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miércoles, 14 de abril de 2010

CONCIENCIA Y CONSCIENTE




Curiosamente, para el lector poco avisado, las palabras “conciencia” y “consciente”, que se suelen usar como originarias del mismo contenido, provienen de etimologías distintas, que ahora detallaré. Por otra parte, no se puede ser conciente, ni tampoco tener consciencia.

Los usos correctos, acordes a los conceptos de ambas, son “tener conciencia” o “ser consciente”. Y, como todos sabemos, no es lo mismo “tener” que “ser”. Se “tiene” algo cuando ese algo es externo a nosotros, así nosotros no “somos” ese algo, solamente lo “tenemos”. Sin embargo, cuando “somos” algo, ese algo es parte de nosotros. No lo “tenemos”, porque lo que se tiene puede dejar de tenerse. Lo que se “es” forma ya parte indisoluble de nuestra esencia.

Mi antiguo diccionario etimológico, al que adoro, aporta los siguientes orígenes, en ambos casos del latín:

Conciencia: Del latín conscientia, de cum, con, y scientia, ciencia.
Ciencia o conocimiento interior del bien que debemos hacer y del mal que debemos evitar.

Consciente: Del latín, consciens, conscientis, participio activo de conscire, saber perfectamente. Que siente, piensa, quiere y obra con cabal conocimiento y en plena posesión de sí mismo.

De esta manera es fácil comprobar que el “tener conciencia” no es lo mismo que “ser consciente”, ya que la conciencia se refiere a una ciencia de la que se puede disponer, mientras que “ser conscientes” consiste según el latín en conocerse perfectamente, no aclarando si dicho conocimiento proviene o no de ciencia alguna.

Una ciencia de la que se dispone es “conciencia”, y se usa como un instrumento para actuar. El ser consciente no consiste en eso, sino que se refiere a un estado del alma, en el cual se conoce perfectamente algo, actuando luego, suponemos, en función de ese conocimiento.

La conciencia tiene un contenido moral, y el ser consciente no lo tiene. Puede, eso sí, desprenderse de su perfecto conocimiento de sí mismo, que le llevará seguramente a actuar conforme a la ley, porque quien la conoce perfectamente actúa según ella, si bien no por un imperativo moral, sino por la propia naturaleza de su ser. Es algo que es propio del ser interior, y no adoptado o aprendido de influencias externas.

Decir, por tanto, que un hombre puede actuar contrariamente a la ley, siendo perfectamente consciente es algo contradictorio. La conciencia puede llevar a ello, puesto que es el uso de una ciencia sometida a lo temporal, pero el ser plenamente consciente implica el conocimiento perfecto de la ley, y sería de tontos actuar contra una ley que forma parte de uno mismo y de la propia naturaleza.

Se puede, por tanto, actuar siendo conscientes y a la vez no actuar con conciencia.
Así, a mi modo de ver, estando la vida del hombre basada en su ser interno, su progreso está vinculado a su capacidad de ser consciente, y no a sujetarse a conciencia alguna, provenga de donde provenga.

La moral y la conciencia es una cosa, y “ser consciente” es otra bien distinta.