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miércoles, 21 de junio de 2017

SOLSTICIO





Sol que nació invicto
en lo profundo del invierno.
Que fecundó brotes y nidos,
amores y ternuras,
por la primavera blanca.

Sol que agostó flores,
en la vieja alquimia,
encerrando sus rayos
en la fruta jugosa
y en los tiernos corazones.

Sol niño, joven y viejo.
Sol nuevo y antiguo,
Novio, amante y esposo,
en brotes, flores y frutas.

Naciente, y pleno, y poniente,
amarillo, blanco y rojo,
padre amante, hijo sonriente,
complaciente y amado abuelo.
Siempre tú, tú por siempre.

Viajamos contigo, sentados
en el hueco de tu mano triunfante,
sobre el arco noble de tu brazo,
en la cuna amorosa de tu centro,
en tu ser, que es el nuestro perdido.

Lleva mis pasos amantes
como débiles huevos primero,
orugas cansinas y crisálidas luego,
al reino de tu luz,
de mariposas aladas,
a unirnos con tu brillo,
a morir en tu fuego.



viernes, 8 de julio de 2016

MAR Y LAVA




He conocido a muchos forasteros que, tras unas semanas respirando inmersos en la sal y la luz de nuestras calles, me han comentado sorprendidos y enamorados: “Siempre voy oliendo a mar... siento... como si estuviera andando por las rocas de La Caleta, como rompiendo con dulzura el camino blanco de su orilla...”

Y, como siempre nos ocurre, el forastero enamorado nos enseña facetas de nuestra tierra en las que nunca reparamos, como un amante apasionado repararía en los lunares escondidos de nuestra propia mujer, o en el brillo encendido de sus ojos, que miramos durante años pero que nunca descubrimos...

El forastero mira nuestra pequeña isla con el gozo fresco del primer amante, mientras nosotros la vemos como nuestra amada de toda nuestra vida, con el amor manso y profundo de una larga compañía.

Y yo, tras meditar un rato sus palabras, acerté a descifrar sus impresiones.

Creo que esta ciudad, si te fijas, solo es mar... y lava, le dije. En esta calle por la que paseamos, o en cualquier otra, solo pisarás granito, y solo te rodearán edificios cuyos viejos muros guardan infinitas almas de infinitos compañeros de camino. Mira esas piedras. Dentro de ella aún respiran ostiones, almejas, lapas, caracolas, burgaíllos, erizos, cañaíllas, y un sinnúmero de viejos marinos gaditanos con sus barcas varadas para siempre.

Esas piedras son solo mar, y el suelo que pisas es solo lava.
¿A qué otra cosa podríamos oler? Como en el pequeño pueblo castellano hueles a era, a trigal y a paja, y en las tierras de Jerez hueles a mosto nuevo, a uva y a lagar, aquí el mar nos penetra... está hundido en nuestra carne, en nuestra casa... en nuestra alma.

Vi que sonreía, y vi que entendía mis palabras, pero, más que eso, sentía su comunión con el alma de mis calles... su comunión con la mar.

El sol y la mar. ¿Es Dios algo más que el sol y la mar? -le dije. Si por algo nuestra tierra está bendita no dudes que se debe a esa presencia cierta pero invisible. Seguramente a eso debemos nuestro carácter, nuestra risa y nuestra fe. ¿Te han dicho alguna vez que el sol no haya salido a su hora, que la marea no haya subido cuando debía?

Siéntate en cualquier esquina y pregúntale a la mar, por ti o por tu vida. Siempre te dirá, como una madre vieja, como una nodriza generosa, que Poseidón es muy, muy antiguo... No pierdas la fe, espera sólo mil años más.



martes, 21 de junio de 2016

SOLSTICIO



Sol que nació invicto
en lo profundo del invierno.
Que fecundó brotes y nidos,
amores y ternuras,
por la primavera blanca.

Sol que agostó flores,
en la vieja alquimia,
encerrando sus rayos
en la fruta jugosa
y en los tiernos corazones.

Sol niño, joven y viejo.
Sol nuevo y antiguo,
Novio, amante y esposo,
en brotes, flores y frutas.

Naciente, y pleno, y poniente,
amarillo, blanco y rojo,
padre amante, hijo sonriente,
complaciente y amado abuelo.
Siempre tú, tú por siempre.

Viajamos contigo, sentados
en el hueco de tu mano triunfante,
sobre el arco noble de tu brazo,
en la cuna amorosa de tu centro,
en tu ser, que es el nuestro perdido.

Lleva mis pasos amantes
como débiles huevos primero,
orugas cansinas y crisálidas luego,
al reino de tu luz,
de mariposas aladas,
a unirnos con tu brillo,
a morir en tu fuego.




martes, 29 de diciembre de 2015

SOLSTICIO



Sol que nació invicto
en lo profundo del invierno.
Que fecundó brotes y nidos,
amores y ternuras,
por la primavera blanca.

Sol que agostó flores,
en la vieja alquimia,
encerrando sus rayos
en la fruta jugosa
y en los tiernos corazones.

Sol niño, joven y viejo.
Sol nuevo y antiguo,
Novio, amante y esposo,
en brotes, flores y frutas.

Naciente, y pleno, y poniente,
amarillo, blanco y rojo,
padre amante, hijo sonriente,
complaciente y amado abuelo.
Siempre tú, tú por siempre.

Viajamos contigo, sentados
en el hueco de tu mano triunfante,
sobre el arco noble de tu brazo,
en la cuna amorosa de tu centro,
en tu ser, que es el nuestro perdido.

Lleva mis pasos amantes
como débiles huevos primero,
orugas cansinas y crisálidas luego,
al reino de tu luz,
de mariposas aladas,
a unirnos con tu brillo,
a morir en tu fuego.


sábado, 24 de octubre de 2015

OTOÑO



Los ciclos de la Naturaleza transcurren uno tras otro. Su vida es así. Sigue sus leyes, las grandes leyes del Universo. Al igual que la Tierra y el Cielo, al igual que los planetas, los soles, las galaxias… y el Hombre. ¿Cómo podría no ser así?

Vivimos un día la explosión de la Primavera. A su llamada nacieron, tras el Invierno, las yerbas y plantas, y se calentó la tierra con su calor, despertaron los animales del letargo, las frías nieves hicieron nacer los arroyos. Todos se dispusieron a la fiesta, todos, como por arte de magia, dispuestos a mostrar la grandeza del Sol, padre de todos.

Crecieron y maduraron, hasta el Estío, hasta su plenitud. Las espigas hicieron sus granos, los árboles sus frutos, de los capullos surgieron las mariposas, y de los infinitos huevos de la primavera los infinitos seres que pueblan la Tierra. Con nueva fuerza, con nuevo entusiasmo, con nuevos fines renovados. Por la magia de la alegre Naturaleza.

Las semillas del anterior otoño despertaron en el seno de la tierra, y pacientemente, durante meses, vivieron un largo proceso de germinación, de transmutación. Cada semilla fecunda, padre y madre, hizo nacer dentro de sí un nuevo ser, alimentándose de sí misma. Se puso en contacto con la tierra y el agua y abrió pequeñas raíces hacia fuera de sí misma, en busca de la vida. Poco a poco, habiendo cumplido su misión, murió, pero su muerte fue solo aparente. Solo se había transmutado en un nuevo ser, que buscaría, ya fuerte, su propio sol.

Hoy es otoño, y es preciso comenzar la tarea de este ciclo. Ahora la vida será oculta a nuestros ojos. Gloriosa y generosa antes, ahora oculta y mágica, en las entrañas de la tierra, debe prepararse para la futura primavera, en un trabajo interno y misterioso.

Atravesará el otoño en su trabajo, y también el invierno, descanso de la Naturaleza antes de un renacimiento con más brío.

De la misma manera, por la misma Ley, llega el otoño a nuestro ser interior. Los días de expansión y gozo, de flores y frutos han dejado en nosotros sus semillas. Ahora es el momento de sembrarlas, con cariño, con esperanza, con alegría, porque sabemos que no las enterramos para que mueran, sino para que nazcan otra vez, y mejores. Y deberemos cuidarlas con cariño, porque son nuestro futuro. Regarlas, cuidar de los bichos y del frío, velar por ellas todos los días. Echarán raíces en nuestra tierra interior, en nuestro jardín, y nuestro entusiasmo, alegría y voluntad serán el agua que las alimentarán,

El calor de nuestra energía y de nuestro amor las harán crecer, y nuestro invierno las fortalecerán. Y cuando les llegue el momento, en los días en que Perséfone vuelve a la luz, ya estarán listas para formar parte de la gran sinfonía, en el gran Te Deum de la nueva Naturaleza.

No son simplemente semillas, son, y serán también, los habitantes futuros de nuestro paraíso interior.

Amigos sembradores, sembremos con alegría y esperanza. Nuestra tierra lo espera.




sábado, 23 de abril de 2011

AGRADECIMIENTO Y DEVOCIONES


Nada hay más gozoso para un alma que saber que pudo encender en otra más grande las chispas iniciales y balbucientes que muy pronto, como el fuego en la leña seca, se convertirían en un gran fuego con el que encender otros fuegos, y al que pudieran acercarse otras almas ateridas a reconfortarse.

Las ascuas de esta nueva hoguera, ya refrenado su comienzo vigoroso, deberán de permanecer en el tiempo, mansas, dulces y benignas, bendiciendo el espacio, atemperando el invierno, desentumeciendo los cuerpos, encendiendo los ánimos.

Dios bendice la recia leña, pero maldice la liviana paja, más encendida y luminosa en su nacimiento, pero sin materia esencial que se sacrifique en el fuego, como la leña, para entregarse a lo negro y consumirse como la humilde pero santa ascua, que, tras la fuerza y belleza del fuego radiante en nuestro hogar, aún pareciendo oscura y decrépita, mantiene en su rojo corazón el calor que nos mantiene a lo largo de toda la noche invernal.

La leña es fuego que aún no lo sabe. Encerrado entre sus íntimas fibras guarda el secreto de sus llamas futuras. En cada átomo guarda un destello, un rayo de luz, un abrazo de calor. En el bosque, nuestro padre Sol ha dispuesto su luz y su calor en miles de ramas, en miles de troncos. Ha creado el árbol a su imagen y semejanza. Solo una chispa, en el calor del mediodía, y surge de nuevo el sol en la tierra. ¿Fue la chispa? ¿Fue la leña seca, ansiosa por arder, devolviendo así al sol lo recibido?

.....................................

Cuentan que un Rey español, de vida regalada, cuyo nombre no recuerdo ahora, se perdió en el bosque estando de cacería, y tras deambular por el mismo largas horas, acertó a tropezar con una humilde casa construida, seguramente con penas, en un claro.

Acercándose a ella, halló a un viejo leñador, que le recibió, sin saber de quien se trataba, humildemente y se interesó por su situación. Viéndole cansado, le acomodó, y pensando que tras recorrer el bosque entero tendría hambre, se dispuso a prepararle algo de comida. Tampoco recuerdo que clase de comida le preparó, pero fue su comida acostumbrada, comida de leñador de bosque, frugal y sencilla.

Tras la comida y un pequeño descanso, el hombre le fue guiando por el bosque, que él conocía bien, hasta encontrar a los cortesanos que le esperaban preocupados. Allí, el humilde leñador supo que había cobijado al Rey. Vuelto a la corte, y vuelto a su vida abundante, este rey, que tuvo siempre fama de melancólico y triste, se sumió una vez más en la tristeza, que le llevó incluso a dejar de comer. Los médicos no encontraban la forma de animarle, temiendo por su vida, día a día más tenue.

Por alguien se enteraron de que un día, tras terminar una cacería, había alabado la comida que le había ofrecido un leñador que le cobijó estando perdido en el bosque. Por supuesto mandaron inmediatamente a buscar a aquél hombre, que, llevado a la corte, indicó la receta de aquella tan celebrada comida.

Llevaron al buen hombre ante el Rey para que él mismo diera su visto bueno a la comida que iban a prepararle. Un cortesano puso la receta en manos del Rey. Cuando éste la leyó, llamó pronto al leñador a sus aposentos, y agradeciéndole su gesto y su lealtad le dijo: - Gracias, buen hombre, por tu receta, pero no puede servirme.- ¿Porqué, Señor, no come? Coma lo que yo le prepare o cualquier otra cosa. De otro modo vais a morir.- -No me sirve tu receta –contestó el Rey-, porque al final de ella has escrito: “Sobre todo ha de comerse con mucha hambre”

Un Rey, un leñador, una comida. ¿Fue la excelencia de la comida? ¿Fue el hambre del Rey? ¿Qué fue lo que aquél día en el bosque motivó que la vida volviera a cada célula de su cuerpo? ¿Cómo ocurrió el milagro de que el Rey, perdido en el bosque, disfrutara del placer, para él ya olvidado, de la comida, y su cuerpo recibiera la oleada de vida, también nueva, que penetró en su sangre, casi en su alma, llevada por aquella pobre comida? .........



sábado, 27 de diciembre de 2008

NACIMIENTO DEL NIÑO

 
Sin casa,
en un ruinoso pesebre,
lejos de la ciudad,
de los hombres ilustres,
al calor de una mula y un buey,
bajo alas de ángeles luminosos
acunado por su amorosa madre,
honrado solo por humildes pastores
y magos venidos del lejano oriente
nace, en lo profundo del invierno,
en el frío, la oscuridad y el olvido mundano
un Niño.
El Sol está en su mirada,
la Luna en su paz,
la Tierra en los brazos que lo acunan.
La estrella dirigen las galaxias,
los magos ofrecen sus presentes:
El oro del poder divino
El incienso de los puros espíritus
La mirra de la sabiduría real .
Y sola,
y sin su nido,
volará el águila
al encuentro del Sol...

jueves, 7 de agosto de 2008

SOL DE PRIMAVERA EN CÁDIZ



Primer sol de primavera en Cádiz, en la Punta de San Felipe. Tuvimos la ocasión de enviarle un saludo, y nos brindó el inmenso espectáculo de su luz en toda su paleta sagrada de pintor celeste.

Gracias por ofrecernos este bello espectáculo, quizá de los más bellos de la naturaleza.


miércoles, 16 de julio de 2008

GRACIAS




Gracias por ser un árbol tan hermoso, por la frescura de tu sombra que
alivia los fuertes calores del verano, por el verde de tu frondosa
copa, por el fuerte y cálido aroma de tus bellas flores, por tu recio
tronco con el que, tras tu viaje de vuelta, se harán cunas donde mecer
nuevos hijos de la tierra, por la fuertes raíces que penetran y abren
la dura roca de nuestra madre, por soportar los fuertes vientos y la
nieve en tus ramas, por dar amoroso cobijo a los pequeños pájaros en
tránsito por los aires, del sur al norte y del norte al sur, por la
alquimia de, con el solo alimento del sol y la tierra, dar vida a ser
tan grande y tan bello.