miércoles, 9 de marzo de 2011

EL PASADO

Siempre me preocupó la cuestión del pasado. Cuando se propone este tema, veo que todos los hombres son sensibles a él.

A todos les inquieta, sobre todo cuando pesan en la balanza de sus valores los diferentes aspectos del tiempo en sus vidas. Hay unos que dicen que el pasado no les importa, que solo el presente, otros que el futuro es lo más decisivo, y en él solo hay que pensar y poner todas nuestras energías. Otros dicen que el pasado tiene mucha fuerza y que nos condiciona el presente y el futuro.

Yo a todos digo que gozo de una excelente mala memoria, con lo que todas las películas las veo por primera vez, y todos los paisajes, y todas las músicas. Solo he encontrado en mi vida (y me sorprendió, porque creí que era algo raro) a alguien que confesaba que le ocurría lo mismo y que lo valoraba (como lo valoro yo). Era Nietzsche, quien decía que agradecía a la vida su falta de memoria, pues así cualquier conocimiento tenía siempre la frescura de la primera vez.

Leí hace unos días en el Diario (no lo he encontrado, porque se lo lleva la señora que viene a casa), que el perdón es lo único que puede cambiar el pasado, modificándolo, idea que me sorprendió, porque aún habiéndolo experimentado en mis carnes, solo encontré dicha idea en las enseñanzas de G. Es cierto, el pasado no es fijo. Compuesto como está de tejidos psicológicos productos de vivencias anteriores, si cambian los significados de aquellas experiencias, algo ocurre que modifica sustancialmente (o radicalmente) nuestro pasado. Tuve oportunidad de comprobarlo (un caso que me viene a la memoria, pero no es el único), en el recuerdo de mi madre, cuya fuerte personalidad tuvo gran influencia en mi vida (y la tiene aún).

... Ya he vuelvo, he ido a sacar a Chispa, mi perro.
Por la calle, mientras Chispa se ponía al día de la vida de sus vecinos, e iba dejando mensajes a sus amigos, yo iba pensando en lo incierto del tiempo. Siempre hemos creído en la ilusión de que el pasado era fijo, el futuro inexistente y el presente fugitivo. Pienso ahora que nada más lejos de la realidad (por lo menos de la mía). Nada más movedizo que el pasado, ni más cambiante que el futuro. El pasado lo cambia la comprensión. Nuestras experiencias pasadas cambian su significado (o lo matizan), a medida que cambia nuestro nivel de comprensión.

Solo aquel que su apreciación de la vida no cambia (está cristalizado), tiene un pasado fijo e inamovible. Siempre significa lo mismo para él. Generalmente, siempre recuerdan muy bien su pasado y qué significó para él cada una de las cosas que le pasaron. No puede cambiar su pasado, como no puede cambiar su futuro, porque lo que le pase, o lo que viva, siempre tendrá un significado predeterminado por su manera cristalizada de afrontar las experiencias.

"Dejad que los niños de acerquen a mí, porque de ellos es el Reino de los Cielos" "En verdad os digo que si no os hicierais como niños no entraréis en el Reino de los Cielos"

¿Y que es un niño? Creo que es alguien que está vivo, que es cambiante, no es fijo, ni está cristalizado, no es por tanto inmodificable. Es alguien que puede entender las cosas de maneras muy diferentes. No tiene esquemas inamovibles para clasificar, aceptar o descartar. Simplemente recibe impresiones.

Todo cambia. No solo lo que proyectamos, sino el pasado. Lo que fue en su día un acontecimiento que siempre consideramos banal o intranscendente, puede cobrar tal relevancia que cambie nuestro enfoque de las cosas que vivimos, cambiando nuestro pasado (repito, no los acontecimientos, sino los significados, que en realidad es lo que forma nuestro pasado).

El futuro es aún más cambiante. Y no porque esté sometido a las leyes del azar o al imperio de las circunstancias sino porque lo tejemos con los hilos de nuestros intereses presentes, con nuestros significados actuales, con nuestras prioridades del día. No debemos lamentarnos ni desanimarnos. Lo que hoy es sumamente importante, mañana puede no valer nada. Debemos prepararnos para ello, y no aferrarnos a nuestro ser actual. Proyectar no es esclavizarnos con nuestra visión presente. Nuestra misión es ampliar los horizontes, y aceptar los nuevos aires que nos traiga nuestro ser, sean frescos o tórridos, suaves o recios.




5 comentarios:

juanarmas dijo...

Creo que el reto está en recuperar la pureza con que se vivenciaba por completo el presente en nuestros muy primeros años de vida.

Gracias por estas entradas.

ABRAXAS CADIZ dijo...

Creo que es como dices, Juan.
Los niños son como ángeles, vienen de un mundo puro.
Pero los ángeles son puros, y no pueden ser de otra manera.
Los seres humanos no somos ángeles.

El reto que nos supuso comer de la fruta prohibida nos obliga a luchar por conquistar la pureza consciente.
La conciencia nos hace superior a los ángeles, porque somos seres libres.

Quizá la generosidad, la bondad de corazón y el progreso de nuestra conciencia y comprensión sean los motores que nos hagan llegar a la pureza que anhelamos, de la que nos queda aún el bello recuerdo de nuestra primera infancia.

Carmen (LaCondiciónHumana) dijo...

Me encanta el texto, tiene mucha miga y ahonda de una forma muy especial en la idea que en el presente está la clave para reformular la idea que tenemos de nuestro pasado y con ello a su vez cambiar el presente y con ello "curarnos de nuestros males" y por lo tanto cambiar también nuestro futuro por uno mucho mejor... y está muy bien también la forma como indicas que un niño no está cristalizado, por lo tanto la facilidad para cambiar su realidad y por lo tanto evolucionar es inmejorable, con ello como indicáis en los comentarios anteriores si recuperamos esa capacidad habremos "ganado la batalla"... :D

Esta idea de "cristalización" también hago mención de ella en un post (de alguna manera) llamado Mente y Estructura. Me gusta mucho ver esta similitud, me hace sentir que sacamos a flote cosas verdaderas jejeje

¿Y tú lo tenías guardado en un baul? vaya, vaya... eso sólo te se perdona porque al fin lo has publicado...

:D

paula dijo...

Muchas gracias por tus reflexiones sobre el pasado. Nunca me lo había planteado así, y eso que también soy de las que tiene una fantástica mala memoria y se puede permitir releer un libro por primera vez cada cierto tiempo y volver a ver por primera vez cada película cada menos tiempo aún...;-)

un saludo
paula
que seas feliz!

ABRAXAS CADIZ dijo...

Querida Carmen,
he vuelto a releer tu post que me indicas y es cierto lo que dices. Coincidimos en la misma idea, lo cual no es extraño. Creo que lo real es uno, y forzosamente tendremos que llegar a las mismas conclusiones, cada uno desde su óptica personal. No podría ser de otra manera. Ya te he dejado un comentario.

Querida Paula,
enhorabuena por tu falta de memoria. Hay quien te dice más de una vez "Ah, ese libro ya lo he leído", sin darse cuenta que el río nunca es el mismo río, ya que sus aguas no son nunca las mismas, y el que lo mira tampoco es el mismo. Mil veces que leyéramos un mismo libro, si es profundo, mil veces que conseguiríamos extraer alguna enseñanza de él. Si no, teniendo una buena biblioteca ya seríamos sabios... ¿no?

Un abrazo a las dos.