jueves, 11 de febrero de 2010

SER, ESTAR Y TENER



Yo soy el que soy

Ser, estar y tener son quizá los verbos más utilizados en cualquier lengua, aunque en algunas próximas a nosotros solo tienen uno para los dos primeros mencionados. De cualquier forma, es posible deducir a cual se refieren por el contexto. Y ocurre porque es relativamente fácil distinguir entre por ejemplo “estar triste” y “ser triste” o entre “estar alegre” y “ser alegre”. En caso de confusión se puede usar algún adverbio.

Ser, que proviene del latín esse, que a su vez proviene del sánscrito as, de significado ser, es un verbo que denota existencia. Como es fácil de entender, es un verbo que no es posible definir. Únicamente podemos decir que se aplica a lo que existe, a lo que tiene alguna esencia.
Estar, del sánscrito stha, del griego luego stao y del latín stare, no da sentido de inmutabilidad, sino solo de cierta permanencia y estabilidad.

Entendemos muy bien, creo, la diferencia. No es lo mismo ser alegre que estarlo. El que es alegre lo es en toda circunstancia o en la mayoría de ellas, y por lo tanto es una situación permanente o al menos habitual. Y aparentemente no necesita de ningún motivo para estar alegre.

Al que está alegre le suponemos una causa para ello, no está alegre por la forma de su propio ser, sino debido a una circunstancia favorable que le ha producido alegría.

El verbo tener es de otra especie diferente. Del latín tenere, significa: Asir o mantener asida alguna cosa.

Pero lo que se agarra también se puede soltar, porque es algo externo. Sin embargo no se puede soltar el ser. Se es con carácter permanente, y se tiene transitoriamente.

Si el verbo estar era variable, el verbo tener lo es aún más. Hoy estoy alegre y mañana puede que no, pero hoy tengo un perro y dentro de un instante puedo no tenerlo. Lo puede atropellar un coche, o morirse de un infarto.

Me diréis que, en mis desvaríos, hoy me ha dado por la lingüística, pero no se trata de eso de lo que hoy quiero hablaros. Todo este preámbulo solo es para abordar el asunto de lo trascendente y lo intrascendente, porque parece que hay una estrecha relación entre lo que permanece y lo que no y lo que es de valor o no lo es.

Entiendo que todo hombre sensato pasa su vida entera ocupado en la búsqueda de lo que es de más valor para él. Lo contrario sería propio de falta de cordura. Pero ocurre que, en esta búsqueda, lo más frecuente es que buscando lo que tiene valor, nos quedemos con lo que no lo tiene, porque no sabemos muy bien discernir entre lo que merece ser buscado y logrado y lo que no merece la pena de nuestros esfuerzos.

El fin de este discernimiento es descubrir, con claridad, pues, lo que es permanente de lo que no lo es, porque de nada vale “poseer” un bien que en cualquier momento se puede desvanecer como una pompa de jabón. Un “bien” efímero es un mal seguro, porque, generalmente, tras un “bien” efímero viene un mal de mucha duración.

Generalmente todos buscamos la felicidad, considerándola como el bien supremo al que puede aspirar un ser humano. Y considero que el problema de esa búsqueda estriba en dónde creemos que se encuentra lo necesario para conquistarla. Pensamos en el placer, en la comodidad, en la ausencia de problemas, en el dinero o las riquezas, en la tranquilidad, en la libertad, en el amor, en la amistad… y un sin fin de etcéteras.

Para mí que la cuestión está en cambiar la forma de pensar, pasando de ser receptor (hoy le llamamos “consumidor”) a ser actor (lo que hoy día no se promociona). Dar y ser, en lugar de recibir y tener.

Así, como actor, y no como receptor, buscaríamos dar placer en lugar de recibirlo, dar comodidad en lugar de buscarla para nosotros, solucionar problemas en lugar de buscarlos o de que nos los solucionen, ser tranquilos en lugar de estar tranquilos, ser libres en lugar de pedir libertad, amar en lugar de pedir ser amados, aprender a ser amigos en lugar de pedirle a los otros que nos concedan su amistad.

De nada sirve pedir, y mucho menos exigir, que nos “den” nada que no nos puede ser dado. ¿Quién nos puede conceder ser libres? ¿Quién amar? ¿Quién nos puede conceder su amistad?
Quizá lo que nunca llegamos a entender es que estas cosas dependen de nuestro ser interior, de la manera en que estamos conformados en nuestros adentros, nuestro ser interior y nuestro aspecto interior, los que, por cierto, son de nuestra responsabilidad cuidar y engrandecer.

Nadie es amigo de nadie si no es porque sus seres están en una sintonía en que pueden serlo, en que digamos “se entienden”. Y los que se pueden comunicar son los que tienen seres de parecido nivel. Los amigos son como espejos en los que observamos nuestra propia alma. Pero para que una amistad sea auténtica, es preciso discernir bien.

He escuchado a algún cura “moderno” decir en una misa:
“Y Jesús dijo a sus amigos…”, en lugar de: “Y Jesús dijo a sus discípulos…”
Evidentemente este cura no sabía distinguir entre “amigo” y “discípulo”, o quería rebajar a Jesús al nivel del ser de sus discípulos, a considerarlo un amigo más de ellos. En mi opinión Jesús probablemente no tuviera ningún amigo. Para ser su amigo hubiera sido necesario estar a su nivel de ser. Sí podía tener discípulos, porque su meta no era la amistad, sino la guía hacia un mundo superior, hacia su mundo celeste.

Y tampoco nadie puede estar con cierta estabilidad tranquilo si su ser interno no lo es, si no tiene un centro estable, y si no ha conquistado la serenidad necesaria para ello. Estará tranquilo a veces, y siempre dependiendo de las circunstancias exteriores que le rodeen. Y no lo estará cuando las circunstancias necesarias para ello no sean las convenientes. Y no es posible gobernar las circunstancias, aunque a veces intentemos gobernarlas. Solo podemos gobernarnos a nosotros mismos.

Y ¿qué hablar de las posesiones, de lo que se tiene? Tenemos claro que tenemos cosas que están claramente sujetas a contingencias. Si tenemos un coche lo pueden quemar, o podemos destrozarlo en un infortunado accidente, o también puede destrozarse el motor, simplemente rompiéndose la correa de transmisión. Si tenemos una joya, puede desaparecer, una casa puede incendiarse, etc.

Hay también posesiones que no son tal, es decir, que ni siquiera las tenemos, aunque estamos convencidos de que así es. Tengo un hijo, decimos, tengo un marido, o una mujer, tengo salud, tengo un amigo. A poco que pensemos, estas posesiones son falsas, porque no somos dueños de ellas. Tienen su propia vida, en la que poco podemos ejercitar la calidad de dueños de ellas. Y si así lo creemos, y nos empeñamos en ello, mal nos irá. Muy mal. Probablemente perderemos o echaremos a perder una relación, que no posesión, que puede ser enormemente fecunda y dichosa.

Lo que se posee no depende de nosotros, aunque evidentemente podemos cuidarlo y enriquecerlo, lo que precisamente es nuestro deber, aún sabiendo que está sometido a contingencias fuera de nuestra voluntad. No puede ser pues camino alguno para la felicidad.
Nuestra situación en la vida, cuando depende de cómo se está o cómo no, al no depender de nuestro ser interno, sino de circunstancias externas y forzosamente cambiantes, nos hace vulnerables, y somos como barco sin timón, movido caprichosamente por los vientos y las mareas de la vida. “Estar o no estar” es un seguro de intranquilidad, de inestabilidad y de infelicidad. Nuestra vida siempre estará fuera de nuestro control, de nuestra voluntad. Siempre recuerdo lo que alguien dijo: “No hay viento favorable para quien no va a ningún lugar”.

Nuestro ser interno, su cuidado constante, su enriquecimiento diario, su crecimiento, su belleza y su bondad, somos lo que en realidad somos. Y desde allí podemos dirigirnos a donde nos interese, sabiendo desde donde partimos, a donde queremos llegar, con qué medios contamos, cómo hemos de hacer el viaje y quienes queremos que nos acompañen.

To be or not to be, that is the question…
Por eso puse al comienzo de este escrito lo que contestó Jesús a alguien que le preguntó quién era. Parece enigmático, pero no lo es.

Yo soy el que soy…

Y, nosotros… ¿quiénes somos?


10 comentarios:

El Drac dijo...

Excelente el texto; completo y muy didáctico; Gracias por compartírnoslo. Un gran abrazo.

Berto dijo...

Querido Abraxas mucha razón en tus palabras, pero permíteme discrepar contigo en cuanto a lo del cura "moderno". En varios pasajes de los Evangelios, Jesús se dirige a sus discípulos, en ese término de "amigos".
En cuanto al Yo soy el soy, fue la respuesta que le dio Dios a Moisés, cuando éste le pregunto su nombre. Jesús se limitó a preguntar a los demás "¿quién dices tú que soy?; tú lo dices, no yo"
En cuanto a quienes somos nosotros, mi humilde opinión es que somos un pensamiento de "Yo soy el soy", un pensamiento que a imagen de quien nos pensó, piensa.
O al menos eso pienso yo...

ABRAXAS CADIZ dijo...

Gracias, amigos, por haber valorado mis palabras, y por vuestros comentarios.
Berto, te diré que me parece que estás en lo cierto cuando hablas de nosotros, y lo que somos. Somos un pensamiento del Gran Pensador. Se atribuye a Hermes el dicho, que siempre nos choca, de que "El Universo es mental". Y la Gran Mente creó todas las mentes, la nuestra entre ellas. De ahí nuestra necesidad de conectarnos con una mente superior.
Lo de Jesús y los curas que le llaman amigo de sus discípulos, no se en que parte del evangelio considera a sus discípulos sus amigos.
Sí que recuerdo que una vez le dijeron que sus hermanos estaban buscándolo y, Él, que se encontraba rodeado de sus discípulos, señalándolos, dijo: "Estos son mis hermanos". Y somos hermanos, porque todos tenemos el mismo Padre.
Pero para mí, la relación Maestro-Discípulo no es la misma que la relación Amigo-Amigo. No sé como lo ves.
Como siempre me interesaron los Evangelios, por favor, indícame en qué lugar se encuentra la referencia de Jesús a sus discípulos como amigos.
Un abrazo.

Berto dijo...

Hola de nuevo Abraxas: bueno como ya sabes los Evagenlios no utilizan todos las mismas palabras. Ni tan siquiera todas las Biblias lo hacen, cosas de las traducciones, qué se le va a hacer.
En San Lucas 12-4, se lee: A vosotros amigos mios, os digo que no debéis tener miedo a quienes pueden matar el cuerpo...
San Lucas 12-13: Uno de entre la gente dijo a Jesús: Maestro di a mi hermano que reparta conmigo la herencia. Jesús contestó: Amigo, ¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor?.
Creo también que en alguna de las cartas de los Apostoles, cuando se hace referencia a la muerte de Lázaro, Marta le recrimina a Jesús, que si él hubiera estado allí, su amigo no hubiese muerte...
Amigo, por el que Jesús, lloró. Pués no se nos ha de olvidar que Jesús también fue hombre verdadero.
De todas formas rectifico mi discrepancia contigo y te doy la razón, hay mucho cura "moderno".
Un fuerte abrazo...

ABRAXAS CADIZ dijo...

Pues sí, Berto, es posible que hayan habido cambios en la traducción.
Lamentablemente no dispongo de unos evangelios en latín para comprobarlo.

En la oración que enseñó Jesús, el "Padre Nuestro", por cierto la única que nos consta, sí que he detectado cambios graves en su traducción al español.
Perdona nuestras "deudas" no es lo mismo que perdona nuestras "ofensas".

Sigo creyendo que los amigos están en un plano de igualdad, lo que no creo que exista en la relación maestro-discípulo. El maestro enseña, el discípulo aprende.
Sí entiendo que Lázaro fuera su amigo, dado que no era su discípulo.

Un fuerte abrazo.

Ingrid Dietricht dijo...

Querido Abraxas, tus palabras han sido inspiradoras, en estos días experimento un pequeño conflicto interno sobre los esfuerzos que hacemos en referencia a pequeños placeres demasiado acotados en el tiempo y a personas con las que no llegamos a comunicarnos ó que al intentarlo percibimos claramente que su interés no llega a serlo por el ser que somos y si por lo que tenemos... Llámese juventud, alegría, belleza, atractivo...¿Hay que ser paciente aunque no exista comunicación por si pudiera llegar a darse ó hay que desvincularse? Gracias y Feliz día

teresa dijo...

Mi querido abraxas es muy completo tu analisis y no deja a penas margen para comentarios,me encantó.

Solo quiero decir lo que para mi significa maestro...el verdadero maestro es el que me enseña a conectar con mi propio maestro.Una vez que esto ocurre, ya no existe relacion maestro discipulo, si pudiera ser amigo y amigo.

Un abrazo

teresa

verdial dijo...

Tu texto está lleno de verdades como puños. Lo he leído dos veces, analizando todas y cada una de sus frases, y tengo que reconocer que me he llevado un buen rato pensando en lo que dices.
Por eso me gustan tus textos, están llenos de riqueza que hacen a la vez enriquecer al espíritu.

Un abrazo

ABRAXAS CADIZ dijo...

Queridos amigos,
gracias por dejar vuestros comentarios, que me hacen reflexionar otra vez sobre lo que escribí.

Ingrid, te contesto especialmente a ti, porque me has planteado un asunto concreto.
Desde luego, no conozco bien la situación, ni a los protagonistas, y, aún así no creo estar capacitado para aconsejarte. Pero sí puedo decirte qué es lo que haría yo.
Has dicho: "...personas con las que no llegamos a comunicarnos..."
Verás, la comunicación se puede dar en muchos planos. En el físico-vital, en el emocional, en el mental... Todo esos somos, a la vez.
Si la comunicación se da en las metas vitales, en los intereses del alma, en los ideales, y si, además se da una afinidad en lo psiquico y en lo físico-vital, entonces no hay duda, la relación puede marchar perfectamente.
Si solo estriba en atracción físico-vital y emocional, luego echaremos de menos los aspectos más elevados.
Si esperamos que con el tiempo la otra persona se interese por lo que ahora no se interesa, es un riesgo muy grande el que corremos. Será... o no será.
Me parece que eres joven, y mencionas cosas, exactamente "juventud, alegría, belleza, atractivo...", que son virtudes que pueden llegar hasta la vejez, y que no tienen nada de malo sino todo lo contrario.
Lo que es preciso tener en cuenta, a mi juicio, es que esos dones hay que cultivarlos en el ser interior, hasta hacerlos nuestros para siempre, y que no sean solo los dones que acompañan a la juventud. Procura que nunca se marchiten, aliméntalos y mantente en ellos.

Ser joven, alegre, bello y atractivo es una maravilla y una garantía de vida feliz, si somos capaces de conservar todo ello independientemente de nuestra edad física
Se puede ser todo ello en el alma, que es la que debemos mantener fresca y joven.

Te deseo suerte. Busca tu semejante, porque solo lo semejante queda unido a lo semejante para siempre. Descubre cómo eres, y busca tu afín para compartir tu camino.

Ingrid Dietricht dijo...

Mi Querido Abraxas... Gracias por contestar a mi cuestión, por compartir tus palabras sabias. No imaginas cuánta inpiración y cuánta Paz trasmites. Mucha Felicidad para ti y los tuyos.