domingo, 21 de diciembre de 2014

SOL INVICTUS




Sol que naces invicto
de lo profundo del invierno,
sobre la tierra yerma y fría
que recuerda tu esplendor
de los amables y cálidos días.

Proclamas ahora tu promesa
de resurrección y de fuerza.

Naces niño, y pequeño,
como la luz en la gruta,
como una chispa en las ascuas,
con el poder milagroso
de la fuerza del cachorro,
de la claridad del arroyo.

Hundirás las semillas
en la tierra dormida,
y un día volverán
a prender la inmensa hoguera
de una nueva primavera.

Sol triunfante, naciente
en un mundo oscuro
disolverás las negruras,
y ante tu luz morirán.

Y darás vida a los seres,
otra vez renacidos
de la tierra, iluminados
tomando tu luz y tu vida.

Si nuestra fe mengüa
y nuestra llama tiembla temerosa
en los fríos y cortos días
de estremecimientos y miedos,
muéstranos que la victoria
duerme en nuestros pechos
soñando la compañía de tu fuerza.


Y danos la fe
de una nueva primavera,
de vida y de flores
nacidas por tu fuego.

Y así recogeremos luego
en la paz dulce del estío,
los dorados frutos
nacidos de tu mano.

Así sea.




jueves, 18 de diciembre de 2014

¿HIERBA QUE EL SOL SECARÁ...?






¿Hierba que el sol secará
en los rigores del estío?

¿Ola de bravura desmedida
que, rozando fondos,
marcará su fin 
en la efímera espuma?

¿Nieve blanca, sin mancha,
que descubrirá la parda tierra
en su deshielo inevitable y final?

No sé...
No sé...

Pero no. No será.
El manantial no cesa, en su llanto.
La simiente enterrada brota sin cesar
y sin cesar la lluvia fecunda
los pechos abiertos a la luz,
los brillos y albores del hechizo,
las manos que no pudieron zafarse
lo unido que las llamas unió.

No puede ser...
No puede...

No será.


viernes, 12 de diciembre de 2014

LA MIRADA TRANSPARENTE








Tiene Turca una mirada... No sé que hay en esos ojos, pero es lo más cercano que encuentro a la pureza. Sus grandes ojos negros son limpios y transparentes. Te asomas a ellos como a las aguas quietas de un lago profundo.

Seguramente Dios sí la hizo a su imagen y semejanza. Y no fue necesario expulsarla del paraíso. Vive en él, y nada sabe del bien ni del mal.

Como un ángel negro se acerca a mi costado y me mira.

Su silencio es solo de palabras. Sus ojos hablan mucho más que cualquier libro de poesía. Su voz está en el aire, en la luz que desprende su mirada. ¿Para qué quiere la palabra? Todos sabemos que casi siempre solo sirve para crear malentendidos. Todos sabemos que solo es claro el lenguaje del corazón. Y ella lo tiene. Grande y limpio.

Cuando duerme, se desprende de su cuerpo, no sé a donde va. Solo sé que su huida ha sido tan completa que parece muerta. A veces la toco para sentir el aire mover su pecho, o acerco mi oído a su cara para sentir su aliento. 

Siempre descansa cerquita de mí. Ella sabe que estoy a su lado. Con mi compañía le basta. Le rodea mi hálito. Y ella me rodea con el suyo. Es su mundo. Es el mío.

A solas en la noche, me acerco a contemplar lo ancho donde vivo, mi casa celeste, negra en la noche, pintada de estrellas, átomos de nuestras entrañas. Ella se sienta conmigo y me mira. Mira su universo,... y yo miro el mío. Pelo negro, como el cielo, ojos brillantes, como la luna.

Su vida de niño es clara, sencilla y simple. No hay engaños, ni deudas, ni reproches. No conoce la falta ni necesita el perdón. Pide sin reparo, toma sin solicitudes, descansa sin horas.

Toda su vida la ha tejido en mi telar. Estuve en todas sus horas, en todos sus días y en todas sus noches. En todos sus dolores y sus placeres. En todos sus juegos y en todas sus horas plácidas. Fue niña, fue adolescente, fue joven, es adulta.

Jugó de niña en mis manos. Cuidé de su primera sangre en la adolescencia. Estuve junto a ella cuando la vida sembró vida en su seno. Y sufrí sus dolores de parto, su desazón desgarradora. Tuve en mis manos, aún sin vida, los retoños brotados de sus entrañas. Y mis manos hicieron que el primer aire del mundo entrara en sus pequeños pechos. Y enterré en mi huerto, llorando, uno de sus pequeños hijos, de las estrellas devuelto a las estrellas.

Milagro de una vida entera en solo uno de mis días.

Y ahora está aquí a mi lado. Sus ojos transparentes acarician mi corazón abierto en lágrimas, que se desborda regando los sembrados donde nacen las flores más bellas. Las flores del corazón.


martes, 9 de diciembre de 2014

¿DÓNDE HABITA LA POESÍA?







Anoche hablé contigo, y nuestras íntimas miradas me hicieron preguntarme cosas, que ahora te quiero contar.

A veces me pregunto donde va la poesía cuando te abandona. Un poeta hizo una pregunta parecida: Cuándo el amor se acaba ¿sabes tú adonde va?

Me pregunto lo que se preguntaba Leonard Cohen en una de sus canciones:

“¿Where is your famous golden touch?”

¿Donde dejé la poesía, donde el amor, donde el añorado toque de oro? Seguramente se marcharon de mí en los ojos y en el pecho de mis vírgenes amantes. O se quedaron en los verdes brotes nacientes y poderosos. O se los llevó, al decir del poeta, como el viento de otoño se lleva las hojas pardas.

Pero también estén quizá en el próximo recodo del camino, que ya se vislumbra tras el frío y la niebla del invierno.

Quizá mi mano perdió su pátina de oro cuando dejé de cavar en la mina, cuando dejé de cernir las arenas auríferas de mis arroyos más limpios.

Pero lo que he visto existe, y ya no me puedo engañar. No puedo negar el brillo del sol, aunque el cielo hoy esté nublado. Sé que está detrás de las nubes, detrás de mí y de mi desesperanza.

Dime que sí, hermana, dime que mi aliento puede abrasar otra vez, que mi voz puede llevar almas a su nido, que mi mano puede ayudar a guiar a los ciegos, que puedo soportar el peso de los que quiero llevar al otro lado del tránsito doloroso.

Dime que aún tengo fuerzas, que mi corazón enciende aún ilusiones, que mi amor abrasa aún corazones, que mi clarín todavía es capaz de traspasar el ruido y de hacerse oír entre los estériles rumores. Dime, aunque yo no consiga creerlo, que mi voz es aún dulce a tus oídos, que mi alma aún tiene brasas que calientan, y que mi mano aún puede dar caricias que sean benéficas y portadoras de alegría.

Dime… que aún puedo ser un amante para un alma sedienta, agua fresca para el abrasado, cama en que repose un alma cansada, musa que inspire un corazón ardiente.

Dímelo.


sábado, 29 de noviembre de 2014

YO SOY ABRAXAS









Yo soy Abraxas.
Y canto en la noche profunda,
empeñado en romper su negrura,
e invocar con mi canto
la luz de la aurora.

No canto en las luces,
ya que luces parecen
lo que sombras son.
Sombras de sueño y dolor,
ávidas de luz y color.

Recorro la tierra,
arrastrando mi pies doloridos,
ahondando raíces,
abriendo los surcos profundos
de la tierra negra y vacía.

Del alfa al omega
todo es mío y por siempre.
Del todo es mi sangre,
mi vestido entero
mi cuerpo y mi ser.

Y la tierra surte
de savias mi tronco.
Y la savia provee
de sonidos mi voz,
la que canta a la luz.

En lo oscuro defiendo
mi ser con mi escudo,
y mi látigo ahuyenta
fantasmas terribles
que en la aurora morirán.

Mis estrellas me cubren
en mi huevo sagrado.
Estrellas que llaman
por poder de mi canto
al sol que vendrá.

Recorro un oscuro camino,
solitario y terrible
que lleva al enigma,
a la puerta escondida
del templo sagrado y secreto.


martes, 18 de noviembre de 2014

¿EXISTE DIOS?




Hay campañas
sobre si Dios existe
o no existe 
sobre si probablemente existe
o si probablemente no existe. 
Creo que las promueven los ateos, 
los creyentes ateos 
y los no creyentes ateos. 
Me parece que no me conciernen, 
porque me parece que van dirigidas 
a los sordos, 
a los mudos 
y a los ciegos..., 
a los duros...
de corazón.




Música: "Ave verum corpus", Wolfgang Amadeus Mozart
Fotografía: Abraxas
Montaje: Abraxas


jueves, 6 de noviembre de 2014

ADIVINOS




Cuentan que se rodaba una película , a mediados del siglo pasado, en el perdido oeste americano El equipo de rodaje desplegó al amanecer y en mitad del llano toda su habitual parafernalia de cámaras, equipos de iluminación, camiones de vestuarios, etc.

Al mediodía estaba ya todo dispuesto para el rodaje de las primeras escenas esa misma tarde. Para sorpresa de todos vieron llegar una cabalgadura a lo lejos, levantando polvareda. Ya más cerca pudieron divisar la figura con más detalles, se trataba de un indígena del lugar, que vestía el atuendo propio de su tribu. Se detuvo cerca de ellos para interesarse por el motivo de tal despliegue.

 -Vamos a rodar una película aquí- dijo el director.
 -Bien. Bien. Lugar hermoso. Nuestra tribu ayudar, si necesario- dijo el guerrero  indio.
 - ¿Es usted el jefe de la tribu?
 - No. Ser solo hechicero.
 - ¿Sabría usted si lloverá esta tarde?
 - Tarde llover.
 - Bien, gracias, mucha suerte en su viaje de vuelta. Y presente nuestros respetos al Gran Jefe.

Marchó el indio, y todos rieron de su arrogancia.
A la tarde, estaban todos los focos encendidos, las cámaras preparadas, los actores vestidos y en disposición de comenzar los primeros planos cuando… una repentina y fiera tormenta descargó sobre todos un inmenso diluvio. Recogieron todo tan rápido como pudieron y, nada más terminar, apareció un sol glorioso tan de repente como apareció el aguacero.

Será cuestión de consultar mañana al hechicero –dijo el productor al director- Puede que, al ser de esta tierra, sepa fielmente qué sucederá mañana con el tiempo. No quiero arriesgarme a que se me deteriore todo el material.

A la mañana siguiente volvió el indio por allí. Nada más verlo le preguntó el director:

 - ¿Lloverá esta tarde, gran hechicero?
 - No saber, rostro pálido, averiarse transistor…

Este pequeño chiste puede resultar muy ilustrativo para lo que pretendo exponer.
A veces mi hijo me pregunta si lloverá mañana, o pasado mañana. Y yo soy gaditano, y todo gaditano es bastante buen meteorólogo y sabe más o menos lo que ocurrirá en la atmósfera salvo cambios imprevistos en los vientos. Por supuesto para el ámbito, en el caso de la capital, de su entorno, es decir, de la bahía de Cádiz. Así que le hago mi predicción, y casi siempre acierto.

La cuestión es que él no puede saber en qué factores se basa mi predicción, por lo que para él soy… ¡un adivino!

«Eppur si muove»

Galileo Galilei fue condenado a cadena perpetua por el Santo Oficio, y obligado a retractarse de sus demoníacas teorías sobre los movimientos de los astros en nuestro sistema solar, con las que desbarataba la hasta entonces imperante doctrina del geocentrismo y establecía el modelo heliocéntrico en nuestro sistema.

Es muy probable que la gente vulgar pensara que sus afirmaciones eran adivinaciones hechas con ayuda de conjuros o de entidades del mundo infernal. Simplemente no podían entender sus descubrimientos, o simplemente, no les interesaba. El poder del momento les había dicho lo que habían de creer, so pena de seguir sus pasos a la cautividad. Así pues, Galileo era simplemente un “poseído por los demonios”, y sus teorías eran “peligrosas”.

Del gran músico y excelente violinista Nicolo Paganini se cuenta que terminó una sonata de violín con una sola cuerda en su instrumento. Alguien, que no le quería bien, que la envidia es muy mala, se había ocupado de serrar al límite todas las cuerdas, y solo la prima resistió hasta el final. La gente vulgar no podía creer lo que estaba contemplando, era imposible –pensaban-, solo sería posible hacerlo con el producto de la venta de su alma al “Maligno”.

Se podrían poner ejemplos hasta cansarnos, pero la conclusión que quiero extraer es la de que, para la gente ignorante, cualquier situación que exceda su escasa capacidad de comprensión será considerada como consecuencia de una ayuda externa, generalmente obtenida acudiendo a poderes malignos y peligrosos.

No hay nada que más asuste al ignorante que lo inusual o incomprensible, lo maravilloso o lo inexplicable. Ante la presencia de un poder superior, el pánico les envuelve, y se unen, capitaneados por los mediocres, para derribar a quien se sitúe fuera de su comunidad de ignorancia.

Vi no hace mucho una excelente película, que os recomiendo, titulada “El Greco”. En uno de sus pasajes, Tiziano, conversando con Doménico, le recomendaba:
- No muestres nunca demasiado clara la verdad. No la podrían soportar.

Esto es, en general, lo que los mediocres nunca podrán soportar. Alguien que, como Sócrates, les muestre su incapacidad para captar y aceptar las grandes evidencias.

Virgencita, que me quede como estoy…



martes, 4 de noviembre de 2014

MIS AMIGOS DEL CAMPO





















       Esperaba a unos amigos en el arcén de una carretera. Tardaban, y paseaba lentamente por las lindes de un sembrado cercano. Observaba cada cosa, y poco a poco me fui encontrando amigos que me hablaban.
   
      Tomé una larga espiga seca y al rato escuché una débil voz que parecía salir de ella. Me dijo:
      - Estoy feliz, aunque ya estoy seca. Dí fruto, y mis granos cayeron en tierra y la próxima primavera brotarán.
      - Enhorabuena, espiga de avena, tu vida fue fecunda. Diste vida.
   
      Al poco me llamó un canto rodado. Lo cogí y lo miré. Era extraño. Las demás piedras eran feas y llenas de aristas. Y esta no. Y escuché un susurro:
      - Soy una piedra que he viajado mucho. He andado muchos caminos, y por eso soy suave y no tengo aristas. Te podría contar mil historias.
      - Seguro, veo que has sido una piedra con una vida interesante. Y has conseguido acercarte mucho a la perfección. ¡Si casi eres ya una esfera!
   
      Me susurró, con voz queda, una canalización de riego, por la que el agua fluía mansamente.
      - Llevo agua. Y el agua es muy sabia, siempre fluye hacia abajo, porque busca la mar. Ansía buscar a la mar, y por eso busca lo bajo. Creo que pronto la encontrará, no estamos lejos.
      - Muy sabia, le dije. Y tu eres un buen amigo, le ayudas.
   
      Levanté la vista hasta un enorme y frondoso pino silvestre.
      - Soy grande y alto porque estoy solo…
      - Ya veo, ya veo… ventajas de la soledad…
   
      Bajé la vista y me habló la cizaña.
      - Aquí donde me ves, soy más fuerte que esos maizales que ves allá. Donde yo entro no queda nada. Soy fuerte, pero a veces pienso que mi fuerza es dañina…
      - Sí, quizá. Deberías pensar un poco en eso… deja que los demás vivan ¡hombre! no lo quieras todo para ti. Terminarás siendo temida y odiada…
   
      Y también me hablaron los maíces.
      - ¿Ves? Estamos todos juntos, y así nos abrigamos del viento. Juntos nos protegemos y somos felices.
      - Bien, bien, les dije, pero de vez en cuando salid a pasear solos. Aunque tengáis que soportar el viento, veréis muchas cosas nuevas que nunca veis dentro del maizal. Da un poco de miedo al principio, pero… merece la pena.
   
      Decididamente -pensé- la Naturaleza es el libro que contiene mayor sabiduría…