martes, 18 de octubre de 2016

TODO AL REVÉS







Al esclavo le llaman libre,
al libre, esclavo.

al soberbio le llaman valiente
al humilde, cobarde.

al ladrón le llaman inteligente
al honrado, idiota.

al mentiroso le llaman hábil
al veraz, cándido.

Al malo le llaman astuto,
al bueno, débil.

Al desalmado le llaman fuerte,
al cariñoso, niñita.

Al impío le llaman liberado,
al piadoso, beato.

Al impaciente le llaman osado,
al paciente, resignado.

Al vago le llaman listo,
al trabajador, tonto.

Al inculto le llaman desmitificador,
al culto, ratón de biblioteca.

Al ignorante le llaman sabio,
al sabio le llaman raro.

Al esclavo le llaman persona normal,
al hombre libre le llaman peligroso.

Al borrego le llaman león,
al león, asesino.

Al asesino le llaman libertador,
al pacífico le llaman conformista.

Al infiel le llaman normal,
al fiel, tarado.

Al "artista" le llaman artista,
al artista le llaman desfasado.

Al tosco le llaman espontáneo,
al delicado le llaman amanerado.

Al bruto le llaman auténtico,
al cortés le llaman anticuado.

A nuestro antepasados les llaman superados,
y al mundo actual le llaman progresista.

A lo del revés le llaman lo del derecho
y a lo derecho le llaman lo del revés.

¿Cuánto tarda el Sol en su revolución alrededor de Sirio?
Menos tardará nuestra revolución...



miércoles, 5 de octubre de 2016

MÉDICOS...






Fui a comprar un cepillo de dientes de esos eléctricos, porque el viejo se cayó (como suele ocurrir no se sabe a quién) y se rompió.

Cuando llegué a la tienda, el dependiente estaba ocupado con unos clientes, así que me puse un poco aparte y esperé pacientemente a que terminara. Estaban comprando una báscula de baño supermoderna. Se trataba de tres personas, dos señoras y un señor, todos de cierta edad, de unos cuarenta y tantos… cuarenta y treinta, más o menos.

El dependiente tenía como dos metros y algo de estatura y, por el diámetro que ostentaba su panza, unos ciento treinta kilos de peso. Algo espectacular.

Yo, siguiendo mi costumbre, me metí en la conversación que tenían acerca de la báscula.

- Nunca me compraría una cosa como esa –dije- total… ya está el espejo…
-A ver, joven –le dije al dependiente- ¿tú te pesas alguna vez?
-Por supuesto que no –me contestó- ¿para qué? ya sé que estoy gordo.

Es que estar obeso es un factor de riesgo para los problemas del corazón, -dijo una de las señoras, recitando como un loro uno de los miles de anuncios de los medios al respecto-.

Pues sí, dije yo, y también el colesterol, y el comer mucho, y no hacer ejercicio, pero yo ya no creo en los médicos. Escudándose en ellos, los mercaderes nos tratan de asustar continuamente y así vendernos toda clase de porquerías. Además no nos dejan vivir, no nos dejan tomar café, ni beber cerveza, ni comer jamón, ni casi nada de lo que está bueno. Pretenden que vivamos como ermitaños. ¡Qué tristeza! Verduras, verduras… ¡no somos vacas! ¿O es que quieren que nos convirtamos en rumiantes abstemios?

Yo, por mi parte, no pienso hacerles ni caso -les dije-, para asustarme ya tengo a la Hacienda, la guardia civil de tráfico, los vecinos, los delincuentes, y el gobierno. No es poca cosa, créame. Suficiente para asustar al más osado.

¿Qué es lo que quieren? ¿Qué no coma jamón, ni queso, ni beba vino, ni cerveza, ni una buena fabada ni un puchero con pringá? ¿Qué me dedique a andar todos los días diez kilómetros a paso de campeonato olímpico? ¿Qué beba cerveza sin alcohol, café sin cafeína, leche sin nata? ¿Pues no ha pasado una generación privándose del atún, del salmón, de las caballas y las sardinas, del aceite de oliva y los huevos fritos? ¿Y si en diez años se descubre, como en la película de Woody Allen “El dormilón”, que lo mejor para la salud es beber un buen coñac francés y fumarse luego un puro habano? ¿Quién me resarce de los placeres omitidos? No, no, y no…

Además, yo creo que los médicos, más que fisiología, patología y cirugía, en lo que son expertos es en lenguas muertas, en griego y en latín. Y además tienen su cajón de sastre. Yo mismo podría ser médico, si me empeñara.

-Buenos días doctor, me duele una barbaridad la cabeza-
- Usted lo que tiene es cefalea, le contesta el doctor con voz de gravedad.
Y lo que el paciente no sabe es que el doctor le ha diagnosticado exactamente lo mismo que él le dijo, porque cefalea, del griego, es dolor de cabeza.
Yo mismo, una vez fui a un dermatólogo, ya que me picaban las piernas una barbaridad. Tras preguntarme, el dermatólogo, sabiamente, sentenció:
- Padece usted de una urticaria idiopática.

Cualquier otro se hubiera ido a su casa con las recetas y ya está, pero yo, que soy difícil de conformar, le pregunté:
-¿Y esas palabras qué quieren decir?
-Pues es fácil, vera: urticaria significa que le pica mucho.
-¿Y lo de idiopática?
-Pues que no sabemos el porqué le pica.

Bien, bien… Efectivamente, y buscando en mi diccionario etimológico de seis tomos, me fue confirmado lo dicho. Urticaria significa que te pica como si te hubieras metido en un sembrado de ortigas, e idiopática significaba que es una enfermedad especial, es decir, de origen desconocido.

Bien… bien… así que me bastaría dominar el griego y el latín para ejercer la medicina. Y si es algo que le pasa a la vez a mucha gente hay una excelente solución:
-Usted lo que tiene es un virus-
A mí una vez me dijeron eso, y yo le contesté
-Pues oiga, con el trancazo que tengo debo de tener millones... además eso del virus... ¿y qué virus? ¿como nos lo cepillamos?-
-Tome mucha agua y abríguese.
-¡Jó, eso me lo podía también haber dicho mi abuela, y no estudió medicina...!

Bueno –me preguntó un amigo- ¿y si no encuentras la etimología de la enfermedad en tu famoso diccionario?

Es fácil –le contesté- Lo mando al especialista…










viernes, 30 de septiembre de 2016

LO EXCELSO Y LO VULGAR






Un hombre es lo que come.

Muchas veces me he preguntado cuál era “el secreto”, o la “fórmula”, o “la receta” que poseían, y que poseen, los grandes hombres, ya sea en las artes, en las ciencias o en cualquier otra actividad noble del ser humano.

Hace unos días me vino a la mente la frase que he colocado al principio, porque creo que ahí está la clave. Un hombre es lo que come. Si come basura se convertirá en un basurero. Si come vulgaridades se convertirá en un ser vulgar, y si come alimentos excelsos se convertirá en excelso.

En mi opinión esto es así porque el cuerpo interior del hombre va creciendo con los alimentos que consume. Y de tales mimbres… ya se sabe. Una casa construida con ladrillos de mala calidad podrá ser bonita, pero… pronto perderá su belleza e incluso su estabilidad. Se ajará como algo efímero muy pronto.

En el plano material lo entendemos y lo aceptamos muy fácilmente. Todo el mundo lo sabe y lo puede ver día a día. Pero… ¿y en otros planos?

Llegamos quizá hasta lo vital, la salud. Entendemos que quien se cuida adecuadamente goza de buena salud. Aunque en nuestra cultura pretendamos estar sanos sin hacer lo necesario para estarlo, y aún haciendo justamente lo contrario que demanda nuestro sentido común en este asunto. El resultado es que un gran porcentaje de los enfermos de algo lo son por tratar inadecuadamente, si no salvajemente, su cuerpo y su vitalidad.

Cuando subimos a otros planos, el asunto se vuelve tan difuso que ya no vemos en absoluto ninguna conexión entre lo que comemos con los resultados que producimos en estos planos superiores o más sutiles de nuestra naturaleza.

¿De qué alimentamos nuestra psiquis, es decir, nuestras emociones, nuestros sentimientos, en suma, nuestro plano emocional? ¿De qué clase de ideas, más positivas o más negativas, más entusiastas o más pesimistas, más alegres o más amargas, más nobles o más vulgares alimentamos nuestra mente?

No hablemos ya de los planos del espíritu, mundo casi desconocido, aunque intuido, de todo ser humano que se pueda llamar tal.

Pues puedo afirmar que lo que se nos ofrece para comer en los grandes medios de comunicación de masas es basura, cuando no veneno. Cualquier espíritu crítico, en uso del más elemental sentido común, advertirá que no se nos ofrece nada que pueda considerarse excelso, sino más bien vulgar. Quien se haya preocupado, aunque solo sea unos minutos, de hacer “zapping” examinando con criterio propio y un mínimo discernimiento las distintas cadenas, dudo que haya encontrado algo que se aparte de lo vulgar, de lo mezquino y de lo aberrante, salvo bellísimas excepciones.

Teniendo en cuenta lo que expongo, es resultado de sentido común la calidad de los contenidos que pueden albergar en su psiquis nuestros contemporáneos, que no coetáneos.

Comer sin ton ni son cualquier cosa que se nos ponga por delante nos lleva a construir un ser interior semejante a lo que nos dan de comer. Zombis, monstruos, desquiciados o, en el mejor de los casos, necios. Y quien se extrañe de la cosecha que piense por un momento qué semilla se sembró. De cada clase de semilla nace una clase de planta semejante. Del trigo, trigo, de la cizaña, cizaña.

Así, en nuestros oscuros tiempos, la poesía ha sido ocupada por los “cantautores”, la música por los “roqueros”, la literatura por los “raperos”, la pintura por los comics y los graffitis , el buen teatro por el cine, la escultura por absurdos mamotretos que solo entiende su “creador”, la arquitectura por rarezas originales pero de mal gusto, la belleza interior por la epidermis, la óperas se han convertido en “óperas rock”, los conciertos son ahora de cantantes de medio pelo, la danza por coreografías absurdas que suscitan los instintos más bajos, la política por la demagogia, la amistad se hace por el chat, la comunicación entre personas por email, el cariño y el amor se identifican con el sexo, el dar se olvida y solo se espera recibir, la entrega se olvida y se fomenta el egoísmo, y a cambio de hermandad se fomenta el separatismo y el enfrentamiento.

En lugar de apoyo, ayuda y hospitalidad entre los seres humanos se valora la indiferencia, y donde se cultivaba la compañía ahora se cultiva el aislamiento que lleva a la soledad. Y ya no se dan agradables paseos, se “hace footing”.

Pensemos y cuidemos qué nos llevamos a la boca. Lo que comemos, como dijo un sabio, que no recuerdo ahora quién fue, eso somos.



miércoles, 7 de septiembre de 2016

INVOCATIO





 En una nueva aurora de mi alma, en el despertar de un amargo sueño,  recostado en la roca a la que me arrojó la oscura tormenta, desnudo, invoco a mi ángel guardián y también a mi musa celeste a que me presten sus fuerzas en el nuevo camino que emprendo.

 Sigo sin conocer dónde me llevarán mis pasos, pero sí sé que bajo las alas cálidas de mis amparos  seguiré alegre el camino que sin duda me llevará donde habita lo sagrado.

 ¡Oh belleza! ¡Oh pureza! Sólo estoy en el mundo para buscaros, y sé que, como buque en la mar, sufriré tormentas, calmas y corrientes adversas, pero también sé que es mi único destino, mi único puerto, aunque sea quizá inalcanzable.
 
 ¡Oh, espíritus de lo alto! ¡Os invoco!
 
       ¡Protegedme, amparadme, dadme luz, dadme fuerzas! Os juro que mi viaje es sólo para llevarme a vuestro encuentro.  



domingo, 14 de agosto de 2016

MOZART EN LA CATEDRAL



¡Oh, amigos!,
no sé si encontraré palabras para haceros sentir lo que he sentido esta tarde.

Sé que los sentimientos son difíciles de compartir, que sólo se comparten en silencio, sin palabras.

Esta tarde fui a la catedral y allí estaba la música de Mozart.

Leyendo el Génesis me preguntaba qué significaría cuando hablan de los cielos y la tierra. Hoy he sentido que tierra puede que solo haya una, pero cielos..., creo que he estado en uno de ellos.


Entre las enormes columnas que se perdían en el cielo del templo sagrado, entre los espacios abiertos de las cúpulas, en la luz siempre tenue del aire, allí cantaban los ángeles, tañían sus instrumentos los querubines.

Sus voces traspasaban mi pecho, hacían vibrar mis entrañas. Pronto los ojos se me llenaban de lágrimas que no quería contener, y que tampoco me importaba.

Momento tras momento, aquella música me limpiaba, arrastraba de mí el barro acumulado día tras día de estar en la tierra. Su gloria me hacía hijo de Dios.

Algo ocurría dentro de mi cerebro, desconectándolo de lo cotidiano, vaciándolo de contenido, abriéndolo al espacio. Dejé de ser yo, mi pequeño yo, para unirme a aquella gloria, aquellas voces, aquellos sonidos, aquellos silencios... en aquél lugar inmenso y santo.

Y al final, antes de volver a la tierra, al mundo, Ave verum corpus, la pequeña joya celeste.

¡Amigos!, salí de allí, miraba las calles, miraba las gentes, y la veía por primera vez. Dentro de mí el vacío de la paz, el mundo no me conocía, sus palabras no me hablaban y no sabía de mí. No estaba allí.

Sentí que mis pecados habían sido perdonados, y que yo había perdonado al mundo. El cielo me pareció un lugar perfecto para vivir, y sentí que ya no vivía en el mundo.




viernes, 5 de agosto de 2016

MANANTIALES




–Pero, dime Teodoro,

¿no es cierto que el amor surge de la manera más inesperada?
¿No ocurre que sonrisas amables procuran, más pronto que tarde, risas compartidas?
Y dime: ¿no son las risas un alimento para el alma? ¿No son las muestras de la alegría?
¿Y, acaso, no queremos estar junto al que nos alegra el alma?
¿No sentimos su hueco cuando no está con nosotros?

–Sí, así es, sin duda. Pero no veo tan claro como tú lo ves de qué manera la alegría compartida puede llevar al amor.
¿Crees tú que ambos movimientos del alma son de la misma esencia?
¿Que no pueden existir el uno sin la otra?
¿O que quizá no pueda existir la otra sin el uno?

–Querido amigo, yo tan solo creo que el amor es como un manantial, y que brota de la piedra cuando el agua encerrada en ella pugna por ver la luz.

Solo quiero, con tu ayuda, y si lo tienes a bien, desvelar el gran misterio que hay en ello, de cómo la suave y delicada agua es capaz de romper la aparente dureza de la roca. ¿No ves una mano divina en ello? ¿No es una fuerza inmensa que aún nos es de naturaleza escondida a los hombres?
¿Querrías poner tu alma y tu entendimiento junto conmigo para tratar de desvelar este decisivo asunto?

–Cómo no, querido amigo; en verdad que tus palabras me muestran con claridad mi ignorancia sobre todo ello. Estoy dispuesto, porque también a mí me atañe, como creo que al resto de los mortales, y acaso también a los dioses. ¿O acaso los dioses no aman?

–Algo me dice que sí, porque ¿qué busca el hombre en el amor? ¿Acaso no busca su perfección y completura? ¿Y acaso no buscarían los dioses eso mismo en un dios superior a ellos?
Y ¿no es cierto que, como dijeron los sabios antiguos, el mismo Dios uno y sin segundo se mueve conforme a su propio amor por lo que emanó de él? ¿No será el amor la fuerza única y necesaria para el movimiento de todo lo existente bajo el cielo, y, más aún, sobre el cielo mismo también?

Me parece que cuando nace la alegría y se convierte en alegría compartida, algo mueve al alma a procurar el bien de la fuente de la que ha surgido. Y creo que ahí nacen los amantes.
¿No te parece que es así como sucede?

–Pues yo también creo que es así como sucede, es muy claro. He visto muchos arroyos que buscan otros arroyos, y ríos que buscan otros ríos, y grandes ríos que buscan a la mar. Solo allí descansan en su búsqueda. O, por lo menos, eso parece.

–Y ¿no crees que esa alegría de los amantes les lleva luego, más bien pronto que tarde, a querer fundir sus almas en una sola, como los arroyos y los ríos?

–Así parece mostrarlo la naturaleza, mi querido amigo.

–Y ¿no parece acorde con todo esto que esa unión de almas lleve a la ansiedad por hacer uno de sus dos cuerpos?

–Así parece ser como sucede.

–¿Y no es acorde a la esencia de la naturaleza que, de esta manera sublime, los amantes se igualen a los dioses creadores y, de la materia de sus vidas, el amor engendre nuevos seres amorosos?

–Me parece que es bueno que así sea.

–Y ¿no es bueno que la felicidad y el placer bendigan esta obra creadora?

–Otra cosa sería contraria a la lógica y no sería conforme a la naturaleza.

–Así pues, mi querido amigo, ¿no sería la alegría la verdadera autora de todo lo nacido?

–Querido amigo, la luz es clara y vivificadora, y las sombras ocultan lo que no queremos ver.
Me parece que nuestras palabras han desvelado de alguna manera el misterio de la vida.


viernes, 8 de julio de 2016

MAR Y LAVA




He conocido a muchos forasteros que, tras unas semanas respirando inmersos en la sal y la luz de nuestras calles, me han comentado sorprendidos y enamorados: “Siempre voy oliendo a mar... siento... como si estuviera andando por las rocas de La Caleta, como rompiendo con dulzura el camino blanco de su orilla...”

Y, como siempre nos ocurre, el forastero enamorado nos enseña facetas de nuestra tierra en las que nunca reparamos, como un amante apasionado repararía en los lunares escondidos de nuestra propia mujer, o en el brillo encendido de sus ojos, que miramos durante años pero que nunca descubrimos...

El forastero mira nuestra pequeña isla con el gozo fresco del primer amante, mientras nosotros la vemos como nuestra amada de toda nuestra vida, con el amor manso y profundo de una larga compañía.

Y yo, tras meditar un rato sus palabras, acerté a descifrar sus impresiones.

Creo que esta ciudad, si te fijas, solo es mar... y lava, le dije. En esta calle por la que paseamos, o en cualquier otra, solo pisarás granito, y solo te rodearán edificios cuyos viejos muros guardan infinitas almas de infinitos compañeros de camino. Mira esas piedras. Dentro de ella aún respiran ostiones, almejas, lapas, caracolas, burgaíllos, erizos, cañaíllas, y un sinnúmero de viejos marinos gaditanos con sus barcas varadas para siempre.

Esas piedras son solo mar, y el suelo que pisas es solo lava.
¿A qué otra cosa podríamos oler? Como en el pequeño pueblo castellano hueles a era, a trigal y a paja, y en las tierras de Jerez hueles a mosto nuevo, a uva y a lagar, aquí el mar nos penetra... está hundido en nuestra carne, en nuestra casa... en nuestra alma.

Vi que sonreía, y vi que entendía mis palabras, pero, más que eso, sentía su comunión con el alma de mis calles... su comunión con la mar.

El sol y la mar. ¿Es Dios algo más que el sol y la mar? -le dije. Si por algo nuestra tierra está bendita no dudes que se debe a esa presencia cierta pero invisible. Seguramente a eso debemos nuestro carácter, nuestra risa y nuestra fe. ¿Te han dicho alguna vez que el sol no haya salido a su hora, que la marea no haya subido cuando debía?

Siéntate en cualquier esquina y pregúntale a la mar, por ti o por tu vida. Siempre te dirá, como una madre vieja, como una nodriza generosa, que Poseidón es muy, muy antiguo... No pierdas la fe, espera sólo mil años más.



martes, 21 de junio de 2016

SOLSTICIO



Sol que nació invicto
en lo profundo del invierno.
Que fecundó brotes y nidos,
amores y ternuras,
por la primavera blanca.

Sol que agostó flores,
en la vieja alquimia,
encerrando sus rayos
en la fruta jugosa
y en los tiernos corazones.

Sol niño, joven y viejo.
Sol nuevo y antiguo,
Novio, amante y esposo,
en brotes, flores y frutas.

Naciente, y pleno, y poniente,
amarillo, blanco y rojo,
padre amante, hijo sonriente,
complaciente y amado abuelo.
Siempre tú, tú por siempre.

Viajamos contigo, sentados
en el hueco de tu mano triunfante,
sobre el arco noble de tu brazo,
en la cuna amorosa de tu centro,
en tu ser, que es el nuestro perdido.

Lleva mis pasos amantes
como débiles huevos primero,
orugas cansinas y crisálidas luego,
al reino de tu luz,
de mariposas aladas,
a unirnos con tu brillo,
a morir en tu fuego.




viernes, 10 de junio de 2016

TERNURA









Corazón abierto, desnudo y palpitante
en la dulce expansión de la ternura.
Amoroso cuenco de cariños y caricias.

Pecho que vibra la violenta desazón
de pasiones encendidas,
sin puertas ni compuertas
a los humores del ser, ni nubes
que apaguen el brillo a miel en los ojos.
No se borran los pliegues de luz
de los labios ansiosos.

Ternura... pasión contenida, dolor
del alma que al alma ansía.
Dolor dulce que la dulzura adolece,
poder por poder sojuzgado.

Misterio por aliento desvelado,
en la luz por los ojos descubierto,
por los labios serenos encendidos.

Fusión anhelada imposible,
abrazos de amantes en el aire sereno
tigres, panteras, dragones,
carnívoras fieras en fiereza domada.

Comer, tragar, devorar,
en un acto de unión desafiante
a las tierras, infiernos y cielos.
Yo en ti, tú en mí.

No queremos ser dos.
Solo uno.



sábado, 4 de junio de 2016

UNIVERSO



Escuché la noticia de que la NASA, para celebrar su redondo aniversario de los 50 años, ha enviado a través de Universo, a la velocidad de la luz, la canción de The Beatles “Across the Universe”, conmemorando también así el 40 aniversario del nacimiento de "los músicos más representativos en la historia de la humanidad".

Han enfocado al mismo tiempo sus más potentes antenas de captación radio-electromagnéticas-acústicas, en la esperanza de obtener contestación de cualquier lugar donde guste la obra. Quizá se animen a ello en algún lugar, enviándonos alguna cosilla de The Orion’s Little Boys, o de The Sirius Bad Flies, o, aunque solo sea, de cualquier programa interespacial del programa “Universal OT”

Recordé a mi tan admirado e incomprendido Albert, cuando decía, tan socarrón como el mejor aragonés:
Lo que para mí se acerca más a la idea de infinito es el Universo y la estupidez humana, aunque de lo primero aún no estoy muy seguro…

Acudí no hace mucho a una reunión científica de altura en mi ciudad, que se celebró en la sede de una de las instituciones de más prestigio y solvencia. Se habló mucho acerca del Universo, comentándose las teorías más actuales sobre su nacimiento, formación, desarrollo y finalidad. La gran explosión, Big Bang, la futura implosión, Big Crunch, y todo eso…

La “sopa cósmica”, producida por el Big Bang, donde no había nada diferente a otra cosa, y donde todo sabía igual en cualquier sitio, todo formado por ínfimas partículas indiferenciadas y desordenadas. Y, lo más sorprendente, solo duró 1 elevado a -48 segundos, para los profanos 0,00000… (cuarenta y ocho ceros)…1, es decir, casi nada de nada, menos de lo que tarda un cura loco en presignarse. Luego empezó a ordenarse y dejó de ser sopa. Su descripción me recordó, casi con todo detalle, a la famosa Sopinstant.

No perdí detalle de las aportaciones de los contertulios, y quedé sorprendido por el avance de la ciencia. Ya lo decían hace muchos años en una zarzuela: La ciencia avanza que es una barbaridad…

Pero no es este el motivo de lo que hoy quiero expresar acerca del Universo.

Existe en la Física y Química un principio, nacido de la ciencia llamada Termodinámica, ampliamente aceptado, resuelto en fórmulas matemáticas, siendo posible su medición e influencia en los procesos de la transmisión de la energía, llamado la Entropía. Según definición aceptada es la tendencia natural de la pérdida del orden en los procesos dinámicos físicos y químicos.

Conforme a esto, todo en el Universo tiende a igualar paulatinamente sus niveles de energía, con lo que, finalmente, al estar cualquier elemento al mismo nivel energético, no sería posible ningún proceso dinámico. Esto es así porque para producirse cualquier movimiento o cambio resulta preciso que exista una diferencia de energía entre los dos estados, el inicial y el final. En el límite, todo estaría al mismo nivel y el Universo “caería” en una quietud parecida a la muerte. Ningún cambio, ningún proceso, ningún movimiento.

Todos conocemos ejemplos en la Naturaleza de los procesos físicos más elementales. El río corre de la montaña al mar porque la montaña está más alta que el mar. Si estuvieran a la misma altura, los ríos no solo no correrían, sino que su misma existencia sería imposible. El sol calienta el mar porque su energía de calor es superior a la que posee el agua del mar. Si el sol y el mar estuvieran a la misma temperatura, nada se produciría. No habría evaporación de sus aguas, ni nubes, ni lluvia, y el vapor atmosférico estaría equitativamente distribuido por toda la Tierra.

Podemos montar en bicicleta debido a que nuestra fuerza, aplicada a su mecanismo, supera la resistencia que ofrece el camino al deslizamiento de sus ruedas sobre él, y porque existe la gravedad y el equilibrio mecánico en su dinamismo. Si no fuera así, no sería posible.

Curiosamente, esta situación es la descrita por los científicos en lo que llaman “la sopa cósmica”, el sopinstant. Nada se mueve ni reacciona a nada simplemente porque todo está al mismo nivel en cualquiera de sus características. Es la muerte, la ausencia total de orden y de movimiento. Allí está todo, pero en estado caótico, en una mezcla confusa y desordenada.

Pero, y esto es lo inaudito, después de ese instante, ya sabemos, 0,0000000000000000000000000000000000000000000000001 segundos, ese sopinstant comienza a organizarse, cosa sorprendente, ya que del desorden no nace nunca espontáneamente el orden. Y a quien así lo crea lo invito a que venga a casa y entre en el cuarto de mi hijo.

Las partículas subatómicas, hasta ese instante formando sopa, se ordenan en átomos, perfectamente estructurados. Un núcleo, una pulpa electrónica, una nube electromagnética a modo de cáscara, resumiendo, una unidad completa de vida, con su morfología, su fisiología, su axiología, y en fin, su vida y su misión vital. Los átomos se agregan en moléculas, igualmente ordenadas y dotadas de vida, las moléculas se reúnen en formas cristalinas, ya visiblemente ordenadas según patrones de cristalización, luego los minerales, los líquidos, los gases… también organizaciones ya mucho más complejas y aún hoy aún encerradas en el más profundo misterio, como los seres unicelulares, pluricelulares, y así hasta llegar a constituirse seres complejísimos, desde la más pequeña brizna de hierba al más desarrollado mamífero.

Todo esto, a nuestro nivel de la Tierra. Igualmente ocurre con los sistemas planetarios, organizados por su estrella regente, las galaxias como organismos superestelares, y así hasta llegar al actual Universo que se nos manifiesta a nuestros ojos y al que nos empeñamos en estudiar como una materia muerta, como si un doctor en medicina se empeñara en estudiar únicamente cadáveres.

Desde antiguo se habla del macrocosmos y del microcosmos, del microbio y del macrobio. El orden dinámico implica vida, así como la vida implica orden dinámico. Entender la vida únicamente como algo similar a la nuestra, a la del hombre, es un concepto pobre, extraño y que ya debería haber sido superado. Existen muchas clases de vida de las que no alcanzamos a comprender su fisiología.

Solo asignamos vida a lo que se mueve y a lo que podemos observar, en nuestro restringido concepto de tiempo y espacio, que nace, se desarrolla, se reproduce y muere. Así, no podemos entender la vida de una estrella o de un mineral, porque su tiempo y su espacio en los que se desenvuelven superan nuestra corta visión humana. Yendo un poco más allá, quizá algunos seres vivientes de nuestra escala evolutiva, cuya existencia desconocemos, desarrollen todo su ciclo vital en nanosegundos, con lo cual nuestros medios de observación no llegan a captar su existencia. Del mismo modo, las estrellas y las galaxias, cuya vida puede alargarse durante miles de millones de años, son consideradas fijas, inmóviles y no sujetas a cambio alguno, y por lo tanto carentes de vida.

Según las tradiciones arcaicas, todos los seres del Universo tienen vida. Si ningún principio vital los mantuviera ordenados y en armonía dinámica, en desarrollo vital, no podrían tener existencia como tales, de la misma manera que un cuerpo humano, despojado de vida, pronto se deshace en sus componentes minerales. Pero los médicos, como dije, no consideran un hombre como un montón de minerales reunidos al azar, sino como un completo sistema en que todo está dispuesto para su función, organizado en elementos unidos por una delicada armonía energética que llamamos vulgarmente vida.

¿Qué mantiene al cuerpo humano con vida? ¿Qué mantiene a nuestro sistema solar con vida? ¿Qué mantiene a las galaxias, al Universo todo, con vida?

Quizá el antiquísimo Génesis de la Biblia judía nos de una pista. Allí se describe la creación del Universo de la siguiente manera, simbólica pero muy sugerente:

En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra estaba confusa y vacía y las tinieblas cubrían la haz del abismo, y el espíritu de Dios se cernía sobre la haz de las aguas.

Y dijo Dios: “Hágase la luz” y la luz fue hecha. Y vio Dios que la luz era buena.

“Fiat Lux”

Parece evidente que, para la formación de un Universo perfectamente organizado, con la dinámica de la vida, no bastan casualidades ni azares. Ya lo dijo mi querido Albert: Dios no juega a los dados con el Universo…

Se ve, se siente, un autor es evidente…

Pero ¿cómo puede decirse que Dios creó al Universo. Esta forma de hablar está bien para una narración simbólica a modo de mito. Pero no para la lógica evidente de las cosas. Si concebimos a Dios dotado de omnipresencia y de infinitud, no existiendo cosa alguna fuera de Él mismo ¿cómo podría crear algo que no contuviera? Si, como dice Albert, lo que más se acerca a su noción de infinito es el Universo y la estupidez humana, si bien considera esto último mucho más seguro, ¿cómo un Universo infinito existe al margen de un Dios infinito? Aquí hay algo que no cuadra… no pueden existir dos infinitos por separado… y a la vez.

Quizá no venga bien recordar la tradición hindú, cuando nos habla de cómo se desenvuelve la vida del Universo. Decían que Brahma, dios creador y primero de la trinidad hindú, respiraba, como todo hijo de vecino. Cuando espiraba su aliento daba origen a los mundos, y cuando inspiraba los mundos se resumían otra vez en él mismo. En verdad es una simbología muy sugerente.

A mi parecer, todas las simbologías de relevancia de los pueblos cultos que nos han precedido apuntan, no a una creación de un Universo externo y ajeno al agente creador, sino más bien a una manifestación de ese agente en lo concreto. Al decir de Platón, sería el mismo proceso que el de la plasmación de los arquetipos.

Un espíritu inmanifestado se manifiesta y se encarna en un “cuerpo”, su propio cuerpo. De esta manera, el Universo sería el “cuerpo de Dios” y Dios el espíritu de ese “cuerpo”, el Ánima Mundi.

Este planteamiento estaría acorde con las enseñanzas recurrentes de los pocos sabios que en el mundo han sido, de los creadores de religiones, de los grandes filósofos, de los alquimistas y de todo aquél que ha atisbado la realidad de lo real.

Dios está en todas las cosas… La firma de Dios está escrita en cada una de sus criaturas. La esencia interna de todo lo existente es divina. El espíritu del hombre es de la misma naturaleza divina. "Creemos al hombre a nuestra imagen y semejanza". "Sois dioses, pero lo habéis olvidado", "Todos somos hijos de Dios", etc. etc. etc.

¿Panteísmo? Sí. Es más que evidente. Todo el Universo está impregnado del Espíritu de Dios, porque es el “Ánima Mundi”. Nada hay fuera de Dios, todo lo visible y lo invisible forma parte de Él, de Él formamos parte, de Él nacimos y a Él volveremos.

El Universo no es un cadáver. Vive. Y, como en el caso del hombre, del animal, de los vegetales, de los minerales, y de cualquier cosas existente, su espíritu forma parte del espíritu de Dios. Ese Espíritu de Dios que se cernía sobre la haz del abismo, cuando la tierra estaba oscura y vacía… cuando Dios dijo:

Fiat lux, y la luz fue hecha.