jueves, 3 de julio de 2008

REPETICIÓN



“Si quieres resultados distintos no hagas siempre las mismas cosas”
Einstein


He escuchado en varias ocasiones que en la repetición con conciencia está el secreto de la maestría, una enseñanza de origen egipcio.

Es algo de lo que lo que hoy estamos faltos, ya que a la repetición de los mismos actos se le llama rutina. Pero deberíamos entender que la rutina consiste en la repetición automática, es decir, sin estar presente la conciencia.

Normalmente odiamos repetir las mismas cosas una y otra vez, un día tras otro, por lo que este tipo de trabajo lo consideramos degradante y embrutecedor. Pero, sigo insistiendo, es así solo en el caso de que lo hagamos sin conciencia de lo que estamos haciendo.

Pongamos algunos ejemplos.

¿Cuántas veces ejecutará al piano cualquier intérprete la misma pieza?
¿Cuántas veces hará una paella un buen cocinero?
¿Cuántas veces escribió “El Profeta” Khalil Gibran?
¿Cuántas veces se repite un ritual sagrado?
¿Cuántas veces hago yo la cama a lo largo del año?
¿Cuántas veces se le cambia un pañal a un bebé?
¿Cuántas veces barremos, o fregamos, el suelo?
¿Cuántas veces hace un carpintero la misma operación?
¿Cuántas veces ha de repetir un actor de cine o teatro la misma escena?

Podéis encontrar miles de ejemplos. Pero es preciso reflexionar un poco sobre el asunto de la repetición.

Si la repetición se realiza de manera mecánica, es decir, sin la intervención de la conciencia y sin amor, el trabajo se convierte en algo monótono, rutinario y efectivamente esclavizante y embrutecedor. Pero esto no es una propiedad del trabajo en sí, sino del trabajador. Lo mismo se puede hacer de maneras muy diferentes. Y si la persona no pone en ello conciencia y amor el resultado es el que acabamos de explicar.

La pieza de piano será siempre la misma, siempre le faltará alma.
La paella no mejorará y siempre estará igual de mala, porque siempre se hizo de la misma manera. Nunca llegará a ser una paella “magistral”
Etc., etc.

Pero si la repetición se realiza consciente y amorosamente, ocurre algo mágico. La paella cada vez es mejor, cada vez está más en su punto, la obra de piano cada vez expresará más y mejor el alma del compositor.
Etc., etc.

Y esto ¿por qué ocurre? Pues porque se establece una relación anímica entre el obrador y la obra, así que llegan a formar una sola cosa, con lo que el alma del obrador se infunde en la obra, o, dicho de otra manera, la obra se impregna del alma del obrador.

Esto, evidentemente, no es cuestión de realizar la obra una sola vez. Son precisas muchas, muchas repeticiones, pero en las condiciones expuestas.

De esta manera el obrador perfecciona la obra. Y la obra perfecciona al obrador.

En esto radica la magia.


5 comentarios:

Concha Barbero de Dompablo dijo...

Totalmente de acuerdo, Abraxas. Nada tiene que ver el entrenamiento consciente con la repetición inconsciente.

Hace días que no pasaba por aquí y te he "visto" en el blog de Carmen
http://blogcarmenm.blogspot.com/. He pensado: ¡Vaya! Es cierto eso que decía Bach de que los iguales se atraen :-)

Un abrazo

ABRAXAS CADIZ dijo...

¿Bach? ¿Johann Sebastian? ¡No me digas...! Se ve que quien sabe mucho de una cosa, sabe mucho de todo. Quizá ese sea en resultado de la maestría de que nos hablaban los egipcios. El que llega a la perfección en cualquier arte, llega a la vez a la perfección en todas ellas.
Yo solo recordaba la enseñanza hermética: "Lo semejante atrae a lo semejante"
Gracias por tu comentario y por la riqueza de tu blog. Cada vez estoy más encantado con esta pequeña pero enriquecedora "comunidad" de "bloggeros". Tendremos que hacer un monumento a B. Gates, o a Google, por habernos permitido mantener estas magníficas relaciones virtuales...

Brisa dijo...

Hay una tan amplia gama de matices, que sin cambios excesivamente relevantes a simple vista, se pueden conseguir resultados increíblemente diferentes. Romper con la rutina, es algo sencillo, cuando desconectamos el piloto automático.

Un abrazo

Concha Barbero de Dompablo dijo...

Ja, ja, ja... no, no te digo, Abraxas, porque es Richard Bach, el de Juan Salvador Gaviota.

“Los iguales se atraen. Limítate a ser quien eres: sereno, transparente y brillante. Cuando irradiamos lo que somos, cuando sólo hacemos lo que deseamos hacer, esto aparta automáticamente a quienes nada tienen que aprender de nosotros y atrae a quienes sí tienen algo que aprender y también algo que enseñarnos”.

(Richard Bach).

ABRAXAS CADIZ dijo...

¡Ah, bueno...! Pues claro... Johann Sebastian Seagull... Magnífico librito. Lo tengo que releer, que lo leí muchas veces pero ya hace decenios...