martes, 20 de noviembre de 2012

SOMOS...


















Somos, como dijo Falla a su amigo,
fantasmas del pasado en un mundo de muertos.

Sí, añado yo,
fantasmas de carne y hueso.
Somos seres del pasado
que venimos a gritar y a despertar a los muertos.

Somos hermanos de Juan el Bautista,
voz que clama en el desierto,
como león que ruge en la sabana,
como lobo que aúlla en la noche,
como gallo que canta en la mañana.

Somos un grito ancestral,
voz fuerte y celeste,
que como Jesús,
hará despertar nuevamente a Lázaro,
y lo hará vivir de nuevo.

Somos pocos,
pero la levadura es poca también,
y levanta, y fermenta toda la masa inerte
de harina, de sal y de agua.

Somos, en la metáfora del maestro,
los que hacemos sonar el clarín,
clarín que despierta a los dormidos,
que saca del sueño a las almas.

Somos como tigres,
que acechan en lo profundo del bosque.
Como serpientes
que surcan con cuidado el follaje,
y se aprestan a despertar del sueño a los durmientes.

Somos como el rayo, como el trueno,
que enciende cegadora luz en la noche
y en su bramido arranca el temor
de los pusilánimes.

Somos como torrente
que arrasa las tierras resecas,
como olas de la mar terrible,
que rompe en espumas,
como viento furioso
que abate las hojas secas.

Como sol cegador,
como fuego terrible,
que ardiente levanta
la piel sudorosa.

Y no habrá nada, ni nadie
que pueda seguir en su sueño,
en su trinchera acogido,
en su comodidad recostado.

No vinimos a traer paz,
trajimos la espada.
E igual que Jesús,
arrojó del templo sagrado
los sucios tenderos
con su látigo justo,
así lo haremos también.

Pronto, luego, o más tarde,
mas no lo dudéis.
Así será.
Está escrito.


domingo, 11 de noviembre de 2012

BACH... Y M. KOZENA

Una feliz conjunción...


domingo, 4 de noviembre de 2012

LO EXCELSO Y LO VULGAR




















Un hombre es lo que come.

Muchas veces me he preguntado cuál era “el secreto”, o la “fórmula”, o “la receta” que poseían, y que poseen, los grandes hombres, ya sea en las artes, en las ciencias o en cualquier otra actividad noble del ser humano.

Hace unos días me vino a la mente la frase que he colocado al principio, porque creo que ahí está la clave. Un hombre es lo que come. Si come basura se convertirá en un basurero. Si come vulgaridades se convertirá en un ser vulgar, y si come alimentos excelsos se convertirá en excelso.

En mi opinión esto es así porque el cuerpo interior del hombre va creciendo con los alimentos que consume. Y de tales mimbres… ya se sabe. Una casa construida con ladrillos de mala calidad podrá ser bonita, pero… pronto perderá su belleza e incluso su estabilidad. Se ajará como algo efímero muy pronto.

En el plano material lo entendemos y lo aceptamos muy fácilmente. Todo el mundo lo sabe y lo puede ver día a día. Pero… ¿y en otros planos?

Llegamos quizá hasta lo vital, la salud. Entendemos que quien se cuida adecuadamente goza de buena salud. Aunque en nuestra cultura pretendamos estar sanos sin hacer lo necesario para estarlo, y aún haciendo justamente lo contrario que demanda nuestro sentido común en este asunto. El resultado es que un gran porcentaje de los enfermos de algo lo son por tratar inadecuadamente, si no salvajemente, su cuerpo y su vitalidad.

Cuando subimos a otros planos, el asunto se vuelve tan difuso que ya no vemos en absoluto ninguna conexión entre lo que comemos con los resultados que producimos en estos planos superiores o más sutiles de nuestra naturaleza.

¿De qué alimentamos nuestra psiquis, es decir, nuestras emociones, nuestros sentimientos, en suma, nuestro plano emocional? ¿De qué clase de ideas, más positivas o más negativas, más entusiastas o más pesimistas, más alegres o más amargas, más nobles o más vulgares alimentamos nuestra mente?

No hablemos ya de los planos del espíritu, mundo casi desconocido, aunque intuido, de todo ser humano que se pueda llamar tal.

Pues puedo afirmar que lo que se nos ofrece para comer en los grandes medios de comunicación de masas es basura, cuando no veneno. Cualquier espíritu crítico, en uso del más elemental sentido común, advertirá que no se nos ofrece nada que pueda considerarse excelso, sino más bien vulgar. Quien se haya preocupado, aunque solo sea unos minutos, de hacer “zapping” examinando con criterio propio y un mínimo discernimiento las distintas cadenas, dudo que haya encontrado algo que se aparte de lo vulgar, de lo mezquino y de lo aberrante, salvo bellísimas excepciones.

Teniendo en cuenta lo que expongo, es resultado de sentido común la calidad de los contenidos que pueden albergar en su psiquis nuestros contemporáneos, que no coetáneos.

Comer sin ton ni son cualquier cosa que se nos ponga por delante nos lleva a construir un ser interior semejante a lo que nos dan de comer. Zombis, monstruos, desquiciados o, en el mejor de los casos, necios. Y quien se extrañe de la cosecha que piense por un momento qué semilla se sembró. De cada clase de semilla nace una clase de planta semejante. Del trigo, trigo, de la cizaña, cizaña.

Así, en nuestros oscuros tiempos, la poesía ha sido ocupada por los “cantautores”, la música por los “roqueros”, la literatura por los “raperos”, la pintura por los comics y los graffitis , el buen teatro por el cine, la escultura por absurdos mamotretos que solo entiende su “creador”, la arquitectura por rarezas originales pero de mal gusto, la belleza interior por la epidermis, la óperas se han convertido en “óperas rock”, los conciertos son ahora de cantantes de medio pelo, la danza por coreografías absurdas que suscitan los instintos más bajos, la política por la demagogia, la amistad se hace por el chat, la comunicación entre personas por email, el cariño y el amor se identifican con el sexo, el dar se olvida y solo se espera recibir, la entrega se olvida y se fomenta el egoísmo, y a cambio de hermandad se fomenta el separatismo y el enfrentamiento.

En lugar de apoyo, ayuda y hospitalidad entre los seres humanos se valora la indiferencia, y donde se cultivaba la compañía ahora se cultiva el aislamiento que lleva a la soledad. Y ya no se dan agradables paseos, se “hace footing”.

Pensemos y cuidemos qué nos llevamos a la boca. Lo que comemos, como dijo un sabio, que no recuerdo ahora quién fue, eso somos.







miércoles, 24 de octubre de 2012

¿DÓNDE HABITA LA POESÍA?



























Anoche hablé contigo, y nuestras íntimas miradas me hicieron preguntarme cosas, que ahora te quiero contar.

A veces me pregunto dónde va la poesía cuando te abandona. Un poeta hizo una pregunta parecida:

Cuando el amor se acaba, ¿sabes tú a dónde va?

Me pregunto lo que se preguntaba Leonard Cohen en una de sus canciones:

Where is your famous golden touch?

¿Dónde dejé la poesía, dónde el amor, dónde el añorado toque de oro? Seguramente se marcharon de mí en los ojos y en el pecho de mis vírgenes amantes. O se quedaron en los verdes brotes nacientes y poderosos. O se los llevó, al decir del poeta, como el viento de otoño se lleva las hojas pardas.

Pero también estén quizá en el próximo recodo del camino, que ya se vislumbra tras el frío y la niebla del invierno.

Quizá mi mano perdió su pátina de oro cuando dejé de cavar en la mina, cuando dejé de cernir las arenas auríferas de mis arroyos más limpios.

Pero lo que he visto existe, y ya no me puedo engañar. No puedo negar el brillo del sol, aunque el cielo hoy esté nublado. Sé que está detrás de las nubes, detrás de mí y de mi desesperanza.

Dime que sí, hermana, dime que mi aliento puede abrasar otra vez, que mi voz puede llevar almas a su nido, que mi mano puede ayudar a guiar a los ciegos, que puedo soportar el peso de los que quiero llevar al otro lado del tránsito doloroso.

Dime que aún tengo fuerzas, que mi corazón enciende aún ilusiones, que mi amor abrasa aún corazones, que mi clarín todavía es capaz de traspasar el ruido y de hacerse oír entre los estériles rumores.

Dime, aunque yo no consiga creerlo, que mi voz es aún dulce a tus oídos, que mi alma aún tiene brasas que calientan, y que mi mano aún puede dar caricias que sean benéficas y portadoras de alegría.

Dime… que aún puedo ser un amante para un alma sedienta, agua fresca para el abrasado, cama en que repose un alma cansada, musa que inspire un corazón ardiente.

Dímelo.


lunes, 15 de octubre de 2012

PALABRAS























Estaba hablando hace unos días con un amigo, maestro toda su vida de las hermosas lenguas de nuestros antepasados inmediatos, el latín y el griego. Tan versado es en ellas que me contó una vez que, paseando con su familia por el puerto, se toparon con un barco polaco de pasajeros que a todos llamó la atención por su belleza y que enseguida quisieron visitar si ello fuera posible.

Cuando abordaron el navío, intentaron dar a conocer su deseo al oficial que les atendió, pero todo fue en vano. Nadie en el barco sabía una palabra de español. Así que estuvieron a punto de desechar la idea de la visita, no sin sufrir una gran decepción, cuando a mi amigo se le ocurrió una idea genial. Con gestos como santiguarse o unir sus manos en oración consiguió que el oficial entendiera que deseaban hablar con el sacerdote del barco, y una vez que fue este avisado y se presentó ante ellos, con enorme sorpresa para todos los presentes comenzó una fluida conversación con él… ¡en latín!

Por supuesto, visitaron el barco, siendo el sacerdote su singular guía, y mi amigo el intérprete para su familia.

Y, como antes contaba, hablábamos sobre diccionarios, de latín y griego, y los más queridos por mí, los diccionarios etimológicos. Le contaba que para mí era fascinante, y casi siempre imprescindible, acudir a mi diccionario etimológico en desesperada ayuda para descifrar el contenido primigenio de las palabras. Nunca encontré mejor manera de penetrar el alma de las palabras que conocer su nacimiento. Los romanos, los griegos, los árabes; ellos fueron los que dieron alma a las palabras que hoy usamos.

Yo le decía que, para mí, la palabra es el cuerpo o el envoltorio de un concepto, de la esencia que guarda, de su alma. El asentía con la cabeza y vi que sus ojos brillaban, porque ama las lenguas clásicas.

Y creo que en nuestros días existe una gran confusión porque las palabras están perdiendo su alma, quedando solo su cuerpo escuálido, cuando no muerto. Con lo que estamos ante una nueva torre de Babel. No es posible entenderse, salvo con aquellos que mantienen vivas las palabras y su concepto, su alma.

Una mesa es una mesa. Y todo el mundo lo sabe, salvo quizá los indígenas que nunca la han usado ni conocido. Un hombre es un hombre y una mujer una mujer… Pero ¿y las palabras que todo el mundo pronuncia sin el menor pudor todos los días?

Amor, Libertad, Felicidad, Dolor, Amistad, Respeto, Arte, Paz…, y mil otras que fácilmente se os ocurrirán… ¿tienen algún significado, o por otra parte, tienen el mismo significado para todo el mundo? Ya sé que me diréis que no.

Y yo me pregunto: si solo estamos de acuerdo en lo que es una mesa o una casa, un vaso o un árbol, pero de ninguna manera en el significado de lo que realmente importa en la convivencia, en la cultura y en la comunicación entre las personas, ¿cómo vamos a entendernos?

Evidentemente, de ninguna manera. Las conversaciones se convierten en un diálogo para besugos. Todo el mundo utiliza sin pudor las mismas palabras, pero nadie se entiende, porque cada uno tiene su particular concepto de cada palabra.

Y si no, haced la prueba. Preguntad qué significa o qué implica cualquiera de las palabras antes mencionadas. ¿Qué significa amar? ¿Qué significa ser libre? ¿Qué significa ser feliz? Os asombraréis de comprobar que las respuestas no son solo diversas, sino incluso contradictorias o directamente contrarias. Así pues, careciendo de una auténtica civilización que conceda a las palabras su auténtico contenido, no es posible diálogo alguno, y por lo tanto, ninguna comunicación, ningún enriquecimiento ni ningún progreso.

La tristemente famosa torre de Babel fue imposible seguir construyéndola, simplemente porque nadie se entendía. Y nadie se entendía porque el hombre pretendió alcanzar el cielo con la vana soberbia de hacerlo con sus medios humanos materiales. Y ese mito, tan antiguo, tiene hoy la mayor vigencia y actualidad.




sábado, 6 de octubre de 2012

MISTERIO




















Amo el misterio,
vivo el misterio.
Amo lo que no veo,
amo lo que no comprendo.

Lo que está lejos,
lo que está difuso,
Lo que sospecho
pero no alcanzo.

Resuenan cuerdas,
como de arpas,
su sonido es lejano
y hermoso.

Miro una brizna
de hierba fresca.
Miro una estrella
blanca y lejana.

Olas que mueven
el mar en calma,
vientos sobre el mar
y sus espumas.

Graznan gaviotas
sobre mi cabeza.
Algo pretenden
enseñarme.

Miro el sol
ciega mis ojos.
Miro las sombras,
también del sol.

Misterio…
Misterio…


domingo, 30 de septiembre de 2012

ALEGRÍA Y TRISTEZA



















“Si estamos tristes entristecemos a todo el barrio”

Esto decía Facundo Cabral, y aún suponiendo que estar triste es cuestión nuestra, a lo segundo me parece que no tenemos derecho.
Yo creo que la tristeza la deberíamos desterrar de nuestras vidas, porque no nos es de ninguna utilidad y además nunca tenemos motivos para estarlo. Y si por un momento pensamos que tenemos motivos… pues habrá que superarlos.
No conlleva sino mal para nosotros y, lo que es peor, mal para los que nos rodean.

“Vuestra alegría es vuestra tristeza sin máscara” decía Khalil Gibran.
Y lo explica muy bien, creo, según yo lo interpreto. La alegría es nuestra tristeza, pero sin máscara. Y me pregunto ¿por qué hemos de ponerle máscaras a nuestra tristeza? ¿No sería mejor mostrar nuestra alma sin máscaras y así sería solo alegría lo que transmitiera?

Creo que solo hay una fuente de la que manan los sentimientos y es la misma agua la que surge siempre, pero ¿no es mejor que esa agua fluya clara y cristalina a que lo haga turbia y gris? ¿De dónde viene nuestra manía de ensuciarla?

Con el tiempo uno se da cuenta que es mejor lo primero, pero antes hay que sufrir lo segundo… hasta que uno se convence de no tiene ningún sentido.

Es fácil estar triste. Es difícil, pero benéfico para uno y para todos, estar alegre.

¡Alegría, hermosa chispa de los dioses, hija del Elíseo…! Esto canta la novena sinfonía de Beethoven.

Sí, destello hermoso y reflejo de los dioses. Nunca podré imaginar un dios triste, siempre los imaginaré radiantes de alegría.





viernes, 21 de septiembre de 2012

PRIMAVERA


Dedicado a mis amigos del otro lado del mundo.


























Foto: Inmaculada Camacho


No fueron las mañanas blancas,
ni tampoco los espacios,
otra vez limpios y gloriosos.
No han sido los infinitos pájaros,
en el cielo más azul abriendo tirabuzones.

Ni los rojos, púrpuras y blancos que las flores
hacen diminuta espuma sobre el verde extenso.
Ni siquiera el dulce y amoroso aire
que pasó de nuevo, encendido,
de los infinitos soles a mis recónditos átomos.

No. Sólo han sido tus ojos, su brillo y su llama,
como fuego inmenso, de tu centro lejano
al mío encendido.

Ellos son los que cantaron,
en silencio, con voz sonora y dichosa:
¡He renacido!
¡Hemos prendido de nuevo nuestras ascuas!

¡El Universo nos pertenece!
¡Desde el grano de arena a las galaxias,
el pequeño arroyo y los océanos,
los minúsculos brotes que abren los leños,
los infinitos huevos que rompen a la luz,
las largas espumas de la luna en las orillas...!

Todo nuestro y de todos.
Todo otra vez en nuestra casa.
Todo está... y todo es.

Y no distinguimos ya nuestras fronteras
de las del Universo divino, que, una vez más,
rió con nosotros, reímos uno y juntos
otra  ancha  y más eterna primavera.










lunes, 17 de septiembre de 2012

LA VIDA REAL
















La vida real comienza cuando estamos solos; cara a cara con nuestro ser desconocido…
(H. Miller)

¿Y por qué hay que estar solos?

¿Por qué tiene que ser necesario estar solo para empezar con la vida real?

¡Con lo poco que me gusta estar solo!

¿Cara a cara con nuestro ser desconocido?

¡Pero si yo ya me conozco muy bien!

¿Y quién es nuestro ser desconocido? ¿Yo? ¿Acaso soy más que una persona?

Yo soy una persona, y además ya me conozco, así que para qué estar solo, con lo aburrido que es…

La verdad es que la frase es de lo más enigmática. Veamos…

La vida real…, pero ¿es que hay una vida real y otra irreal?

…comienza…, ah, ¿pero la vida no comienza cuando nace uno y termina cuando lo meten en la caja de pino?

…cuando estamos solos. Pues, vaya tela. Así que lo mejor para empezar esa vida “real” sería perderse en una isla desierta. Ahí sí que estaríamos solitos.

…cara a cara… pero ¿cómo podemos estar “cara a cara” con nosotros mismos? ¿Se trata de mirarnos al espejo o qué?

…con nuestro ser desconocido… ¿Y ese quién es?, porque a uno mismo ya se conoce uno más que bien…

Desde luego, con frasecitas así no creo que vayamos a ningún sitio, vamos.



Todo lo anterior es lo que cualquier persona que desconoce la vida interior plantearía frente a la frase de Miller.

Y, además de leer lo que acabo de escribir, diría:

¿La vida interior? ¿Pero es que va a resultar que los riñones, los intestinos y todas esas cosas tienen una vida por su cuenta?

Pues este es el asunto. Generalmente, se desconoce que la vida “exterior” no es otra cosa que el resultado de la “vida interior”. Si no hay vida “interior” no hay vida “exterior”.

¡Claro! Si se para el corazón, no hay vida de ninguna clase…

¡Que no, hombre, que no, que no se trata de eso!

El hombre se construye poco a poco (o no) un mundo interior en el que vive, y sus actos externos son solo (o deben ser) la manifestación de ese mundo en el mundo exterior. Si no hay mundo interior, no hay mundo exterior para él.

¡Pues yo no sé qué es la vida interior ni el mundo exterior, y no me he muerto todavía!

Efectivamente, no te has muerto todavía. Solo que aún no has nacido… Y si aparentemente vives y actúas, no lo haces desde ti mismo, porque ese “ti mismo” no existe. Lo único que puedes hacer es tomar prestadas de otros las motivaciones, o imitar simplemente el modo de comportarse de aquellos que admiras, o simplemente comportarte como todo el mundo. Como todo el mundo que no tiene mundo interior.

Para mí que ese es el mundo real del que nos habla Miller. Y es real porque es existente para nosotros. Lo irreal es lo externo a nosotros, es contingente, cambiante y efímero. Por el contrario nuestro mundo interno es sólido, no está sujeto a modas ni a circunstancias y el reconocerlo como nuestro nos hace reconocernos como hombres. Y sobre esos cimientos se puede edificar nuestro ser. Nuestra casa no se caerá.

Y cuando entramos a nuestro mundo estamos solos. Pero en una clase de soledad que el hombre vulgar no comprende. La soledad es maldecida por el hombre vacío, pero es una necesidad y una bendición para el hombre que tiene cosas que hacer en su interior, porque su mundo necesita ser construido poco a poco y cada día. Y no hay quien haga nada de provecho si le están formando ruido a su alrededor o si lo están distrayendo continuamente.

La soledad es seguramente, junto con el silencio, condición imprescindible para entrar a nuestro mundo.

Y en ese mundo puede ser que nos tropecemos con nuestro ser real, con aquel que realmente somos o, mejor dicho, con el único que somos.

jueves, 13 de septiembre de 2012

REQUIEM DE MOZART EN LA CATEDRAL DE CÁDIZ

Dirigido por JOSÉ LUIS LOPEZ ARANDA, en la catedral de Cádiz.