sábado, 5 de mayo de 2018

NOS ROBARON EL SILENCIO





Esto escuché al poco de encender la radio al ir a acostarme. Hablaba un chamán mexicano. Me llegó a mi centro tan directo y tan real que comenzaron a resonar en mi tantas cosas… tantas… y todas acordes a lo que dijo ese hombre.

Nos robaron el silencio. Repentinamente y de un solo golpe de luz vi que había sucedido así. De inmediato surgió la pregunta: ¿Y por qué? ¿Por qué habrían de querer robarnos nuestro silencio?

Poco a poco fueron apareciendo las respuestas, las certezas. El silencio era considerado peligroso. En el silencio se escuchan cosas peligrosas. Se plantean dudas peligrosas. En el silencio al hombre puede ocurrírsele pensar.

El silencio es peligroso, y para mantener en paz al rebaño hay que evitárselo y mantenerlo siempre en el ruido. En el ruido se dejará llevar donde queramos, pensará lo que queramos, sentirá lo que queramos, hará lo que queramos. Esto lo saben muy bien los amos de la caverna, los magos negros.

El silencio, y la soledad, pueden llevar al hombre al camino de salida y, lo que es más peligroso aún, puede contaminar a los demás. Y puede hablar y mostrarse de una manera especial, distinta a la ordenada al rebaño. Todo ser humano que mantenga silencio y soledad debe ser combatido con la marginación, con la calumnia, y si es preciso, con la muerte.

Hay que fomentar el ruido y el miedo al silencio. Hay que valorar la multitud en lugar de la soledad. ¿Quién sabe cuanto mal nos podría hacer el hombre silencioso y solo? Ruido, ruido, muchedumbre, hay que evitar que el ser humano se sienta distinto y poderoso. Hay que alabar a los mediocres, a los pusilánimes, a los deformes, a lo inarmónico, a lo feo, a lo vulgar, al sufrimiento, a las bajas pasiones. Hay que podar pronto los tallos que despuntan, a los únicos, a los individuos, a los que aman lo bueno, lo bello y lo justo. ¿Qué sería de nuestra modélica sociedad si unos cuantos se dedican a buscar tales cosas? Hay que convencerlos que esos ideales solo existen en su loca cabeza y que los seres humanos somos como somos y nada de esas cosas debe interesarnos, pues nuestra salud mental peligraría.

“Solo hay tres cosas dignas de romper el silencio, la música, la poesía y el amor”

Esto dijo Amado Nervo. Y no se equivocó. Porque la música, la poesía y el amor son silencio. Si son ruido ya no son nada. El silencio es armonía. La Naturaleza es armónica y silenciosa. Hace más ruido un árbol que cae que un bosque entero creciendo en silencio. El ruido es muerte, el silencio es vida.

Desde dentro de cada uno de nosotros hay alguien que habla y sabe lo que dice, pero habla tan bajito, casi susurrando, que es preciso permanecer en absoluto silencio para escuchar claramente qué nos dice. De otra manera, inmersos en el ruido, nunca le podremos oír, y por lo tanto escuchar su voz. Es la voz del silencio.

El ruido no es solo lo que captan nuestros oídos físicos, porque nuestros oídos físicos también pueden captar y llevar a nuestra alma el perfecto silencio de una música bella, del sonido del viento y las olas rompiendo en la arena. Y estas cosas no son ruidos, son la voz de la belleza, de la armonía y de la naturaleza. El ruido es inarmonía, es ausencia de perfección. Lo perfecto es bello, bueno y justo, y no es ruido, es armonía. Es el alimento de nuestro ser interior.

El ruido es la dispersión, lo que nos aturde constantemente, lo feo, lo vulgar, lo mediocre, los instintos, y, en general, todo aquello que nos impide oír la voz pura del silencio, de la armonía.

Siempre recuerdo lo que un día me dijo un gran amigo. Me dijo:

- Mira, imagina a cien personas reunidas en una plaza. Cada uno de ellos está hablando constantemente de asuntos dispares. ¿Qué escucharás? Ruido.
Ahora, organiza esas cien personas por el tono y la calidad de sus voces en cuatro grupos, dos grupos de mujeres y dos de hombres. Llámales sopranos a las voces altas de mujeres, y contraltos a las de voces bajas. Llámales tenores a los hombres de voz alta y bajos a los de voz de tono bajo. Consigue que aprendan cada grupo su parte de la partitura de, digamos, “Ave verum corpus”, de Mozart. Acompáñalos con un órgano y haz que canten en la plaza. ¿Qué escucharás entonces?

La respuesta era evidente: me quedaría mudo y mi alma escucharía, captaría y se alimentaría de armonía pura. Eso ya no era ruido. Eran las mismas cien personas que antes hacía ruido y ahora estaban produciendo armonía pura. Es decir, silencio perfecto.

“Antes de que el alma sea capaz de comprender y recordar, debe estar unida con el Hablante silencioso, de igual modo que la forma en la cual se modela la arcilla lo está al principio con la mente del alfarero.
Porque entonces el alma oirá y recordará.
Y entonces al oído interno hablará
LA VOZ DEL SILENCIO.”
(Fragmento del libro de igual título, en el que H.P.B. recoge ancestrales enseñanzas tibetanas)






viernes, 20 de abril de 2018

DAR Y RECIBIR



       Estábamos delante de unas pizzas, disfrutando de una excelente sangría y riéndonos con verdadera alegría, con la alegría de los verdaderos amigos.
     
       No sé como la conversación se deslizó a temas de cine, música y libros. Bueno, en realidad es algo muy común, sobre todo en nuestro círculo. Y hace mucho tiempo que venía rondándome una idea sobre el asunto, que quise expresar en voz alta. Me costó tanto hacerme entender, no sé si por mi impulsividad al hacerlo, por el rechazo que provocaba, porque es difícil de aceptar, o puede ser quizá también por la gran ingesta que hasta el momento había hecho de la deliciosa sangría. Incluso varias veces me pidieron que dijera claramente “habas claras”
     
       Les contaba que en casi todas las ocasiones que se le pregunta a alguien por sus aficiones suele contestar lo siguiente:
     
       - Leer, escuchar música, ir al cine y viajar.
     
       A veces se añade otra cosa, pero estas aficiones entran casi siempre en los gustos y preferencias digamos “normales”.
     
       Yo les decía que esto tenía un gran inconveniente, y consistía en que eran “actitudes pasivas”, en las que no se participaba activamente, como creador. Para ilustrarlo le dije:
     
       - ¿Y si nadie escribiera libros, ni hiciera música, ni películas, ni hubiera agencias de viajes, a qué demonios se dedicaría tanta gente? ¿Y si no hubiera televisión, a la que, aunque no lo dicen, le dedican muchas horas? Para que alguien lea un libro es preciso que alguien lo escriba primero. Para escuchar música es preciso también un compositor que la escriba, aparte de un director que la interprete y unos músicos que la ejecuten.  Para ver una película es preciso alguien que de a la luz el guión, la música, etc. Creo que la idea es fácil de entender. Si todos nos dedicáramos exclusivamente a esas aficiones terminaríamos por no poder disfrutar de ninguna, porque no habría ni libros, ni música ni cine ni casi nada de nada.
     
       Y ello es producto de la educación “pasiva” que nos imbuye la sociedad de consumo, más interesada en que “consumamos” que en que “creemos”. Cada vez hay más consumidores y menos creadores. Pero la discusión empezó cuando yo planteé que lo verdaderamente enriquecedor es la creación, y no el consumo.
     
       Aunque se planteó que el consumo no es del todo pasivo, circunstancia que admití, generalmente sí lo es, al plantearse elementos de consumo cada vez más digeridos y para los que es preciso cada vez menor esfuerzo.
     
       Así, no es lo mismo leerse el último best-seller, el que por cierto si es el mejor vendido (que es la traducción al castellano de best-seller), seguramente lo será porque la gran mayoría de la población es capaz de tragárselo, con lo que puede deducirse que su profundidad será escasa, que es mucho más fácil que leerse los Diálogos de Platón, las obras de Kant, y, en general, los clásicos, que, como es obvio, necesitan un mayor esfuerzo de comprensión y de asimilación. Afirmé que, mejor que leer “El código da Vinci” yo leería otra vez El Quijote, por ejemplo. Pero resultaba que todo el mundo lo había leído. Eso ya no lo pude pasar. Sí, todos lo leímos en el colegio, de chicos, me dijeron. ¡Claro, y qué remedio! Pero ¿quién lo ha leído de adulto por propia voluntad, sin ser coaccionado? Resulta que es el libro más famoso, más elogiado, más editado de la literatura española, pero pondría la mano en el fuego que es el menos leído. Aunque quien fuera o fuese me jurara o demostrara lo contrario. Será, y lo creo, best-seller, pero para ponerlo en la estantería del mueble bar.
     
       Creo que por este camino, y como los creadores son también y cada vez más, consumidores, salvo bellas excepciones, llegaremos pronto al momento de no tener nada que llevarnos al cerebro, salvo, claro está, los clásicos, de la literatura, del cine, de la música y de todo lo demás.
     
       Pero lo trágico de esta cada vez más fomentada y frecuente actitud pasiva es que no sólo repercute en la creación artística, sino en cualquier plano de la actividad humana. Así, en el amor queremos antes ser amados que amar, en la amistad queremos tener amigos antes que ganarlos, en el trabajo queremos cobrar antes que trabajar, y en la convivencia exigimos de nuestra pareja antes que entregarnos a ella, queremos que Dios nos ayude, sin ayudarle a Él dentro de nosotros, y hasta hay gente que quieren ir al Cielo como se estila ahora, como el aprendizaje del inglés...... ¡Sin esfuerzo!




martes, 10 de abril de 2018

LA GRASIA DE CAI


     Hablaba con un viejo amigo, casado felizmente con una mujer japonesa, matrimonio de muchos años, cosa por cierto hoy poco corriente, sobre lo difícil y complicado que puede resultar para un gaditano entenderse con una persona nacida en oriente, como es su caso.
 
       Yo le decía que ya es difícil entenderse con un español del norte, como pudiera ser un catalán, un vasco o un gallego. Y, apurando más aún con un andaluz de cualquier otra provincia, granaíno, por poner un caso. Así que con una japonesa…
 
       No lo digo, por supuesto, en el terreno del lenguaje, que todos sabemos es difícil también, o en las costumbres, o en la cultura. Y si no lo cree así, pruebe un gaditano a explicarle a alguien que no lo sea en qué consiste que algo esté “cambembo”. Poco menos que imposible que lo podamos explicar, y mucho más imposible que el otro lo entienda. Yo, en este caso, para no empeñarme en algo destinado al fracaso, lo que hago es enseñarle una sartén cambemba, o una mesa cambemba. Así es más fácil que lo comprendan.
 
       Lo verdaderamente difícil, que a veces se convierte en un tormento para el gaditano, y mucho más aún para el forastero, es entender la grasia de Cai. El doble sentido, la exageración, el hablar en serio algo que es en broma, o en broma algo que es serio, y otras muchas cosas propias de aquí.
 
       ¿Cómo puede entender un forastero que llamemos cariñosamente a alguien “hijo puta”, por ejemplo, y nos quedemos tan tranquilos ese alguien y nosotros? ¿Y por qué no puede entenderlo? Pues porque ese alguien, también gaditano, sabe perfecta e inmediatamente si se trata de un apelativo cariñoso o de un insulto, pero el forastero no puede entender cómo logra adivinarlo en décimas de segundo.
 
       La guasa no tiene cura, dicen por aquí. Y es bien cierto. Está tan enraizada en la gente de Cai que, si tratáramos de extirparla sería imposible, a riesgo de extirparle su esencia de gadita.
 
       Por experiencia, creo que lo más complicado para un forastero es conseguir descifrar rápidamente si lo que un gadita le cuenta se trata de algo en serio, verídico, o lo está diciendo en broma. Lo más usual es que piense que le está tomando el pelo, e incluso más de uno se ofende.
 
       Para mí es un auténtico placer y un baño gadita el hacer cola en el puesto de churros de mi amigo El Luna, el del puesto de La Guapa, y sobre todo en verano, que hay mucho forastero. Me contaron que el mes pasado, agosto, había una cola considerable esperando para comprar los excelentes churros que hace y vende allí mismo, a la vista de los clientes. Y en estas, llegó un hombre que, saltándose la cola, pidió que le despacharan. Por supuesto, El Luna le señaló la cola, con una breve pero clara instrucción, a lo que el hombre, que era forastero, le espetó en alta voz:
 
       - Oiga, que yo no soy de aquí, que soy de fuera…
 
       Tras oír toda la cola tan absurdo argumento, comenzó el cachondeo.
 
       - Venga, Luna, despáchale a este hombre ya, que no es de Cai.
 
       - Joé, Luna, ¿lo vas a hacer esperar? ¿No te ha dicho que es de fuera?  ¿Qué van a pensar de la gente de aquí, que hacemos esperar a los  veraneantes? A lo mejor el hombre tiene prisa, o lo está esperando su  familia en la Caleta con el cafelito en la mesa…
 
       - Desde luego, Luna, eres un cabrón. A partir de mañana me voy al  puesto de al lao, sieso. ¡Vaya forma de tratar a una persona que es de  fuera…!
 
       En fin. A qué abundar. Os lo podéis imaginar. Guasa y risa para un buen rato.
 
       Esto es una anécdota de los cientos que se pueden vivir todos los días. Me han contado que hay gente “de fuera” que va a ver los partidos de fútbol en Cádiz no para ver el partido, que es lo que menos le interesa, sino para escuchar los comentarios de los que tiene alrededor. Por supuesto, coincido con ellos. Los comentarios suelen ser mucho más interesantes que el partido. Mucho más. Y sobre todo para una persona “de fuera”.
 
       Tengo amigos y amigas sudamericanos, inteligentes y con sentido del humor, que han tardado años en acomodarse a este batiburrillo verdaderamente infernal del doble sentido y de la guasa, de la mezcla constante entre lo serio y lo jocoso, entre lo cierto y lo falso, entre lo justo y lo exagerado.
 
       - Quillo, el otro día estuve a punto de coger una corvina de tres kilos.
       - ¿Se te perdió? ¿Rompió la línea? ¿No pudiste subirlo? ¡Que pena ¿no?!
       - ¡Qué va! ¡Peor! Estuve a punto, pero se dio cuenta el del puesto del pescao…
 
       Todo el día igual. De ahí la fama que tenemos de que todo lo tomamos a broma y de que no hay manera de entenderse con nosotros.
 
       Pero yo diría que sí que hay forma. Es cuestión de paciencia, cariño, sentido del humor y finura de inteligencia. Y lo que sí puedo asegurar a cualquiera es que, una vez conseguido, se tiene uno asegurado una vida alegre, risueña y apacible en esta tierra, difícil, sí, pero, como todo lo valioso, inapreciable.



sábado, 16 de diciembre de 2017

PACIENCIA



 Hoy quiero reflexionar sobre la paciencia, porque es una fuerza del alma olvidada y denostada en nuestros tiempos, lamentablemente. Se ve que los predicadores lo han explicado mal, quizá porque tampoco llegaron a entenderla, ni a darle el inmenso valor que aporta al ser humano.

Y creo que es necesario descubrirla y, además, aprenderla y desarrollarla en nuestro ser interior, porque, al decir de Aristóteles, es una virtud moral, que no intelectual, y por lo tanto no se conquista por la mente, sino por el esfuerzo del hábito consciente, constante y perseverante.

A mi parecer no es conformismo, ni esfuerzo que se hace por necesidad, de mala gana, por la imposibilidad de obtener resultados inmediatos de nuestros actos. Tendríamos que aprender de la Naturaleza para comprenderla.

El sembrador no espera tener un árbol dándole frutos al día siguiente de meter la semilla en tierra. Cualquier hombre de campo se reiría si le dijéramos que queríamos eso. ¡Absurdo! –diría-, todo lleva su tiempo. Pero los hombres de ciudad no lo entendemos. No sabemos ni de tiempos, ni de ciclos, ni de casi nada de la vida natural. Han querido convencernos de que el resultado de nuestro trabajo puede y debe ser inmediato. De otro modo, simplemente, no merece la pena.

Pero el sembrador sabe que, para obtener más grandes resultados a veces no es necesario esfuerzos más grandes, sino mayor paciencia. Y, además, no le molesta esperar. Disfruta con cada paso que da su árbol en el desarrollo de su ser. Así, ama la semilla, ama el brote primero, ama la infancia, la juventud, y la madurez de su futuro árbol, como ama sus flores, los insectos que las fecundan, y finalmente, sus frutos.

Muchos cuadros famosos he visto del sembrador, y en casi todos, el pintor, claramente con intención, lo ha presentado haciendo su labor a la puesta del sol. Seguramente será porque el ocaso de la vida es el tiempo del hombre en el que comprende mejor el valor de la paciencia, y se tienen las ansias de que algo viva para beneficio de los demás cuando él falte…

Esto es algo muy sugerente. Siembra para un futuro que no vivirá.
¿Hay actitud más generosa? ¿Hay mayor prueba de amor?

Está claro que la paciencia nace del amor, y de todas sus potencias. El que ama llega a desarrollar la comprensión, comprende lo que es la fe en sus actos, es humilde, y deposita la esperanza del fruto de su trabajo en el altar de los dioses.

Él es solo su mano.



jueves, 30 de noviembre de 2017

SIRIO


Al esclavo le llaman libre,
al libre, esclavo.

al soberbio le llaman valiente
al humilde, cobarde.

al ladrón le llaman inteligente
al honrado, idiota.

al mentiroso le llaman hábil
al veraz, cándido.

Al malo le llaman astuto,
al bueno, débil.

Al desalmado le llaman fuerte,
al cariñoso, niñita.

Al impío le llaman liberado,
al piadoso, beato.

Al impaciente le llaman osado,
al paciente, resignado.

Al vago le llaman listo,
al trabajador, tonto.

Al inculto le llaman desmitificador,
al culto, ratón de biblioteca.

Al ignorante le llaman sabio,
al sabio le llaman raro.

Al esclavo le llaman persona normal,
al hombre libre le llaman peligroso.

Al borrego le llaman león,
al león, asesino.

Al asesino le llaman libertador,
al pacífico le llaman conformista.

Al infiel le llaman normal,
al fiel, tarado.

Al "artista" le llaman artista,
al artista le llaman desfasado.

Al tosco le llaman espontáneo,
al delicado le llaman amanerado.

Al bruto le llaman auténtico,
al cortés le llaman anticuado.

A nuestro antepasados les llaman superados,
y al mundo actual le llaman progresista.

A lo del revés le llaman lo del derecho
y a lo derecho le llaman lo del revés.

¿Cuánto tarda el Sol en su revolución alrededor de Sirio?
Menos tardará nuestra revolución...

 

jueves, 9 de noviembre de 2017

MISTERIO



Amo el misterio,
vivo el misterio.
Amo lo que no veo,
amo lo que no comprendo.

Lo que está lejos,
lo que está difuso,
Lo que sospecho
pero no alcanzo.

Resuenan cuerdas,
como de arpas,
su sonido es lejano
y hermoso.

Miro una brizna
de hierba fresca.
Miro una estrella
blanca y lejana.

Olas que mueven
el mar en calma,
vientos sobre el mar
y sus espumas.

Graznan gaviotas
sobre mi cabeza.
Algo pretenden
enseñarme.

Miro el sol
ciega mis ojos.
Miro las sombras,
también del sol.

Misterio…
Misterio…


jueves, 12 de octubre de 2017

MUJER...





El vuelo de tus faldas me enamora,
su ritmo, su belleza y armonía,
habita, dulce, en mi alma noche y día,
y en mis ojos en horas y deshoras.

Es la tierra, su fuerza y sus entrañas,
que vive en tu cuerpo iluminado,
y en mi cuerpo celeste y desarmado
desata y bullen tormentas extrañas.

El alma del planeta canta en ti
canciones olvidadas del Creador
con letras de parto, dolor y amor
y dulces notas que escritas leí.

Camina, caminando mueve el aire,
y en enigmáticas ondas se agita,
envidia me da a veces que te quita
tu belleza espléndida en desaire.



jueves, 28 de septiembre de 2017

NO ME DIGAS PALABRAS BONITAS









No me digas palabras bonitas,
bellos sonidos y tiernos olores,
no me digas palabras bonitas,
que eso ya lo hacen los grandes cantores.

Mi alma se duerme, marchitan mis flores,
en cuna se mece y morir parece
mi ser guerrero que guerras ansía
y en ellas ganar el fin que merece.

Dime mejor palabras de fuerza,
arengas tronantes de voz imperiosa
luz cegadora de fuerza divina
certezas directas con sangre de rosas.

No me digas palabras bonitas,
Dime mejor palabras de fuerza…

No me digas palabras bonitas…





jueves, 24 de agosto de 2017

Cádiz, la ciudad de los balcones









Bien se podría bautizar a mi ciudad con ese nombre, porque, si hay algo que forma parte de su identidad son sus balcones, los balcones de sus casas.

Y los hay de dos clases. Balcones y cierros. Ambos son de la mayor utilidad y prácticamente todas las casas disponen de ambos lujos.

¿Qué es una casa sin ellos? Las ventanas son útiles, pero solo sirven para mirar a lo lejos, en avenidas anchas o en casas en el campo, pero en nuestro caso, donde las calles son casi igual de anchas que el patio interior del edificio ¿qué podríamos ver desde una ventana? A lo sumo averiguar qué está haciendo el vecino de enfrente, pero no lo que ocurre en la calle. Por eso los balcones no son algo ocioso, sino algo necesario.

Parecería que somos chismosos, pero no, lo que pasa es que en mi cuidad ocurren muchas cosas en la calle, porque la calle no es solo vía de vehículos y peatones, sino algo así como la prolongación de las casas. Pasan muchas cosas de interés, casi casi tantas como dentro de las mismas casas.

En Cádiz las calles son “habitables”, sobre todo durante el buen tiempo, que suele ser casi todo el año, menos los meses de lluvia. En la época de calores, en el verano, es habitual en muchos barrios que la terraza natural de los hogares sea la calle. Unas sillas fuera, quizá una mesita de playa, unos tintos con gaseosa, y ya está. Fresquitos y contentos. Ligeritos de ropa se puede pasar una tarde-noche agradable charlando con un vecino o amigo de lo divino y de lo humano. Es una gloria, lo más parecido al paraíso perdido. Y si la parienta ha asado unas caballitas y nos las pone por delante con su piriñaca… ya… no tiene nombre la cosa.

Y ¿qué hacer con un balcón si llueve o hace frío? Pues que hay que recurrir al cierro. No se si en tu ciudad hay cierros, por si acaso te lo explicaré. Es sencillo, verás. Se cubre el balcón, justo por dentro de la baranda, con un cerramiento de madera y cristales, desde el piso hasta la altura del techo de la casa. Y ya está, ya estamos libres de lluvia, viento y frío. Que hace bueno, se abren las hojas de ventanas y se aseguran, por aquello del viento, con aldabillas, y de esta manera no se cerrarán bruscamente. Que hace malo, se cierran todas las ventanas y se mira a través de los cristales. La calle siempre a la vista, esto es lo importante.

Además, es un buen vivero natural para las macetas, llenas de luz y abrigadas de vientos y frío. Una tarde de lluvia leyendo o cosiendo, sentado en tu sillita preferida, junto al cierro, es una bendición. Y también, su techo, realizado con placas de zinc, es un hábitat perfecto para el anidamiento de palomas. En conjunto, un elemento perfecto no solo para la paz y el disfrute de los seres humanos, sino para la el cultivo de plantas y la crianza de pichones.

En el siglo XVIII hubo un problema, pero se solucionó pronto, no sin un costo adicional. Las señoras y señoritas usaban miriñaques para dar un vuelo artificial pero elegante a sus faldas, y ese artilugio necesitaba una estructura flexible de varillas para mantener abierta la falda, por lo que molestaba la parte inferior del cierro o del balcón. ¡Pues la solución es simple, se le da a la parte inferior la forma adecuada y ya está!




- Pero, Manolo, estas esquinas del cierro son muy antipáticas, cuando estoy mirando algo y paso la vista por ellas me lo pierdo de vista por un momento, ¡y en un momento puede pasar lo más interesante…! ¿no lo podrías arreglar?
- Siiiii… lo pensaré…
Ya está, saldrá algo caro, pero ya está.
- Eres un cielo, Manolo, ¿qué vas a hacer?
- Pues ¿qué va a ser?, que encargaré cristales curvos para las esquinas, que los he visto en casa de los Fossi. Sé que son caros, pero para ti no hay nada demasiado bueno…
- Manolo… mi Manolo…



Ese fue el motivo de la invención de los cristales curvos, y de las barandas curvas… Como se puede ver, la mujer siempre es motor de progreso y de arte…, todo debido a las curvas, como no… por algo lo femenino siempre estuvo enemistado con lo rígido y anguloso.

¡Ya viene el Nazareno, ya viene el Nazareno, vamos al cierro! Y desde allí, como almenas con toldillas, se ve llegar a la santa imagen en su gran pedestal, meciéndose como llevada por las aguas. Y pasa tan cerca que puedes tocar la plata de sus velones y extraer algo de su santidad para presignarte.

¡Ya está aquí la Virgen de los Dolores, bajo su palio, rodeada de flores y del fuego de sus infinitas velas encendidas!




Casi rozando las farolas, en el silencio de la noche, turbado solo por el crujir cimbreante de los varales, llega majestuosa.

Y todo sucede allí, bajo nuestra mirada atónita, tan cerca, que los aromas del incienso y el humo de las velas penetran por toda la casa, y los sonidos de las trompetas, de los tambores, y del gentío… toda una maraña de sensaciones que atraviesan milagrosamente hasta la última fibra del alma.

Todo ocurre en la calle…

Y luego, en Carnaval…
- Mira, ahí va la tía Juanita, vestida de guardia civil, y su marido, disfrazado de pulpo de La Caleta… ¡qué ganas de juerga tienen siempre! ¡No se cansan!

¡¡¡ Al rico pirulí de La Habana!!! ¡¡¡Arropías, llevo arropías!!! ¡¡¡Cangrejo, boca, camarone…!!! ¡¡¡Niña, recién cogio, que dan sartos!!! ¡¡¡M’acaba de mordé un cangrejo moro, niña…¡¡¡



El gentío va y viene, como el oleaje, y el murmullo resuena como el batir de las olas en las rocas. Arriba, abajo, arriba… abajo. Todos ríen, bailan, se dicen cosas, se abrazan… todo el espíritu de las saturnales se infunde en las almas y en los cuerpos.

-¡Échame una copita, que estoy seco…! Y vámonos a tomarnos unas tortillitas de camarones en La Guapa… que están acabaítas de salir…



La Navidad, el Carnaval, la Semana Santa, el Corpus, el largo y cálido verano, los Tosantos… ¡y dicen que Cádiz no tiene fiestas…! Y es cierto, porque, como dijo el poeta carnavalero… si Cádiz está de fiestas… ¡todo el año...!











domingo, 2 de julio de 2017

CREDO




A mi ángel guardián,

Que como escudo de cristal me protege de lo negro.
Que siempre delante de mí me lleva por caminos seguros.
Que en mi silencio me susurra al oído las palabras del cielo.
Que dirige mi mirada donde la divina belleza se esconde, diciéndome: “mira”
Que en mi quietud me muestra las almas tras las ventanas abiertas de mis amados.
Que inmerso en mis miedos me hace libre.
Gracias.

De mi ángel guardián,
Cuyo rostro difumina mis andares rastreros.
Al que, en mi bullicio, apagado mi silencio, dejo de escuchar.
A quien, en el remolino del negro vacío, niego su compañía.
Del que, en mi estupidez, dudo de su voz y de sus palabras, tenues pero claras.
Al que reprocho con desesperación su aparente desamparo, y así lo entristezco.
Al que pido, insensato, ande mi camino y elimine los rastrojos que hacen sangrar mis pies, mis manos y mi corazón.
Del que requiero injusto me levante de la necesaria caída.
Perdón






A mi musa celeste,
De la que recibo el aliento para diseminar la belleza, semillas voladoras, a la tierra fecunda de mis hermanos.
La que mueve mis manos, mi garganta, mi mirada y mi oído, en mis actos sagrados.
La que, como el viento suave pero firme, levanta mis alas a las alturas.
La que arranca mis pies del barro para seguir mi senda, sea de flores o de espinos.
La que hace retoñar las ramas secas de mi alma.
La dueña de mis flores y de mis frutos.
La que pone mi corazón en el fuego abrasador que lo purifica.
La que con su pequeño violín hace vibrar lejanas melodías cuyas notas aguzan mi oído y silencian mi ser pequeño.
Gracias

De mi musa celeste,
De quien, en mis lugares oscuros, niego su mirada, dándola al no ser de mi fantasía.
La que, invisibles a veces a mi alma, acuso de enterrar los espacios celestes que ansío.
A la que, en mis días estériles, reclamo y exijo ver su invisible faz.
La que, como Abraxas, da a luz en mi alma los mellizos irreconciliables del amor y del odio.
A la que, en mi egoísmo, considero sólo mía, servidora de todo amante de la belleza y la pureza.
Perdón