

Teresa dijo...

Siempre invitas a la reflexión, a desperezar nuestra mente, a sacudir las neuronas y exponerlas a la luz.
A mí también me ocurre lo que dices, a poco que me descuide me absorve esta atmósfera enrarecida de objetos y objetivos materiales, esta atmósfera que intenta apagar el espacio y el silencio favorable a la creatividad.

Brisa dijo...

Es cierto para que el flujo fluya preferiblemente se han de dar las dos condiciones, si no entiendo que en algún punto se produce un estancamiento.

Creo que es importante hacerse responsable de crear cada día.

Un abrazo amigo

ABRAXAS CADIZ dijo...

Mis queridos amigos, gracias por vuestras aportaciones, que enriquecen mi reflexión.

Juan, creo, como tu, que la crisis actual tiene su germen en la carencia de valores propios de nuestra naturaleza humana. De ahí la necesidad de trabajar por difundir esos valores. Si no es así, seguiremos decayendo. Recordemos la caída de anteriores civilizaciones. Cayeron por lo mismo que ahora estamos cayendo nosotros.
Y sí, a nosotros en Nueva Acrópolis, nos lo dijo nuestro maestro hace ya muchos años:
"Hay un estrecho vínculo entre lo difícil y lo válido", y también:
"El esfuerzo hace crujir los huesos pero ilumina el alma".

Querida Ana, el consumo no produce riqueza, sino que la consume. La creación es la que produce riqueza. ¿Qué es lo que hoy día se nos propone? El consumo solamente. Sobre la comida que tenemos que consumir obligatoriamente ya se ocupan los amos de la caverna. Y así nos va, claro...

Espacio, silencio y soledad... condiciones imprescindibles para la creación. Por eso estas condiciones han sido demonizadas. Los que tales cosas buscamos somo tachados de raros, locos o cosas peores.
Pero bueno... allá ellos. Nosotros, a lo nuestro.

Mi querida Brisa, hacernos responsables de nuestra creatividad. Por supuesto. Si todos lo hiciéramos y lucháramos por ello, nuestro mundo sería más rico, mas digno de vivir y mucho más amable de lo que es.

Helen Maran dijo...

Tengo ganas de poner varias notas sobre el consumo, me llevo los anuncios y esta,y tienes unos comentarios únicos yo que puedo agregar, simplemente estoy de acuerdo con todos saludos de domingo.