lunes, 29 de junio de 2009

EL EXTRAÑO



Unos cuantos años después que yo naciera, mi padre conoció a un extraño, recién llegado a nuestra pequeña población.
Desde el principio, mi padre quedó fascinado con este encantador personaje, y enseguida lo invitó a que viviera con nuestra familia.
El extraño aceptó y desde entonces ha estado con nosotros..
Mientras yo crecía, nunca pregunté su lugar en mi familia; en mi mente joven ya tenía un lugar muy especial. Mis padres eran instructores complementarios:
Mi mamá me enseñó lo que era bueno y lo que era malo y mi papá me enseñó a obedecer.
Pero el extraño era nuestro narrador.
Nos mantenía hechizados por horas con aventuras, misterios y comedias.
El siempre tenía respuestas para cualquier cosa que quisiéramos saber de política, historia o ciencia.
¡Conocía todo lo del pasado, del presente y hasta podía predecir el futuro!
Llevó a mi familia al primer partido de fútbol.
Me hacia reír, y me hacía llorar.

El extraño nunca paraba de hablar, pero a mi padre no le importaba.
A veces, mi mamá se levantaba temprano y callada, mientras que el resto de nosotros estábamos pendientes para escuchar lo que tenía que decir, pero ella se iba a la cocina para tener paz y tranquilidad.
(Ahora me pregunto si ella habría orado alguna vez, para que el extraño se fuera.)
Mi padre dirigió nuestro hogar con ciertas convicciones morales, pero el extraño nunca se sentía obligado para honrarlas.
Las blasfemias, las malas palabras, por ejemplo, no se permitían en nuestra casa. Ni de nosotros, ni de nuestros amigos o de cualquier visitante.
Sin embargo, nuestro visitante de largo plazo, lograba pronunciar la palabra esa, "HP", y otras que quemaban mis oídos e hicieron que papá se retorciera y mi madre se ruborizara.

Mi papá nunca nos dio permiso para tomar alcohol.
Pero el extraño nos animó a intentarlo y a hacerlo regularmente.
Hizo que los cigarrillos parecieran frescos e inofensivos, y que los cigarros y las pipas se vieran distinguidas.
Hablaba libremente (demasiado) sobre sexo. Sus comentarios eran a veces evidentes, otras sugestivos, y generalmente vergonzosos.
Ahora sé que mis conceptos sobre relaciones fueron influenciados fuertemente durante mi adolescencia por el extraño.
Repetidas veces lo reprendieron y raramente hizo caso a los valores de mis padres y NUNCA le pidieron que se fuera.
Han pasado más de cincuenta años desde que el extraño se mudó con nuestra familia.
Desde entonces ha cambiado mucho; ya no es tan fascinante como era al principio.
No obstante, si hoy usted pudiera entrar en la guarida de mis padres, todavía lo encontraría sentado en su esquina, esperando a alguien para que escuchara sus charlas y para verlo dibujar sus cuadros..

¿Su nombre?
Nosotros lo llamamos t e l e v i s o r...

Nota:
Se requiere que este artículo sea leído en cada hogar .
¡Ahora tiene una esposa que se llama Computadora y un hijo que se llama teléfono móvil!

Artículo recibido de un amigo. Desconozco su autor, al que de cualquier forma felicito...


7 comentarios:

Bastet dijo...

Me ha encantado este post. Jajaja, es verdad, tenemos a un extraño en casa. A mí, personalmente, no me gusta la tele. Pero como no vivo sola, pues tengo que aguantarla. El otro día leí un artículo sobre este mismo tema y decía que dejamos entrar en nuestra casa a cada personaje que, si fuera en la realidad, no le abriríamos ni el portal. Pero bueno, este es nuestro mundo, y lo mejor que podemos hacer es protegernos con una armadura cuando lo creamos oportuno.

Un abrazo :)

Teresa dijo...

Muy bueno.
Gracias por transmitirlo.

Anuskirrum dijo...

Querido amigo, talentoso texto que nos enseña de qué no deberíamos ser víctimas. Hay forasteros que llegan a nuestras vidas y suelen acomodarse en nuestras vidas más o menos de manera amable, y hay otros como este aparato emisor que entra sin llamar sobretodo en las casas de los que no somos muy mayores en las que incluso estaban antes que nosotros.

Gracias por este escrito con tanta destreza literaria y profunda, para transmitir.

Un abrazo

ABRAXAS CADIZ dijo...

Querida Ana,
debemos dar las gracias a su autor, como dices, por su gran destreza literaria y su profundidad.
Pero no he sido yo, yo solo lo he recibido y lo que querido difundir y compartir.
Eso sí, dice cosas que suscribo absolutamente.
Un fuerte abrazo.

Helen Maran dijo...

Pero bien podria haber sido tuyo ,es parecido a tu stilo amigo, de todos muy bueno trasmitirlo, me lo voy a llevar, le tengo ´mas miedo todavía a su señora y su hijo,jjaaa una familia que se las trae, fue un placer como siempre estar en tu casa, abrazos de luz desde Israel hasta Cadiz.
pd.justo hoy las 2 ciudades estan abrzadas en este calor del desierto que viene de nuestra vecina Africa.

BeT al Servicio del Sol dijo...

Miguel, ese extraño, además de todo lo que narras en este relato, también es el que nos "programa" como debemos sentir y pensar, impone la escala de valores que una sociedad debe tener, es el "termómetro" de nuestra felicidad y el generador de insatisfacción. Es el reflejo de los modelos a seguir. Todo muy sugerente, hasta pareciera ser un "ingenioso plan" de dominación.
Hace algunos años decidimos tirarlo a la basura, creo que fue la mejor opción y te puedo asegurar que se vive igual sin TV y en el caso de los niños, se acostumbran a una vida en donde ese "extraño" no perturba la expansión de la creatividad.

Ah! antes de que me olvide.... en mi blog "Al Servicio del Sol" hay un premio para vos ;-)

Un abrazo de invierno.... llegando a tus costas en busca de solcito y calor (me imagino que allí el verano estará en su esplendor)
BeT

ABRAXAS CADIZ dijo...

Bastet, es bueno lo de ponerse la armadura. Recuerdo un chiste en que el hijo de un lepero le preguntaba a su padre:
-Papá,¿puedo ver la tele?
El padre contesta:
-Sí, hijo, sí, pero no la enciendas.

Es lo mejor que podemos hacer...

Bet, creo que Helen te contesta a lo de mi verano (y el suyo) en su comentario. Estamos friéndonos...

Has hecho bien en tirar la tele, aunque antes tendrías que haberla sometido a tortura, pintando su pantalla, pinchando sus placas de microchips y taponando con cera sus altavoces. Se lo merecía...

Es muy cierta tu sospecha. La televisión, por otra parte inocente en todo este asunto, y con inmensas posibilidades para utilizarla en el bien de la humanidad, ha sido y es un instrumento de los "magos negros" para la destrucción de los valores humanos y sustituirlos por valores animales (con perdón para los animales, que tampoco tienen culpa de nada, ¡ya quisiéramos imitar su pureza!). Lo animal en el hombre es su parte más instintiva, potenciada al infinito por su mente retorcida.

Cambiando de tema por otro más alegre, te agradezco que hayas compartido tu premio conmigo y con Helen.

Un abrazo a todas, mis queridas amigas.