martes, 26 de mayo de 2009



No.

No huiré de mi dolor.
Quiero sembrarlo en los surcos abiertos de mi piel,
hasta que mis lágrimas, en ríos presurosos,
puedan despertar las escondidas semillas de mi alma.

Y sólo cuando los tiernos brotes sean fuertes a los vientos,
podrá, la fuerza fecundante de su esencia,
terminada su labor, dura pero santa,
resumirse en el descanso oscuro del olvido.

No otra cosa hace la pequeña semilla germinada
cuando en dolor y en esfuerzo
abre en dos la piel dura de la tierra
para abrazar libre el espacio del aire y del sol.

Como la dulce ostra, que no rechaza su dolor,
y cubre al intruso con lo mejor de su ser
hasta hacerlo perla de su dolor
y dar su belleza al amante afortunado.

Como la tierna luna, delicada y serena,
que esconde su belleza humilde
en los cegadores rayos de su padre celeste,
mas feliz alumbra las dolorosas horas.

Así seré, en mi dolor, mi maestro.
Humilde aceptaré su amoroso abrazo
en la feliz confianza serena
de su ánimo purificador y glorioso.

5 comentarios:

Anuskirrum dijo...

Grabar a fuego nuestro dolor para que germine algo precioso y duradero.
Cuanto sentimiento Miguel.

Estas palabras nos llevan sin remedio a un único camino, al de encontrar la esencia estable que nos procure sabiduría.
Esa senda donde se nos exige el sudor de nuestra frente y el dolor en nuestras manos, para obtener la fortaleza, y el compromiso.
Un sentimiento que acuda a nuestras necesidades espirituales, creadoras de la realidad que nos alimenta verdaderamente.

Precioso, amigo, nuevamente.

verdial dijo...

Pienso que de cada sentimiento que nos asalte en cada momento, ya sean buenos o malos, felices o pesarosos, hay que sacar una conclusión que nos cultive y nos haga ser más y mejor persona.
Casa miguita que se ponga en nuestro camino debe ser aprovechada para nuestro bien.

Un abrazo

juan dijo...

"Como la dulce ostra, que no rechaza su dolor,
y cubre al intruso con lo mejor de su ser
hasta hacerlo perla de su dolor
y dar su belleza al amante afortunado".

Teresa dijo...

El dolor, a este lado de nuestra consciencia, sella la puerta de la Luz verdadera . Para atravesar esa puerta hay que aceptar el dolor y crecer hacia la Luz, rompiendo la tierra que nos sepulta. La semilla que elude el dolor no sale de su entierro.

ABRAXAS CADIZ dijo...

Gracias, mis queridos amigos, por vuestros comentarios, sabios, profundos y vividos, que siempre enriquecen mis propias vivencias y reflexiones.