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viernes, 6 de agosto de 2010

MAGOS NEGROS



Creo que tanto el feminismo con el machismo son estupideces del mismo tenor.
Creo que los alegatos sobre la esclavitud y denigración de la mujer no sirven para nada.
Creo que las velitas y las concentraciones en el lugar donde cayó el niño que se suicidó por soportar las humillaciones de sus compañeros no valen para nada.
Creo que las llamadas a la solidaridad, el respeto y la convivencia no sirven para nada.
Creo que los innumerables artículos y anuncios denunciando la "violencia de género" no sirven para nada.

En fin, y resumiendo, creo que las lamentaciones no sirven para nada.

Al toro hay que cogerlo por los cuernos, que viene a significar que las malas hierbas es preciso arrancarlas de raíz, y además cuando aún son pequeñas, como los baobads del Principito. Luego ya es tarde, porque habría que arrancar enormes árboles.

Y me preguntarás, ¿como se hace eso?
Pues como se hizo desde siempre. En primer lugar hay que impedir que el sembrador dañino siembre cizaña entre el trigo, porque al final, y como dice Jesús, será imposible separarlos y habrá que segar todo y quemarlo.

Y si, así y todo, la cizaña crece en el sembrado de trigo, hay que, pacientemente, y día a día, ir arrancándola antes de que crezca y se reproduzca, porque luego será tarde.
En nuestro mundo se ha sembrado tanta cizaña que la solución deberá, en su momento, ser drástica y dolorosa. No te quepa duda.

A los etarras no les importó nada las enormes manifestaciones por la liberación de Miguel Ángel Blanco, ni igualmente las miles de velitas que pusieron tras su muerte. Sabían que, como luego ocurrió, a cabo de unas semanas nadie se acordaría de ello.

A los desalmados que asesinaron anteayer a un joven inocente simplemente porque había tropezado sin intención alguna con ellos les importa una mierda los cientos de velitas que pusieron sus amigos en el lugar en que cruelmente fue asesinado. Y no les importó porque, aunque presumimos que esos descerebrados tienen alma y sensibilidad, en realidad no tienen ninguna de esas cosas. Sólo la maldad y la violencia anida en sus negros corazones.

Lejos de mí atribuirle a esos asesinos la responsabilidad. Si ello fuera así, estaría más tranquilo. Lo realmente aterrador del asunto es que esos desalmados son el producto derivado de la sociedad en que vivimos. Y la sociedad en que vivimos ha sido creada intencionadamente por un plantel de políticos legisladores que desconocen absolutamente la naturaleza humana. Y por lo tanto no deberían gobernar al pueblo. Y no deben hacerlo porque lo llevan directamente al precipicio.

No es otra cosa la que nos espera. Por muchas pulseritas que le pongan a los maltratadores, por muchas órdenes de alejamiento que les impongan a violadores, proxenetas, pedófilos y vendedores de drogas, por muchos artículos que aparezcan en los diarios o programas en la tele "denunciando" a esa mala gente todo seguirá igal.

Quien es merecedor de todas esas denuncias son los que con su nefasta dejadez de responsabilidad, sus terribles permisividades, su constante pregón de "democracia y libertad", los que permiten los sucios negocios de la violencia y la pornografía, los que promueven la lucha selvática por la vida, los que nos imponen sexo en lugar de amor, placer en lugar de esfuerzo honrado, los que valoran más la integridad física que la valentía y el honor, los que mandan a callar a los padres de hijos asesinados o de hombres torturados, los que entienden la libertad como el simple hecho de moverse físicamente, aunque por dentro se sea un esclavo, los que pregonan que el mayor valor en la vida es la riqueza, los que no saben ni dicen nada sobre la disciplina, el esfuerzo, el respeto a los demás, la inutilidad de la violencia, la ayuda al prójimo y cosas así...

Los que, como un expresidente, pregonaba que prefería morir acuchillado en el metro de Nueva York que vivir "sin libertad". Se supone que se refiere a la "libertad" de acuchillar a quien te venga en gana o a quien quieras para robar dos perras. A la libertad de los que matan ancianos indefensos para comprar un poco de droga con los que "elevar" su inexistente espíritu, a los que envenenan a los niños en la puerta de los colegios dándole droga gratis, a los que tienen todo el beneplácito para difundir (y así forrarse) las más denigrantes revistas, películas y series de televisión con que envenenar a la gente sencilla e indefensa, a los que toman como modelo y cuna de la libertad a cierto país, donde los niños pasan por un detector de metales a la puerta del colegio, no vaya a ser que a alguno se le ocurra entrar con una "kalasnikov" y mandar al otro barrio a los compañeros que le miran mal, o a los profesores, o a quienes les parezca. Donde los marginados por la fortuna (dinero) mueren en la calle, ante, no solo la indiferencia, sino la justificación de todos (mejor que se muera porque no sirve para vivir, es decir, para ganar dinero). Donde tienen su caldo de cultivo las más estupidizantes sectas del planeta, donde se adora como dioses a "maestros o gurús" bobalicones y babosos que no pregonan sino "paz y amor", "seamos todos hermanos, cantemos y adoremos a nuestro gurú" y bobadas por el estilo para gente que no tiene la menor idea de lo que es la paz, ni el amor, ni Dios, ni un Maestro.

Probablemente Jesús, que según dijo explícitamente, no vino a traer la paz sino la espada, barrería con su furioso látigo, como hizo en el Templo, a todo este ejército de majaderos y mercaderes.

Pero igualmente seguro es que, ante el temor de que la gente despertara de su cándido sueño, los magos negros de la caverna lo llevarían enseguida a un nuevo Gólgota. -No se puede perder el negocio por un gilipollas que ande diciéndole a la gente las verdades del barquero- se dirían.

Eso nos hace falta, gente valiente que sea capaz de denunciar, a voz en grito, a toda esa nefasta mafia que nos está llevando a pasos agigantados hacia un nuevo apocalipsis.




sábado, 27 de marzo de 2010

ROMANTICISMO



Gracias, mi querido amigo, por tus puntualizaciones. Efectivamente soy un gran desconocedor de la Historia en general y de la historia del romanticismo en particular. Pero, como siempre, lo intento, y trato de ahondar en lo que implica el ser de algo en relación con la naturaleza humana.

Para ello trato de apoyarme en las figuras más representativas y, en este caso me he apoyado en Beethoven, quizá erróneamente. Pero para mí, que lo amo profundamente, lo he tomado como paradigma del romántico.

No dudo que, como en todos los movimientos, haya gente que aproveche la coyuntura para luego hacer con el ideal de que se trata cualquier cosa que se les ocurra. Recuerdo lo bien que me hablabas de Lenin. Y yo, a estas alturas, no dudo en que fue un idealista que trataba de establecer justicia y de erradicar un mundo corrupto como fue el zarismo anterior. Pero tampoco me cabe duda que los que posteriormente se apropiaron de su ideal y lo falsearon, hicieron lo que hicieron, no hace falta que te lo cuente.

Igualmente ocurrió con muchos otros genuinos representantes de ideales humanos de bondad, verdad, justicia y belleza.

Recordemos, por solo poner algunos ejemplos, en lo que degeneraron las enseñanzas de Jesús. Solo tenemos que contemplar la actual Iglesia, la que, sin ningún rubor, asegura que sigue sus enseñanzas.

Recordemos el primitivo mundo romano y su aporte a la cultura y a la humanidad, y comparémoslo con su decadencia y destrucción.

Comparemos el primitivo Egipto con el actual.

Recordemos la ilusionante idea de la democracia, de la que siempre se pone como antecesora a Grecia, y comparémosla con lo que existe hoy día, en la que muchos siguen empeñados en convencernos de que vivimos en una democracia. A la vista están los resultados del fraude.

Recordemos a Napoleón, autor en sus inicios de la modernización de la vieja y decadente Europa monárquica, y recordemos como acabó su ideal, cuando perdió la chaveta (hasta Beethoven, defraudado, cambió el título de su tercera sinfonía, incluyendo en la misma una marcha fúnebre, dedicada a la muerte de un ideal).

Recordemos las enseñanzas de Mahoma, promotor de una vasta cultura, de la que por cierto somos en cierta forma herederos, y contemplemos hoy a los que, también sin rubor, se proclaman los dueños de sus enseñanzas y se erigen en exégetas indiscutibles de su doctrina. ¡Si el pobre Mahoma levantara la cabeza...!

Recordemos igualmente el esplendor, el refinamiento y la espléndida civilización de la eximia Al-Andalus. ¿Qué queda de eso?

Recordemos el innegable esplendor del mundo precolombino, de lo que poco ha quedado pero más que suficiente para no poder negarlo. ¿dónde está hoy día?
En fin, a qué seguir. Estoy seguro que encontrarás muchos más ejemplos y que comprendes lo que quiero decir.

Pregunta hoy a cualquiera cuales eran los ideales del mundo hippie. Verás como te dicen que eran sexo, drogas y vagancia.

Pregunta qué cosa es ser anarquista. Verás lo que te dicen: hacer cada cual lo que les apetezca. Y tú sabes, igual que yo, que no es eso.

Pero, querido amigo, la humanidad es así. Los ideales paridos por gente genial, visionarias de un futuro mejor para la humanidad son pronto tergiversados y llevados funestamente a la práctica por gente estúpida que muy poco o nada comprendieron el mensaje.

¡Qué le vamos a hacer! Decía mi Maestro que siempre hay gente que construye Partenones y gente que los destruye. Pero lo nuestro es... construirlos. Lo contrario sería tirar la toalla y dejar nuestra Humanidad abandonada a su suerte.

Un fuerte abrazo de tu amigo,

Abraxas

miércoles, 4 de marzo de 2009

DOLOR


El hombre que se complace en los objetos de sensación, 
suscita en sí el apego a ellos; 
del apego surge el deseo;
del deseo el apetito desenfrenado.
Del apetito desenfrenado dimana la ilusión;
de la ilusión, la desmemoria;
de la desmemoria, la pérdida del discernimiento;
y por la pérdida de discernimiento, perece el hombre.

Bhagavad Gita
Estancia segunda




        El dolor es seguramente una de las compañías más constantes en la vida de todo hombre, desde el momento en que abre sus pulmones por vez primera, con su primer llanto, hasta los últimos momentos de la agonía, que le devuelve otra vez al mismo lugar. De un útero pequeño al gran útero.

      Nos duele la cabeza, nos duelen los riñones, las piernas, nos duele el corazón, nos duelen las ofensas, los menosprecios, las envidias, los amores y los odios, las penas y... hasta las alegrías.

       Debe ser muy importante el dolor en la vida del hombre...

        Cuando escuchamos la vida del Buda, y nos cuentan como un día el joven Sidhartha se escapa de palacio, burlando la férrea vigilancia establecida por sus padres a fin de que no conociera la enfermedad, la vejez y la muerte, y su cochero lo paseó por los arrabales de la miserable ciudad, sabemos cómo lo que vio, precisamente lo que sus padres habían hasta entonces tratado de evitar, marcó para siempre la vida de aquél que sería el Iluminado, la luz de su época. 

      Buda cimentó su doctrina de liberación sobre la base de la superación de la esclavitud a la que nos somete el dolor. El dolor, el apego, el deseo, la pérdida por fin de la conciencia real.

     Y su titánica lucha por el logro de la conciencia le lleva a la superación del dolor. Y su alma se abre el infinito, al absoluto, a Dios.

     Jesús nos da, con su vida, también el ejemplo de la asunción del dolor, de su trasmutación, de su superación, de la victoria, al fin, sobre el sufrimiento y la muerte. Nos muestra cómo el hombre puede resucitar de las ficticias cenizas de la muerte. 

       Limpió su alma con el agua de Juan, ayunó y luchó fieramente contra el demonio en el desierto. Superó las vanas tentaciones del hombre. Solo y desnudo, no comió ni bebió en cuarenta días. No tomó nada del mundo, ni aceptó nada de él. Y venció sus fantasmas, sus demonios, limpió su carne y su alma, y blanco y puro comenzó su camino.

      Y sufrió, y trasmutó su dolor. 

      Escuché una conferencia sobre música. Y el conferenciante comentó un concierto para piano de Beethoven, relacionándolo con el mito de Orfeo, y su viaje a los Infiernos.

      Sus sinfonías, todas juntas son una sola, y nos hablan de la totalidad del Cosmos. En ellas está su grandioso mundo interior, reflejo del Ser Infinito. Están los Héroes, la Danza, el Destino, la Naturaleza, el Amor, la Armonía y la Alegría, hija de los dioses.

      Y nos contaba a grandes rasgos su vida. Su padre, alcohólico, que le pegaba brutalmente, sus amores, nunca correspondidos. Su vida solitaria, atravesando el desierto del mundo, habitando en sus luminosas estrellas, puras pero frías. Su pasión por la belleza, por la pureza, por lo divino. 

       Seguramente la vida de un hombre grande, de un Hombre, es un camino desierto y sin desbrozar. Pero lo anduvo con valentía, con coraje y con arrogancia. Sin importarle nada de lo que carecía. Hasta su oído le abandonó joven, en la plenitud de su arte. Pero su dios estaba dentro y, aunque inexplicablemente para hombres pequeños como somos, la música no necesita de las vibraciones del aire. Su música vivía en su alma insonora. Y se despidió de nosotros con el más puro canto a la alegría divina, a la dicha, poniendo armonía a los hermosos versos que nos hablan del Padre Amoroso, de la Alegría, regalo de los dioses, de su mundo más allá de las estrellas.

      Para nosotros, incomprensible, pero meta brillante donde dirigir nuestros pasos.

        Beethoven, Jesús, Buda. No sufrieron el dolor. Lo trasmutaron. Lo convirtieron en alimento para nuestras almas, en objetivo de nuestra lucha, en norte de nuestras brújulas. Señalaron el camino, la verdad, y la vida.

      Muchas veces, muchas, he oído decir estas palabras de sabiduría:

       “El dolor es vehículo de conciencia”

       Pero… ¿sabemos qué es la conciencia? ¿para qué es necesaria? ¿es buena, mala, o regular? ¿Por qué queremos tener conciencia? ¿Conciencia de qué?

      Estas no son preguntas ociosas. La conciencia es Luz, y con la luz se ven las cosas con claridad, y hay muchas, muchas cosas que no querríamos ver, y otras muchas, muchas, de las que no conocemos siquiera su existencia. 

      ¿Pudo Edmund Dantés, en su pura inocencia, imaginar la existencia del mal en los que consideraba sus mejores amigos?

      ¿Pudo Pedro, en su amor al Maestro, admitir nunca que lo negaría públicamente, no solo una vez, sino tres?

      ¿Pudo Sidhartha, encerrado en su palacio de cristal, imaginar la existencia del dolor, en la vejez, en la enfermedad, en la muerte?

      ¿Pudimos todos, en nuestra tierna niñez, imaginar el complicado y doloroso mundo de los “mayores”?

       Y también me pregunto sobre el dolor. ¿Hace mejores a las personas, o por el contrario las hace peores? ¿Es necesario el dolor en nuestro camino hacia nuestro Yo interior? ¿Se puede ser Hombre sin sufrimiento? ¿Por qué rechazamos y evadimos el dolor, en lugar de trasmutarlo?